¿Cine marginal, cine militante, cine clandestino? Actividad cinematográfica desarrollada en España contra el régimen de Franco durante la Transición Política (1973-1977)

 

Inmaculada Sánchez Alarcón

María Jesús Ruiz Muñoz

UNIVERSIDAD DE MÁLAGA

 

 

El estudio de la Transición a la democracia en España se ha abordado desde una perspectiva predominantemente histórica y política. Y, sin embargo, la dimensión cultural resulta fundamental para definir el cambio que tuvo lugar en aquellos años. El trabajo que aquí se presenta es una aproximación inicial[1] que pretende paliar, al menos en parte, esta falta a través del análisis de parte del cine realizado al margen de la industria al inicio de nuestra reforma política.

           Existe una carencia patente de fuentes secundarias relacionadas con el tema. Únicamente se puede reseñar un conjunto limitado de textos que, en su mayor parte, han sido escritos por algunos de los protagonistas de este tipo de actividad cinematográfica e, incluso, a veces, al margen del propio régimen. No son, por tanto, análisis sistemáticos ni rigurosos y sus contenidos están condicionados ideológicamente[2], con lo que ello implica de falta de rigor. Además, estos libros están fechados a finales de los años setenta, y, por consiguiente, no recogen todo el periodo de la Transición política. Eso sí, se trata de fuentes apropiadas para los límites cronológicos de este análisis y cuyo valor testimonial resulta básico[3].

Pero también puede reseñarse una fuente mucho más cercana en el tiempo. Se trata de la serie televisiva Crónica d’una mirada, emitida por Canal 33 a finales de 2003[4],  que trata sobre el cine independiente realizado en Cataluña desde los años cincuenta hasta finales del franquismo. Según el propósito expreso de sus autores, esta serie pretende recuperar “un patrimonio audiovisual, que, injustamente condenado al olvido, resulta ya completamente imprescindible para conformar nuestra memoria colectiva”[5].

Divulgado entre un público amplio, este trabajo de los profesionales de la televisión catalana y de la productora Món diplomàtic pone de relevancia cómo se ha normalizado la percepción social de la Transición como acontecimiento. Aunque no podemos olvidar que, debido a  los condicionantes inherentes al medio audiovisual, esta serie televisiva carece del nivel de análisis que aporta un texto escrito. Por otra parte, habría que matizar también que este documento, cuya trascendencia está clara, resulta parcial porque su análisis del desarrollo de este tipo de cine se centra únicamente en el ámbito catalán.

Además, Crónica d’una mirada se refiere con más énfasis a los títulos más ilustrativos de este tipo de cine sin analizar las tendencias estructurales de su desarrollo. El capítulo tres, “Xarxes clandestines”, por ejemplo, analiza largamente el documental El mitin de París (1971) a través de  los testimonios individuales de Pere Ignasi Fages; Roc Villas,  actual director de la Filmoteca de Cataluña; y el realizador Manuel Esteban.  En este caso, por lo tanto, al igual que en la bibliografía escrita en la época, las fuentes originales vuelven a ser privilegiadas en detrimento de una visión sistemática del cine independiente. En definitiva, con Crónica d’una mirada, aunque enriquecido, el tema no queda ni mucho menos agotado[6].

             Resumiendo, para intentar contrarrestar todos los factores que pueden limitar la inteligibilidad de lo expuesto, resulta básico fijar los conceptos referidos al cine producido al margen de la industria antes de exponer cuál es su desarrollo en España durante el periodo que transcurre desde la definitiva desintegración del régimen franquista, con el asesinato de Carrero Blanco, hasta el asentamiento de las bases del régimen democrático, con el referéndum de 1977.

 

¿Cine independiente?... ¿Qué cine?

 

En un principio, se podría denominar cine independiente al que se realiza al margen de la industria, lo que determina que, en principio, éste sea el término más genérico que podemos utilizar al referirnos a este tema. De todas maneras, quienes han tratado la cuestión establecen diferencias al respecto. Se suele considerar que las denominaciones independiente y marginal o marginado son sinónimos en las obras que tratan el cine de este tipo.  Los miembros de la Cooperativa de Cine Independiente, una de las pocas agrupaciones implicadas en labores de producción en los setenta, consideraron dos maneras en las que una película podía apartarse de los condicionantes de la industria, la independencia económica y la ideológica. Este último es el que consideraron el rasgo más arquetípico de este tipo de obras[7].

Sin embargo, a partir del manifiesto de Almería, resultado de la I Muestra Nacional de Cine Independiente que se celebra en esta localidad en 1975, se considera que las producciones que proponen un cambio frente a la ideología dominante y propugnan una práctica cinematográfica inscrita en su contexto sociopolítico inmediato deben denominarse cine alternativo. Según los firmantes del manifiesto, esa sería la manera de superar la ambigüedad y la falta de compromiso que supone la denominación de cine independiente.

Otros dos conceptos relacionados con la actividad cinematográfica al margen de la industria que hay que distinguir por su interés para este trabajo son los de cine militante y clandestino. El cine militante se caracteriza por su marcado matiz ideológico y su intencionalidad política y normalmente suele utilizar el documental como cauce por las posibilidades de análisis de la realidad que este género ofrece. Según Matías Antolín, protagonista de la actividad fílmica durante la Transición Española que también teoriza sobre esta modalidad de representación cinematográfica, “el cine militante se nutre (...) de documentales cuya función, dentro del hecho cinematográfico, no debe limitarse a reflejar la realidad sino a analizarla y en este análisis tratar de agitar, a la vez, los sentimientos y pensamientos de ese espectador tan frecuentemente sumido en una pasividad receptora total”[8].

Ninguno de sus rasgos característicos significa necesariamente que las producciones de este tipo cuenten con el compromiso financiero o la aportación de cualquier otro tipo de recursos por parte de una agrupación política. En otras palabras, el compromiso de los realizadores de cine militante no tiene por qué derivarse de manera directa de la iniciativa de una agrupación política concreta. Aunque, tanto en los años treinta como a finales de los años sesenta del siglo pasado, los momentos más significativos para el cine de esta orientación, los partidos comunistas occidentales, tomando como ejemplo la importancia que se les dio en la URSS como instrumentos de propaganda, fomentaron las producciones cinematográficas marcadas por su función política[9].

En opinión de Llorenç Soler, cuya concepción tiene interés aquí, al tratarse de uno de los realizadores pioneros de este tipo de producciones en la España de la Transición política, entre las producciones independientes se puede distinguir también un “cine de agitación política”, un material clandestino cuya autoría se silenciaba para evitar las consecuencias de la represión franquista[10]. Además, el autor señala  diversos intentos de elaborar formulaciones teóricas que respaldaran la praxis cinematográfica de quienes ponían en cuestión, desde una óptica marxista, el cine independiente tradicional, tachándolo de idealista, alienante y contrarrevolucionario.

            Evidentemente, todos estos conceptos no completan la definición del cine independiente. También tendrían que ver con este tipo de material cinematográfico otros conceptos, que, sin embargo, se apartan de este estudio. Un ejemplo es la denominación cine de autor, utilizada por los críticos de la revista Cahiers du Cinema desde finales de los años cincuenta para diferenciar aquellas obras marcadas de manera decisiva por el estilo de su realizador.

Por otra parte, se ha excluido del objeto de este análisis el cine amateur, que se define estrictamente por tratarse de una actividad no profesionalizada, cuyos responsables se despreocupan de los problemas inherentes a la producción cinematográfica[11]. Se podría aducir que, en muchas ocasiones, los realizadores de películas independientes durante la Transición no tienen experiencia previa, con lo cual su actividad puede considerarse en el ámbito del cine amateur. Pero, aunque hay textos referidos al periodo histórico tratado en los que se incluye a algunos autores de material amateur por la especial calidad u orientación crítica de sus obras, como en el caso de Joan Baca y Toni Garriga que realizan en este periodo Blanc y Negre (1974), la mayoría realiza un material sin especificidad alguna. Con el fin de no distorsionar el análisis, parece una opción mucho más clara obviar el concepto.

 Además del amateur, también hay otro material cinematográfico al margen de los canales convencionales de la industria que no se ha querido incluir porque su concepción se aparta del contexto inmediato de la Transición. Es el caso del denominado arte conceptual que, por sus pretensiones exclusivamente formalistas, carece de interés para nosotros en cuanto a testimonio directo de este momento histórico. Aunque, tomando como base las teorías de Bertolt Bretch, también hay autores para quienes se puede poner de manifiesto el artificio derivado de las formas y atraer, a la vez, la atención del espectador sobre las deficiencias en el funcionamiento social.

Otras denominaciones, como las de cine underground, subestándar, paralelo, perpendicular o artesanal, tampoco serán recogidas en el presente análisis debido a su carácter impreciso y en ocasiones particularista. Como en el caso del cine underground, por ejemplo, se trata de muestras de la actividad cinematográfica que tienen rasgos específicos. Pero el hecho de que no proliferen en España, dónde a penas pueden contarse algunos directores que siguen este tipo de estética, como Antoni Padrós, que dirige Lock-out (1973) o Shirley Temple Story (1976), sobre todo, el hecho de que hayan surgido en contextos culturales ajenos el nuestro aconsejan obviar también estos propuestas para definir el cine independiente durante el periodo considerado.

 

El desarrollo del cine independiente en el contexto internacional

 

En definitiva, hay múltiples manifestaciones de la producción independiente en otros países y en otras etapas. Sin embargo la definición de las películas de este tipo no puede realizarse por simple asimilación en el caso español. Aunque el material realizado en nuestro país denota la influencia de un contacto esporádico, sobre todo entre los cineastas catalanes y madrileños y el resultado de algunas iniciativas del mismo signo llevadas a cabo en el exterior. Por una parte, no hay que olvidar que la producción independiente y alternativa tiene su gran momento una década antes de la llegada de la democracia a nuestro país. Además, el ejemplo aquí considerado tiene ciertas peculiaridades muy claras.

Sobre todo la carencia de recursos y la represión de la que son objeto por parte del régimen determina que fenómenos de tanta trascendencia como las cooperativas cinematográficas no alcancen la misma importancia en España que en otros países, como es el caso de Francia. Por estas causas, la actividad de quienes aquí desarrollan este tipo de cine, tanto individualmente como en grupo, tiene lugar en ámbitos muy reducidos o, incluso, en la clandestinidad. Otra característica específica que aparta la producción independiente española de otros casos es el denominado "cine de las nacionalidades", que responde a una necesidad de recuperar la identidad cultural y política negada por el régimen franquista.

            De todas formas, a pesar de sus rasgos diferenciales, para analizar las manifestaciones del cine independiente en la España de la Transición política habría que definir antes este mismo tipo de actividad cinematográfica en otros países.  No cabe aquí, sin embargo, una exposición detallada que se apartaría en exceso del objeto de este estudio. Además, no todas las producciones independientes que se desarrollan fuera están próximas a este mismo tipo de cine en la España del cambio democrático.

Por mucho que resulten una ruptura con respecto al orden imperante, está claro que no se pueden asimilar las películas que realiza Andy Warhol al frente de la “Factory” de Nueva York, calificables como underground, con un cine como el que se produce en la España de los años setenta, que tiene como fin el cuestionamiento de la forma de organización política vigente y que pretende que sus espectadores sean conscientes de la inercia en la que los quiere tener sumidos la organización colectiva.

Más que la ficción, fue el documental el instrumento privilegiado como cauce para este cine independiente que se interesa por la realidad de su entorno fuera de España. De hecho, es entonces cuando este género demuestra mayor voluntad para la reflexión sobre sus propias convenciones estilísticas y estructurales, además de definirse como un producto cultural especialmente sensible a la realidad de su entorno[12].

En el ámbito más cercano al español, el de los países occidentales, el que podíamos llamar cine alternativo, y en algunas ocasiones, militante se concreta en iniciativas individuales. Pero también se lleva a cabo una actividad cinematográfica importante por parte de agrupaciones constituidas en cooperativas de producción. Siguiendo la tradición que marca el desarrollo de este tipo de cine en los años treinta, también en los años sesenta y setenta el primer caso suele ser dominante en los Estados Unidos, mientras que las cooperativas proliferan más en Francia. Ambos son los países occidentales en los cuales la producción alternativa alcanza una dimensión mayor.

Aunque no es estadounidense, sino francés, Jean-Luc Godard es uno de los realizadores más significativos de la producción alternativa en los años sesenta y setenta. Su experiencia demuestra que la evolución que emprende entonces el medio audiovisual no tiene que ver sólo con la forma, sino que también adopta manifestaciones acusadamente políticas[13]. Pero, además de su importancia fundamental para definir este tipo de  producciones, el ejemplo de Godard también sirve para poner de relevancia un rasgo que diferencia la producción independiente en España y la que se realiza en otros países durante este periodo. En Occidente, figuras como las del director francés o la del estadounidense Emile de Antonio alcanzan un halo de prestigio y, en ocasiones, incluso una autoridad moral que en ningún momento tienen los realizadores que siguen estos mismos planteamientos en España. Como se analizará en el apartado siguiente, hay causas estructurales que impiden que cualquiera iniciativa cinematográfica apartada de las tendencias dominantes se desarrollara y fuera conocida más allá de un ámbito minoritario en nuestro país.

Además de la actividad de los realizadores, hay que destacar también las cooperativas producción que surgen en Francia o en Estados Unidos, y entre las que pueden contarse Newsreel, que funciona en Nueva York y San Francisco desde finales de 1967,  o el amplísimo número de grupos surgidos de la izquierda política que recogen en imágenes los acontecimientos de París en mayo de 1968. Pero, más que lo que ocurre en Occidente, el rasgo específico del cine alternativo de los años sesenta y setenta es la producción adscrita al género documental que se desarrolla en los países más subdesarrollados. En zonas de África o América Latina, activas en el ámbito internacional por primera vez, se elige este cine como el instrumento más propicio para luchar contra la dependencia económica y cultural.

Por su dimensión política y artística, y por el intercambio de influencias que mantiene con otros movimientos cinematográficos, resulta más destacable el material que se elabora en América Latina. Integrado en un movimiento que se dio en llamar “Nuevo Cine Latinoamericano”, que incluye películas de ficción con más eco, es el documental el que demuestra más vocación alternativa allí. De todas maneras, paralelamente al cambio político en España, la instauración de regímenes dictatoriales en muchos de países de la región acabará deteniendo el auge de la cinematografía latinoamericana[14].

 

Las películas alternativas, instrumentos culturales de la Transición

 

El cine alternativo y militante ya está decayendo fuera cuando en España empiezan a desarrollarse iniciativas del mismo signo en los años setenta. Si las instituciones no daban respuesta a las necesidades de cambio, este tipo de películas sirve, como otras actividades culturales, para canalizar las inquietudes de quienes pretendían la instauración de la democracia. Eso sí, a pesar de que la trascendencia de esta actividad cultural proclive a la metamorfosis del sistema es incuestionable, en España no se generalizará una conciencia clara de Transición cultural hasta mucho después[15].

En este contexto, el material cinematográfico de orientación alternativa no tiene muchas oportunidades para un desarrollo similar al de otros países. Además, sobre todo por las deficiencias de la política estatal desde la década anterior y durante los primeros años setenta[16], el momento en el que se inicia la Transición política española no es precisamente el mejor ni siquiera para las películas financiadas por la industria. Inserta en el marco de la reforma política, a partir de 1975, se intenta una transformación estructural del cine que tampoco resulta. Y a estas deficiencias se unen la censura estatal, que no se va a abolir oficialmente hasta noviembre de 1977, y la censura de mercado, que excluye todo producto apartado de las preferencias del público mayoritario.

El panorama en los demás sectores de la cinematografía española no era tampoco demasiado positivo. La distribución estaba casi absolutamente monopolizada por las empresas norteamericanas. La exhibición, lastrada también por una infraestructura obsoleta. Además, a finales del franquismo y comienzos de la democracia, se produce el abandono de las salas por parte del público, provocado por la reducción del número de cines y de la oferta de películas, a las que se suma el aumento del precio de las entradas.

En esta situación tan poco propicia para la actividad industrial, menos margen existía aún para las propuestas alternativas, cuyo público objetivo es siempre más minoritario. A pesar de todo, a menor escala que en otros países, en España también existe una producción de voluntad contraria al sistema. Madrid y Barcelona son los dos polos de la aparición del movimiento: normalmente, en los dos lugares, la financiación por medios propios es la forma de producción que eligen estos realizadores. Y esto condiciona, claro, el uso habitual de formatos no profesionales como el de 16 mm y la diversidad de metrajes en los productos resultantes. En general, se trata de películas cuyos artífices se oponen radicalmente a los planteamientos comerciales y reivindican la libertad de expresión[17].

Estas producciones pueden originarse por la iniciativa de realizadores individuales que mantienen la independencia de criterio frente al cine convencional. Se trata de un número escaso de títulos, calificables como cine pobre en terminología más estricta, que, sin contar con una distribución mayoritaria, sí pueden disponer de canales de  exhibición más amplios que el resto del cine marginal, pero permanecen fieles a los métodos de producción habituales en este tipo de material. Y eso los diferencia de las propuestas del mismo signo que se dan en Occidente, difundidas en circuitos radicalmente apartados de los ámbitos convencionales, como en el caso de las salas que proliferan en la rive gauche parisina en los años sesenta.

Una muestra de esta producción alternativa española que se lleva a cabo durante la Transición son los documentales en los que la Guerra Civil es el referente temático y la excusa para intentar recuperar una historia hurtada por el franquismo. Aunque los precursores de esta actividad fílmica, como Joan Gabriel Tharrats o Jacinto Esteva, ya empiezan a realizar películas opuestas a los valores establecidos en Cataluña a principios de los sesenta; en los años aquí considerados, uno de los primeros títulos alternativos referido de manera explícita a esta etapa de nuestro pasado anterior al régimen de Franco data de 1974. Se trata de  Entre la esperanza y el fraude (1974), obra de dos estudiantes de periodismo, Bartolomeu Vilà y Joan Simó, que lo difunden desde el ámbito de la Cooperativa de Cinema Alternatiu. Sin embargo, entre estas obras que optan por una reflexión histórica, hay que destacar sobre todo las de Basilio Martín Patino. Las pautas del documental reflexivo se mezclan con la contestación política en los títulos que el director realiza en este periodo, Canciones para después de una guerra (1976), Queridísimos Verdugos (1977) o Caudillo (1977), todos sobre la represión ejercida por el régimen franquista.

Pero, además de reflexionar sobre el pasado, en estos años los realizadores españoles con una intencionalidad alternativa también se apasionan por un presente irrepetible. Aunque aún más minoritarias, películas como Ocaña, retrat intermitent (Ventura Pons, 1978), sirven para dar la voz a personajes hasta entonces reprimidos por la dictadura. Sin embargo, ninguna de estas producciones llegará a tener la misma repercusión que los títulos de signo alternativo realizados fuera, por ejemplo, por Godard.

El contexto de una Transición política pactada sobre la base del olvido no es ni mucho menos el más propicio para que el público recibiera con agrado propuestas de esa radicalidad, incluso cuando el final de los mecanismos represivos del régimen anterior permite el estreno de estas películas alternativas[18]. Además, tampoco se debe olvidar que, en un momento de crisis económica generalizada y con un nivel cultural relativamente bajo en la mayoría de los casos, la mayoría de los espectadores de aquella España carece de una disposición propicia para acoger este cine.

La fundacional Entre la esperanza y el fraude es significativa de que muchas iniciativas individuales para llevar a cabo proyectos fílmicos de planteamiento marginal se llevaron a cabo en el ámbito de cooperativas de producción. Madrid y Barcelona fueron los focos que polarizaron la aparición de este movimiento de cooperativas entre 1965 y 1966, con Adolfo Arrieta y Llorenç Soler como algunos de sus iniciadores. Durante este periodo, se desarrollaron actividades de carácter esporádico como las que se concretan en Madrid a través de una estructura cooperativa apoyada por la revista Nuestro cine, y que supone la participación de cineastas que luego pasarían a la producción industrial, como Emilio Martínez Lázaro o Alfonso Ungría.

Sin embargo, el mejor momento para las películas marginales se inicia entre 1968 y 1971. Contribuyeron a ello figuras tan señeras como la de Pere Portabella, realizador y productor que intervino también en las tareas docentes del Institut del Teatre y de la Escola Ayxelà, de donde partieron  muchas de las iniciativas del cine alternativo en la Barcelona de aquellos años. Sin embargo, el primer intento organizado para la producción y distribución este tipo de material fílmico no llegará hasta 1974, cuando la Cooperativa de Cinema Alternatiu y la Central del Curt, surgida por la iniciativa de dos miembros de los ámbitos cineclubísticos de Barcelona, Josep Miquel Martí i Rom y Joan Martí i Vals [19], empiecen a actuar indisolublemente unidas en cada una de estas ramas de la actividad cinematográfica, primero sólo en el ámbito catalán y luego en el resto del país. Lugares como Andalucía serán objetivo de las actividades de la Central que, junto a las películas de vocación inequívocamente marginal, dirigidas por realizadores catalanes y de otros lugares del territorio nacional, incluía también en sus catálogos títulos clásicos[20]. En definitiva, material de difícil o imposible distribución comercial a través de otros canales. El propio colectivo de sus autores se encargó de gestionar la entidad , que mantuvo un gran desarrollo hasta 1980, fecha en que empezó su declive como consecuencia de las cambiantes circunstancias sociopolíticas hasta que se extinguió en 1984.

La Central del Curt nunca demostró una adscripción política clara. Sin embargo, también puede reseñarse la existencia de cineastas y agrupaciones con un comportamiento militante más marcado. Es el caso de Helena Lumbreras, que encabeza el Colectivo de Cine de Clase hasta los primeros años de la monarquía, y en el periodo tratado es responsable con Mariano Lisa de El campo para el hombre (1975), sobre la situación de explotación del campesinado español, y O todos o ninguno (1976), que recoge una huelga general de 15 días en Cataluña[21].

Sin embargo, siguiendo su tradición histórica, es sobre todo el Partido Comunista el que mayor número de iniciativas de este signo cobija. El clandestino Group de Producció, integrado, entre otros, por Pere Ignasi Fages, Pere Joan Ventura o Manuel Esteban, por ejemplo, surgió directamente vinculado al Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC). Todos ellos colaboraron en las “volti”, redes de distribución clandestina de este tipo de material, para las que contaron con la ayuda decisiva del partido en Francia[22]. Andrés Linares, por su parte, fue el líder del Colectivo de Cine de Madrid, desarrollado a la sombra del PCE en la capital de España.

Tanto en el material resultado de la actividad de estos colectivos de cine militante, como en las películas realizadas por otros grupos o directores, el  ámbito preferente de exhibición de este cine marginal no se circunscribe a canales centrados en el medio cinematográfico, como festivales o cineclubs. Las universidades y otros centros de enseñanza, las asociaciones culturales y los colectivos vecinales  servían  de cauces favorables para su divulgación.

Esta claro que las inquietudes políticas vigentes en la sociedad española de los años de la Transición motivaran la existencia de ámbitos tan favorables a la difusión de este cine como los arriba mencionados. Sin embargo, al igual que en sus comienzos, también a mediados de los años setenta, la falta de homogeneidad de intenciones y criterios sumada a grandes dificultades de todo orden determinaron una distribución aleatoria y esporádica del cine marginal realizado en España. Debido a la represión ejercida por el régimen, las posibilidades de venta se circunscribían exclusivamente al extranjero, y eran escasas. De hecho, hacia 1974, proliferaron las manifestaciones y los certámenes dedicados al cine marginal filmado en Super 8 mm, a la vez que, sobre todo a partir del eco internacional que alcanzó el Proceso de Burgos, hubo cada vez más televisiones de otros países interesadas en comprar imágenes de las revueltas que se producían en España y a las que no se podía acceder a través de fuentes oficiales.

Tras haber establecido los rasgos básicos a los que se ajusta la producción de cine alternativo en el contexto español, hemos optado por concretar más al respecto y analizar un ejemplo poco tratado, el caso andaluz.

 

La producción y exhibición de cine alternativo en el caso andaluz

 

En la Andalucía del tardofranquismo y los primeros años de la Transición, el intento de desarrollar un cine alternativo se emprende fundamentalmente a partir de iniciativas aisladas y con el objetivo básico de delimitar una identidad cultural específica.

Como en otras zonas de España, a excepción de Galicia, Cataluña y el País Vasco, el debate sobre una producción cinematográfica autóctona andaluza se ve dificultado por la falta de un movimiento político nacionalista de cierta entidad. Además, la carencia del factor lingüístico que sí marca las producciones alternativas de otras regiones españolas hace que en Andalucía se tienda más a reivindicar factores culturales que políticos. Sin embargo, la necesidad de reconstruir la memoria colectiva después de cuarenta años de dictadura franquista alcanza para que, sorprendentemente, la práctica fílmica fuera considerable tanto en Andalucía como en otras comunidades "no históricas" durante los primeros años de la Transición política[23].

Esta proliferación de producciones alternativas concebidas como instrumentos para recuperar una identidad hurtada por el régimen anterior ha llevado incluso a que se considere la existencia de un “cine autonómico o de las nacionalidades” [24]. Un cine constituido por aquella parte de la producción determinada por las reivindicaciones nacionalistas que resurgen con fuerza con la recién nacida democracia, y que se puede considerar una de las prácticas culturales más estrechamente relacionadas con el debate político de la transición en España. Se trata, además, de un material que, aunque en principio se vincula con las posiciones más radicales.

Asociada a una petición de amnistía de los presos del franquismo, y sin firmantes andaluces, la “Declaración de los cines nacionales”, firmada en Orense en enero de 1976, es la que sirve para definir con mayor claridad el cine que sigue este tipo de planteamientos. Sus autores reconocen que la labor por ellos realizada continúa la reflexión iniciada por el “Manifiesto de Almería”, el año anterior, en el que se concreta el concepto de cine alternativo.  Lo más interesante del documento de Orense es que hace énfasis en la dimensión militante de este tipo de planteamiento cinematográfico, al que concibe como  “instrumento de lucha ideológica de las clases explotadas de las distintas nacionalidades del Estado Español”. Sin embargo, todos estos propósitos quedarán incumplidos, y con la instauración de las autonomías, el “cine de las nacionalidades” se convierte en una propuesta ajena a la marginalidad[25].

En este contexto, las dificultades de distribución que padecían las películas españolas en general se agudizaban en el caso del material fílmico proveniente de territorios periféricos como Andalucía. Igualmente, hay que tener en cuenta que, por su menor coste, los cortometrajes documentales fueron el instrumento principal a través del que se quiso dar expresión a la idiosincrasia regional. Y, precisamente en estos años, las películas de este tipo se ven condicionadas por problemas que disminuyen su difusión, y que no cabe explicar aquí de manera profusa.

Pero, además del escaso espacio que encuentra para su exhibición el material fílmico realizado en Andalucía, también hay que tener en cuenta que, durante la Transición, los espectadores de aquel ámbito territorial nunca demostraron especial interés por el cine realizado en su contexto más inmediato, ni siquiera cuando era de largo metraje y estaba concebido con fines puramente comerciales[26].

Pero este cine andaluz no encontrará suficiente eco ni en los foros teóricamente más progresistas. Es el caso la Semana Internacional de Cine de Autor de Benalmádena. En 1978, por ejemplo, en un balance de las diez ediciones de la Semana transcurridas, Julio Diamante, su director, considerada que la difusión del material fílmico realizado en Andalucía es todavía un propósito incumplido: "Benalmádena, que desde el País Andaluz ha sido ejemplo de plataforma cinematográfica cultural para todo el estado español, se inscribe de forma consciente en la lucha por una descolonización de la cultura y del cine andaluz y tratará, sin perder su carácter de Semana Internacional, de potenciar ambos".

            Con este eco tan escaso, esta producción que quiere ser específica de la idiosincrasia de Andalucía se agotará por falta de recursos. Uno de los factores que propicia este agotamiento es la política mantenida al respecto, una vez que se culmina la consecución del Estatuto de Autonomía y se constituye el ejecutivo regional. Aunque se trata de un aspecto del tema que escapa del ámbito cronológico aquí considerado y que, por lo tanto, no se tratará aquí.

Sea como fuere, y a pesar de todas estas dificultades que lastran su desarrollo, el material fílmico realizado con fines alternativos durante estos iniciales años de la Transición se concibe en Andalucía como un remedio eficaz para solucionar la carencia endémica de identidad en una región cuya idiosincrasia se había confundido tradicionalmente con “lo español”. Este propósito común no impide que resulte complicado establecer tendencias temáticas generales en toda esta producción. Aunque parece claro que, en un momento en el que otras películas españolas de planteamiento similar emprenden también la revisión del pasado, el cine realizado en Andalucía se empeña, sobre todo, en indagar en el retraso secular que había sufrido la región a través del drama como registro narrativo dominante[27].

Sin embargo, lo que resulta evidente es que, lo mismo que pasa en el resto de España y en otros países, la producción andaluza está claramente determinada por las iniciativas individuales, entre las que cabe destacar las de Juan José Portó en Granada, las de Gabriel Blanco en Cádiz  o las de Adolfo Zorzano en Jaén, como algunas de las más próximas a planteamientos alternativos. Sin embargo, entre los realizadores que llevan a cabo una producción concebida para cuestionar el sistema en Andalucía durante este periodo del cambio democrático, es preciso destacar a Miguel Alcobendas[28].

Con ocho títulos realizados en el ámbito de una cooperativa de producción, Mino Films,  y con experiencia en el cortometraje documental desde finales de los años sesenta, en estos años, Miguel Alcobendas sigue una trayectoria que lo caracteriza claramente como un realizador con planteamientos alternativos.

Sin extendernos ni antes ni después del periodo considerado, cuando el realizador se verá obligado a abandonar la actividad cinematográfica por los obstáculos a los que debe enfrentarse con su última película, Almadraberos (1982), es preciso destacar que, en 1976 el documentalista realiza Arquitectura en la Costa del Sol, en el que se critica cómo la especulación urbanística estaba acabando con la arquitectura tradicional en la zona.

En este mismo año, el realizador termina otro documental que también ilustra con claridad su concepción del cine como instrumento de crítica social. Se trata de Camelamos Naquerar, que pretendía reflejar el racismo y la marginación de la que había sido objeto el pueblo gitano. Aunque no existió censura oficial; la reacción de la extrema derecha fue violenta tanto en Madrid como en las capitales andaluzas en las que la película fue proyectada, lo que supuso, en cierta medida, una censura política.

Pero, además de concretar una iniciativa individual de clara orientación crítica, Miguel Alcobendas seguirá manteniendo un concepto más amplio del cine alternativo que se prolonga, incluso, cuando este tipo de iniciativas ya estaba en clara decadencia. En 1979, de hecho, el documentalista pone en marcha el Colectivo Independiente de Cine Andaluz. Un grupo que se constituye con el objeto de  llevar a cabo proyectos rodados en el subformato de Super-8 mm que sirvieran para formar a jóvenes estudiantes en tareas cinematográficas, pero que se disuelve después de un año.

Pero en lo que se refiere a las cooperativas de producción, hay que destacar otras que adquieren mayor trascendencia durante el periodo considerado. Un ejemplo es el Equipo Dos de Almería, cuyos miembros firman un manifiesto en la primavera de 1975, en el que critican la deformación de la visión de la realidad que implican los postulados de cualquier manifestación cultural de carácter militante. Aún así, su objetivo es hacer un “cine que denuncie”, en cuyo proceso de puesta en marcha reconocen que deberán enfrentarse a graves limitaciones: “Nuestro cine nace con pocos elementos, escasas posibilidades técnicas y reducidos recursos económicos. Un cine-pobre que habrá de utilizar los medios de producción amateur y unos circuitos de exhibición independientes”[29].

El único resultado que conozcamos de la labor de este colectivo almeriense es el documental Anticrónica de un pueblo (1974), sobre la situación de abandono que se vive en una pequeña localidad de la provincia, Topares. Situación que los responsables de la película extrapolan al contexto social vigente y sobre la que pretenden hacer una llamada de atención.

A pesar de la existencia de grupos como el Equipo Dos, como se ha dicho antes, el mencionado Miguel Alcobendas es miembro activo de de una de las cooperativas más dinámicas de las que desarrollan sus actividades en Andalucía durante estos años, Mino Films[30], cuya idea surge en el marco del I Festival de Cine Iberoamericano de Huelva en 1975. Algunos de quienes también trabajarían en el ámbito de esta cooperativa, como Alcobendas, José Antonio Zorrilla, Rafael Galán y Luis Mamerto López-Tapia, estaban entre quienes firmarían “Por un cine andaluz”, el manifiesto elaborado durante la tercera edición del certamen onubense en 1977[31].

Ésta es una demostración clara de que, por mucho que Mino Films tenga su sede social en Madrid, dónde se constituye como sociedad anónima en febrero de 1976, los principales responsables de la cooperativa consideran básico que su cine fomentara la identidad andaluza. Y si tenemos en cuenta únicamente el carácter de algunas de las realizaciones de Miguel Alcobendas en el ámbito de esta cooperativa, está claro que las producciones de Mino Films tienen un planteamiento claramente alternativo.

Pero, a pesar del significado que adquiere el intento de construir un cine andaluz, el material fílmico marginal no se limita exclusivamente al cine concebido para recuperar la identidad común en la Andalucía de los inicios del cambio político. Producciones de este tipo provenientes de otros ámbitos territoriales, como es el caso ya mencionado de Cataluña, desde donde actúa la muy activa Central del Curt también llegan a esta región. Tampoco hay que olvidar la función como foros políticos que desarrollan algunos certámenes cinematográficos. Es el caso, sobre todo, de la Semana de Benalmádena en la que se difunde un número limitado de películas alternativas, y dónde los comportamientos de signo político estaban determinados por las circunstancias históricas y tenían mucho más que ver con la actitud de los espectadores que con la intención de los organizadores. La demostración más clara de ello  es que, con la democracia, certámenes como éste entran en crisis. Por una parte, carecen de sentido las implicaciones ideológicas o reivindicativas que los habían convertido en focos de atracción. Además, con el fin de la censura, se podía tener un acceso sin restricciones a películas antes prohibidas.

En definitiva, los certámenes cinematográficos que funcionaron en la Andalucía del periodo de la Transición sólo pervivieron cuando no los movía el mero hecho de difundir un cine alternativo. Es el caso del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, que aún sigue funcionando. Aunque hay que recordar que los obstáculos provenientes de instituciones oficiales impidieron la supervivencia de algunos de ellos, como la Semana de Benalmádena[32].

Pero, además de los certámenes, en Andalucía también hay que contar con otros ámbitos menores de exhibición de producciones alternativas, como cineclubs o asociaciones, que comienzan a llevar a cabo actividades cinematográficas más numerosas a partir de finales de los años sesenta. Normalmente a este tipo de foros acudían muchos de quienes se habían posicionado en contra del régimen franquista. De cualquier forma,  aunque menos que las salas convencionales, las sesiones organizadas por estas asociaciones, de signo específicamente cinematográfico o no,  también sufrían la censura: “el menor desliz no sólo supondría que desapareciese el cineclub sino que los propios organizadores fuesen a parar entre rejas”[33].

Como ejemplo de este tipo de asociaciones en el caso andaluz, en los años finales de la Dictadura, hay que reseñar la puesta en marcha en 1972 del Cineclub Tiempos Modernos. En principio, esta asociación malagueña se concibió básicamente para dar a conocer el cine de autor. Además, los miembros de su junta directiva nunca se adscribieron, ni de manera individual ni como colectivo, a ninguna opción política determinada. El público que asistía a las sesiones estaba formado casi exclusivamente por jóvenes universitarios y miembros de sindicatos y afiliados a partidos políticos de izquierda. Este público estaba en perfecta consonancia con la finalidad primordialmente ideológica del cineclub. una clara muestra de ello es que sus fundadores, Jorge Linde y José Moreno, encargados del Centro de Medios Audiovisuales de la Caja de Ahorros de Ronda, optaran por exhibir películas muy críticas con los poderes establecidos  muy cercanas a la izquierda.

            Para concretar más acerca del tipo de material difundido por Tiempos Modernos, se puede especificar, a título ilustrativo, la programación correspondiente a los meses de marzo y abril de 1975. Durante ese periodo se organizó un total de 6 ciclos. Sobre todo, tuvo especial relevancia la programación de cine del Tercer Mundo, que se centró en películas realizadas en varios países latinoamericanos.

            En definitiva, después de haber expuesto los conceptos relacionados con este tipo de actividad cinematográfica, es preciso destacar que este trabajo ha pretendido exponer los rasgos más significativos del cine alternativo que se hizo en España durante los primeros años de la Transición a la democracia. Cuando esta manifestación cinematográfica ya declinaba en otros países, la producción alternativa que se realizó en lugares como Cataluña, Madrid y, de manera más minoritaria, en otros lugares como Andalucía, sirvió de instrumento para concretar y dinamizar las necesidades de cambio de una sociedad española a la que las instituciones no respondían convenientemente.



[1] Este tema es el objeto de la tesis doctoral que ha comenzado a elaborar María Jesús Ruiz Muñoz, gracias a una beca de Formación de Personal Docente e Investigador de la Junta de Andalucía, en este año 2004.

[2] También en otros países el cine realizado al margen de la industria con fin político ha sido frecuentemente tratado por profesionales que han llevado a cabo producciones de este signo. Es el caso del cine latinoamericano, cabe citar como ejemplo la obra del documentalista Patricio Guzmán en torno a la actividad cinematográfica realizada en Chile durante el gobierno de la Unidad Popular (GUZMÁN, P. y SAMPERE, P. (1977) Chile: el cine contra el fascismo. Valencia: Fernando Torres Editor). Pero se destaca por el eco de posterior de los conceptos en él definidos el libro de dos realizadores argentinos, autores de uno de los documentales más señeros del “Nuevo Cine Latinoamericano”, La hora de los hornos (1968): GETINO, O. y SOLANAS, F. (1973). Cine, cultura y descolonización. Buenos Aires: SXXI Argentina Editores.

[3] Además de bibliografía al uso, que se citará  cuando resulte pertinente a lo largo del texto, aquí. También se ha podido consultar alguna documentación inédita con características muy similares como un libro escrito por el realizador Llorenç Soler (Véase, SOLER, Ll. Historia del cine independiente en España, 1960-1975). Igualmente, en este texto inédito, se incluye una segunda parte que es obra de Joaquim Romaguera i Ramió y que abarca desde 1975 a 1985.

[4] La difusión comercial se completará a través de la venta por fascículos, también circunscrita a la comunidad catalana, exceptuando la posibilidad de adquirir el producto on-line.

[5] Sobre los principios que rigieron la elaboración de esta serie, puede consultarse http://www.cronicadunamirada.com.

[6] Sus propios responsables han sido conscientes de ello cuando han optado por añadir fichas y documentación adicional de cada episodio a la edición de la serie en DVD.

[7] “Sobre el llamado cine independiente”, manifiesto de Cooperativa de Cine Independiente, octubre 1974.

[8] ANTOLÍN, M. (1979) Cine marginal en España. Valladolid: Semana Internacional de Cine de Valladolid, p. 142.

[9]  Un panorama bastante completo sobre el desarrollo histórico del cine militante en su modalidad documental, desde sus inicios hasta los años setenta, que se centra prioritariamente en ejemplos anglosajones aunque también incluye varias referencias a América Latina es VV.AA. (1984): Show us life. Towards a History and Aesthetics of the Committed Documentary. Metuchen /N.J. /London: The Scarecrow Press.

[10] SOLER, Ll.: Op. Cit., s.p.

[11] No existe coincidencia plena acerca de los planteamientos que definen este tipo de cine. Aunque, en la escasa bibliografía publicada en España sobre el tema la única coincidencia es la falta de vinculación profesional con la actividad cinematográfica de quienes realizan este tipo de películas. Sobre esta cuestión se pueden consultar MINISTERIO DE CULTURA. (1977) Cine amateur: Madrid: Ministerio de Cultura Publicaciones, y TORRELLA PINEDA, J. (1965) Crónica y análisis del cine amateur español. Madrid: Ed. Rialp.

[12] Bill Nichols considera, de hecho, que desde finales de los años sesenta se desarrolla una nueva modalidad de representación documental “reflexiva”. El autor distingue manifestaciones más centradas en discutir las convenciones formales del género y otras que tienen como pretensión el cuestionamiento de los valores vigentes en el entorno. Cfr. NICHOLS, B. (1997) La representación de la realidad. Cuestiones y conceptos sobre el documental. Barcelona: Paidós, pp. 93-114.

[13] Sobre la experiencia de Godard en el cine alternativo del periodo considerado, que lo lleva incluso a intervenir activamente en la puesta en marcha de una de las cooperativas de producción cinematográficas más dinámicas en la Francia de entonces, se puede consultar un título que también incluye varios de los guiones que escribe con una orientación más militante. Véase,  GODARD, J-L. (1976) Jean-Luc Godard y el Grupo Dziga-Vertov: Un nuevo cine político. Barcelona: Editorial Anagrama.

[14] Una de las aportaciones más recientes editadas en España sobre el documental en América Latina es la de PARANAGUÁ, P.A. (ed.) (2003) Cine documental  en América Latina. Madrid: Ed. Cátedra.

[15] Cfr. TUSELL, J. (1999) La Transición española a la democracia. Madrid: Historia 16 , pp. 186-187.

[16] Cfr. MONTERDE, J.E. (1993) Veinte años de cine español, (1973-1992). Barcelona: Ediciones Paidós, p. 29.

[17] Llorenç Soler establece diferencias entre el cine marginal producido en Madrid y el que se realiza en Barcelona, relacionadas con el desigual grado de efervescencia social y política que se vive en ambas ciudades: en Madrid, las producciones independientes eran el reflejo de una traumatizada generación de posguerra, mientras Cataluña vivía problemas de inmigración y luchas obreras y reivindicaba una identidad  diferenciada a través de este tipo de películas. Cfr. SOLER, LL. Op. Cit.

[18] Aunque estaba terminada en 1971, Canciones para después de una guerra sólo pudo ser estrenada en 1976 por causa de la censura. En ese momento, el éxito de público del que gozó la película resultó muy limitado.

[19] ”Difusión del Cine Alternativo: La Central del Curt”,  material de prensa difundido por la Semana Internacional de Cine de Autor de Benalmádena,  enero de 1978.

[20] En un catálogo de la central fechado en 1978, se incluyen, por ejemplo, España 68 (Helena Lumbreras, 1968) o El sopar (Pere Portabella, 1974). Pero la Central también ofrece en este catálogo títulos fundamentales en la Historia del Cine, como Un perro andaluz (Luis Buñuel) o Tres cantos a Lenin  (Dziga Vertov), ambas de 1929.

[21] “Filmografía del Colectivo de Cine de Clase”, material de prensa difundido por la Semana Internacional de Cine de Autor de Benalmádena, 1978.

[22] Crónica d’una mirada (TVC / Mòn Diplomàtic, 2003). Episodio 3, “Xarxes clandestines”.

[23] TRENZADO ROMERO, M. (2000) “La construcción de la identidad andaluza y la cultura de masas: el caso del cine andaluz”. Revista de Estudios Regionales, 58,  p. 194.

[24]Este cine no es, sin embargo, un fenómeno completamente específico de nuestro país. También pueden reseñarse otros intentos de reivindicar señas de identidad “nacionales” a través de la producción cinematográfica. A partir de mediados de los sesenta, son destacables, por ejemplo, los casos del cine quebequés, bretón u occitano.

[25]Cfr. PÉREZ PERUCHA, J. (1996) “El Surgimiento de cines nacionales en la periferia industrial”. En  VV.AA. Historia del cortometraje español. Madrid: Festival de Cine de Alcalá de Henares / Comunidad de Madrid / Fundación Colegio del Rey / Filmoteca de la Generalitat Valenciana / Caja de Asturias / SGAE,  pp 197-207.

[26]Hasta el 29 de febrero de 2000, sólo habían superado escasamente el millón de espectadores dos largometrajes rodados en territorio andaluz por productoras que tenían sede social en Andalucía durante estos años, Manuela (Gonzalo García Pelayo, 1975) y La Espuela (Roberto Fandiño, 1976). Cfr. TRENZADO ROMERO, M. (2000)  art.cit., pp. 203-204.

[27]Muestras de esta visión crítica de la realidad andaluza son Manuela, La Espuela o María la Santa (Roberto Fandiño, 1977).  Se trata de historias ubicadas en el periodo que media entre la II República y los años inmediatamente posteriores a la Guerra Civil y se centran en las cuestiones del caciquismo latifundista y la situación oprimida del campesinado. Su planteamiento supone también que el espacio andaluz sea un elemento narrativamente importante y no meramente descriptivo o intrascendente como era habitual en otras películas españolas anteriores.

[28] Para un análisis más detenido de la labor de Miguel Alcobendas como realizador, véase, SÁNCHEZ ALARCÓN, I. (coord.); FERNÁNDEZ PARADAS, M.; MONTESINOS SOUDRY, P.; POZA PÉREZ, A.; RUIZ MUÑOZ, M. J.; TERUEL RODRÍGUEZ, L. (2002)  “El cine de Miguel Alcobendas: La Producción Documental en Andalucía durante los años setenta”. En GARCÍA GALINDO, J. A.; GUTIÉRREZ LOZANO, J. F.; SÁNCHEZ ALARCÓN, I. (eds.) La comunicación social durante el franquismo. Málaga:  CEDMA / Cajamar / Asociación de Historiadores de la Comunicación, pp. 775-790.

[29] “El porqué de un cine político” (Manifiesto de Equipo Dos) en Cinema 2002, n.4, junio 1975.

[30] Para una visión más amplia acerca de la estructura y el funcionamiento de esta cooperativa, se puede consultar UTRERA VINUESA, M. (1998) Historia de Mino Films. Córdoba: Filmoteca de Andalucía.

[31] “Por un cine andaluz” en UTRERA, R.; DELGADO, J. F.(1980) Cine en Andalucía. Utrera (Sevilla): Ediciones Argantonio,  p. 32.

[32] Sobre las circunstancias que determinaron el funcionamiento y desaparición de la Semana Internacional de Cine de Benalmádena, puede consultarse SÁNCHEZ ALARCÓN, I. (coord.); JIMÉNEZ GÁMEZ, A..; MELIVEO NOGUÉS, P.; RUIZ MUÑOZ, M. J.; TERUEL RODRÍGUEZ, L. “La Semana de Cine de Autor de Benalmádena: canales alternativos de difusión cinematográfica en Málaga durante la Transición” . En COMPANY, A.; PONS, J.; SERRA, S. (eds.)(2003) La comunicaciò audiovisual en la història. Vol. II. Palma de Mallorca: Servei de Publicacions i Intercanvi Cientìfic de la Universitat de les Illes Balears, pp. 981-992.

[33] Entrevista realizada a José Moreno Portales, responsable del Centro de Medios Audiovisuales de la Caja de Ahorros de Ronda durante este periodo, 17 de enero de 2002.