EL CINE COMERCIAL DE LA TRANSICIÓN: MARIANO OZORES, TRANSMISIÓN DE VALORES Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN

 

Sergio Roses Campos

Alejandro Díaz del Pino

Universidad de Málaga

 

El cine comercial: una herramienta para el estudio de la sociedad

 

El cine es un espejo que nos muestra un mundo irreal, pero muy parecido al verdadero por su capacidad de reflejar detalles de la vida cotidiana, las ilusiones que definen a las colectividades en una etapa determinada, además de conformar el imaginario colectivo de las mismas. Mariano Ozores es el padre de un cine cuya temática y cuyos personajes se ajustaban a la actualidad nacional y realidad social de la época. Su producción cinematográfica es más prolífica en la época de la Transición. Asimismo, recurre a los estereotipos de la sociedad de la época para la elaboración de personajes y situaciones. No es desdeñable por tanto, su valor como objeto de estudio, pues forma parte, en cierta medida de la sociedad española misma.

La complejidad del objeto de estudio obliga a enfrentarse a él desde una perspectiva interdisciplinar en el que el uso de técnicas de estudio derivadas de la sociología[1] y de técnicas de análisis específicamente centradas en el lenguaje cinematográfico es imprescindible. La necesidad de obtener resultados objetivos requiere un análisis de contenidos[2] que proporcione una visión exhaustiva del contenido fílmico en relación con el contexto social estudiado.

Para hacer frente a nuestro objeto de estudio, se tomó una muestra de sólo cinco títulos de entre los cuarenta que forman parte de la producción cinematográfica del director Mariano Ozores entre 1975 y 1985. Nos limitamos a estudiar el material recogido y se evitaron hacer referencia a otros títulos no analizados para mantener la rigurosidad, además de que no abundan los estudios sobre este género cinematográfico. Se utilizó un criterio mixto de análisis en que se tenía en cuenta la temática, éxito de público o participación de actores importantes.

A su vez, debemos considerar el período histórico en que se encuadran las películas analizadas. Desde el postfranquismo o tardofranquismo (1974-1976) donde destacan las tímidas reformas de la legislación cinematográfica en la que se abolía la censura previa de guiones; la transición democrática o cine de reforma (1977-1982), época que da pie a múltiples títulos debido a la revolución legal y social en España, y la democracia (1983-1985) donde la producción del director, ante sus escasas cifras de taquilla, se va orientando al mercado televisivo.

La prolífica filmografía del director Mariano Ozores ha sido dejada de lado desde el ámbito académico y marginada por un sector amplio de la crítica, que han calificado su producción como un subgénero o un cine culturalmente subdesarrollado. Incluso como objeto de estudio se minusvalora esta obra: para autores como Pérez Perucha y Ponce[3] las películas de Ozores carecen de cualquier valor sociológico, ya que se parte “(…) de diversos aspectos coyunturales de la vida cotidiana (…) descontextualizados y desprovistos así de todo su posible valor como indicio sociológico e histórico.”

Si tenemos en cuenta que una gran parte de su obra se desarrolla durante el convulso periodo de la Transición Española y que dicha obra gozaba de gran aceptación por parte del público, no puede negarse su interés sociológico como herramienta de estudio de la población tardofranquista. Descontextualizados o no los aspectos coyunturales de la vida cotidiana, el reflejo de la población española de la época está patente en cada personaje, cada escenario.

Al ajustarse a un género cómico, se ha de tener en cuenta sus limitaciones: muchas de las situaciones están hiperbolizadas, los personajes muy estereotipados… Sin embargo, la virtud del cine de Ozores es que refleja, en su esencia, las directrices de una sociedad en un proceso de conversión de sus valores.

La familia, el matrimonio, la relaciones entre individuos o el papel de la mujer son algunos de los aspectos fundamentales de los que se pueden extraer unas conclusiones acertadas del cine de Mariano Ozores. Un director cuya obra no se dirigió ni a una elite intelectual ni de grandes pretensiones artísticas.

 

Mariano Ozores: un director de industria

 

Mariano Ozores nace el 5 de octubre de 1926 en Madrid. Su relación con el mundo del cine se debe, en gran medida, a la influencia de sus padres, ya que ambos trabajaron como actores de teatro. En 1958 es nombrado jefe de la programación de Televisión Española. Aquí comienza una relación con el estado franquista, además de una identificación ideológica, que le llevará a rodar, poco después una de sus primeras películas: Morir en España (1965). Se trata documental contrapropagandístico en relación a la producción Morir en Madrid (1963), que era de tendencia pro-republicana.

Los valores de este documental dirigido por Ozores eran franquistas, y, a priori, podemos pensar que este antecedente es significativo para los valores que mostraría en su cine posterior. Sin embargo, Mariano Ozores prefirió distanciarse de esta obra, en la que figura como realizador y no como director. Esto se debe al profundo escepticismo que el autor manifiesta con la política.

En su autobiografía[4], Mariano Ozores se muestra conocedor del fin propagandístico de este documental y, por tanto, decide no aparecer como director. El director no quiere inclinarse por ninguna tendencia política. Además, podemos considerar este antecedente como una excepción en su filmografía, pues casi la totalidad de la misma se encuadra dentro del género cómico.

Mariano Ozores, pese a dedicar su producción cinematográfica al cine comercial, donde utiliza un lenguaje audiovisual muy simple, ha demostrado tener un buena formación técnica en cuanto que dirigió al inicio de su carrera dos obras de gran riqueza formal y con muy buena crítica. Entre ellas, destaca el largometraje La hora incógnita (1963), ya que recibió el reconocimiento del Sindicato de Actores al recibir el premio al mejor reparto y contar con otras dos nominaciones. Títulos como Los bingueros son piezas clave en su carrera cinematográfica. Películas que, según el propio autor, no tienen ninguna pretensión más que la de entretener.

La época de la transición española es la más prolífica de su vida. Entre los años 75 y 85 el autor tuvo una prolífica actividad cinematográfica como ya hemos señalado anteriormente. Además de dirigir numerosas películas, realizó varios guiones y algunas colaboraciones en otros filmes. Es la época en la que rodaba con Pajares y Esteso, para muchos críticos, sus actores fetiche. En este contexto de la Transición política, Mariano Ozores consigue ser uno de los directores, no sólo más prolífico, sino también más taquilleros. De hecho, el film Los bingueros fue la película más rentable de 1979 en España.

Sin embargo, la Administración pública nunca le ayudó: calificaron casi todas sus películas como de segunda categoría, lo que le hizo perder mucho dinero en cuanto a subvenciones públicas y promoción. Un claro ejemplo fue la Ley Miró, que le hizo mucho daño al dejar en manos de un grupo privilegiado la selección de películas a las que se le destinarían las ayudas. A Mariano Ozores siempre se le negó cualquier tipo de subvención. Aquí comenzó el inicio de su declive como director. Muchos intelectuales y críticos vieron en su cine intenciones propagandísticas de tendencias franquistas. Algo de lo que el director siempre se defendió.

Con la instauración de la nueva sociedad su cine decae considerablemente, pues al desaparecer su conexión con el espectador, sus películas, al no rentabilizarse, abandonan la gran pantalla.

 

 

 

 

Los condicionantes del género

 

La definición del género de las películas de Ozores debe tomarse en cuenta para lograr entender las diversas interpretaciones, juicios y opiniones que se han vertido a lo largo del tiempo sobre su obra. Se trata de un condicionante importante que determina tanto la forma en que se presentan los contenidos como la profundidad y calado de los mismos.

Para algunos autores, como Pérez Perucha y Ponce la producción de Ozores podría tildarse de comedia asainetada. Justifican su postura alegando la influencia del tradicional sainete español y de la comedia neopopulista italiana de los setenta, además de que se servía de recursos narrativos como situaciones arrevistadas, personajes del sainete decimonónico o el uso indiscriminado del chiste en defecto de elementos narrativos.

Otros, como Monterde,  categorizan la producción de Ozores dentro de un cine de subgéneros, entendiéndose tal como una degeneración de los géneros cinematográficos. Dentro del subgénero de Ozores existirían distintas series como la comedia sexy—evolución natural del landismo[5]—; la parodia de películas o programas televisivos de éxito; la comedia política de carácter reaccionario, también llamada comedia militante; la comedia costumbrista, y la parodia histórica.

Las características que se aducen a este tipo de género cinematográficos son la gran sencillez de los aspectos formales de las películas, el recurso de arquetipificar a los personajes a través de los actores siempre repetidos y la ideología reaccionaria y moralista que hilaba las líneas argumentales.

A todo esto, debiera añadirse que las características anteriormente marcadas son efecto de la innegable dimensión comercial de este cine. Así, el director incluso rodaba varios títulos en el mismo año y recurría a la repetición de esquemas exitosos entre el público a petición de una industria que obtenía suculentos beneficios de recaudación.

 

 

 

Libertad de expresión y valores sociales transmitidos

 

Los cambios políticos que se sucedieron en la Transición española motivaron profundos cambios en los esquemas de las libertades. Esta ola de transformación también afectó a la industria cinematográfica y, por tanto, a los parámetros de libertad de expresión en los filmes de Mariano Ozores.

Si bien el director no tuvo muchos problemas con la censura durante el franquismo, debido a su buena relación con el régimen –como ya se explicó anteriormente-, sí que encontró algunas restricciones, sobre todo, cuando pretendía introducir escenas subidas de tono, como desnudos muy explícitos.

Por otro lado, en algunos momentos el director recurrió a la autocensura para evitar problemas con la Administración vigente. Es el caso de Los pecados de una chica casi decente (1975), película en la que los carabinieri que aparecen iban a ser, en un principio Guardias civiles.

Con la llegada de la democracia, el cine de este autor sufre una apertura en cuanto a la inclusión de escenas y argumentos más cercanos a la comedia sexy del destape. Este tipo de comedia muestra mujeres desnudas sin que esta situación aporte ninguna función narrativa. Se produce una evolución natural del landismo, en que se pasa de una temática más social a tramas más relacionadas con el sexo y la satisfacción de los instintos primarios de los personajes, de una manera cada vez más explícita con el destape.

La libertad de expresión supuso la aparición de temas en las películas de Ozores que, de ninguna forma, podrían haber salido a la palestra en la etapa franquista. Esta teoría se ve reflejada incluso en los títulos de las películas, como es el caso de ¡Qué gozada de divorcio! (1981) –coincidente con la llegada de la Ley del Divorcio. Igualmente, se tiende a un humor más ácido que incluye bromas acerca de temas políticos, de la Iglesia católica; también temas conflictivos como el aborto, el juego o el consumo de drogas. Pero entre todos, quizás el más llamativo sea el caso del humor referido a temas políticos. Es el ejemplo de Los bingueros, donde los dos protagonistas, Esteso y Pajares se están confesando ante el sacerdote de haber robado, ante lo que el éste les pregunta que de qué ministerio son.

A pesar de la renovación de los contenidos en las películas de Ozores; los valores transmitidos en las mismas no se corresponden con el progreso de la sociedad española del momento. Prueba de ello es que la ruptura en el modelo de sociedad real y el representado por el director conllevó, a su vez, la ruptura entre el espectador y este tipo de cine.

Los valores transmitidos por el cine de Ozores en el periodo de la transición, desde un enfoque claramente conservador, no se correspondían con el carácter progresista que el nuevo gobierno socialista pretendía inculcar en la Administración Pública. La muestra es que, aunque no se puede hablar de censura como tal, sí que el director sufre la falta de ayuda por parte de la nueva Administración. Es el caso del largometraje ¡Qué vienen los socialistas! Un inoportuno film, estrenado en 1982 y que los socialistas se negaron a promocionar e incluir en la televisión pública por miedo a las consideraciones que se pudieran dar tras su visionado.

A continuación se procederá a presentar la relación de los diversos valores sociales estudiados, a partir de la comparación entre la realidad social y las películas.

 

La familia, una institución en proceso de cambio

 

La familia como institución es un elemento importante para los personajes de las películas consideradas. Aparece en todos los largometrajes estudiados como un agente generador de acciones. No obstante, Ozores le otorga tratamientos diferentes: por un lado, muestra familias estructuradas y cohesionadas cuyos miembros mantienen una relación estable; y por otro, el director apuesta por una familia en conflicto –personificada en los nuevos modelos que se iban sucediendo a lo largo del periodo de la Transición como, por ejemplo, los modelos monoparentales o los cohabitantes. Sin embargo, podemos apreciar que, en ningún caso, existe un tratamiento negativo del modelo de familia tradicional[6], dado que en el caso en el que se presenta a la familia en conflicto, se tiende hacia un happy end en el que los personajes retoman los valores tradicionales. No es casualidad esta imagen de la estructura familiar, puesto que se aproxima bastante a la realidad imperante en la época.[7]

Aunque se da bastante importancia a la institución de la familia, no parece tener tanta la vida familiar; es decir, aparte de la reunión durante las comidas, sus miembros no pasan mucho tiempo juntos. En concreto, se destaca la figura paterna. Dicha figura es la que dispone de mayor autoridad e independencia dentro del núcleo familiar. Esto responde a una desigual distribución de los roles dentro de la pareja, siempre favorable al hombre. Mientras que el hombre tiende a ser el cabeza de familia y a asumir la responsabilidad económica, la mujer se muestra como el ama de casa y personaje más conciliador, de quien depende, en gran medida, la estabilidad familiar. En algunas ocasiones (¡Qué gozada de divorcio!), la mujer ejerce el rol dominante, pero no es ésta la norma general. Además, no hay que olvidar que en este caso excepcional en el que la propia mujer pide el divorcio, finalmente, acaba volviendo junto a su marido y protagonista del film.

La toma de decisiones en las familias que aparecen en el cine de Ozores corresponde generalmente al padre. Esto es reflejo del modelo patriarcal dominante  y estructura piramidal, propio de la época, en el que el padre decide qué hacer en la mayoría de los casos[8].

Tal y como ocurre en la sociedad tardofranquista, en el reparto de tareas domésticas, la madre de estas películas asume la totalidad de las mismas, y el hombre es el que trabajaba fuera de casa. De hecho, en 1984 el 53% de las mujeres se dedicaba, de forma exclusiva, a las labores del hogar; e incluso las mujeres que trabajaban fuera de casa, al casarse, abandonaban sus respectivos trabajos. Un dato a tener en cuenta de un estudio del CIS de 1984 sobre la situación laboral de la mujer es el que señala que el 45% de las mujeres encuestadas había dejado su trabajo al casarse.

El desigual reparto de tareas se manifiesta también en el cuidado de los hijos, que siempre recae en la figura materna como, por ejemplo, en Los bingueros, donde el padre pasa las horas en el bingo, mientras que su mujer atiende a su hijo.

En la relación padre-hijo, predomina una tendencia autoritaria. No obstante, en Es peligroso casarse a los 60 el padre muestra una evolución progresiva en su comportamiento, desde el autoritarismo a la permisividad, pero no por su propia convicción, sino por la imposición de las ideas de sus hijos: el padre se ve obligado a aceptar de las directrices que le marca su hijo para no acabar con la unión familiar. Este fenómeno sociológico representa la horizontalización familiar que se produjo en la década que abarca desde 1975 a 1985[9].

El diálogo dentro de la familia de las películas de Ozores es escaso y, casi siempre, en situaciones de conflicto, en las que el padre mantiene una postura más distante y firme, o desinteresada. A la figura de la madre le corresponde la actitud más conciliadora y sensata, nexo de unión familiar.

El tema de la sexualidad se obvia en las conversaciones familiares, al igual que en la realidad, en la que los españoles de 1978 coincidían al señalar que la educación sexual que recibían los jóvenes provenía, generalmente, de los amigos.

Un rasgo característico del cine de Ozores es la presencia de un tercer adulto en el hogar. Normalmente, solían ser mujeres en edad avanzada, como es el caso de Los pecados de una chica casi decente en la que el protagonista, interpretado por Alfredo Landa, convive con su madre o; también, en Los bingueros, donde el protagonista, Amadeo de Saboya, interpretado por Andrés Pajares, es un hombre casado que convive con su esposa, su hijo y su suegra. En este largometraje se ve reflejado uno de los cambios de la época consistente en el que el tercer adulto comienza a ser una molestia, ya que carece de un papel relevante y su destino depende del resto de la familia. [10]

 

Fotografía de una sociedad que aún mira hacia atrás

 

En el cine de Ozores, se transmite una gran desconfianza en la buena voluntad de la gente: los hechos que se desarrollan en las películas nos hacen pensar que no se puede confiar en los demás. Por ejemplo, en Es peligroso casarse a los 60, los posibles parientes políticos intentan engañar al protagonista: pretenden hacerle pensar que son personas adineradas para que, al casarse con la hija de Mariano, aprovecharse de su riqueza. Las actitudes que se desprenden de las relaciones de los personajes en la película varían según los filmes. De todas maneras destaca la poca importancia que se le da al trabajo en las películas del destape, frente a la responsabilidad a los que se da énfasis en las producciones del resto del periodo.

La picaresca es la modalidad principal mediante la cual los personajes intentan conseguir sus objetivos en las relaciones interpersonales. Por ejemplo, en ¡Todos al suelo! (1982) el personaje Pedro “el tuerto” quiere robar un banco para poder ser alguien.

Por otro lado, se puede decir que existe una mayor preocupación por conseguir influencia mediante el agrado personal frente a la inteligencia y el trabajo duro. Según el Informe Foessa, al contrario de lo ocurrido en las películas analizadas, los españoles consideraban que las cualidades para el éxito residían, en primer lugar, en la inteligencia y el trabajo duro, y en segundo lugar, en la herencia y la influencia. Sin embargo, estudios del CIS de la época sobre la situación laboral de la mujer arrojaban datos diferentes: el 54% de las mujeres que trabajan por cuenta ajena habían alcanzado su puesto mediante influencias. Aunque no existen datos totales, este indicador apunta a que quizás la realidad mostrada por el cine de Ozores no fuese tan distorsionada.

Un caso evidente de picaresca dentro la filmografía del autor podemos contemplarlo en el largometraje Los bingueros: los protagonistas, para solucionar sus penurias económicas, en lugar de recurrir al trabajo o métodos honrados, optan por el juego y, aún llegan más lejos, cuando intentan hacer trampas para ganar en el bingo. El hecho de que este planteamiento no está tan lejano de la realidad social queda claro por un ejemplo: entre las principales cualidades que podían desarrollar los niños para los entrevistados, la honestidad era considerada sólo en el 47% de los casos.

Los personajes de Ozores muestran intolerancia convivencial con homosexuales, personas de otras razas, drogadictos, abortistas y alcohólicos como, por ejemplo, en Es peligroso casarse a los 60 Mariano muestra un talante racista con las personas de otra raza. Otro ejemplo de intolerancia convivencial es el que se aprecia en la película Los bingueros en el que las dos chicas que comparten piso son consumidoras de estupefacientes y son presentadas como personajes que ejercen una influencia negativa en los protagonistas. En el largometraje ¡Todos al suelo! se trata el personaje de un ginecólogo abortista, que dice sentirse mala persona y arrepentirse. Para porcentajes notables de la sociedad del momento, las drogas y el alcoholismo eran problemas muy serios. Por otro lado, en 1981, el 53% de los españoles consideraban que los comportamientos homosexuales no estaban justificados bajo ningún concepto, mientras que para un 47% era el aborto lo que carecía de cualquier justificación.

Como queda manifiesto, el reflejo caricaturizado y estereotipado de los homosexuales que aparecen en los filmes de Ozores responde a una parte representativa de la opinión pública del momento. Por ejemplo, el personaje de Andrés Pajares interpreta en ¡Qué gozada de divorcio! por un momento el tópico del homosexual amanerado como motivo cómico.

 

La mujer, estereotipos marcados por la desigualdad

 

El reflejo de la mujer en la películas objeto de nuestro estudio no es igual al del hombre según los valores proyectados por los filmes, aunque se admite que la mujer debe contribuir a los ingresos. Incluso se contempla la posibilidad de que la mujer gane más que el hombre (Los bingueros), y que acceda a la educación universitaria (¡Qué gozada de divorcio!).

No obstante, esto cambia cuando la mujer se casa. Entonces concebir un hijo será un requisito necesario para realizarse. En la mayoría de los casos, el personaje femenino abandona el trabajo, pues no se considera igual de satisfactorio ser ama de casa que asalariada. Además, también podemos tener en cuenta otras valoraciones que se dan a través de los contenidos, por ejemplo, las madres solteras están muy mal vistas; las mujeres no deben mantener relaciones prematrimoniales (si lo hacen, se les tachará de frescas y mujeres objeto, como por ejemplo en el film Los bingueros). En cambio, el hombre sí puede hacerlo –igualmente ocurre con la infidelidad-. También se da a entender que las mujeres son malas conductoras en la película Es peligroso casarse a los 60.

 No existe paridad en la distribución de las tareas en el hogar. De hecho, en este caso se aprecian actitudes claramente machistas. En ¡Todos al suelo! el personaje interpretado por Esteso ordena a su mujer que limpie la casa. Por otro lado, la mujer no participa en las conversaciones al mismo nivel que el hombre. Esta imagen de supuesta inferioridad de la mujer respecto al hombre responde a la realidad de la época. Las dos cuestiones en las que claramente se decanta dicha inferioridad son aquellas en las que la evolución fue relativamente lenta: las derivadas de la vida y el comportamiento sexual y las relacionadas con la vida laboral. Por ejemplo, en datos del CIS de 1981 el 71% de las mujeres encuestadas consideraban que tenían peores posibilidades laborales que los hombres. Otro dato significativo es el que afirma que el 51% de los españoles pensaban que llevar las tareas domésticas era siempre cargo de la mujer, aunque ésta trabajase fuera del hogar.

Esta dinámica se aprecia en determinadas acciones de las películas analizadas, como cuando en Es peligroso casarse a los 60, Mariano quiere casar a su hija para encontrar un hombre que dirija su empresa tras su muerte. Otro ejemplo sería la diferencia entre la visión que se le da a la libertad sexual de Andrés Pajares en Los bingueros,  quien se muestra como un truhán gracioso,  mientras que a las chicas que mantienen un comportamiento similar se les tilda de frescas o mujeres de dudosa inteligencia.

En cuanto a la creación de arquetipos femeninos predominan las mujeres buenas, entre las que distinguimos personajes protagonistas, secundarios y de reparto.

Las mujeres protagonistas suelen ser buenas, activas y rebeldes, como Lina Morgan en Los pecados de una chica casi decente. Las mujeres que ocupan papeles secundarios suelen ser buenas, activas y resueltas o rebeldes, como el personaje de África Prats en ¡Qué gozada de divorcio! En último lugar, los personajes femeninos de reparto suelen ser buenos. También entre los personajes de reparto abundan los arquetipos de la madre o hermana. Cuando aparece una mujer mala, puede categorizarse como deshonesta, porque no sigue las pautas y normas morales de la sociedad retratada en las películas. Tampoco podemos olvidar el clásico personaje de la suegra como azote del marido, por ejemplo en ¡Todos al suelo!, en el que la suegra del personaje de Pajares le trata con cierta irascibilidad.

Por otro lado, en las películas se constata el tópico de la guapa, tonta y buena. Por ejemplo, en ¡Qué gozada de divorcio! el protagonista, Andrés Pajares, mantiene relaciones con una serie de chicas que reciben el nombre de días de la semana, lo que nos remite directamente al escaso valor de su personalidad. Por ende, la fea será lista y mala (véase Jacinta en Los bingueros). Las mujeres exuberantes en estas películas son meros objetos sexuales sin inteligencia. Este tipo de personaje se ajusta a papeles ínfimos sin trascendencia en el argumento. En cambio, las mujeres protagonistas o con papeles secundarios, no siendo tan exuberantes, pero sí agraciadas, son mujeres mucho más inteligentes y mejor valoradas, que influyen mucho (o de manera determinante) en la argumentación de la película. Es el caso de la hija de Mariano en Es peligroso casarse a los 60, interpretado por Adriana Ozores.

El grado de especialización del lenguaje de las mujeres en las películas analizadas oscila entre dos niveles de diferente índole: las mujeres de edad más avanzada (normalmente, personajes de madre o hermana, como la del personaje de Mariano en Es peligroso casarse a los 60) utilizan una modelo de lenguaje más popular, de menor nivel intelectual, con un uso común del refranero popular. No obstante, las mujeres más jóvenes tienden a usar un lenguaje más urbano, de una mayor riqueza intelectual, muestra del cambio cultural y del mayor acceso de la mujer a la educación, como la hija del personaje de Mariano en Es peligroso casarse a los 60.

Pese a que la visión que se le da a la mujer tiene claros tintes machistas, no se aleja mucho de la realidad de la época: nos situamos en un contexto social en el que el machismo estaba aún muy arraigado. No obstante, es cierto que existía un sustrato social minoritario que promovía la igualdad sexual, desprestigiado en las películas de Ozores. Por ejemplo, en Es peligroso casarse a los 60 se parodia a la mujer conductora.

 

 

Noviazgo, matrimonio y divorcio

 

El noviazgo en la sociedad española de la Transición era considerado como un paso previo y necesario hacia el matrimonio. Así, poco más de la mitad de los españoles pensaba que el noviazgo formal permitía conocer los defectos y la manera de ser del compañero sentimental y lo valoraban muy positivamente.

La elección de la pareja se veía determinada por diversos motivos según la visión de los padres o los novios. En las películas de Ozores, los novios comienzan sus relaciones a causa del amor que surge entre ellos, a pesar de las diferencias sociales o culturales. Por ejemplo en Los pecados de una chica casi decente, la protagonista, Lina Morgan, mantiene una relación con un carabinieri, a pesar de su hermano mayor que es sacerdote, y de su madre. Por ello, deben mantenerlo de manera secreta, al margen del conocimiento de sus familias. Pese a esto, la postura de los padres, en cuanto a la elección sentimental de sus hijos se manifiesta en torno a la búsqueda del beneficio económico y ventajas sociales.

Los personajes se muestran reacios a mantener relaciones de noviazgo con personajes hacia los que la sociedad mantiene una visión negativa. Es el caso de Antonio Ozores en ¡Todos al suelo!, que rechaza el amor de una prostituta que se le declara porque dice que él es “muy español”.

 Digamos que el noviazgo se entiende como un medio de promoción social. Como consecuencia, los padres de estas películas mantienen un control férreo sobre las relaciones de sus hijos, en las que siempre tienen opinión y voto.

 Según datos del CIS de 1978, existía poca movilidad social en las relaciones interpersonales de noviazgo: en el 85% de las parejas, los dos miembros pertenecían al mismo estrato social en el momento en el que contrajeron matrimonio. Este conflicto ideológico entre padres e hijos se manifiesta en películas como, por ejemplo, Es peligroso casarse a los 60: en ella, el personaje de Mariano busca a su hija novios por conveniencia (personas adineradas, de mejor clase…), mientras que su hija se enamora de una persona de diferente índole racial (raza negra), relación que oculta a su padre por miedo a que éste la desapruebe.

Otra cuestión es la valoración que se ofrece en las películas de Ozores de las relaciones prematrimoniales. En Los pecados de una chica casi decente, las relaciones sexuales entre los novios se ven como un acto negativo y de escasa moralidad. Contravalor representativo del desmoronamiento de una estructura moral que evolucionó durante la Transición: si en 1975 sólo el 49% de los españoles aceptaba la libertad sexual en parejas de noviazgo, ya en 1985 se alcanzaban cifras del 88% entre quienes mantenían esta opinión. Sin embargo, en las películas del destape, la libertad sexual entre la pareja que mantenían un noviazgo formal es valorada desde la normalidad. Es el caso de la pareja que forma Fernando Esteso en Los bingueros, que mantienen una relación de convivencia estable.

            El matrimonio se presenta en los largometrajes como la institución familiar ideal, a la que aspiran los personajes para ser felices. Pese a que en el comienzo de las películas se tiende al matrimonio para solucionar sus necesidades y apetencias sexuales; posteriormente, se aprecia el cambio en los comportamientos de los personajes, cuyo enlace se realiza por amor. Esto se ajusta a los datos reales[11]. En muchos casos, la finalidad de este matrimonio es la procreación (como es el caso de Mariano y su mujer en Es peligroso casarse a los 60) o la búsqueda de la felicidad y la estabilidad (personajes de Andrés Pajares y África Prats en ¡Qué gozada de divorcio!).

 En los títulos del destape, la institución del matrimonio se muestra como denostada y pasada de moda por una sociedad en plena crisis de valores, es decir, se señala al matrimonio como una víctima social y no, como un contravalor. Los personajes, aunque buscan la felicidad por otras vías, sólo la encuentran a través del happy end con matrimonio feliz. Éste es el caso de Los bingueros o ¡Qué gozada de divorcio!

El tema de las infidelidades por parte de los personajes masculinos se plantea como situación reversible, incluso como un comportamiento normal. Mientras, en el caso de personajes femeninos ni se plantea la posibilidad de que la cónyuge mantuviera una relación extramatrimonial. La omisión de dicho comportamiento nos lleva, de nuevo, a encontrar un planteamiento desigual con una tendencia evidente hacia el machismo.

En la sociedad española de 1981 eran consideradas como las dos principales consecuencias de divorcio los comportamientos violentos y las infidelidades. Esto se ve reflejado en el largometraje ¡Qué gozada de divorcio! cuando la protagonista le pide el divorcio a su marido por la vida desenfrenada que éste lleva. No obstante, el final de la película es la reconciliación de la pareja y el restablecimiento del vínculo. El hecho de que un film titulado ¡Qué gozada de divorcio! concluya con la vuelta de los cónyuges a la vida matrimonial nos muestra la visión negativa que ofrece el director acerca de dicho fenómeno de ruptura.

Quienes no encuentran su sitio en el matrimonio y practican un tipo de vida al margen de la convencionalidad se presentan por parte de Ozores como personas desestructuradas, sin una personalidad definida, y que se dejan llevar por las pulsiones. Es el caso de Andrés Pajares en ¡Qué gozada de divorcio! Sin embargo, en la sociedad española, progresivamente, fue aumentando la importancia de los solteros voluntarios. Por otro lado, la cohabitación entre solteros estuvo mal vista, aunque la opinión pública sobre ellos fue mejorando. No es el caso de las dos chicas que comparten piso en la película Los bingueros, de las que se ofrece una imagen totalmente peyorativa.

 

Crisis de la moral católica tardofranquista

 

En cuanto a la importancia que se le da a Dios y a la religión, encontramos contradicciones en las películas de Ozores. Mientras que en algunos títulos la religión juega un papel importante como en Los pecados de una chica casi decente, en el resto de las películas analizadas se le da poca o muy poca importancia, como por ejemplo, en Los bingueros.

Los personajes que manifiestan, a través de sus actos, su confianza en la Iglesia suelen también encontrar consuelo a sus problemas en la religión, por ejemplo es el personaje de Lina Morgan en Los pecados de una chica casi decente, donde pide ayuda a Dios en reiteradas ocasiones y busca amparo en la confesión.

No obstante, los personajes de los filmes suelen ser personas con creencias religiosas y no es corriente ver a personas no religiosas o ateas convencidas salvo, claro está, algunas inusuales excepciones como en ¡Qué gozada de divorcio! Esto se corresponde con la sociedad española de 1981, que poseía unas creencias católicas muy arraigadas: el 61% se declaraba persona religiosa, la inmensa mayoría se definía como católico y más de la mitad buscaba consuelo en Dios.

No suele haber valoraciones sobre otras religiones diferentes a la católica, pero no debemos olvidar la imagen puntualmente negativa que se da de la religión musulmana en Es peligroso casarse a los 60.

En los títulos del destape, en los que se procura presentar una imagen más moderna, se tacha a la Iglesia de ser una institución pasada de moda, al contrario que en el resto de títulos.

En cuanto a los valores transmitidos en relación a la religión y la moralidad, hay que destacar un antes y un después de la época franquista, sobre todo, a partir del fin de la censura. Por ejemplo, en Los pecados de una chica casi decente se valora a la Iglesia de forma muy positiva con personajes practicantes de la fe y convencidos de los principios de la moral católica. Sin embargo, en las películas del destape, la religión tiene un papel totalmente secundario y se usa a modo de chiste. Es el caso del personaje de Antonio Ozores en Los bingueros: un cura millonario que pasa su vida en el bingo. Todo esto hubiese sido impensable con la censura franquista.

Podemos pensar que Mariano Ozores, lejos de reírse del estamento eclesiástico durante el destape, pretendió caricaturizar la relajación de los valores morales que había tenido lugar durante este periodo de efervescencia social. De hecho, lo que sucedía realmente era que la española se había convertido en una sociedad en la que los valores del catolicismo comenzaban a cuestionarse[12].

 

Conclusiones

 

¿Cuáles son las causas y las motivaciones que definen el cine de Mariano Ozores? A lo largo de las últimas décadas, los críticos han querido demostrar que el la producción cinematográfica de este director tiene pretensiones ideológicas con tendencia a las corrientes más conservadoras. Se le califica como “cine franco (admitiendo el doble sentido), directo, crítico con el presente desde la nostalgia de un pasado irreconocible, pero en un último término perfectamente estéril por destinarse a los ya convencidos en un ejercicio masturbatorio”[13]. Incluso Pérez Perucha y Vicente Ponce afirmaron en su día que “el trabajo político y cultural de este cine no era tanto ganar adeptos hacia el fascismo militante, sino acumular sumandos para esa zona política y moral más pancista y perezosa que conservadora.”[14]

Pese a que los largometrajes de Mariano Ozores muestran una visión conservadora del proceso de cambio de la sociedad española durante la Transición, utilizando la caricatura como motivo cómico, hay que tener en cuenta que ese pensamiento respondía a la mentalidad de una gran parte de los españoles, como demuestran lo diversos estudios sociológicos de la época. A partir de ahí, pensar que con la caricatura y la ridiculización se persigue un fin ideológico o de adoctrinamiento nos parece exacerbado y demasiado rebuscado. Las películas en ningún momento han servido para modificar las estructuras mentales del momento. El presunto adoctrinamiento del espectador que se le atribuye a Ozores nunca se consumó. A nuestro entender, no porque Ozores no pudiera, sino porque quizás nunca lo intentó.

Muestra de esta teoría es que una vez asentados en España los valores de la democracia, el cine de Mariano Ozores comienza a sufrir un claro receso que se acentúa con la llegada de la década de los noventa. Una causa de que los valores de estas películas no calasen en la sociedad española es que se manifestaban de manera explícita. Además, la sociedad cambió y ya no se identificaba con el cine de Ozores.

            En conclusión, el cine de Mariano Ozores ha sido mal visto por la crítica debido a la cantidad de prejuicios, en parte justificados, con los que se han enfrentado a é. Los valores que transmiten las películas de este director son más cercanos a la derecha. Sin embargo, no advertimos otra intención que la de entretener a los espectadores y obtener unos buenos resultados de taquilla. Algo que consiguió durante mucho tiempo. 


BIBLIOGRAFÍA

Fuentes personales

 

Bibliografía

§         BARRANQUERO, E. y PRIETO, L. (coords) (2000), Mujeres en la contemporaneidad: educación, cultura, imagen. La Recreación de los estereotipos cinematográficos, un condicionante de las mentalidades: el caso de la mujer andaluza en el cine español, Universidad de Málaga, Atenea, estudios sobre la mujer.

§         CAPARRÓS LERA, J.M. (1992), El cine español de la democracia. De la muerte de Franco al “cambio” socialista (1975-1989). Barcelona, Anthropos.

§         CEBOLLADA, P. y RUBIO GIL, L. (1996), Enciclopedia del cine español, cronología. Tomo1. Barcelona, Ediciones del Serbal.

§         MONTERDE, J. (1993), Veinte años de cine español, un cine bajo la paradoja 1973-1992. Barcelona, Paidós Ibérica.

§         OZORES, M. (2002), Respetable público. Cómo hice casi cien películas, Barcelona, Planeta.

§         PÉREZ PERUCHA, J.  (dir) (1997), Antología crítica del cine español 1906-1995, (ZUNZUNEGUI, S. análisis de ¡Qué vienen los socialistas!, pp. 841-843) Madrid, Cátedra y Filmoteca Española.

§         PINO ARTACHO, J. del y BRICAT ALASTUEY, E. (1998), “Valores sociales de la cultura andaluza”. Encuesta mundial de valores. Madrid, C.S.I.C.

§         VERGARA, V. y LLORENS, A. (Coords) (1986), El cine y la transición política española. Filmoteca Valenciana/ Conselleria de Cultura, Educació i Ciencia de la Generalitat Valenciana.

 

 

Informes sociológicos

§         CIS: Año internacional de la mujer (I),  Estudio Nº 1076. Distribución de marginales, 1975.

§         CIS: La situación laboral de la mujer, Estudio Nº 1432. Distribución de marginales, 1984.

§         CIS: Evolución de la familia en España, Estudio Nº 1087. Distribución de marginales, 1978.

§         CIS: Evolución del sistema de valores, Estudio 1263. Distribución de marginales, 1981.

§         FUNDACIÓN FOESSA: Informe sociológico sobre el cambio social de España 1975 - 1983. Madrid, Editorial Euramerica, S.A., 1983.

 
Filmografía

§         Los Pecados de una chica casi decente (1975), VHS.

§         Los Bingueros (1979), AVI.

§         Es peligroso casarse a los 60 (1980), VHS.

§         Qué gozada de divorcio (1981), VHS.

 
Bases de datos

http://www.mcu.es

§         Base de datos de IMDB en internet.

http://www.imdb.com

 



[1] Los datos acerca de la población española de la Transición a los que se hace referencia en el artículo se obtuvieron de los siguientes informes y estudios: CIS (1975): Año internacional de la mujer (I),  Estudio Nº 1076. Distribución de marginales; CIS (1984): La situación laboral de la mujer, Estudio Nº 1432. Distribución de marginales; CIS (1978): Evolución de la familia en España, Estudio Nº 1087. Distribución de marginales; CIS (1981): Evolución del sistema de valores, Estudio 1263. Distribución de marginales.

 

[3] VERGARA, V. Y LLORENS, A (Coords), (1986) El cine y la transición política española. Filmoteca Valenciana/ Conselleria de Cultura, Educació i Ciencia de la Generalitat Valenciana,  P.37.

[4] OZORES, M. (2002)  Respetable público. Barcelona, Editorial Planeta.

[5] Tendencia cinematográfica referida a la producción de películas en la segunda mitad de los sesenta, caracterizada por tratar la temática social desde una perspectiva moralista.Su protagonista solía ser Alfredo Landa, u otros como Gracita Morales, Paco Martínez Soria, J. L. López Vázquez, etc. Entre los directores de estos filmes destacan Ozores, Aguirre y Lázaga.

[6] Entiéndase por modelo de familia tradicional al formado por dos cónyuges, con hijos, un tercer adulto (abuelo/a) que representan los valores del contexto social anterior a la Transición.

[7] En 1981 el 61% de los españoles declaraba estar casado y el 70% se mostraba en desacuerdo con la idea de que el matrimonio tradicional fuese una institución pasada de moda.

[8] FUNDACIÓN FOESSA (1983): Informe sociológico sobre el cambio social de España 1975 - 1983. Madrid, Editorial Euramerica, S.A.

[9] FUNDACIÓN FOESSA (1983): Op. Cit.; P.405

[10] FUNDACIÓN FOESSA (1983): Op. Cit; P. 406

[11] (..) resulta que si en un pasado no excesivamente alejado la institución matrimonial fue la solución a sus necesidades y apetencias sexuales no parece ser éste el caso actual. FUNDACIÓN FOESSA: Op. Cit. Pp. 378

[12] Prueba de ello es que en 1981 el 35% de los españoles no aplicaba nunca el mandamiento “santificarás las fiestas” y un 25% tampoco aplicaba nunca el mandamiento “no cometerás actos impuros”. 

[13] MONTERDE, J.: (1996)  Veinte años de cine español, un cine bajo la paradoja 1973-1992. Barcelona, Paidós Ibérica. Pp.35

[14] VERGARA, V. Y LLORENS, A. (coords) Op.Cit. pp. 37