Historia y memoria audiovisual de la reforma política en España.

Los valores democráticos postulados por la serie de TVE La Transición

 

Sira Hernández Corchete

Profesora Ayudante Doctor de Teoría del Discurso Comunicativo

Facultad de Comunicación. Universidad de Navarra

 

 

 

La Transición, programa retrospectivo emitido por primera vez en Televisión Española en 1995, es una de las series documentales de divulgación histórica que más éxito de público y crítica ha obtenido en nuestro país en los últimos años[1]. Dicho éxito se debió no sólo a su cuidada producción o a que constituyó el primer –y hasta el momento único– esfuerzo audiovisual para rescatar, dotándolas de un sentido unitario y global, las imágenes más significativas de la transición española hacia la democracia, sino también, como afirma Josetxo Cerdán, a la celebración televisiva que hizo del proceso de reforma política[2]: “Cuando dicha serie llega a las pantallas, en los estertores del último mandato socialista, ya se puede constatar que existe un deseo de celebrar la Transición. Se puede concluir, por lo tanto, que los españoles tienen ganas de verse en la tele en ese momento histórico que han protagonizado y que ya dan por clausurado. La idea de haber vivido y protagonizado un acontecimiento único e irrepetible se ha consolidado socialmente: es hora de comenzar a vestir ese momento de las imágenes adecuadas y para ello nada mejor que la televisión”  (CERDÁN, 2002).

 

El objetivo de las siguientes páginas es poner de manifiesto esta visión positiva del proceso democratizador y de quienes lo llevaron a cabo que transmite La Transición; y apuntar algunos de los modos narrativos y argumentativos propios del género en el que se inscribe empleados por sus autores, el realizador Elías Andrés y la periodista Victoria Prego, para lograr que ésta cale en la audiencia.

 

1.    La Transición como documental de divulgación histórica

 

La Transición presenta todas las características propias del documental de divulgación histórica, es decir, se dirige, a través de un medio audiovisual de comunicación de masas –la televisión–, a una audiencia heterogénea y no especializada en la disciplina histórica, para darle a conocer de forma veraz y fidedigna, y mediante una estructura seriada –13 episodios–, un conjunto de acontecimientos pasados, concretamente, los acaecidos entre el 20 de diciembre de 1973, fecha del asesinato del Almirante Luis Carrero Blanco, y el 22 de julio de 1977, día de la celebración conjunta de las Cortes españolas nacidas de las elecciones democráticas que tuvieron lugar el 15 de junio de ese mismo año.

 

Este relato de hechos pretéritos también lleva consigo en el documental de divulgación histórica una argumentación acerca del pasado representado. Ésta se esconde, en primer lugar, bajo la estructura dramática[3] que adopta el relato para mantener la atención y el interés de la audiencia; aunque se comunica preferentemente a través de la selección y el montaje de las imágenes “de forma continua en secuencias que vienen reforzadas por una banda sonora para dar al espectador la falsa sensación de que nada ha sido manipulado” (ROSENSTONE, 1997: 49) y de la presencia explícita de intertítulos o de una voz en off[4] predominante y autoritaria, lo que hace que se pueda incluir la especialidad histórica dentro de la modalidad documental que Bill Nichols denomina expositiva: “Los textos expositivos toman forma en torno a un comentario dirigido hacia el espectador, las imágenes sirven como ilustración o contrapunto […]. La retórica de la argumentación del comentarista desempeña la función de dominante textual, haciendo que el texto avance al servicio de su necesidad de persuasión” (NICHOLS, 1997: 68).

 

No obstante, dichos documentales también suelen presentar otras voces –las de los protagonistas de los hechos narrados y las de los expertos en el tema tratado–, aunque, como señala el historiador norteamericano Robert A. Rosenstone, quedan a menudo subordinadas a la argumentación ofrecida a través del comentario en off, y suelen utilizarse para respaldar sus afirmaciones: “[En los documentales históricos], aunque haya más de un testigo o especialista con diferentes e incluso enfrentadas opiniones […], estas diferencias nunca se ‘salen del guión’ ni cuestionan la visión de conjunto […]. De hecho, los puntos de vista alternativos tienen poco impacto, sólo sirven para subrayar la certeza y la solidez de la visión del realizador” (ROSENSTONE, 1997: 51-52).

 

Efectivamente, la interpretación del pasado que se vislumbra en La Transición, es decir, el canto laudatorio al proceso de reforma política en España y a quienes lo hicieron posible, se desprende, en primera instancia, del uso de algunas técnicas propias de la estructura dramática del relato, como la simplificación, condensación e incluso omisión de algunas cuestiones, que se emplean, además de para adecuar el contenido a los límites del tiempo fílmico e impedir que el ritmo se ralentice y aburra a la audiencia; para eludir el comentario de los fallos que muy probablemente se cometieron durante la transición política; o la alteración del orden de los acontecimientos, que aparte de contribuir a provocar situaciones de suspense y a despertar el interés del público, también ayuda a dar relieve a aquellos que ofrecen la mejor cara del cambio político.

 

No obstante, dicha interpretación corre a cargo principalmente del narrador en off[5] de la serie, ya que, como se intenta demostrar en los siguientes epígrafes, es él quien, además de servir de hilo conductor de la historia, funciona como portavoz de las ideas y valores que subyacen en ella. Dicho narrador aparece revestido de un carácter fidedigno, proporcionado tanto por su conocimiento omnisciente –que le permite acceder al mundo interior de los personajes y hacer valoraciones, como se verá, no sólo sobre sus acciones y palabras, sino también sobre sus pensamientos y sentimientos–, como por las imágenes de archivo –que verifican audiovisualmente sus comentarios– y los testimonios de las talking-heads o cabezas parlantes, es decir, de los protagonistas y testigos de los acontecimientos históricos narrados. Éstos completan el relato con sus recuerdos y experiencias personales[6], pero como sus voces son orquestadas por el narrador en off[7], más que realizar su propia argumentación de los hechos, desempeñan el cometido retórico de servir de respaldo de su visión de la historia, y de reforzar su credibilidad[8] y la de la serie[9].

2.   Las ideas y valores de La Transición expresados por el narrador en off

 

Como se acaba de mencionar, el narrador en off de La Transición se erige, con su carácter fidedigno, en el portavoz principal del conjunto de ideas y valores que postula dicha serie. Entre las primeras destacan, como se expondrá a continuación, la idea de que la transición política española no sólo fue un proceso de cambio político ejemplar, sino también el único viable de forma legal y pacífica; mientras que entre los segundos sobresalen la democracia, la monarquía, la paz y la unidad de España dentro de la pluralidad histórica.

 

2.1. La transición española: un proceso de cambio político ejemplar y el único viable de forma legal y pacífica

             

La primera idea que está latente en el relato del narrador en off de la serie es la de la transición española como el único proyecto de reforma política viable de una forma pacífica y respetuosa con la legalidad heredada del régimen franquista. Esta idea se comunica a la audiencia de forma explícita en dos episodios: en el décimo, en el que sin hacer alusión a las distintas alternativas o proyectos que quizá se plantearon dentro de la transición política, dicho narrador afirma que “Suárez necesita convencer a la oposición de la sincera voluntad democrática de su proyecto de cambio, y a los franquistas de que, siendo el cambio inevitable, su proyecto es el único capaz de asegurar la moderación y la paz”; y en el undécimo, en el que la voz en off insiste: “Y puesto que el proyecto reformista del Gobierno no sólo es una quimera, sino que es un proyecto viable y, sobre todo, el único posible, los dirigentes comunistas escuchan en Guadalajara de labios de su Secretario General que lo que el partido pretende ahora es subirse al tren de la reforma, no derribar el sistema”.

 

La segunda idea importante que postula La Transición es la de que ese único proyecto de reforma viable fue meditado y planificado en extremo y ejecutado después por sus protagonistas de modo ejemplar e inmaculado. Así se desprende, por ejemplo, de un comentario realizado por el narrador en off en el undécimo episodio durante el relato de la votación de la Ley para la Reforma Política[10]: “La operación reforma ha sido meticulosamente planeada por el gobierno, por el Presidente de las Cortes y por el Rey, y ejecutada después con toda precisión. Cuando comienza el pleno de las Cortes, Adolfo Suárez y sus ministros llevan ya más de un mes empeñados en una tarea singular: ponerse en contacto personalmente con todos los procuradores en Cortes para intentar convencerles uno a uno de que voten a favor de la ley”. Además, como ya se ha comentado, dicha idea también es transmitida al telespectador mediante la omisión que el narrador fidedigno hace de los errores que seguramente se cometieron durante la transición española.

 

2.2. La transición española: conquista de la democracia, restauración de la monarquía y reconciliación de los españoles

 

El documental de Elías Andrés y Victoria Prego ofrece también una visión positiva del proceso de reforma política en nuestro país al unir su consecución a la recuperación de tres valores principales: la democracia, la monarquía y la paz. La expresión más frecuente que la voz en off utiliza para referirse a la transición es la de “conquista de la democracia en España”, que aparece por primera vez en el episodio que abre la serie, y luego se repite en el noveno al hablar de la oposición (“quienes están luchando por conquistar la democracia”) y en el decimotercero: “El Presidente del Gobierno ha aceptado encontrarse cara a cara y por primera vez con el Secretario General del Partido Comunista […]. Un paso extremadamente audaz que, de darse, podría […] suponer la victoria definitiva en su esfuerzo por conquistar la democracia”.

 

El término “conquista” aplicado al logro de la democracia española durante dicho período histórico es empleado intencionalmente por el narrador en off para aprovechar toda su carga semántica, dando a entender que lo que está en juego resulta de gran valor para quienes lo persiguen y que, además, su consecución no resulta fácil, sino que requiere esfuerzo, habilidad y la superación de algunas dificultades[11]. Dado que este narrador se pone de parte de quienes intentan implantar un sistema democrático en nuestro país, les atribuye, como se verá en el último epígrafe, el papel de protagonistas de la historia; mientras que quienes amenazaron y entorpecieron el cambio político son presentados como los antagonistas de la serie.

 

Por otra parte, la conquista de la democracia durante la transición política en España se identifica con la restauración de la monarquía en la persona de don Juan Carlos I, por lo que dicha monarquía aparece también como un segundo valor en juego. Esta idea se desprende de algunos comentarios de la voz en off, como el que realiza en el séptimo episodio, en el que presenta al Rey como el motor de la reforma, uniendo así el destino de la institución que él encarna al destino de España tras el cambio político: “Y el Rey pone en marcha la operación reforma. Tiene muy presente que todo puede fracasar si provoca enseguida la hostilidad o la alarma entre los franquistas ortodoxos, si decepciona demasiado a la oposición democrática o, lo que es más importante, si no logra la confianza y el respaldo de la sociedad española. Sabe que del éxito de estos factores va a depender no sólo la reforma hacia la democracia, sino también la propia supervivencia de la institución monárquica que él encarna.

 

Además, esta identificación expresada verbalmente por el narrador en off también es respaldada por los planos finales de La Transición, ya que éstos muestran a don Juan Carlos I presidiendo la primera sesión conjunta del Congreso y el Senado recién elegidos en las elecciones democráticas del 15 de junio de 1977, que suponen, al menos en la serie de Elías Andrés y Victoria Prego, el final del camino hacia la democracia en España. Además, dichas imágenes también son un símbolo de un tercer valor que, según el mencionado narrador, fue recuperado durante la transición política española: la paz perdida con la Guerra Civil. La hipotética afirmación que realiza en el séptimo episodio de que el Rey podría ser el “reconciliador de los españoles” se ve confirmada en este acto presidido por don Juan Carlos, a cuyas imágenes de archivo se superpone este comentario en off: “La presencia de algunos de los representantes de la izquierda en los pasillos del Congreso hubiera resultado algo completamente inimaginable hace tan sólo unos meses […]. Los cimientos de la democracia quedan firmemente asentados ese día. Y de ahí en adelante el edificio de la democracia deberá ser construido día a día por todos los españoles”.

 

2.3. Una España, pero plural

 

Y un último valor postulado por La Transición es la pluralidad histórica de España, que debe darse, según el narrador en off, dentro de la indiscutible unidad del país. En primer lugar, éste defiende tal planteamiento al apuntar que las siete condiciones que la Plataforma de Organismos Democráticos y las fuerzas de oposición moderadas acuerdan para legitimar el referéndum y las futuras elecciones democráticas prometidas por el gobierno “dibujan el campo político moderado de cualquier país democrático de occidente”. Y, precisamente, una de esas condiciones es que “el gobierno reconozca que es necesario dar carta de naturaleza a las exigencias autonómicas de las nacionalidades históricas que integran el Estado español” (undécimo episodio).

 

 Por otra parte, el narrador fidedigno también realiza la defensa de este valor –y la de otro ya citado, la paz– estableciendo una contraposición entre los modos de actuar de los dos nacionalismos más activos durante la transición política dentro del territorio español: el catalán y el vasco. De este modo, la voz en off alaba el sentimiento nacionalista catalán, que no cuestiona la mencionada unidad nacional, y además sirve como aglutinante en Cataluña de toda la oposición antifranquista que lucha de modo pacífico por la democracia; y lo opone al separatismo que, mediante la lucha armada, persigue en el País Vasco la banda terrorista ETA, a la que, en el segundo episodio, considera como “la mayor y más trágica amenaza para esta democracia española que todavía no es más que un callado propósito de la mayoría”: “En el País Vasco y en Cataluña, los movimientos nacionalistas han sobrevivido con éxito a la represión franquista. En Cataluña, los sentimientos nacionalistas, que son compartidos por la mayoría de los catalanes en todas las capas sociales, se convierten en el elemento aglutinante de toda la oposición […]. En el País Vasco, el nacionalismo está menos extendido socialmente que en Cataluña. Es, sin embargo, un sentimiento más intransigente y radical, y la causa de una profunda división entre nacionalistas y antinacionalistas. Las reivindicaciones nacionalistas están políticamente simbolizadas en el Partido Nacionalista Vasco (PNV), que mantiene un gobierno en el exilio. Pero adquieren el carácter de violentas cuando un sector de la organización separatista ETA pasa de ser un grupo radical a convertirse en una banda terrorista”[12].

 

 

3. Las valoraciones del narrador en off sobre los personajes de La Transición

 

Dado que, como se ha mostrado en los epígrafes anteriores, La Transición celebra el modo en que se llevó a cabo el proceso de reforma política en España y los valores alcanzados tras él, gran parte del esfuerzo retórico del narrador en off está orientado a lograr que, a través de sus valoraciones sobre los distintos personajes, la audiencia simpatice con aquellos que hicieron posible su consecución -los protagonistas de la serie- y que desdeñe a quienes se opusieron o constituyeron una seria amenaza para él -sus antagonistas-.

 

 3.1. Los protagonistas individuales: El Rey, Torcuato Fernández-Miranda, Adolfo Suárez, Felipe González y Santiago Carrillo

 

            Dentro de los protagonistas individuales de La Transición destaca, en primer lugar, don Juan Carlos I de Borbón y Borbón. El narrador en off construye una imagen favorable del monarca aún antes de que sea proclamado Rey, aludiendo a un conjunto de actuaciones llevadas a cabo por éste durante su condición de Príncipe de España, que además de congraciar al telespectador desde el primer momento con su persona, ponen de manifiesto la posesión de don Juan Carlos de ciertas cualidades que le van a ser muy útiles en su tarea de conducir a España hacia la democracia: su preparación y capacidad de iniciativa, su prudencia y discreción, su don de gentes, su generosidad y espíritu de servicio a su país, su valor y su olfato político.

 

Posteriormente, y a partir de este perfil del Príncipe, dicho narrador comienza la argumentación del papel asignado a éste tras su coronación: motor del cambio político. Dicho papel se dibuja no sólo mediante la narración de varias de sus iniciativas, sino también a través de afirmaciones explícitas, como la que tiene lugar en el noveno episodio con motivo del relato del viaje oficial a Washington de los monarcas españoles que, según la voz en off, “se salda con un éxito total, que consolida la imagen de don Juan Carlos dentro y fuera de España como conductor indudable del proceso hacia la democracia” o la que esa misma voz realiza en el undécimo episodio tras la narración de la aprobación de la Ley para la Reforma Política: "El gobierno, con el Rey a la cabeza, ha cruzado el rubicón. El camino hacia la democracia ha quedado abierto. Las cortes franquistas acaban de dar luz verde a la reforma política, y el régimen de Franco empieza ya a pertenecer al pasado".

 

El segundo gran héroe de La Transición es, a juzgar por las valoraciones del narrador en off, Torcuato Fernández-Miranda, de quien se dice ya en el primer episodio que va a jugar “un papel decisivo en los momentos claves de la conquista de la democracia en España”. Ese anunciado protagonismo queda realzado por las virtudes que dicho narrador le atribuye durante el relato de sus actuaciones como Presidente del Gobierno en funciones –serenidad, sensatez, audacia, independencia política, lealtad al futuro Rey de España–, y se va concretando a medida que se suceden los capítulos. De ese modo, en el séptimo episodio, la voz en off apunta implícitamente la razón de la necesidad manifiesta del Rey de colocar a Fernández-Miranda al frente de las Cortes y del Consejo del Reino para llevar a cabo el proceso de cambio, ya que le presenta de alguna forma como el ejecutor legal de la reforma política: “El Rey ha ganado esta batalla decisiva. Ha logrado colocar en el puesto clave al hombre clave. En él se va a apoyar don Juan Carlos para poner en marcha una delicada operación: va a intentar pasar de un régimen autoritario a una democracia, sin que se produzcan enfrentamientos violentos ni rupturas legales”.

 

No obstante, dicha imagen llega al telespectador de modo más explícito a través del relato en off de dos actuaciones cruciales de Fernández-Miranda en este sentido. La primera consiste en el establecimiento del procedimiento de urgencia para tramitar las leyes, que ayuda a que los proyectos reformistas no puedan ser bloqueados durante meses por los procuradores inmovilistas (episodio noveno); y la segunda tiene que ver con la elaboración del texto clave que abre a España el camino hacia la democracia, la Ley para la Reforma Política: “Aquí está la clave de la Transición. Esta ley que Adolfo Suárez presenta al pueblo español es la puerta que puede abrir en España la vía a la democracia […]. La historia de la ley es corta. Fue redactada por Torcuato Fernández-Miranda unas cuantas semanas antes de que el Presidente Suárez la presentara ante la opinión pública […]. El hecho es que, en su formulación final, la ley se convierte en una pieza legal muy breve, pero de extraordinaria trascendencia política” (episodio décimo).

 

En cuanto al tercer protagonista de la serie, Adolfo Suárez, es presentado por el narrador omnisciente y fidedigno como el ejecutor político del proceso de transición en España, ya que tras contar en el décimo episodio su nombramiento como Presidente del Gobierno, señala que precisamente dicho ejecutivo “tiene ante sí una tarea esencial: la de darle al país un vuelco político radical, pero sin romper con la legalidad vigente, una operación que va a exigir grandes dosis de valor y de imaginación, y que ha de acometerse además con máxima rapidez, si se quiere evitar un enfrentamiento en el país, porque la presión de la oposición en la calle ya es masiva”.

 

Esas “dosis de valor y de imaginación” que el narrador en off  anuncia que necesitan los miembros del gobierno Suárez para llevar a buen puerto el proceso de transición política se ven confirmadas en la persona del propio Presidente, ya que la imagen que da de él es la de un político arriesgado y con una gran capacidad de negociación, y la de un buen estratega. Las dos primeras cualidades se muestran en el relato de los sucesivos encuentros con los miembros de la oposición, entre los que la voz en off destaca el que el Presidente Suárez mantiene con Santiago Carrillo para tratar el problema de la legalización del Partido Comunista de España antes de las elecciones convocadas para el 15 de junio de 1977: “El 27 de febrero es domingo. A primera hora de esa tarde, Adolfo Suárez tiene previsto acudir a una cita rigurosamente secreta y sumamente arriesgada. El Presidente del Gobierno ha aceptado encontrarse cara a cara y por primera vez con el Secretario General del Partido Comunista. Suárez es consciente de que se está acercando inexorablemente el momento en que ha de tomar una decisión histórica, aunque de consecuencias imprevisibles. Un paso extremadamente audaz que, de darse, podría ser capaz de por sí solo hacer fracasar el proceso de reforma emprendido, o podría, por el contrario, suponer la victoria definitiva en el esfuerzo por conquistar la democracia” (episodio decimotercero).

 

Respecto a su capacidad estratégica, queda resaltada por el comentario en off en dos ocasiones principales. La primera tiene lugar durante la narración de la decisión de Suárez de retrasar las negociaciones con la “Comisión de los Nueve” hasta después del referéndum sobre la Ley para la Reforma Política, para afrontarlas con mayores garantías: “[Suárez] decide no recibir todavía a sus representantes, porque espera reforzar su posición política con el apoyo que confía recibir de los españoles en el referéndum” (episodio undécimo). Y la segunda, durante el relato de la legalización del Partido Comunista de España que el Presidente del Gobierno realiza a título personal, aprovechando las vacaciones de Semana Santa, que demuestra una vez más su capacidad para afrontar riesgos políticos (episodio decimotercero).

 

Finalmente, los dos últimos protagonistas de La Transición son Santiago Carrillo (PCE) y Felipe González (PSOE), quienes son presentados por el narrador en off como los que más lucharon, desde la oposición, por arrebatarle la iniciativa de la reforma política al gobierno y como los que “precipitaron” con sus acciones y negociaciones una transición política pacífica. Dos ejemplos en los que éste muestra a Carrillo como un colaborador del Rey y del Presidente Suárez para alcanzar la democracia de una forma consensuada los encontramos en los episodios noveno y undécimo. En el noveno, tras la narración de la petición que el monarca le hace llegar al líder comunista de que abandone la beligerancia hacia la monarquía y hacia su persona, la voz en off señala: “Carrillo sí es sensible, en cambio, a la petición de moderación que se le ha transmitido. A partir de entonces, admitirá en sus declaraciones públicas la posibilidad de que la democracia en España pueda llegar de la mano del Rey” (episodio noveno). Y en el undécimo, tras el relato de la reunión del Comité Ejecutivo del PCE el 23 de noviembre de 1976 en la provincia de Guadalajara, el narrador fidedigno concluye: “Ese día, Santiago Carrillo plantea con toda crudeza a sus dirigentes que el partido va a empezar a marchar, ha empezado ya a marchar, en realidad, por el camino político que ha trazado el Presidente Adolfo Suárez”.

 

3.2. Los protagonistas colectivos: la prensa democrática y la sociedad española

           

            Además de los protagonistas individuales mencionados, La Transición también cuenta, aunque en un plano más secundario, con dos protagonistas colectivos: la prensa democrática y la sociedad española. Según el narrador en off, la primera alcanza su protagonismo dentro del proceso de cambio político al erigirse como la creadora de la opinión pública en favor de las libertades políticas y del régimen democrático. En este sentido, en el noveno episodio, afirma: “Durante todo este tiempo histórico […] han aparecido una serie de publicaciones, sobre todo, semanarios y revistas mensuales, que en su mayoría defienden la apertura hacia la democracia; y ejercen de hecho y en medio de grandes dificultades el derecho a la libertad de expresión. La prensa, que desde 1974 empezó a abrir brecha en el camino hacia la democratización del país es, por entonces, y lo será aún más en el futuro, una fuente incesante de la auténtica realidad nacional al margen de las pretensiones oficiales, y un elemento muy valioso en la creación de algo inexistente hasta el momento: la opinión pública”.

 

            Respecto a la sociedad española, aunque en un primer momento la voz en off la dibuja como mero testigo expectante de los acontecimientos, después le otorga un papel más activo en la consecución de la democracia al destacar su participación en dos momentos clave de la transición política en los que el gobierno de Adolfo Suárez le pide que se pronuncie: el referéndum sobre la Ley para la Reforma Política y las elecciones democráticas celebradas el 15 de junio de 1977. En el primer caso, el narrador fidedigno comenta en estos términos el apoyo de los españoles al proceso de cambio: “La participación ciudadana en el referéndum es masiva. La opción reformista como vía legal para alcanzar la democracia en España […] obtiene un triunfo espectacular al contar con el apoyo de la inmensa mayoría de los españoles” (episodio duodécimo). Y en el caso de las elecciones, la voz en off también valora positivamente el ejercicio del pueblo español de su recuperado derecho al voto: “Con una participación masiva, un 77% de los españoles dibuja ese día el mapa político que desean para el país […]. Los españoles, pues, han votado por la moderación, pero lo más importante es que han votado, que han votado en las primeras elecciones democráticas y libres de los últimos cuarenta años” (episodio decimotercero).

 

3.3. Los antagonistas: Carlos Arias Navarro, el “búnker” y el terrorismo de ETA y de la ultraderecha

 

Entre los que aparecen como los antagonistas de La Transición por dificultar, obstaculizar y pretender impedir el proceso de reforma política, se encuentran el Presidente del Gobierno Carlos Arias Navarro, el llamado “búnker”, compuesto por los franquistas más duros e intransigentes, y el terrorismo perpetrado por ETA y los comandos ultraderechistas[13].

 

La construcción que el narrador en off hace de Arias Navarro como uno de los antihéroes de la serie está basada en tres presupuestos. El primero es su imagen de continuador del franquismo, a la que la éste alude, por ejemplo, en el octavo episodio, en el que comenta que, en la exposición ante las Cortes de la “reforma Fraga”, Carlos Arias “parece incapaz de librarse del peso político del recuerdo de Franco y, ante la decepción general, pronuncia el 28 de enero ante el país un discurso ambiguo en los datos y, sobre todo, lleno de una retórica franquista y añorante”.

 

El segundo rasgo que el narrador fidedigno destaca de Carlos Arias es su carácter “dubitativo y contradictorio”, que contrasta con la capacidad de iniciativa, fortaleza y firmeza atribuidas al Rey; y hace que, después de anunciar su compromiso con la reforma en el discurso pronunciado el 12 de febrero de 1974,  se desdiga progresivamente de él por las presiones que recibe del mencionado “búnker”, formado por quienes este narrador califica despectivamente de “inmovilistas”, “intransigentes”, “franquistas ortodoxos”, “guardianes del régimen” o “ultras”[14], es decir, por aquellos que “están resueltos a conservar intactos los principios y el sistema impuestos por quienes habían ganado la guerra” (episodio segundo).

 

Finalmente, el tercer recurso que la voz en off emplea para otorgar un papel antagonista al Presidente Arias es su continua interposición en los planes reformistas del principal protagonista de la serie: el Rey. Esa distancia política que separa a Arias Navarro de don Juan Carlos la pone de relieve, por ejemplo, en el sexto episodio, cuando informa al telespectador de que el futuro Rey, entonces Jefe del Estado en funciones, decide acudir a visitar a las tropas destacadas en el Sahara para transmitirles su apoyo moral, “una decisión que cuenta con el ferviente apoyo del Ministro del Ejército, quien le acompaña en el viaje, y con la total oposición del Presidente del Gobierno, a quien esta visita le parece inoportuna”; o en el noveno, cuando relata dos movimientos que realiza el monarca para romper la obstaculización del proceso de cambio que está llevando a cabo Carlos Arias: “Por un lado, y en un intento por evitar el distanciamiento definitivo de la oposición, recibe a algunos líderes de la oposición moderada, cristianodemócratas y socialdemócratas, a los que Arias se había negado a recibir. Por otro lado, inspira un artículo publicado en la revista norteamericana Newsweek, que constituye una descalificación total de la actitud política del Presidente del Gobierno”.

 

Por otra parte, el otro antagonista importante de La Transición, por constituir una amenaza real para la consecución de la democracia, es el terrorismo, tanto el perpetrado por la banda terrorista ETA, como el que llevan a cabo los grupos de ultraderecha. Así lo pone de manifiesto el narrador en off en varias ocasiones. Por ejemplo, en el octavo episodio, cuando señala que “el terrorismo se convertirá en la más importante amenaza para el proceso de reforma hacia la democracia, que está intentando entonces sus primeros pasos”; o en el décimo, en el que dice que “los distintos tipos de terrorismo se van a sumar a los factores de resistencia política para, todos juntos, ir ejerciendo una presión creciente, cada vez más dramática, contra el proceso democratizador que acaba de ponerse en marcha”.

La expresión de repulsa ante el terrorismo etarra y de la ultraderecha queda reflejada, sobre todo, en los términos en los que este narrador fidedigno se refiere con frecuencia a ambos grupos. Los calificativos que emplea, a partir de la narración del atentado perpetrado por ETA contra el Presidente del Gobierno, el Almirante Carrero Blanco, para designar a los miembros de la banda separatista son los de terroristas  y asesinos, a los que en el episodio undécimo también denomina como “los que sólo admiten la violencia como lenguaje”. Por otra parte, sus acciones se nombran y adjetivan con los siguientes términos: matanza y ataque ciego e indiscriminado, en el caso del atentado contra la Cafetería Rolando el 13 de septiembre de 1974 (episodio cuarto); extorsiones, amenazas de muerte, secuestros (episodio quinto) o violencia etarra (episodio octavo).

 

El comentario en off también aplica los mismos calificativos a los actos terroristas llevados a cabo por los comandos ultraderechistas. Éstos constituyen atentados, como el perpetrado contra el teatro Capsa de Madrid (episodio quinto); asesinatos, como el del estudiante Carlos González (episodio décimo) o matanzas, como la de Atocha, que se relata en el duodécimo episodio: “Acaba de producirse una matanza inaudita. Un comando ultraderechista ha disparado a sangre fría contra nueve personas…”.

 

4. Conclusiones

           

1.      La Transición ofrece, principalmente a través del relato autoritario del narrador en off de la serie, una visión positiva del proceso de reforma política en España y de quienes participaron en él. Para otorgar credibilidad a su argumentación, dicho narrador es revestido de un carácter omnisciente y fidedigno, y sus palabras aparecen autentificadas por las imágenes de archivo y por las declaraciones de los protagonistas y testigos de los acontecimientos históricos narrados.

 

2.      En síntesis, el argumento principal que sostiene la serie documental de divulgación histórica realizada por Elías Andrés y Victoria Prego es la consideración de la transición política española como un proceso de cambio ejemplar y el único posible de forma pacífica y legal; que, además, trajo consigo la recuperación de cuatro valores principales: la democracia, la monarquía, la paz y la reconciliación de los españoles y la pluralidad histórica de España.

3.      Como La Transición celebra el modo en que se llevó a cabo la evolución de un sistema político autocrático a otro democrático en España, quienes contribuyeron a que ésta tuviera lugar son presentados por el narrador en off como los auténticos protagonistas de la serie, quien los reviste de cualidades para congraciar a la audiencia con ellos. Entre éstos se encuentran el Rey don Juan Carlos I, Torcuato Fernández-Miranda, Adolfo Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo, la prensa democrática y la sociedad española. Por el contrario, quienes obstaculizaron y dificultaron el cambio –Carlos Arias Navarro, el “búnker”, ETA y los comandos ultraderechistas– son despojados de tales virtudes y mostrados como antihéroes a los ojos del telespectador.

 


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SÁNCHEZ NAVAS, Gema. “Victoria Prego. ‘Preparo un documental sobre el Rey’”. El Mundo del Siglo XXI, 15 de octubre de 1995, p. 69.

 

TUSELL, Javier. “‘La Transición’. Un excelente reportaje histórico”. El País, 25 de julio de 1995, p. 41.

 



[1] Según un informe elaborado por el Gabinete de Estudios de la Comunicación Audiovisual (GECA) sobre datos de SOFRES A.M., la media de espectadores que vieron La Transición durante su primera emisión -entre julio y octubre del 95- superó los dos millones, lo que supuso un rating medio (el porcentaje de espectadores sobre el universo nacional que ve un programa o un determinado período de la emisión) del 5,2 % y un share medio (el porcentaje de audiencia que corresponde a cada cadena de televisión dentro del total de espectadores en un período de tiempo determinado) del 14,4%. Cfr. Anuario de la televisión 1997. Madrid: GECA, p. 33. Por otra parte, debido a esta excelente acogida del público, la venta de la colección de los vídeos de La Transición, que había salido al mercado español varios meses antes de su pase por televisión, se vio relanzada, y la tirada inicial de mil ejemplares se agotó en apenas dos meses. Cfr. SÁNCHEZ NAVAS, Gema. “Victoria Prego. ‘Preparo un documental sobre el Rey’”. El Mundo del Siglo XXI, 15 de octubre de 1995, p. 69. Además, el 16 de octubre de 1995, un día después de finalizar su primera emisión, El País comenzó la entrega semanal gratuita con la compra del periódico de los episodios de la serie; regalo que hace tan sólo unos meses, con motivo del 25 aniversario de la Constitución Española, ofreció de nuevo la revista Tiempo a sus lectores. Prueba del éxito de la serie fue también la favorable crítica que recibió por parte de los profesionales, tanto de la comunicación como de la historia. Respecto a los primeros, concedieron a la guionista del programa, Victoria Prego, el premio Víctor de la Serna a la mejor labor periodística del año 95 y, además, algunos como Carlos Boyero se refirieron a La Transición como una “serie modélica y necesaria, capaz de dignificar a la televisión que la ha producido”. BOYERO, Carlos. “El partido del pueblo”. El Mundo del Siglo XXI, 18 de octubre de 1995, p. 69. Entre los comentarios realizados por los segundos, destacó un artículo de Javier Tusell publicado en El País, en el que el historiador español afirmaba lo siguiente: "Es de alabar, ante todo, el grado de imparcialidad que Prego ha logrado en el guión, que presupone conocimientos profundos de la bibliografía aparecida hasta el momento. No hay frase en la voz en off que resulte discutible". TUSELL, Javier. “‘La Transición’. Un excelente reportaje histórico”. El País, 25 de julio de 1995, p. 41.

[2] No obstante, Victoria Prego niega rotundamente que el realizador de la serie, Elías Andrés, o ella trabajaran con apriorismos en la producción del programa: “Nosotros no llevábamos recado de antemano, sólo describir lo que pasó, el único recado que teníamos en la cabeza era que estábamos en democracia y que veníamos de una dictadura. Lo que sucede es que cuando nos pusimos a estudiar lo que pasó, nos dimos cuenta de que la transición había sido uno de los períodos más honrosos de nuestra historia, y consideramos que era conveniente recorrer ese tramo histórico que hizo España y que, por primera vez en muchos años, en siglos, resultaba un tramo brillante, es decir, en el que habíamos ido a mejor y habíamos superado los enfrentamientos históricos”. Entrevista personal realizada a Victoria Prego el 12 de junio de 2001.

[3] Dado que, como recuerda Jerry Kuelh, los espectadores a los que se dirige el documental histórico no conforman una audiencia “cautiva”, en el sentido de que no están obligados a verlo –como pueden estarlo los estudiantes en una clase de Historia–, La Transición configura su relato de forma dramática, lo que implica, según Simón Feldman, que éste “comienza, se desenvuelve y culmina siguiendo una progresión que abre y cierra un conflicto”. FELDMAN, Simón (1990). Guión argumental, guión documental. Barcelona: Gedisa, p. 56. En la serie de Elías Andrés y Victoria Prego, el conflicto planteado es el enfrentamiento que, a partir del asesinato del Presidente del Gobierno, el Almirante Carrero Blanco, se produce dentro del régimen entre aperturistas e inmovilistas por la consecución, en el caso de los primeros, de un sistema democrático para España, que los últimos quieren evitar a toda costa.

[4] Sarah Kozloff define la narración en off (voice-over narration) como el conjunto de “afirmaciones orales que proporcionan cualquier parte de un enunciado narrativo, formuladas por un orador al que no vemos, que se sitúa en un espacio y un tiempo distinto al que se presenta simultáneamente por las imágenes de la pantalla”. KOZLOFF, Sarah (1988). Invisible Storytellers. Voice-over narration in American Fiction Film. Berkeley: University of California Press, p. 5.

[5] Debido a la existencia en el medio audiovisual de varios registros expresivos –palabras, ruidos, música, texto escrito e imágenes–, Gaudreault señala la existencia de una figura narrativa responsable de todos ellos, el meganarrador, y de otras, los narradores delegados, en quienes el primero delega el ejercicio de la narración mediante uno de esos registros: el verbal. Cfr. GAUDREAULT, André y JOST, François (1995). El relato cinematográfico. Cine y narratología. Barcelona: Paidós, pp. 57-64. En La Transición, el meganarrador delega el peso fundamental del relato en el narrador en off, quien, según la tipología establecida por Gérard Genette, es extra-heterodiegético, ya que narra desde fuera de la diégesis una historia en la que no está presente. Cfr. GENETTE, Gérard (1989). Figuras III. Barcelona: Lumen, pp. 283-306.

[6] A diferencia del narrador en off, las talking-heads de La Transición funcionan como narradores delegados intra-homodiegéticos, porque cuentan desde dentro del universo del relato una historia en la que participan. Cfr. GENETTE, G., ídem.

[7] Victoria Prego reconoce su función de “director de orquesta” al ponerle voz al narrador en off de la serie: “Yo hacía la crónica y les ponía en bandeja que dieran su testimonio sobre ‘a mí me pasó esto, y yo dije, y me empeñé…’, etcétera. Es decir, yo terminaba con la palabra perfecta para que ellos introdujeran sus experiencias. Y a la inversa, yo partía de lo que habían dicho y continuaba el relato. La Transición no es una construcción de bloques o ladrillos que se suman, sino que es una crónica, una trenza, algo que tiene una continuidad permanente. Yo soy la narradora base y les voy cediendo la palabra, y ellos van entrando”. Entrevista personal realizada a Victoria Prego el 12 de junio de 2001.

[8] A lo largo de la serie, son muchos los momentos en los que los testimonios de las talking-heads corroboran las palabras del narrador en off otorgándole credibilidad a los ojos de los telespectadores. Por ejemplo, en el cuarto episodio, éste afirma que, como tras la matanza de la cafetería Rolando, la policía intenta involucrar al PCE, para evitar sospechas, el líder comunista, Santiago Carrillo, ordena a sus abogados que no defiendan a los acusados. Seguidamente, el propio Carrillo aparece en la pantalla confirmando esta versión de la historia: “Teníamos que romper esa manipulación, destruir esa maniobra, y por eso llegamos incluso a recomendar a nuestros abogados que no defendieran a los acusados”. Otro ejemplo lo encontramos en el noveno episodio, en el que la voz en off comenta que a la altura de 1976 los inmovilistas del régimen todavía tienen un gran peso en los centros de poder y “la influencia que ejercen constituye una amenaza real para el futuro de la reforma”. Poco después, Rodolfo Martín Villa, Ministro de la Gobernación en aquel momento, confirma desde el presente dichas impresiones: “Evidentemente que suponían una amenaza. Esos ortodoxos estaban en las instituciones del régimen de Franco, estaban en la policía, estaban en los ejércitos. Tenían influencia en el sector económico. No era una presencia menguada”.

[9]De esta opinión es Sergio Alegre, quien señala que la incardinación de las talking-heads en La Transición está muy bien resuelta, porque “explican directamente sucesos determinados, reforzando así la idea de que lo que se nos explica es lo que realmente pasó –¿cómo no va a ser verdadero si lo explica alguien que estuvo allí, que lo vivió?, se pregunta nuestro inconsciente. Nunca escuchamos las cuestiones planteadas por la entrevistadora, de esta forma el entrevistado nos habla a nosotros directamente –al telespectador–, no a una persona intermedia. Esta ‘desaparición’ no es casual, su objetivo fundamental es reforzar ese efecto de autenticidad […]; así se intenta hacer creer que las imágenes y la voz en off del documental vienen del pasado mismo, son el pasado, explican lo que efectivamente ocurrió y no son únicamente el montaje determinado de una selección determinada de los sillares que han llegado hasta nuestros días de aquel castillo inabarcable que un día fue la realidad”. ALEGRE, Sergio (2000). “La Transición española, un documental histórico”. Film Historia, vol. X, nº 3, p. 170.

[10] El narrador en off también presenta como largamente pensadas otras decisiones que se tomaron durante la transición política, como el nombramiento de Fernández-Miranda como Presidente de las Cortes y del Consejo del Reino (episodio séptimo), la petición del Rey a Arias Navarro de su dimisión (episodio noveno) o el nombramiento de Suárez como Presidente del Gobierno en sustitución de este último (episodio décimo).

[11] El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define la acción de conquistar, en su segunda acepción, como “ganar, conseguir algo, generalmente con esfuerzo, habilidad y venciendo algunas dificultades”. Cfr. voz conquistar en DRAE (2001).

[12] Este contraste verbal del narrador en off entre ambos nacionalismos es reforzado por el montaje de las imágenes de archivo. El sentimiento nacionalista catalán aparece representado por imágenes festivas en color, como las de la celebración de La Diada en 1976 o las de las visitas oficiales de los Reyes de España y del Presidente Adolfo Suárez a Cataluña, a las que también acompaña una música regional alegre. Por el contrario, las que aluden al nacionalismo vasco suelen ser en blanco y negro y están dominadas por las manifestaciones populares y el desfile de féretros de los asesinados por la banda terrorista ETA, a las que en ocasiones también se superpone el sonido de disparos.

[13] En la serie también se hace alusión, aunque en menor medida, a otros dos grupos terroristas, FRAP y GRAPO, cuyas acciones violentas, sin embargo, quedan en un segundo plano respecto de las de ETA y las de los comandos ultraderechistas.

[14] Estos calificativos contrastan con otros positivos utilizados por la voz en off para designar a los partidarios del cambio político: “aperturistas”, “reformistas”, “liberales” o “evolucionistas”.