LA CRÍTICA POLÍTICA EN LOS ARTÍCULOS DEL DIRECTOR DEL DIARIO EL MUNDO (1993-1996): PUNTO DE PARTIDA PARA EL ESTILO DEL PERIÓDICO

Laura Teruel Rodríguez

Universidad de Málaga

 

En esta comunicación, como pequeño apartado de la tesis en que estoy trabajando, se persigue definir la contribución que el diario El Mundo ha realizado al espacio público de debate en un periodo en el que consiguió un gran protagonismo en la vida social y política española, a través de los artículos dominicales de su director. Una vez contextualizado el estudio de la labor de los medios como nutrientes de la opinión pública y su capacidad para dinamizar el debate social, se analiza el periodismo efectuado por este diario partiendo de su propia visión de la profesión periodística como watchdog o vigilante constante de las autoridades especialmente necesitado, por tanto, de una amplia concepción de la libertad de expresión para desarrollar su trabajo.

 

 

La importancia de la prensa como nutriente de la opinion publica

El estudio de la innegable labor de los medios de comunicación masivos como nutrientes de la opinión pública ha sido abordado desde muy variadas perspectivas teóricas para las cuales, a pesar de las evidentes diferencias en sus conclusiones, la capacidad de los mass media para introducir temas y opiniones en el espacio publico de debate ha sido un punto de partida común. Algunos autores defienden la valía de los medios para desarrollar las funciones democráticas clásicas pues entienden que estos han sabido adaptarse a los cambios económicos y sociales contemporáneos. En este sentido, Muñoz Alonso atribuye a la prensa una serie de funciones políticas que derivan de la concepción de los medios como espacio ideal de debate. Por una parte, las funciones de los medios se encaminan a seleccionar y elaborar objetivamente la información para contribuir a la formación de la opinión pública; por la otra, los medios fijan la agenda política y desarrollan la función de control o supervisión del gobierno y otras instituciones[1]. Afirma actualizar la teoría de Laswell que, en su revisión de las funciones de la comunicación de masas, contempla la vigilancia del entorno y la correlación de los componentes de la sociedad, entre otros, como cometidos principales de los medios[2]. 

Profundizando más en esta visión de los medios como dinamizadores válidos del debate público, Canel justifica: “la comunicación es esencial para la organización de la comunidad. Sirve para orientar la sociedad por medio de la definición de unos objetivos y de la identificación de los problemas; sirve para conseguir consenso, ya que acerca los intereses facilitando la comprensión de las distintas posturas así como las percepciones de los valores tradicionales; sirve para la resolución de conflictos, trascendiendo las diferencias, verificando las distintas opciones y razonando la elección de una de ellas entre varias”[3]. Así pues, desde la perspectiva de estos autores, los medios controlan el flujo de comunicación entre la ciudadanía y las instituciones políticas y actualizan el sistema de controles entre los distintos poderes, permitiendo a todos los actores participar en la vida pública.

Sin embargo, si bien tanto estos como otros teóricos coinciden en la importancia del rol democrático de los medios masivos y su potencial para llevarlos a la práctica, las tendencias en ciencias de la comunciación en los últimos años han coincidido en que aquéllos no pueden desarrollar de forma óptima sus funciones democráticas; los numerosos factores que confluyen en el periodismo actual no benefician la finalidad de cooperar en la creación de una opinión pública bien formada e interesada por el debate sobre asuntos públicos en la sociedad actual.  Por ello se hace necesaria una recapitulación de las principales críticas en este ámbito que permitan abordar el estudio de la labor que desarrolló El Mundo en España partiendo de las limitaciones que operan sobre las  funciones clásicas ya expuestas.

Jürgen Habermas entiende que el desarrollo de la sociedad capitalista brindó autonomía a la arena de debate público, pues se promovió la reflexión crítica y la prensa liberal, creando así un nuevo clima de discusión sobre política. Sin embargo, a partir de mediados del SXIX, considera que el mayor poder del estado y los organizados intereses económicos llevaron a excluir al público, a la ciudadanía, del proceso de toma de decisiones y a que los medios se vieran condicionados a la hora de desarrollar sus funciones. Como James Curran infiere en su disertación sobre el estudio de Habermas:

“The media ceased to be an agency of empowerment and rationality, and became a further means by which the public was sidelined. Instead of providing a conduit for rational-critical debate, the media manipulated mass opinion. It defined politics as a spectacle, offered predigested, convenience thinking and conditioned the public in the role of passive consumers”[4].

Es decir, para Curran el trabajo de Habermas permite definir el papel ideal de los medios en la esfera pública, facilitando el proceso de construcción un espacio público común y convirtiendo a cada ciudadano en parte del cuerpo social, pero es necesario reevaluar y reconceptualizar cómo puede ser este sistema adaptado a la sociedad masiva para que puedan participar todos aquellos que han quedado excluidos del proceso constructivo de la opinión pública porque, en la sociedad contemporánea, esta teoría no es ya definitoria. Para este autor en la actualidad no puede acogerse sin críticas la perspectiva liberal tradicional que define las funciones de los medios como canales ideales de comunicación entre el sistema político y la sociedad porque presenta numerosos defectos. Con respecto a la representación de las diferentes ideologías y opiniones frente a un conflicto este autor entiende que, si bien los medios pueden coadyuvar a alcanzar soluciones comunes a través del tratamiento informativo acurado, esto debe entenderse siempre “asumiendo que no se desafiará al poder social establecido”[5], por lo que no todas las opiniones reales estarán representadas puesto que sólo ciertos grupos tienen acceso a la difusión de contenidos. También entiende que la sobreinformación que se experimenta por la abundancia de medios dificulta que la ciudadanía puede formar una opinión racional sobre la actualidad y, más aún, porque los medios no facilitan esta tarea al estar destinados en gran parte al entretenimiento, lo que impregna también sus contenidos informativos.

Para Christopher Lasch –en la línea de Habermas- el principal cometido de la prensa debe ser también estimular el debate público y crear una opinión pública bien artículada pero varios elementos imposibilitan esta tarea. Los medios deben dar cabida a las diferentes opiniones para, a través de la exposición y discusión, se puedan alcanzar consensos. Este autor entiende que la democracia está directamente vinculada con la discusión, con el debate continuo y profundo de la ciudadanía movida por el deseo de participar en los temas que la afectan. En este ámbito, en el de ofrecer a la ciudadanía opiniones estimulantes desde la prensa, Lasch afirma: “La democracia requiere un debate público vigoroso. Por supuesto, también requiere información, pero la clase  de información que necesita sólo puede generarse mediante la discusión. (…) Cuando participamos en discusiones que enfocan y atraen completamente nuestra atención, nos convertimos en ávidos buscadores de la información pertinente. De lo contrario recibimos la información pasivamente, si es que la recibimos”[6]. 

Sin embargo, Lasch entiende que la prensa renunció a su labor de crear opinión para incentivar el debate público imbuida por el referente inalcanzable de la objetividad. La independización de los periódicos de los partidos políticos y su constitución en empresas de comunicación, así como la llegada de la publicidad y, en última instancia, el advenimiento de la prensa masiva, supusieron una merma de la labor dinamizadora del debate cívico que ejercían los medios de comunicación. Curran también encuentra en estos factores –y, especialmente, en la llegada de la democracia masiva- las causas de la necesaria redefinición y adaptación de la prensa a la sociedad actual para que pueda seguir ejerciendo sus funciones.

La política y el periodismo se fueron profesionalizando, como – según Lasch- defendieron otros téoricos encabezados por Lippmann, y se optó por situar al periodismo como mero transmisor de información. Por ello, el autor concluye que la democracia ha dejado de ser posible, tal y como fue concebida, en una sociedad masiva donde los medios han abdicado de su rol como canalizadores de opinión e información, para promover el debate ciudadano, impregnados por el referente de la objetividad que la aleja de incentivar cualquier debate. Este teórico se pliega a la visión de autores como Carey para quien, si la prensa no sirviera para estimular el debate ciudadano, se estaría renunciando a cultivar ciertos hábitos esenciales en una comunidad democrática: la capacidad de entender un argumento, de captar el punto de vista ajeno, de ampliar los límites de la comprensión y de discutir los distintos objetivos que se podrían perseguir[7].

Con respecto a la dejación de la prensa en su labor de incentivar el debate ciudadano, también se ha pronunciado, de una manera muy similar a Lasch, Roger-Gérard Schwartzenberg. Para este autor, la política ha devenido en un espectáculo pues, para aumentar las ventas, los medios han degradado a los políticos, convirtiéndolos en meros actores, para atraer consumidores interesados por los escándalos que generan. Schwartzenberg expresaba: “durante mucho tiempo- sobre todo en el sXIX- la prensa es el debate privilegiado de los grandes debates ideológicos. De derecha a izquierda, mediante sus múltiples títulos, esta prensa de opinión porta análisis y polémicas que van al fondo de los problemas. Moviliza el espíritu crítico y el sentido de reflexión”. Y, a renglón seguido de estas funciones ideales, entiende que la degradación de la que estos han sido responsables, en parte por la llegada de la prensa masiva y la desaparición de la prensa ideológica, perjudica tanto al sistema político –que ha aprendido a pergeñar su acción comunicativa para ser captado por los medios por su apariencia llamativa independientemente de su contenido- como a la formación de una opinión pública libre; “Evitando las cuestiones de fondo, ingeniándose en simplificarlo todo, la prensa llamada de “información” estupidiza al público, adormece su sentido crítico y lo prepara para reaccionar instintivamente, irracionalmente frente al líder” [8]. La necesidad de alcanzar una alta cifra de ventas, generando noticias llamativas y no perdiendo a ningún lector por contenidos informativos no atrayentes, supuso, por tanto, para este autor,  una merma para las funciones que la prensa debe cumplir para dinamizar la vida pública y controlar a la labor de las autoridades políticas. No se refiere, como Lasch, a la predominancia de la información con tendencia objetiva como contraproducente para la opinión pública sino a la incapacidad de crear un discurso político coherente que no dependa del índice de ventas.

Esta incapacidad de los medios de realizar una labor de control real de las autoridades y organismos públicos y privados, que preconiza Schwartzenberg, ha sido el punto de partida de la bibliografía de Noam Chomsky; para quien, los medios no cumplen con su función de “permitir que el público efectúe un control significativo del proceso político, proporcionándole la información necesaria para una inteligente asunción de responsabilidades políticas” sino que su propósito social “es el de inculcar y defender el orden del día económico, social y político de los grupos privilegiados que dominan el Estado y la sociedad del país”[9].  

Atendiendo a estos autores, cabe inferir que la labor dinamizadora de la opinión pública que realizan los medios de comunicación encuentra –desde el desarrollo de la prensa de masas- numerosos obstáculos, que van desde la mercantilización de las empresas periodísticas hasta la conversión de la información en un bien de consumo, para alcanzar los objetivos clásicamente artibuidos.  Así lo recoge Díaz Nosty: “ el secuestro de la antigua función social de los medios tiene como resultado una profunda transformación de la consideración de su objetivo finalista, esto es, del receptor o de la audiencia, al que se priva, en buena medida, de la consideración de su condición cívica, como sujeto de derechos políticos y públicos, para magnificar su condición privada de consumidor, dentro de un esquema básicamente sujeto a las leyes de la oferta y la demanda” [10]. Por todo ello, ya que las funciones clásicas no son realizables en la sociedad contemporánea, se hacen necesarias aportaciones teóricas que definan la actual situación y promuevan una nueva readaptación del rol democrático de los medios de comunicación.

 

El periodismo Watchdog, la relación entre la prensa y la política

La reevaluación del rol democrático de los medios que realiza James Curran deriva de una pormenorizada crítica a los tres conceptos básicos del canon liberal: el periodismo como watchdog, como cuarto poder y como fuente de información pública.  La vigencia de todos ellos queda cuestionada por este teórico, pero no su indudable influencia en la profesión periodística durante décadas. En el caso de estudio analizado, sobre la actividad informativa del diario El Mundo a través de los artículos de su director, se hace imprescindible una referencia a estos elementos. Partir de un estudio de la vigencia de estas características en la prensa se hace obligado al tratarse de este medio si se quiere realizar una aproximación rigurosa a su labor como dinamizador de la opinión pública ya que estos conceptos se hacen presentes en este diario de forma continua. No obstante, Pedro J. Ramírez –director y fundador del diario- presenta una definición, contextualizada en la política española, de estas funciones de cuarto poder y watchdog de la prensa en la sociedad contemporánea: “González había elegido la vía del desafío, y los sectores más vivos de la sociedad española empezaban a recoger el guante. El Mundo no les decepcionaría. Pocas veces un periódico ha tenido tan claro lo que tenía que hacer si quería cumplir con la función propia de la prensa en todo sistema democrático. No nos correspondía a nosotros quitar o poner gobiernos ni buscar una salida a la crisis que se precipitaba. Pero sí teníamos el deber de proporcionar a los ciudadanos los elementos de juicio para que tomaran sus decisiones con el mayor conocimiento de causa posible”[11].

Se encuentran otras muchas huellas de estos elementos liberales clásicos– que serán descritas en el posterior análisis- en el periodismo de El Mundo. Para esta concepción, los medios, totalmente independientes de cualquier institución política, deben servir para que la ciudadanía pueda ejercer un control más directo de las acciones de sus gobernantes y evitar así el abuso en el ejercicio del poder[12]. Por tanto, desde esta perspectiva, la función de los medios es fomentar la transparencia en el trabajo de los políticos y hacer públicas aquellos hechos que no se adapten a la legalidad o moralidad vigentes.

Curran unifica y actualiza las críticas que se venían realizando a esta concepción del periodismo, que alcanzó su mayor grado de validez en Estados Unidos e Inglaterra. En primer lugar, la mayor parte de los contenidos informativos no se refieren actualmente al ámbito político sino que prima el entretenimiento, por lo que no puede ser ya la máxima que guíe la acción de los medios. Además, en segundo lugar, lo medios no  puede centrar la investigación sólo en el gobierno –como se hizo en un principio con el referente de la labor de la prensa en el caso Watergate- sino que también debe extrapolarse a otras muchas instancias de poder que existen hoy en día.

En tercer lugar, es necesario estudiar los cambios que se han venido produciendo en la propiedad de las empresas; las investigaciones no pueden abstenerse de contemplarlo porque es un factor determinante de la relación de cada medio con el Gobierno. Pues, como última limitación, este autor entiende que los medios, al formar parte de grupos empresariales que buscan la rentabilidad en sus productos y han adquirido un gran poder a través de la oligopolización, no ejercen la labor de watchdog sino que buscan ellos mismos convertirse en otros poderes sociales; buscan sus propios beneficios más que ejercer el control sobre el gobierno como acción prioritaria[13]

Más específicamente referidos al periodismo español, también se observan diversas críticas al ejercicio de estas funciones por parte de la prensa. Por una lado, Pérez Ariza afirma que “más que un cuarto poder, vigilante y atento a los otros tres clásicos poderes políticos, (…), la prensa española parece estar invadida por agentes de todo tipo con intereses espurios y, al menos, ajenos a la búsqueda de la verdad, a no ser aquella parte de la verdad de los hechos que le favorezcan en algún sentido, sobre todo en el económico, en el político o en ambos”[14]. 

Otros autores entienden que la práctica de esta forma de periodismo ha conducido a la creación de un clima de enfrenamiento entre los sistemas político y mediático, al desarrollo de un periodismo adversarial, que no beneficia al tratamiento de los contenidos informativos en la prensa. Las señas de identidad de este periodismo “se centran en la dramaturgia informativa que practica: confrontación entre personas, situaciones e instituciones; insistencia en el negativismo; jerarquías de nobles y villanos; ansiedad informativa; personalización de las noticias y simplificación” [15].

Deriva del establecimiento de una relación de desconfianza entre el periodista y las informaciones que provienen del entorno político que no es patromonio exclusivo del  periodismo del sXX pero encuentran en este siglo su época de apogeo. John B. Thompson realiza un recorrido por la historia del periodismo adversarial y de su resultado más directo en la producción de contenidos informativos: el escándalo político como acontecimiento mediático.  Para este autor, la llegada de la prensa verdaderamente masiva, con la necesidad de incrementar el número de ventas, es uno de las motivos que fomentó el desarrollo de este periodismo. También el auge del periodismo de investigación, simbolizado en los muckrakers americanos, que encontraban, en la revelación de secretos del poder su razón de ser como guardianes del interés público. El periodismo se fue profesionalizando y se perseguía que además de narrar hechos fiables y originales, se realizara una narración atrayente, por lo que los escándalos eran historias muy apetecibles. Además, la relación de la prensa con los partidos se fue debilitando por lo que se permitía un mayor margen para la crítica y la libertad de expresión[16].

Estas razones, así como el aumento de la visibilidad pública de los políticos y el cambio de códigos morales y legales para evaluar su acción, han sido causas de la proliferación de los escándalos mediáticos de las que el periodismo watchdog se nutre preferencialmente. Este es el caso de la concepción de la profesión que manifiesta el diario El Mundo, a pesar de las numerosas limitaciones que se han descrito anteriormente para llevar a la práctica esta tarea.

 

El diario El Mundo y la libertad de expresión

El Mundo no servirá jamás a otro interés sino al del público, porque el verdadero titular de la libertad de expresión no somos los periodistas –menos aún los amos de los periódicos- sino el conjunto de la ciudadanía”. Éste es uno de los enunciados a través de los cuales Pedro J. Ramírez presenta las intenciones del diario en su primer número, el 23 de octubre de 1989. El director entiende que, para cumplir con la “función social del periódico”, éste “será un órgano radical en la defensa de sus convicciones pero moderado y sereno en la exposición de sus argumentos. Jamás recurrirá al insulto ni a las descalificaciones personales”.

De esta forma se materializaron finalmente los propósitos con los que el director y sus socios concibieron el periódico que se propusieron fundar tras haber sido despedidos de Diario 16, según manifiesta el propio Pedro J. Ramírez, por las presiones del Gobierno para censurar sus investigaciones sobre el GAL[17].  En sus propias palabras, quería editar un periódico que fuera: “riguroso, influyente y sólido, pero a la vez ameno, fácil de leer e innovador desde el punto de vista formal. (…) En definitiva, queríamos lograr que nuestro periódico fuera un quality paper más ameno que El País, pero más serio y de mayor calidad que Diario 16[18]. El periodismo de investigación y la cercanía a los problemas que más preocupasen a la ciudadanía serían claves para conquistar a un sector del publico a través de una maquetación más llamativa visualmente que la de su principal competidor y un estilo más ligero en sus textos[19].

Así pues, El Mundo buscó, desde su surgimiento, convertirse en un medio de referencia y para ello se valió, como uno de sus más sólidos elementos identificativos, de su labor de control del Gobierno revitalizando algunas de las características del clásico watchdog. La rápida implantación entre los lectores españoles se vio impulsada tanto por el sólido grupo de profesionales, inversores y otras personalidades públicas que lo respaldaron desde su nacimiento, como por la publicidad adicional que le proporcionaba su desavenencia con el Gobierno y que el diario supo administrar magistralmente para convertirse en símbolo de la oposición. El periódico supo pergeñar su política informativa y utilizar el valor de novedad y la heredada confrontación de sus fundadores con el Gobierno para ocupar el lugar que pretendía en el mercado español. Un ejemplo ilustrativo de las bazas que utilizó el periódico en sus primeros meses, si bien de forma aparentemente contradictoria, para posicionarse fueron las declaraciones de su director sobre la repercusión de su cobertura informativa del “caso Juan Guerra”. Pedro J. Ramírez escribía: “Estaba claro que El Mundo, con tan sólo noventa números en la calle, era ya un órgano importante de creación de opinión en nuestro país”; pero, a renglón seguido, afirmaba: “Nada menos que el jefe del gobierno, …, arremetiendo en directo en televisión contra un pequeño periódico, que aún ni siquiera había cumplido los cien días”, oscilando así entre los valores de fortaleza del medio y su juventud[20].

La política informativa del diario El Mundo –cuya oposición frontal y mordaz al gobierno socialista durante los noventa le hizo ser incluido en el núcleo del conocido como “sindicato del crimen” en ciertos círculos periodísticos[21]- tuvo en el periodismo de investigación y en una homogénea línea editorial, impregnada de los valores de los artículos dominicales del director, sus ejes discusivos. Estos artículos, que tan sólo en los que publicó José Antonio Zarzalejos en ABC o los que, ocasionalmente,  aparecían en La Vanguardia podían encontrar referentes dentro de la prensa española, se ocuparon casi de forma exclusiva sobre política nacional y no podían ser equiparados con las columnas de opinión del medio ni con los editoriales.  Para Carmen Herrero, “hablar hoy del periodismo político es hablar sobre todo del columnismo político; de la columna como género que vale lo que vale su firma”[22], a esta afirmación hay que añadir, en el caso estudiado, que la firma no es sino la del director. Pedro J. Ramírez era el autor de los mismos -y los hacía acompañar de cáusticas ilustraciones- por lo que eran una interpretación semanal del responsable periodístico de El Mundo sobre esa realidad de la que su plantilla debía informar posteriormente.

Un hecho que deja patente la importancia y el protagonismo que esos artículos tenían para el periódico, es que una selección de ellos, agrupados en torno a diferentes temáticas, fueron recogidos en un libro. David contra Goliat era un compendio crítico de lo que, para Pedro J. Ramírez, habían sido los cinco principales problemas que azotaban al Gobierno en España[23]. El autor entendía que:  “Desactivadas las demás instituciones de control y con una oposición bastante falta de pegada, fue quedando claro que sólo las revelaciones de la prensa podían hacer tambalearse a tan descomunal adversario. Y dentro de la prensa hacía tiempo ya que El Mundo venía siendo percibido como una especia de pequeño pero indesmayable David, capaz de acertar de vez en cuando con sus pedradas en el centro de la frente del gigante”[24]. Se hace, pues, explícito, una vez más, el posicionamiento del director del diario con respecto al Gobierno de Felipe González que, desde la fundación del medio hasta el triunfo del Partido Popular, y enmarcado dentro de la “función social” que le atribuía al periodismo, perseguía granjearse un protagonismo marcado que buscaba influir en la acción de la oposición política, en la agenda de otros medios y, sobre todo, en la opinión pública[25].

Por la línea editorial del periódico y por el talante con que desarrolló esta labor de investigación y vigilancia constante del gobierno, se hace totalmente necesario un amplio margen constitucional para el ejercicio de la libertad de expresión en la prensa. La libertad de expresión “se acota conceptualmente porque el mensaje objeto de la misma son los pensamientos, ideas y opiniones (incluidas, como pensamiento e ideas, las creencias, y, como opiniones, los juicios de valor)”[26]. El profesor Souvirón recoge que, para la doctrina del Tribunal Constitucional, algunos sujetos están especialmente cualificados por razón del peculiar ejercicio de su profesión para desarrollar estas libertades; éste es el caso del periodismo. Y por ello, como ratifica la sentencia 190/1992 del 16 de noviembre, se recoge explícitamente que los límites de la crítica admisible son más amplios cuando se dirige contra el Gobierno que cuando recae sobre un particular.

El profesor Saraza Jiménez profundiza esta línea, sobre la mayor cobertura constitucional para ejercer la crítica política a determinadas profesiones y, a su vez, analiza la primacía de la libertad de información y expresión frente a otros derechos así como los límites de ambas. En este sentido -sobre la crítica política para evitar irregularidades de las autoridades públicas-, recoge que “mientras que la información suministrada no sea gratuita o notoriamente infundada, el ejercicio de la libertad de información prevalecerá sobre el derecho al honor y el principio de autoridad”[27]. A través del análisis de diversas sentencias relacionadas con la crítica política y la actividad periodística en España, concluye con la doctrina Tribunal Europeo de Derechos Humanos que, en sentencia del 23 de abril de 1992, prima la libertad de expresión por parte de la prensa por su importante función para con la sociedad: “papel de la prensa en el debate político como medio de conocer y juzgar las ideas de los dirigentes políticos y permitiendo a todo el mundo participar en el debate político”[28].

Igualmente, esta misma sentencia, casi como síntesis de todo lo expresado por Saraza Jiménez, “se pronuncia sobre la amplitud con que es admisible la crítica política en un sistema democrático, declarando que los límites de la crítica son más amplios cuando se refieren al Gobierno que a un simple particular o incluso que a un político concreto e indicando que la libertad de expresión ampara no sólo las opiniones o informaciones consideradas inofensivas o indiferentes, sino también las ofensivas o inquietantes”[29].

 

Análisis de los artículos domincales del director

Se ha analizado una selección de los artículos compendiados por el propio autor en David contra Goliat y una muestra proporcional de los publicados desde finales de 1993 hasta mediados de 1996, fechas que acotan temporalmente mi tesis doctoral por tratarse de la última legislatura socialista presidida por Felipe González y en la que la relación entre El Mundo y el Gobierno era más tensa.

La temática de todos ellos ha girado de manera unísona sobre la política interior española, sobre los miembros del gobierno o los escándalos que les azotaban. El análisis cardinará sobre los elementos argumentativos más característicos de Pedro J. Ramírez.

Como ya se advirtió, el periodismo adversarial tiene en el caso Watergate su referente más universal. En este diario, la práctica del periodismo de investigación se constituye como una de sus señas de identidad y, por tanto, la presencia de este modelo está siempre presente: “Esto nos retrotae al ‘Watergate’ y por esa vía regresamos a Pascual Sala. No voy a cansarles con el fascinante cúmulo de coincidencias que el lector puede encontrar en las memorias del director del Washington Post, Ben Bradlee (…) entre los avatares del ‘caso Watergate’ y los de la lucha contra la corrupción en España”. (“La batasunización del PSOE”, 7 de enero de 1996).  El autor entiende que, si bien Nixon no pudo ocultar las cintas que le inculpaban directamente en el escándalo Watergate, en España el juez Sala estba permitiendo que se escondiera la “pistola humeante” porque consideró que ciertos documentos -que, según Pedro J. Ramírez, probaban que Interior y Guardia Civil fueron coordinados por el Presidente del Gobierno en la creación de los GAL- afectaban a la seguridad nacional y no podían ser desclasificados.

Son muchas las referencias que a este caso realiza Ramírez en sus artículos; con respecto a la actitud de Juan Alberto Belloch al frente del Miniserio de Justicia afirma:  “No tiene ningunas ganas de tirar la toalla, pero la sombra de los dos ministros de Justicia de Nixon que tuvieron la dignidad de dimitir antes de prestarse a participar en el camuflaje del caso Watergate, planea insistentemente sobre él”. (“El cabo del miedo”,  08/01/1995 )[30].

            Otra de las características definitorias de la concepción del periodismo como watchdog o como cuarto poder, es la defensa pública de las funciones que considera desarrollar para la sociedad. El Mundo, a su vez, se postula como el único medio independiente de la órbita gubernamental y estima que se debe desconfiar del resto. Tratándose de un medio de reciente implantación en el mercado, puede entenderse como una estrategia de posicionamiento en el mismo: es siempre el que quiere abrirse hueco en el mercado el que debe buscar su lugar, atrayendo a nuevos lectores o quedándose con los de otros medios. Los artículos dominicales seleccionados por Pedro J. Ramírez para formar parte del libro: “se corresponden sin duda con el periodo de mayor influencia y protagonismo de El Mundo en el proceso político, hasta el extremo de haber logrado determinar con su periodismo de investigación y su línea editorial buena parte de la ‘agenda’ de la vida nacional”[31].

Por una parte, el director realizaba una labor de autorreferencia para resaltar el trabajo que había desarrollado El Mundo para informar a la sociedad española sobre todo aquello que ocultaban el resto de medios y que sólo a través de este diario se hacía público. Así en “Filesa, Año 3” (29/05/1994) declara: “Nuestro periódico puso a disposición de la opinión pública los documentos esenciales de lo que en seguida sería bautizado como caso Filesa”. También en “Pichirri” (21/01/1996) deja patente como sólo su diario puede conducir a un verdader conocimiento de la realidad: “Existe luego un segundo grupo (de opinión), más nutrido a medida que EL MUNDO va aportando nuevos datos, que consideran que se trata de un claro caso de ‘parasitismo’ (beneficio de uno con perjuicio de otro)”.

 

Pedro J. Ramírez entendía que los medios públicos y los pertenecientes a PRISA carecían de toda crediblidad porque estaban, directa o indirectamente, controlados por el gobierno socialista: “Poco o nada habrían conseguido sin el control de un potente aparato de propaganda eufemísticamente apellidado ‘público’ ni la complicidad alquilada de importantes medios de comunicación privados. Respecto a los primeros, tan sólo pido que no se cometa la injusticia de volver a llamar profesionales de la información a los funcionarios de la intoxicación, (…). Con relación a los segundos, topamos con la ventaja de que a Polanco no hace falta preguntarle por cuánto se ha vendido. No en balde su buque insignia incluía la Ley del Cable –una bicoca de medio billón de pesetas rematada a toda prisa- entre los grandes logros de esta legislatura de estertores”, (“El año de la rueda de molino” 31-12-1995).

Por ello, sólo un selecto grupo de medios, además de El Mundo, a juicio de este periodista, realizaba una correcta labor de información política crítica con el gobierno y, por ello, se veían presionados por éste: “González quita los pecados de EL MUNDO (y los que aparecen en ABC, y en el Diario 16, y en las tertulias de Onda Cero y de la Cope) porque quienes le siguen le atribuyen el inapreciable “don de la imposición de nombres” (…). Consiste en hacer ver que las cosas no son como son, sino como se dice que son” (“Cocinero, camarero, propietario y maitre”, 20/03/1994)[32].

Sin embargo, a pesar de que Pedro J. Ramírez manifiesta desarrollar su labor informativa crítica para la sociedad española, no muestra una valoración muy positiva de la capacidad de ésta para promover el cambio social que él defiende. Así en “Un partido en libertad provisional”(4/01/1996) la define de esa manera: “En un país con un Estado tan fuerte y una sociedad tan débil, sin tradición ni culura democrática”. Pero en “El insulto democrático” (27/02/1994) va más allá en su calificación:  “sadomasoquismo (…) porque sólo una ciudadanía a la que le va la marcha, es decir, que disfruta sufriendo, puede continuar tragando a estas alturas del partido el paternalismo perdonavidas de este extraordinario vendedor de decepciones”.

Más concretamente, en el caso de los votantes socialistas, el director es especialmente crítico en su valoración. Refiriéndose a estos escribe:  "Es lo que más saca de quicio a Julio Anguita quien (...) repite hasta la saciedad que quien se ha dejado engañar unas cuantas veces no tiene derecho a quejarse" (refiriéndose los votantes socialistas en la huelga del 27 de enero de 1994), (“Una huelga cargada de razon”, 23/01/1994). Además, considera que es un partido que está en el poder a pesar de tener una escasa calidad democrática de los votos pues pertenecen a sectores que, a su juicio, no tienen la misma importancia social que otros. En “El ministerio delincuente” (13/03/1994), donde argumenta que el secreto sobre los fondos reservados se ha aprovechado para gastarlos de forma ilícita, con respecto a la implicación e inmunidad del Partido Socialista en estos hechos, esgrime una encuesta que publicará su diario sobre los votantes socialistas y afirma: “Teniendo en cuenta que, según el CIS, entre ellos (votantes del PSOE) predominan las clases pasivas, los mayores de 55 años y los sectores con más escasa formación, todo encaja como un guante”.

Frente a estos votantes, Pedro J. Ramírez insite en situar a la población activa, progresista, justa e inteligente. Remite así a la teoría de usos y gratificaciones de los medios de comuniación al calificar muy positivamente en estos ámbitos a sus lectores, al valorar a los que comparten su razonamiento y hacerles sentir que forman parte de la verdadera mayoría en España. Los ejemplos en este campo son especialmente expresivos y abundantes. En el artículo donde se evalúa y despide 1995, “El año de la rueda de molino”, acusa directamente a Felipe González de estar detrás de los GAL y a varios miembros de su gobierno de corrupción, también critica a la justicia por estar sometida al Ejecutivo. Y, con respecto a la ciudadanía entiende: “Puesto que la sociedad se divide entre quienes repudiamos el terrorismo gubernamental y quienes lo aprueban, pero la mayoría de estos úlimos considera que el único requisito para vulnerar la ley de forma tolerable es que no se descubra nunca, una amplio consenso habría enmarcado la digna dimisión de González y su automática sustitución, digamos, por Solana”.  Frente a los que repudian el terrorismo gubernamental, el periodista sitúa a los “bobalicones” que creen que el Presidente o Barrionuevo no tuvieron nada que ver con estos hechos.  También en “Cocinero, camarero, propietario y maitre” califica como “persona cabal” a aquella que no vote al PSOE en las próximas elecciones.

En parte por tener este electorado cualitativamente desigual al de la oposición y en parte por su forma de gobernar, Pedro J. Ramírez considera que el del PSOE es un gobierno ilegítimo. Sus procedimientos dictatoriales para adoptar decisiones, el abuso del poder para controlar todos los resortes de la vida democrática, son las constantes que, a juicio del director de El Mundo, determinan la política española y, por ello, son numerosas sus argumentaciones en este sentido. La insuficiencia de una victoria electoral queda patente en esta afirmación: “Pretender seguir adelante como si el domingo pasado no hubiera sucedido nada, gobernando un país de cuarenta millones de habitantes con el respaldo de solamente cinco millones de votantes, entre los que abundan los jubilados y la población rural, supone conducir al país a una agónica etapa de inestabilidad, en la que las mejores energías nacionales estarán dedicadas al propósito de desalojar del poder a quienes ya están moralmente deslegitimados por las urnas” (González suicida al PSOE, 19/06/1994).

Este Gobierno es, a todas luces, insostenible para Pedro J. Ramírez por los muy diversos procesos judiciales en los que puede verse envuelto y por la “responsabilidad política” –concepto indefinido por el autor- que debe asumir en otros casos de corrupción. Los cinco casos principales a los que se refiere en su libro David contra Goliat - Filesa, Ibercorp, Fondos Reservados, GAL y Roldán- son los que casi monopolizan la temática de sus artículos dominicales. La referencia a la implicación del Gobierno en estos casos es el asunto más constante de todos las encontrados, sólo se citarán algunos ejemplos:

- “Por eso, apreciado José Barrionuevo, todos los que contribuisteis a correr ese tupido velo, incurriendo en impune denegación de auxilio a la Justicia, sois políticamente responsables de lo que ha pasado detrás de las cortinas, al margen de cuál fuera vuestro nivel de intervención o conocimiento del mejunje”(“El ministerio delincuente”, 13-03-1994).

-  “(…) en Filesa se parte de una documentación inapelable que demuestra cómo el alto mando del PSOE montó una red organizada dedicada al cobro sistemático de lo que no puede ser considerado sino como una variante del ‘impuesto revolucionario’” (“Filesa, Año 3”, 29-05-1994).

- "Naturalmente que, en teoría, cabe que los veintitantos millones de españoles que creemos que su gobierno intervino en el montaje de los GAL estemos equivocados. De ahi que todas las garantías procesales deban proteger el beneficio de la duda a que tienen derecho Sancristóbal, Álvarez y Planchuelo y que, por mezquinas o irritantes que parezcan, haya que aceptar como legítimas las maniobras y triquinuelas a las que recurren Barrionuevo y Vera para protegerse a sí mismos de la ley" (Carta abierta al presidente del gobierno, 15-1-1995).

Como se explicó anteriormente respecto del periodismo adversarial, esta práctica se traduce en la creación de escándalos mediáticos. Cabe recordar aquí esta definición:  “Los escándalos mediáticos no son simplemente escándalos reflejados por los medios y cuya existencia es independiente de estos; son provocados, de modos diversos y hasta cierto punto, por las formas de comunicación mediática”[33]. Tiene especial importancia hacer mención a ello al tratar de los artículos de Pedro J. Ramírez pues Thompson se refiere al “discurso infamante” como aquel que pretende magnificar las repercusiones del escándalo a través de la sublimación de los valores transgredidos, de las personas implicadas y del desarrollo de los acontecimientos[34]. Este periódico es un nutriente fundamental del clima de opinión hostil frente al gobierno y, simultáneamente, esgrime este estado de opinión como impulso para su labor informativa. En palabras de este teórico: “la mayor parte de estos comentarios se desarrollan en los propios medios, que, cediendo al tipo de autorreferencia que a menudo caracteriza al campo mediático, tienden a conceder gran cantidad de tiempo y atención a acontecimientos que las propias organizaciones mediáticas han contribuido a generar”[35]. Sobre este discurso infamante y autorreferente se pueden citar las siguientes muestras:

En “Filesa, Año” (3- 29-05-1994):  En cuanto a la responsabilidad política, cabe recordar que el 28 de diciembre del 91 la ‘inocentada‘ periodística de El Mundo consistió en publicar que González había decidido dimitir él si no lo hacían los máximos responsables de Ferraz. Hubo un momento en que la presión de la opinión pública pareció a punto de materializar tal quimera.(…).”

En “Carta abierta al presidente del gobierno” (15-1-1995): "Lo que está en juego, señor presidente, cuando se le pide que dimita no es su culpabilidad, ni su inocencia, ni su honor, ni su deshonor, sino la conveniencia de los espanoles.(...) ?Acaso no es obvio que el espeso cerco de sospecha que rodea a su persona -...- es un pesado laste que como mínimo dificulta cualquier proyecto revitalizador?". En “Segunda apelación al patriotismo del presidente” (22/01/1995): "Son tantas las letras vencidas o a punto de hacerlo, fruto de los desmanes de más de una decada, que cada semana que pase sin desenlace no servirá sino para extremar la angustia, la crispación y la agonía de todos".

Mención especial, dentro de este discurso infamante, requiere el apartado de insultos o calificaciones despectivas personales hacia los políticos socialistas o ciertos jueces: “el presidente es un redomado embustero"(Un hombre sin conciencia, 12/02/1995), sobre Pascual Sala: “diligente mamporrero” (“El año de la rueda de molino), sobre Barionuevo: “tonto útil, el bobo de Coria” (“Un partido en libertad condicional”) y sobre Corcuera: “el Tío Garbanzos del régimen felipista” (“El ministerio delincuente” (13-03-1994). 

Tan sólo la opinión de Pedro J. Ramírez sobre Felipe González podría ser objeto de otra comunicación –sino de una tesis-. Políticamente, la siguiente historia es, con toda probabilidad, una de las razones que con más vehemencia y frecuencia esgrime el periodista para justificar su política informativa con respecto al gobierno: “(…) cuando González me abordó en el parlamento para exigirme que dejáramos de publicar cosas ‘terribles’- “lo único que tengo que negociar con ETA es que si ellos nos dejan de matar a nosotros, nosotros dejaremos de matarlos a ellos”- y cuando, al negarme de plano, se empezó a fraguar el primer intento de amordazamiento a tan impertinentes periodistas” (“Un partido en libertad provisional,” 14/01/1996).  Este acontecimiento le lleva a afirmar: "?Significa esto que usted era el jefe del Estado Mayor del GAL y que presidía reuniones operativas en las que se decidían los objetivos de cada cacería, o simplemente que miraba para otro lado mientras funcionarios a sus órdenes hacían el trabajo bajo sucio bajo supervisión política? Inclinándome más bien por esta segunda hipótesis (...). Al menos en este sentido, yo también estoy convencido de que usted ha sido el 'señor X' y no creo asumir ningún riesgo adicional al escribirlo, pues no le supongo tan estúpido como para continuar abriendo procedimientos por calumnias" (“Carta abierta al presidente del gobierno”, 15/01/1995)

Estas declaraciones referidas a Felipe González, que podrían ser ampliadas con un sinfín de calificaciones sobre su autoritarismo, su responsabilidad política en los casos de corrupción o la obligatoriedad de su dimisión, conducen a un expreso respaldo a la candidatura del Partido Popular y al respeto por la labor que realiza Izquierda Unida[36]. En “Que no se lo lleve el viento” (07/11/1993) se refiere a José María Aznar: “desde que encabeza el Partido Popular ha demostrado que no es el “charlotín” de algunas caricaturas y se ha ganado el respeto general por su claridad de ideas, su tenacidad y su capacidad de mantener unidas a las distintas tribus del centro-derecha”. Y en “González suicida al PSOE” habla de éste y de Julio Anguita: “Cada día que transcurra sin que salgamos del actual estancamiento estará más claro que un trozo mayor del futuro dependerá de estos dos hombres honestos”.

           

Conclusiones

Esta comunicación pretende describir las características más significativas de la contribución al espacio público de debate de El Mundo a través de los artículos dominicales de su director. Cabe decir, por tanto, que el periódico realiza una función autorreferencial en su discurso crítico sobre la acción del Gobierno de Felipe González con la intención de adquirir protagonismo político. Su actitud se encuentra motivada por la propia concepción de efectuar un periodismo watchdog que manifiesta Pedro J. Ramírez en sus artículos. Su temática se centra exclusivamente en la crítica hacia las instituciones políticas, judiciales y mediáticas que considera bajo el dominio del Partido Socialista y, especialmente, hacia el propio Presidente. E intenta dar consistencia a la oposición al gobierno, aunando críticas y reforzando la conciencia de que es la verdadera mayoría social la que promueve un cambio a favor de Aznar.

Frente a esta visión, cabría esgrimir la visión de Curran sobre las limitaciones sustanciales para llevar a la práctica el ideal de watchdog o cuarto poder en la prensa de masas contemporánea. Igualmente se debería discutir si la idea prensa estimulante del debate público de Lasch tiene cabida en El Mundo o, por el contrario, este periódico contribuyó tanto a la crispación del clima social a través de su discurso infamante que impidió que se desarrollara tal debate. Es, por tanto, objeto de un estudio más amplio si la labor de este periódico contribuyó al desarrollo del periodismo de investigación y dio voz a la crítica sobre el Gobierno o si, por el contrario, no sirvió para reforzar el debate ciudadano sino que lo enturbió.

 

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[1] MUÑOZ-ALONSO, A.(1989). Política y Nueva comunicación. El impacto de los medios en la vida política. Fundesco, Madrid.

[2] M. DE MORAGAS (ed.): Sociología de la comunicación de masas. II Estructuras, funciones y efectos. Barcelona: Gustavo Gili, pp. 69-90.

[3] CANEL, M.J. (1999): Comunicación Política: técnicas y estrategias para la sociedad de la información.  Tecnos, Madrid. pp 17-18

[4] CURRAN, J. (1991) “Mass Media and Democracy Revisited” En. . Curran, J. & M. Gurevitch (Eds.): Mass Media and Society. London: Edward Arnold (pág 81-119).Pág 82

[5] Op. Cit. Pág 102

[6] LASCH,C. (1996) La rebelión de las élites y la traición a la democracia. Paidós: Barcelona. Pág 142

[7] CAREY, J.W. (1989) Communication as Cultura. Boston

[8] Schwartzenberg, R-G. (1978)  El show político : ensayo sobre, y contra, el star-system en política. Barcelona: Dopesa, Pág 132-133

[9] CHOMSKY, N y HERMAN, E.S. (1990) Los guardianes de la libertad: propaganda, desinformación y consenso en los medios de comunicación de masas. Editorial Crítica. Barcelona. Pág 341.

[10] DÍAZ NOSTY, B.  Los medios y la hipótesis de la democracia degradada. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Málaga, 1995. Pág 17.

[11] RAMÍREZ, PEDRO J. (2000) “Amarga Victoria. La crónica oculta del histórico triunfo de Aznar sobre González”. Editorial Planeta: Barcelona. Pp 74-75

[12] “Classical liberal thought argues that the primary democratic role of the media is to act as a public watchdog overseeing the state. This is usually defined as a revealing abuses in he exercise of state authoriy, although it is sometimes extended to include facilitating a general debate about the functioning of the government”. En Curran. Pág 83

[13]  “By implication, media conglomerates are not independent watchdogs servering the public interest but self-seeking, corporate mercenaries using their muscle to promote private interests”. (…) But the thrus of this research, whether explicit or implicit, is that conglomerate media are not a soure of popular control over government but merely one means by which dominat economic forces seek to exercise informal influence over the state”. Op. Cit. Curran Pág 87

[14]  PÉREZ ARIZA, C. (2003) Libertad de Expresión en España. Nuevas Tecnologías y Sociedad de la Información. Datautor, Madrid. Pág 39.

[15] ROSPIR, J.I. “Epílogo: Incorporación y continuidad de la comunicación política en España” en MUÑOZ- ALONSO, A. y ROSPIR, J.I. (dirs) Comunicación política.  Madrid: Universitas, 1995 Pág. 373

[16] THOMPSON J.B. (2000).El escándalo político. Poder y visibilidad en la era de los medios de comunicación. Ediciones Paidós Ibérica: Barcelona

[17] Los libros de Pedro J. Ramírez escritos tras la fundación del diario El Mundo recogen profusamente estos hechos y explican la secuencia y causas de su despido en Diario 16.

[18] RAMÍREZ, P.J. (1991) El Mundo en mis manos. Ediciones Grijalbo: Barcelona. Pp 399

[19] “Pretendíamos que una de nuestras grandes bazas diferenciadoras fuera el periodismo de investigación. Queríamos que El Mundo se ocupara menos de la política (…) y más de la sociedad y de los problemas reales de los ciudadanos en su entorno directo”. Op. Pág 400

[20] Op. Cit. Pág 442-3.

[21] Los principios fundacionales de la AEPI – formada básicamente por periodistas de El Mundo, ABC y COPE- quedan recogidos en el libro Contra el poder (1995). Para autores, como el profesor Ramón Cotarelo, la política desinformativa-propagandística que estos medios llevaron a cabo fue calificada como “sindicato del crimen”. COTARELO, R. (1996) El ronco alarido del ganador. Las elecciones de 1996, los medios de comunicación y el porvenir de España. Grijalbo: Barcelona.

[22] HERRERO, C (1996) Periodismo político y persuasión. Ed. Actas: Madrid. Pp 102.

[23] RAMÍREZ, P.J.(1995) David contra Goliat. Jaque mate al felipismo. Ediciones Temas de Hoy, S.A. Madrid.

[24] Op. Cit. Pp 32-33.

[25]  “González había elegido la vía del desafío, y los sectores más vivos de la sociedad española empezaban a recoger el guante. El Mundo no les decepcionaría. Pocas veces un periódico ha tenido tan claro lo que tenía que hacer si quería cumplir con la función propia de la prensa en todo sistema democrático. No nos correspondía a nosotros quitar o poner gobiernos ni buscar una salida a la crisis que se precipitaba. Pero sí teníamos el deber de proporcionar a los ciudadanos los elementos de juicio para que tomaran sus decisiones con el mayor conocimiento de causa posible. En el panorama periodístico estábamos rodeados de vendidos y escépticos” RAMÍREZ, PEDRO J. (2000) “Amarga Victoria. La crónica oculta del histórico triunfo de Aznar sobre González”. Editorial Planeta: Barcelona. Pp 74-75

[26] SOUVIRÓN MORENILLAS, J.M. (1993) “Derecho público de los medios audiovisuales: radiodifusión y televisión”. Ed. Comares, Granada. P 393.

[27] SARAZA JIMÉNEZ, R.(1995) “Libertad de expresión e información frente a honor, intimidad y propia imagen  Ed. Aranzadi. Pamplona. Pág 388

[28] Op. Cit.Referida al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en sentencia del 23 de abril de 1992, sobre el caso del senador Castells. Pp 367-368.

[29] Op. Pág 367.

[30] No sólo sus artículo sino también sus libros tiene muy presente el caso Watergate. En David contra Goliat, identifica la situación de España, eufórica e interesada por lo que El Mundo iba investigando, con el clima de exaltación cuando el Washington Post sacó a la luz el Watergate y Nixon tuvo que dimitir. Pág 35-36.

[31] David contra Goliat, Pág 34.

[32] Sobre la unión de periodistas encabezada por Ramírez y Ansón, conocida como APEI, véase COTARELO, R. (1996) El alarido ronco del ganador : las elecciones de 1996, los medios de comunicación y el porvenir de España.Barcelona : Grijalbo.

[33] Op. Cit. Thompson, pág 55.

[34] Op. Cit. Thompson, “los titulares de los periódicos, la articulación de juicios adversos en la prensa, las mordaces y en ocasiones humillantes caricaturas de los individuos cuyas acciones (reales o presuntas) constituyen el blanco de los reproches: la repetida expresión de esos actos mediatos de comunicación es lo que genera el clima de censura que caracteriza a los escándalos políticos”. Pág 100

[35] Op Cit Thompson, pág 110.

[36] Son innumerables los ejemplos que, por falta de espacio, no pueden citarse. Los artículos “Crimen sin castigo” (06/03/1994), “González suicida al PSOE” (19/06/1994) o “Sólo González prevalece” (02/01/1994) son pródigos en ejemplos sobre la concepción de Pedro J. Ramírez tanto sobre la personalidad como sobre el talante político de Felipe González.