El Independiente, una experiencia de libertad de expresión

Falta de apoyos, escasa gestión, problemas de competencia y presiones políticas y mediáticas, entre las causas de su inviabilidad

 

Maximiliano Fernández Fernández

Periodista y profesor. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas

de la Universidad Católica de Ávila

 

Introducción

            Adelanto aquí algunas de las claves de un trabajo más amplio sobre la experiencia periodísticas y empresarial de El Independiente en su corta existencia de semanario y diario, las claves de una singladura que acabó resultando inviable.

            ¿Fue un exceso de liberalismo romántico y económico –liberalidad- lo que cortó sus alas?, ¿fue un error de planteamiento lo que impidió que la libertad periodística y la creatividad literaria se completaran con una presentación más moderna y una buena gestión económica?, ¿se impusieron las presiones políticas y mediáticas?, ¿o pudo tratarse de que el error de planteamiento fuera apoyar, al menos informativamente, una línea política, a la izquierda del PSOE, claramente minoritaria?

            En este trabajo se ha pretendido hacer una aproximación objetiva a la realidad de una empresa periodística, contextualizándola en el entramado mediático de su época y analizando algunas de sus claves: opinión, información, problemas legales, publicidad, presentación, repercusión...

 

            1. Contexto periodístico

Cuando nace El Independiente, como semanario, el 20 de junio de 1987, la mayoría de los periódicos, tanto nacionales como provinciales, por no decir la totalidad, han abandonado ya la vieja tipografía e incorporado sistemas de redacción electrónica, iniciándose la reducción de las plantillas, sobre todo en los talleres.

Los cambios tecnológicos consolidan el formato tabloide -en contra de lo que hará el nuevo rotativo-, propician la incorporación del color y el desarrollo de la infografía y un diseño mucho más arrevistado, aumentando los espacios dedicados a fotografías e imágenes en detrimento de los largos textos, llamados en ocasiones plomizos en alusión al anterior sistema de composición. Incluso algunas cabeceras están incorporando el color, como Diario 16 -en 1983- y El Sol, que compite en la misma época que El Independiente, si bien desaparece antes.

Aunque son años de eclosión periodística, también se tiende a la concentración empresarial, a la presencia de grandes capitales financieros y a la desvinculación directa del poder político, aunque no a la indirecta.

Interviene en al situación otro elemento -en este caso negativo- nada desdeñable: las tiradas globalmente no aumentan de forma muy considerable, por lo que las posibilidades de mercado para las nuevas cabeceras -asentados ya El País y El Mundo- no son muy grandes. Juan Francisco Fuentes y Javier Fernández Sebastián calculan que a principios de los años ochenta la tirada global en España era de 3 millones de ejemplares diarios, una cifra similar a la que se supone que se editaba en 1931, con una población bastante menor. Las tiradas en la mayoría de los principales periódicos -escriben- permanecían en niveles muy modestos en relación con los parámetros de la prensa occidental, y la proporción de ejemplares de periódicos por cada mil habitantes seguía por debajo de cien: exactamente, 79,2 en 1987, frente a los237,5 de media en Europa. No obstante, a principios de la década, El País iniciaba un fuerte despegue que le llevaría en 1983 a superar ampliamente la barrera  de los 300.000 ejemplares diarios” (Fuentes y Fernández Sebastián, 1997, 329).

            De esta forma, todo parece indicar que la situación objetiva global del mercado -otro asunto hubiera sido dirigirse a un segmento especial- no aconsejaba que a mediados de 1980 eclosionaran varias cabeceras, como El Independiente, El Sol y Claro, muchos menos esta última de contenido sensacionalista, que fue la primera en desaparecer, lo que confirmaba, según Fuentes y Fernández Sebastián, el fenómeno de la “ausencia en el mercado español de rotativos sensacionalistas de gran tirada y el fracaso de los sucesivos intentos realizados para introducir en España este tipo de subproductos periodísticos” (Fuentes y Fernández Sebastián, 1997, 329).

 

            3. Señas de identidad de El Independiente

            El nombre del semanario y del periódico constituyen su primera imagen y declaración de identidad, una apuesta clara por la independencia, elevada a su cabecera, en línea con otras publicaciones españolas de los siglos XIX y XX, de las que hereda el nombre, o del famoso The Independent inglés.

            El segundo lema de la publicación –el primero es “semanario/diario de información general”- es otra bandera de romántico liberalismo y liberalidad: “Nuestra libertad está en tus manos”. Liberalismo por exaltación de libertad y de la tolerancia en las relaciones humanas[1], no tanto en el sentido de defensa del liberalismo político económico, ya que sus posicionamientos ideológicos son más izquierdistas; liberalidad,  por su escasa preocupación por la gestión económica, y romántico, por poner el futuro de una empresa con decenas y luego con cientos de trabajadores, en manos de un grupo de lectores tan anónimo como, a la luz de los datos de difusión, minoritario.

            Efectivamente, libertad es aquí sinónimo de viabilidad y al poner la viabilidad y la libertad en manos de los lectores -"nuestra libertad está en tus manos"-, evidenciaba un planteamiento peligroso: la fuerte "dependencia" de la venta de ejemplares, cuando la principal fuente de ingresos de una empresa periodística -hoy lo demuestran los periódicos gratuitos- está en la publicidad. Con pocas manos de lectores comprando periódicos y, en consecuencia, poca publicidad, el reto se volvería contra el proyecto. Fue El Independiente un periódico de libertades, pero "sin manos", sin suficiente número de lectores.

           

            4. Línea de pensamiento: la semiótica del primer editorial

            La línea editorial viene marcada por el director, Pablo Sebastián, y su equipo de dirección, inicialmente Manuel Soriano y Raúl del Pozo, en las figuras de director adjunto y de adjunto a la Dirección, respectivamente, con Luis Tabernero, como subdirector, y con el peso nada leve del escritor Antonio Gala, desde sus cortos de portada. Jaime Peñafiel marca la línea de Sociedad –más, en su caso, ecos de sociedad que temas de realidad sociológica o de preocupación social-; Alfonso Pajuelo, la de Economía; Francisco López Barios, la de Cultura; Pedro Muñoz, de la Suplementos... Cuando el semanario se transforma en diario, figuran asimismo como adjuntos a la dirección César Alonso de los Ríos y Jaime Peñafiel. El cuadro de redactores jefes se completa en esa época con José Catalán Deus, Graciano Palomo, Miguel Ángel Mellado, Pedro Muñoz, Antonio Cubero y Albert Garrido (Cataluña).

            Desde la primera página del número uno (20-27 de junio de 1987), el semanario revindica una mayor libertad de expresión. En el primer editorial del primer número y primer párrafo -en el que se adivina el estilo y la formación de Raúl del Pozo- se advierte que "la prensa está sometida al riesgo de presiones políticas y económicas", por lo que "sigue siendo un baluarte de la sociedad frente a los abusos del poder". Ante esa situación de hecho, se reivindica el pluralismo informativo y el debate.

            Si es cierto que el periodismo político siempre tiene una cierta ubicación e inclinación -basta pensar un poco en España en qué línea se sitúa cada uno de los periódicos de mayor y de menor tirada-, parece claro que El Independiente se desmarca desde el principio de los que están en el gobierno u ostentan parcelas de poder, que son, evidentemente, los que dominan los resortes económicos, financieros, publicitarios...: "no tenemos vocación de consejeros del poder ni de comensales del mercado de influencias", "preferimos mantener la distancia de unas instituciones y de unos centros de decisión que por naturaleza tienden a concentrar el poder en una sola mano..." Lo que está muy bien como declaración de principios; pero puede ser un poco idealista desde el punto de vista práctico y llevado a sus últimas consecuencias.

            Inmediatamente el periódico abre una puerta a las minorías, a la disidencia y a la rebelión: "En nuestras páginas caben todas las opiniones, las que se mueven en el ámbito ortodoxo de la razón y el reconocimiento oficial y las que parecen radicales y extravagantes, porque la historia de España no sólo está escrita por polígrafos y cronistas de oficio y alto rango, sino también por pensadores disidentes y escritores de rebelión".

            Es otro principio periodístico loable, que se suscribiría no sólo desde la no exclusión y que abre puertas a colectivos que encontrarán aquí un buen portavoz. Pero radicales, extravagantes, disidentes y rebeldes no aportarán financiación ni publicidad ni harán crecer mucho los dígitos de venta de ejemplares.

            Otra alusión desactualizada del primer editorial es la que se hace al desacostumbrado, en España, formato sábana del semanario y primeros números del diario, que "recuerda los viejos periódicos norteamericanos que anunciaban la llegada de un tren a los valles del far-west o los míticos diarios británicos..." No era lo más moderno en medio de la gran transformación tecnológica e infográfica que se estaba viviendo.

            El mismo párrafo contiene otro simbolismo igualmente anacrónico: "Semanario sábana, de diseño clásico y contenidos de hoy que buscan lo que de una manera un tanto abstracta llamamos «nuevo periodismo» en los medios de comunicación". Es un pequeño error de un siglo, si se ha olvidado un poco la asignatura de Historia de la Comunicación, porque el nuevo periodismo, el "new journalism", era el periodismo populista y sensacionalista, de masas, que hacía Josep Pulitzer entre 1883-1890 y que William Randolph Hearst transformó en amarillismo puro en Estados Unidos en la última década del siglo XIX, cuando la manipulación de la guerra de Cuba. Era, además, un periodismo sensacionalista y populista que nada tiene que ver con lo que practicaba El Independiente.

“El nuevo periodismo, que desde los años 80 del pasado siglo -escribe el historiador Jesús Timoteo Álvarez en 1987 y 1992-, golpea a los lectores con novedades y efectos capaces de impresionar, recoge, adaptándolas, las características de la comunicación popular...” (J. Timoteo Álvarez, 1992, 50).

Este “nuevo periodismo” se practicaba también en Europa por aquella época y en España  el sensacionalismo disparó las tiradas de los periódicos a partir de 1888, a raíz del crimen de la calle Fuencarral y el propio desastre del 98 (JJ. Sánchez Aranda y C. Barrera del Barrio, 1992, 171-172); pero no en las postrimerías del XX.

            Enric Borderia se refiere más genéricamente a este periodo de finales del siglo XIX y primeras década del siglo XX, hasta la primera guerra mundial, como un largo periodo al que los historiadores de la comunicación han denominado “edad de oro de la prensa, era de la prensa popular, de la prensa de tirada masiva, del periodismo sensacionalista y amarillista, de la prensa informativa, de la prensa de negocio, los tiempos del new journalism” (Borderia, Laguna y Martínez, 1996, 320-321).

Mejor que de “nuevo periodismo” hubiera resultado hablar de periodismo diferenciado, que acaso fuera lo que tenía en la mente el articulista del editorial.

            Referencias al pasado aparte, se insiste en la “búsqueda de la luz en los grandes temas de interés social, donde a menudo alguien se ocupa de que reine la oscuridad”, lanzando acusaciones en abstracto. Se explica el lema con otra condena ficticia. “Tenemos como lema la frase de «nuestra libertad está en tus manos», en las manos de los lectores, no en las que buscan el aplauso fácil o el apretón de fuerza para doblegar o secuestrar la información”. La apuesta por los lectores es buena; pero, a tenor de su escaso número, habría que admitir que no se sumaron suficientemente a ese brindis de libertad. En cuanto a la genérica condena, lo recomendado en los manuales de estilo de la profesión es no hacer denuncias ambiguas si no hay casos concretos perfectamente documentados y contrastados.

            Se asegura también que “no esconde trastienda política ni poder financiero. Cuenta con una redacción plural y con empresarios que arriesgan su dinero en esta iniciativa de periodistas”. Lo que está igualmente bien como declaración de intenciones y como desiderátum; pero la situación económica obligaría al periódico a vender acciones a Banesto, concretamente a Consultores Asociados, que tuvo una participación por cuenta de la entidad de Mario Conde de 931 acciones de la editora Ediobser. La realidad contable obligó asimismo a vender la entidad a la organización nacional de ciegos ONCE, no se sabe muy bien si para integrarlo en su grupo mediático o para echar el cierre, que fue lo que finalmente se hizo.

En el segundo editorial del primer número se refleja la postura izquierdista del periódico, cuando califica a UCD de neofranquista. Este izquierdismo editorial y su guiños al nacionalismo vasco más reivindicativo no excluyen un claro y rotundo rechazo a la violencia y al terrorismo: "El juego democrático sólo excluye la violencia, porque la intolerancia y la fuerza bruta están en contra de la libertad. Por ello no hay excusa o argumento político que puedan explicar el terrorismo. La política es una cosa y el terrorismo es otra". En coherencia con este aserto, se consideran incomprensibles las "ambigüedades de ciertas minorías frente a la masacre de Barcelona" ("El terror o la libertad", nº 2, de 27-6-1987, 6) .

Aunque se han querido ver en El Independiente algunos guiños de republicanismo, desde los primeros editoriales se deja clara la aceptación de la Monarquía democrática: "La Constitución, la monarquía democrática y las elecciones libres son campos abiertos a todas las ideas,  a todos los partidos políticos" (nº 2, 27 de junio de 1987, pág. 6)

            Como continuación del estudio sobre la línea editorial general del periódico, aludimos a algunas de las firmas más influyentes del mismo, las que lo definen desde el punto de vista ideológico o de pensamiento.

            Aparte de liberales y románticos, no andarían muy lejos de los calificativos de libertarios los dos principales articulistas del periódico, Antonio Gala y Raúl del Pozo, junto con el propio director, Pablo Sebastián, y con Camilo José Cela, que todavía no era Premio Nobel y que comparece con menos frecuencia, pero que tampoco desentona en este propósito/despropósito. Libertarios en tanto que "defienden la libertad absoluta", no en cuanto que propugnen la "supresión de todo gobierno y de toda ley"[2]; libertarios, en el sentido de rebeldes, de hombres libérrimos y también bohemios, valleinclanescos.

 

            5. Línea informativa

            Desde su primer número, El Independiente se presenta como "semanario de información general" y a esta tarea consagra sus esfuerzos la mayor parte de la plantilla, compitiendo con otras redacciones posiblemente más fuertes y con más años de trabajo en común.

            La información objetiva la marcan los hechos; la investigación y las entrevistas son la información diferenciada del periódico y, en el caso de El Independiente, está muy claro que se ubica en el izquierdismo.

            Semanario y diario dedican más espacio al ala izquierda del socialismo, así como a otras formaciones de izquierda, sindicatos obreros, intelectuales progresistas, etc. El periódico denuncia los casos de corrupción en su doble objetivo de apostar por un periodismo de investigación y de debilitar al gobierno socialita, como haría años después el periódico El Mundo, contribuyendo a la caída del PSOE.

El izquierdismo de El Independiente lleva a su director a desmarcarse claramente desde sus inicios de apoyos o simpatías centristas, quizás alimentadas por la presencia al frente del Consejo de Administración del que fuera ministro de Universidades de UCD, Luis González Seara. El propio Pablo Sebastián se apresura a desmentirlo desde el primero número y con ello quizás pierde también unos potenciales lectores, como hemos apuntado ya ("Los secretos de El Independiente", nº 1, de 20-6-1987, p. 12).

            Otra presencia política recurrente entre las preferencias de la dirección es la de Xabier Arzallus y los hombres del PNV y no como pura anécdota, si se ha seguido también la evolución de la otra creación de Pablo Sebastián, La Estrella digital, en la que se han defendido los postulados del nacionalismo vasco.

            En ocasiones se ha comentado el presunto republicanismo del equipo ideológico de El Independiente; pero lo cierto es que la dirección del periódico se preocupó por simpatía o por conveniencia diplomática de presentarse inmediatamente ante el Rey Juan Carlos y de publicar la foto con el monarca tanto en el arranque del semanario como en el del diario. El encuentro, en ambos casos, es tratado en sus justos términos, como una fotonoticia un poco amplia, sin mayores alardes tipográficos.

            A pesar de la clara inclinación izquierdista de la cabecera, no se puede decir que su trato hacia la derecha sea discriminatorio o parcial, porque en sus páginas tiene cabida la información generada tanto por centristas como por populares, además de entrevistas, colaboraciones y otros contenidos.

La información sobre política exterior está dirigida a poner en evidencia las contradicciones de  Felipe González en el tema de la OTAN.   También en el diario, desde el primer número, se critican las decisiones adoptadas en Washington.

            Contra el periodismo de declaraciones o de alcachofa y junto a la información política basada en esas manifestaciones, reclamaban su hueco en El Independiente, ya en la sección de Sociedad, dos tipos de contenidos: el que interpreta lo social como realidad sociológica definida por los problemas de inmigración, conflictos, medio ambiente, delincuencia, el generado por colectivos de todo tipo, grupos religiosos, ciencia, conocimiento...  y el contenido de sociedad centrado en lo que se denomina alta sociedad, promovido desde la sección de Jaime Peñafiel (monarquía, casas nobles, etc.) y su derivación rosa más o menos farandulera.

La cultura y la literatura constituyen una preocupación especial de El Independiente, como muestra el hecho de que en sus páginas hayan confluido algunos de los más renombrados escritores de la actualidad. En el primer número del semanario, de 20 de junio de 1997, al margen de otros escritores de temática política o económica, coinciden las firmas de Antonio Gala, Raúl del Pozo, Luis Mateo Díaz,  Mario Benedetti, Terenci Moix, Jaime Peñafiel¼Y el músico Joaquín Sabina, la artista Ouka Lele, la presentadora Concha García Campoy... En el estreno del periódico diario, se pone de manifiesto nuevamente la preocupación literaria de los responsables de la cabecera, que ofrecen una extraordinaria carta de firmas: Camilo José Cela, José Luis López Aranguren, Julio Caro Baroja, Fernando Quiñones, Raúl del Pozo, Terenci Moix y Aurora Pavón (Pablo Sebastián).

            Conscientes del extraordinario valor de los artículos de Cela, los responsables de El Independiente logran su colaboración literaria desde el semanario, acentuándola luego con un amplio artículo en el dominical del diario.

            Cada periodista desde su sección participa de la libertad de expresión y reclama las formas de ejercitarla en todos los ámbitos, entre ellos el del pluralismo informativo, sobre todo en unos años donde, por ejemplo, no había televisiones privadas en España, lo que permitía denunciar el control televisivo llevado a cabo por el partido de gobierno (entonces el PSOE) y escribir que “eso no es verdadera libertad de prensa ni auténtica democracia".

           

6. Litigios judiciales

            Como buena parte de la prensa nacional e internacional, que roza tantas veces los límites de la libertad de expresión, especialmente los que se refieren al derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen, el periódico El Independiente tuvo que rendir cuentas en alguna ocasión ante los tribunales de justicia; pero en la misma medida que las demás publicaciones. Es decir, no observamos que existiera persecución judicial alguna que pudiera considerarse diferente a la realizada habitualmente por los tribunales en cumplimiento de las normas; salvo que la condena sufrida a pagar 25 millones de pesetas era la segunda más grande impuesta a la prensa española hasta entonces.

            De hecho, en el InDret Libertat d’expressió i lluites de poder entre Tribunals, que aparece en la página indret.com, de la Facultad de Derecho de la Universidad Pompeu Fabra, sólo hemos encontrado un caso, entre  los 48 de 1998 a 2000, correspondiente al periódico El Independiente, el presentado con el número 46. 15.12. (A. 9174) “Ricardo i Martín S. Y. P. c. Pablo S.B.., Alejandrina G.D. i  «Ediobser, SA». Articles a El Independiente (13-12-1989) titulats: «Familiares de militares asesinados por ETA investigados por el atentado de Muguruza» i «Cachorros ultras con ánimo de venganza», en els quals se feia refèrencia als actors, fills d’un militar assassinat per ETA. [--; 12.020;--]”[3].

            El caso, recogido asimismo en el InDret Causalidad, información que genera riesgo y derecho al honor; una lectura de la STS, 1ª 10.1.2001, se originó en la publicación de la noticia “El asesinato de Muguruza fue preparado por personas relacionadas con la policía”, aparecida en El Independiente el 7 de junio de 1990 (p. 6). En el texto se citaba expresamente a José Manuel Olarte como participante en una reunión mantenida por un grupo de personas en noviembre de 1989 para ultimar los detalles del atentado que costó la vida al diputado de HB Josu Muguruza. Al final de la información se aseguraba que Olarte era “hombre de poco fiar, que fue expulsado de la Academia de Arkaute por su implicación en asuntos de contrabando, atribuyéndosele relaciones con las actividades del Grupo Terrorista GAL. José Manuel Olarte fue asesinado por ETA de un tiro en la nunca en la madrugada del miércoles, 27 de julio de 1994 -casi tres años después de cerrar el periódico- mientras jugaba a las cartas con unos amigos, después de cenar, en la sociedad gastronómica de San Sebastián la Unión Artesana. Josu Muguruza Guarrotxea había sido redactor de Egin hasta el momento de acceder al Congreso de los diputados como número tres de la lista de HB por Vizcaya, tras la renuncia de Tasio Erkizia.

            La STS, 1ª, de 10-1-2001 confirmó la condena solidaria al pago de una indemnización de 25 millones de pesetas (150.253 €) a la editoria, Ediobser S.A., del desaparecido periódico El Independiente, a su director, Pablo Sebastián Bueno, y a los autores de la noticia comentada, José Agustín Atxa Picaza y Miguel Sánchez Borbolla, por intromisión ilegítima en el derecho al honor del demandante José Manuel Olarte Urreizti.

            Según explica Marc-R. Lloveras, de la Facultad de Derecho de la Universitat Pompeu Fabra, la resolución de la demanda se produjo en unas circunstancias excepcionales, ya que Olarte fue asesinado por ETA cuatro meses después de haberse dictado sentencia en  Primera Instancia (JPI nº 7, de Madrid, de 25-3-1994) estimando la existencia de difamación y estableciendo una indemnización de 5 millones de pesetas. Pero el posterior asesinato de Olarte -añade Lloveras- “pesó de manera determinante sobre la Audiencia Provincial (sentencia de la sección 14ª de la Audiencia de Madrid, de 16-6-1995), que aumentó la indemnización de 5 a 25 millones de pesetas, “estimando que la noticia publicada había tenido una cierta influencia causal en el asesinato”[4].

           

            7. La presentación y el descuido de las formas

            El Independiente, a tenor de los contenidos, fue un periódico de clara preocupación política y literaria –muy digno del siglo XIX-, pero de escaso acierto en el diseño y de total desacierto en la gestión económica.

            La misma decisión de editarlo en tamaño sábana, al estilo "de los viejos periódicos norteamericanos" y los "míticos diarios británicos", según se recoge en el primer editorial (nº 1, 20-6-1987), no resultó muy acertada, como demuestra el hecho de que se corrigiera posteriormente, quizás un poco tarde. Porque los españoles no estamos acostumbrados a leer este tipo de periódicos en la mesa del desayuno y, para sostenerlos en la oficina, en el taxi, en el Metro, en casa o en el bar, resultan bastante incómodos.

Se detectan desde el primer número algunas decisiones o acciones poco habituales en el diseño tradicional, por no decir contrarias a las normas, como la de partir la portada por la mitad, o poner un subtítulo a 3 columnas, cuando el título y la información van a cuatro, no lograr la justificación derecha de los títulos informativos, etc.

            Aunque El Independiente contaba con editores y correctores, no se conseguía evitar, como por desgracia ocurre en casi toda la prensa, alguna falta de ortografía,  erratas, transliteraciones o bailes de letras, supresión de espacios¼ Ciertamente nadie está libre de algún duende o lapsus scriptu, sobre todo si los cierres o los plazos no permiten una segunda lectura y no se pueden revisar las pruebas.

            Inicialmente se publican entrevistas en la página del Editorial -la 6, en los primeros números-, encabezada como página de "Opinión", lo que tampoco es considerado muy ortodoxo desde el punto de vista de la organización de la publicación.

            Cuando el periódico sale a la luz como diario, ha mejorado ligeramente la presentación y la edición, aunque siguen apareciendo titulares muy desajustados.            Se mantiene la apuesta por una presentación clásica, al estilo de The Times y Le Monde, en formato sábana y con textos un tanto abigarrados, aunque ya se están imponiendo por todo el mundo otras formas más infográficas y visuales y también más cómodas de leer. Algunos de los textos menos editados son los del propio director, Pablo Sebastián, bien bajo la propia firma bien bajo el seudónimo de Aurora Pavón.

           

8. La economía, asignatura pendiente

             El punto fuerte de El Independiente no fue, sin duda, la gestión económica, bien por descuido bien por imposibilidad objetiva de mejorarla. La aparición del semanario y luego del diario en un momento de gran competencia en el mercado, sin que se hubiera elevado el número de lectores de prensa en España, ya conllevaba bastantes riesgos. Al plantearse la publicación dirigida al público en general y no a un sector determinado, se organizó también una redacción para un periódico grande y de elevada difusión, sin que se llegaran a lograr los objetivos previstos.

            Tampoco parece muy acertada la decisión de suspender la edición del semanario el 9 de junio de 1989, en plena campaña electoral, que siempre genera publicidad de los partidos políticos y del propio Ministerio del Interior -las tarifas aplicadas a organismos oficiales suelen ser las más altas-, además de tratarse de un momento de mayor debate político y de juego de influencias. El diario tardó en salir casi un mes, el 4 de julio.

Con unos gastos considerables (nóminas, alquileres, maquinaria...) y unos ingresos por publicidad y por ventas bastante exiguos, como a continuación se verá, el endeudamiento fue una constante, a la que nunca se puso freno, lo que a medio plazo hizo la empresa inviable. Es decir, si a los elevados costos, originados principalmente en una redacción muy amplia y bien remunerada, junto a una nómina de colaboradores, también extensa y bastante mejor retribuida en algunos casos, se unen los exiguos ingresos por publicidad y por ventas, se deduce fácilmente la inviabilidad económica a medio y largo plazo.

            Aunque es difícil conocer con exactitud datos de ventas, parece que en sus últimos meses no debía superar la cifra de 30.000 ejemplares, lo que equivaldría a unos 90.000 lectores

            La publicidad, como principal sostén de un medio de comunicación comercial -reiteramos la alusión al fenómeno demostrativo de los periódicos gratuitos, como 20 minutos y Metro- es uno de los mejores reflejos de la gestión económica y de la aceptación del producto en el mercado. En este caso, sería reflejo de la limitada gestión económica y comercial y de la escasa aceptación del producto como escaparate publicitario.

            Para aproximarnos a los previsibles ingresos por publicidad, sumamos las páginas completas, medias páginas y otros espacios, incluidos los módulos, que, en formato sábana, calculamos que serían 60 (6x10). En el formato tabloide, las maquetas que conservamos estructuran la página, como otras cabeceras del mismo tamaño, en un total de 40 módulos (5x8). En cualquier caso, insistimos en que son cifras aproximadas. Una simple ojeada y su comparación con otros periódicos de mayor carga publicitaria, como El País, Mundo o Abc, permite deducir que sus ingresos fueron muy inferiores y más todavía si, en buena lógica, los precios de sus inserciones resultaban más bajos por ser menor su difusión.

            El primer número del semanario, de 20-6-1987, de 48 páginas, inserta contenidos publicitarios equivalentes a 11 páginas, por lo que ni siquiera llega a la cuarta parte a pesar de tratarse del primer número, que siempre despierta expectación.  En el número 2 del semanario, de 27 de junio a 4 de julio de 1987 y 48 sábanas, contabilizamos 2 páginas completas, 3 medias, un anuncio de 1/3, otro de 1/4 y 4 de dos módulos, en total, no llega a 4,5 páginas de publicidad, lo que supone un 9,4%. El nº 3 del semanario sobrepasa por muy poco las tres páginas, de las que dos son completas, y la otra la conformarían un anuncio de media, otro de un tercio y 3 inserciones de 3 módulos cada una; en total, poco más del 6% del espacio del periódico del día.

            Si de los 3 primeros números del semanario pasamos a los 3 últimos, encontramos que en el 102, de 26 de mayo a 1 de junio de 1989, el espacio publicitario ocuparía poco más de 9 páginas (20%) de las que 5 era completas (contabilizando como 2 páginas las 4 medias del CDS), 5 medias, 3 de ¼, 1 de 1/5 y otra conformada con diferentes anuncios de 4 y de 2 módulos. En el 103, de 2-8 de junio de 1989, la publicidad viene ocupando el espacio equivalente a 6 páginas (12,5%) y en el 104, de 9-15 de junio de 1989, el último del semanario, aproximadamente 7,5 páginas (el 15,62%).

            Ni siquiera en el primer número del diario, que tiene una tirada mayor (200.000 ejemplares, según informa el propio periódico a propósito de la recepción del Rey), porque se anuncia más y se compra más para conocer la novedad, ni siquiera en ese primer número del diario, la publicidad es desbordante. En las 64 páginas del 4 de julio de 1989, la publicidad ocuparía 18 (28%). En el 2º número del diario (5 de julio de 1989), de 48 páginas, la publicidad ha quedado reducida al equivalente a 9 (5 completas, 7 medias y otros de menor tamaño), es decir, alrededor de un 19%.  En el número 3, de 6 de julio (48 páginas), la publicidad ocuparía 9 páginas (en torno al 19%), de las que 6 son completas, a las que se añaden 3 medias (1,5) y otra más en 6 faldones, así como un anuncio de 1/3 y 2 espacios de cuatro módulos cada uno.

            Naturalmente, se trata de una muy escasa proporción de anuncios, a los que aun se podrían quitar los regalados por contrato de campaña, los de intercambio -quizás con emisoras de radio-, que tampoco se retribuyen, aunque supongan una inversión, los no cobrados -el CDS fue el partido que más se anunció, pero los problemas económicos sufridos permiten dudar si se pagó toda la campaña- y los de clavo o pufo, según práctica corriente en la época -se pone una página sin cargo cuando se utiliza como comodín, a la espera de que se termine de editar otra de información-, etc. A los precios normales de la prensa española -que suelen ser proporcionales a la difusión-, la citada cantidad de anuncios arroja unos ingresos por este concepto bastante exiguos.

 

            9. La repercusión de El Independiente

            Aunque son muchos los que declaran que leían El Independiente y realmente fue un periódico muy incisivo, la escasa venta de ejemplares le resta repercusión e influencia.

            Por la cercanía de su existencia a nuestro tiempo, la Historia del periodismo español apenas recoge en sus últimas páginas algunas referencias a este periódico, que, sin embargo, dejó huella por la calidad de sus articulistas, su independencia de criterio y las circunstancias de su desaparición, no muy esclarecidas hasta el momento. El periódico, en manos de Jacques Hachuel, a quien lo había vendido en el último momento el grupo Once, cerró el 31 de octubre de 1991 (año III), agobiado por la deuda económica y por presiones políticas y mediáticas, sin que prosperara el intento de sus redactores de sacarlo adelante bajo organización cooperativa.

            Según se informa en la página web Corresponsales, “en abril de 1991 Sebastián perdió la dirección en favor de Manuel Soriano con motivo de la entrada de la Once en el accionariado, y el 31 de octubre de 1991, El Independiente era cerrado tras su venta, por la Once, a Jacques Hachuel, y una fuerte campaña en contra del diario por parte del Gobierno de Felipe González y el diario El Mundo, presidido por Pedro J. Ramírez. En aquella operación se quedaron sin empleo alrededor de 260 profesionales” (http://www.arrakis.es).

            El historiador Alejandro Pizarroso, en su obra De la Gazeta nueva a Canal Plus. Breve historia de los medios de comunicación en España, alude a que en otoño de 1991 “cerró El Independiente, que había sido adquirido por la ONCE y que hasta entonces había hecho honor a su nombre (A. Pizarroso, 1992, 210). Pizarroso destaca la oposición de El Independiente a la Guerra del Golfo Pérsico de 1991, “la guerra de las mentiras”, cuando señala que los medios de comunicación españoles sostuvieron posturas distintas en el conflicto, desde posiciones abiertamente belicistas, partidarias de una intervención militar española más comprometida (Abc, Antena 3), “hasta posturas abiertamente críticas con la participación española en el conflicto, como el caso de El Independiente o El Mundo, ambos de Madrid...” (Pizarroso, 1992, 226).

 

CONCLUSIÓN

            El periódico madrileño El Independiente (1987-1991) ha sido una de las experiencias más ricas de libertad de expresión en España durante los últimos 25 años. La coincidencia de firmas de gran prestigio, distinguidas todas ellas por su libertad (Camilo José Cela, Antonio Gala, Pablo Sebastián, Raúl del Pozo...) y la investigación llevada a cabo por sus redactores lo convirtieron en uno de los medios más temidos de su época y quizás también por ello en uno de los más marginados por la publicidad institucional y comercial.

            Los costes indirectos de su libertad (falta de apoyos económicos y políticos y disconformidad de los accionistas con la línea editorial) fueron una de las causas de su inviabilidad, aunque no la única, porque confluyeron otras circunstancias, como una escasa gestión empresarial, errores en la mercadotecnia y en la imagen (presentación, formato, diseño), la competencia de otros medios en un momento en que la oferta informativa en España tanto de medios tradicionales como de nuevas cabeceras (El Mundo, El Sol...) era superior a la demanda por parte de los lectores y las presiones desde el aparato del PSOE -cuyos escándalos denunció- y desde cabeceras rivales, como El Mundo. Una interesante experiencia de libertad de expresión, en definitiva, que no obtuvo suficientes respaldos.

           

                       

BIBLIOGRAFÍA

AA.VV., 1987-1991, El Independiente, colección de ejemplares en la Biblioteca Nacional de España.

 

BORDERIA ORTIZ, Enric; LAGUNA PLATERO, Antonio, y MARTÍNEZ GALLEGO, Francesc A., 1996,  Historia de la comunicación social. Voces, registros y conciencias, Barcelona, Ed. Síntesis.

 

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LLOVERAS, Marc-R., Indret. Causalidad, información que genera riesgo y derecho al honor; una lectura de la STS, 1ª, 10-1-2001, Barcelona, marzo de 2002, en www.indret.com.

 

MONTABES, J., 1989, La prensa del Estado durante la transición política española, CIS, Madrid

 

PIZARROSO QUINTERO, Alejandro, 1991, La guerra de las mentiras, Madrid, Eudema.

- 1992, De la Gazeta Nueva a Canal Plus, Madrid, Editorial Complutense.

 

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SÁNCHEZ ARANDA, José Javier y BARRERA DEL BARRIO, Carlos, 1992, Historia del periodismo español, desde sus orígenes hasta 1975, Pamplona, Eunsa.

 

TIMOTEO ÁLVAREZ, Jesús, 1992, Historia y modelos de la comunicación en el siglo XX, Barcelona, Ariel (1ª edición en 1987).

 

http://www.arrakis.es

 



[1] El Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia define, en una primera acepción, el liberalismo como "actitud que propugna la libertad y la tolerancia en las relaciones humanas" DRAE, 2001, 1.372.

[2] Ambas acepciones están recogidas del DRAE, 2001.

[3] SALVADOR CODERCH, Pablo; RAMOS GONZÁLEZ, Sonia; LUNA YERGA, Álvaro, y GÓMEZ LIGüERRE, Carlos, In Dret Llibertat d’expressio i lluites de poder entre Tribunals. Els drets a l´honor, a la intimitat i a la pròpia imatge i les llibertats d’informació i expressió a la Jurisprudència de la Sala 1º del Tribunal Suprem dels anuys 1998-2000, en www.indret.com, Barcelona, juliol ded 2001.

[4] LLOVERAS, Marc-R., Indret. Causalidad, información que genera riesgo y derecho al honor; una lectura de la STS, 1ª, 10-1-2001, Barcelona, marzo de 2002, en www.indret.com.