Los periódicos de la ultraderecha en la campaña del referéndum constitucional de 1978

Jordi Rodríguez Virgili, profesor ayudante doctor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra

1. Introducción

La primera etapa de la transición política española de la dictadura de Franco a la democracia parlamentaria culminó con la promulgación de la Constitución en diciembre de 1978. En este primer periodo de la Transición, el poder informativo registró, al igual que el poder político y económico, una conversión democrática de una parte importante de sus protagonistas, tanto de las empresas periodísticas como de los profesionales de la comunicación[1]. Al margen del juicio moral que pueda suponer y de los motivos que la originaron –en muchos casos más pragmáticos que ideológicos–, esta conversión democrática ayudó a que el proceso de cambio se efectuara de modo relativamente pacífico.

Si bien la Transición fue un periodo de tensiones y enfrentamientos entre prensa y poder político, también es cierto que existió un acuerdo implícito pero sustancial entre las dos instancias para sacar adelante un régimen democrático, que entonces se estaba configurando y que exigía un apoyo mutuo. La mayoría de la publicaciones apoyaron opciones reformistas, sin ruptura, aislando las tendencias extremas[2]. La prensa se convirtió en un elemento estabilizador, en un actor colectivo que contribuyó de manera decisiva a la Transición. La mayoría de los periodistas también percibieron, con sus respectivos matices, la necesidad de realizar esa labor integradora[3]. Así, y tomada en su conjunto, la prensa diaria mantuvo un discurso compartido acerca de los principales objetivos del cambio político: un sistema democrático basado en la devolución de la soberanía al pueblo y la recuperación de las principales libertades públicas, mediante la reconciliación y la superación del pasado[4].

A pesar de esto, como es lógico, existió un importante núcleo de resistencia al cambio –formado por falangistas, militares o simplemente franquistas–, que tenían su representación mediática en algunos diarios, entre los que se contaba de manera más significativa El Alcázar de Madrid. Esta voz periodística discordante ganó relevancia a partir de 1977, cuando las elecciones del 15 de junio supusieron un descalabro para las fuerzas inmovilistas. La marginación parlamentaria de la extrema derecha significó el refuerzo de sus órganos de prensa, que se convirtieron en el cauce principal de participación en el debate público. Esto explicaría, entre otros factores, el nacimiento de El Imparcial y el aumento de difusión de El Alcázar. El examen de estos periódicos resulta necesario para la comprensión cabal y completa del papel desempeñado por la prensa en el proceso de Transición. El Alcázar ha sido objeto de estudio en distintos trabajos de análisis de contenido sobre la prensa en este periodo[5]. El Imparcial, en cambio, no ha merecido tanta atención por parte de los investigadores porque se toma El Alcázar como referencia de la prensa de ultraderecha. Sin embargo, existían diferencias entre los dos diarios que conviene poner de manifiesto.

El proceso de democratización cobró su máxima expresión y culminación institucional en la nueva Constitución que se sometió al refrendo de los españoles. Además, el periodo de la campaña del referéndum constitucional ha sido señalado como uno de los momentos de mayor grado de consonancia alcanzado por la pensa española[6]. Aunque la oposición a la Constitución se manifestó desde distintas posiciones ideológicas, el sector más significativo fue la ultraderecha nostálgica del franquismo y defensora de un régimen que precisamente la entrada en vigor de la Carta Magna iba finiquitar.

El objetivo de esta comunicación es, por tanto, presentar el resultado del estudio de la cobertura que los periódicos nacionales de ultraderecha realizaron durante la campaña del referéndum constitucional. La metodología empleada ha sido el análisis de contenido cualitativo de los contenidos informativos, editoriales y de opinión sobre la Constitución y el proceso de referéndum publicados por El Alcázar y El Imparcial durante la campaña –del 7 de noviembre al 6 de diciembre– y los cuatro días posteriores a la consulta popular. Se trata de un mes especialmente convulso donde otros sucesos políticos, como el viaje del Rey a la Argentina de Videla o la llamada “Operación Galaxia”, se entremezclaron con el debate constitucional. Prolongar el estudio hasta el 10 de diciembre permite analizar la valoración que estos periódicos hicieron de los resultados del referéndum. Se tratará información y opinión como un todo conjunto del periódico, dejando para el final, en un epígrafe aparte, los editoriales. La postura política de cada diario se manifestaba con más claridad en las firmas habituales de opinión, los colaboradores y los contactos con agrupaciones políticas concretas, que en la información y en los editoriales.

La necesaria concreción de este estudio demanda que sus resultados sean complementados por otros trabajos de mayor alcance y profundidad. De hecho, esta comunicación se enmarca en el proyecto de investigación conjunto La prensa y la “construcción democrática” en la primera etapa de la transición española (1975-1978), que dirige el profesor Carlos Barrera en el Departamento de Comunicación Pública de la Universidad de Navarra. La contribución de este trabajo pretende ayudar a comprender la oposición de dos periódicos de amplia difusión al proceso democrático que se desarrollaba en España.

2. El Alcázar y El Imparcial

El Alcázar, cuyos orígenes datan del asedio a la fortaleza toledana en la guerra civil, era propiedad de la Hermandad de Nuestra Señora Santa María del Alcázar y de la familia Moscardó. En los años sesenta y editado por PESA, El Alcázar había experimentado el mayor crecimiento de su historia gracias a una fórmula popular y una línea aperturista. Pero en 1968, la Hermandad del Alcázar rescindió unilateralmente el contrato con PESA alegando que la línea política del diario no coincidía con el espíritu y orientación ideológica con el que había sido fundado. Con la connivencia del Ministro Fraga, que no aceptó a deposito previo los ejemplares de El Alcázar, PESA fue desposeída del periódico[7].

La Hermandad cedió el uso y disfrute de la cabecera a DYRSA (Diarios y Revistas, S.A.), editorial creada expresamente para la publicación de El Alcázar. Bajo la dirección de Lucio del Álamo, el diario inició un acentuado giro hacia posiciones reaccionarias, acompañado de un drástico descenso de ventas. Tan sólo un año después, en 1969, la crisis era tal que el director dimitió y el periódico estuvo apunto de cerrar[8]. Si El Alcázar no se rindió entonces fue gracias al coraje del nuevo director, el falangista Antonio Gibello, y a la subvención del Ministerio de Información y Turismo[9].

El último día de junio de 1975, la Confederación Nacional de Ex Combatientes se incorporó a DYRSA y El Alcázar se convirtió en su órgano informativo[10]. El general Milans del Bosch fue elegido presidente tanto de la junta de fundadores como del consejo de administración. Sin embargo, José Antonio Girón, designado vicepresidente, actuó desde otoño de ese mismo año como presidente en funciones del consejo, cargo en el que fue ratificado en junio de 1976. El Alcázar destacó desde entonces por su intento de boicotear el moderado programa aperturista de Arias Navarro y por sus artículos incendiarios contra cualquier programa de reforma política.

Tras el fracaso de la extrema derecha en las elecciones de 1977, Antonio Izquierdo sustituyó el 7 de julio a Antonio Gibello. El periódico necesitaba una dirección más dinámica y combativa, y Antonio Izquierdo, hombre de confianza de Girón, había sido uno de los articulistas de El Alcázar más implacables contra el nuevo régimen. El periodismo de combate aplicado por Izquierdo, junto con la entrada en funcionamiento de una nueva maquinaria, permitió la mejora del producto y el consiguiente incremento de ventas. Izquierdo también precisó la línea editorial y propuso un triple objetivo para El Alcázar: ser un periódico de oposición al Gobierno, de oposición a la Oposición, y formular un esquema doctrinal de réplica a la crisis política, económica y social que vivía España[11]. Es decir, la crítica se dirigía al sistema democrático en su conjunto.

El Alcázar intentó con ello aglutinar a los nostálgicos del franquismo opuestos a las reformas democráticas. Entre sus articulistas conviene citar a Ismael Medina, Rafael García Serrano, Joaquín Aguirre Bellver, Waldo de Mier, José María Sánchez Silva y José Luis Saenz de Heredia. Con un discurso apologético del franquismo, basado sobre todo en los logros materiales alcanzados, mayores que los conseguidos con el advenimiento de la democracia, El Alcázar era el referente diario de la extrema derecha.

El 11 de diciembre de 1977 salió a la calle El Imparcial, recuperando una cabecera de gloriosa tradición en la historia del periodismo español. Tenía su sede en el mismo edificio que El Alcázar, en la calle San Romualdo de Madrid. Al frente se encontraba el veterano Emilio Romero, que pretendía dirigir un gran diario nacional, conservador y popular, al estilo de los mejores tiempos de Pueblo. Para ello confeccionó una redacción con periodistas procedentes de Arriba y Pueblo. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que el principal empresario del periódico, el banquero Domingo López, quería servir ante todo a sus propios intereses y dada la precariedad de medios técnicos, Romero decidió irse apenas dos meses después del lanzamiento del diario[12]. Le sustituyó Julio Merino, hasta entonces subdirector, y que había sido redactor jefe de Diario SP, subdirector de Pueblo y director de la agencia de noticias del Movimiento PYRESA. Apenas un año después, Domingo López vendió parte de sus acciones de Editora Independiente S.A. a Merino, quien pasó a convertirse en máximo responsable de El Imparcial[13].

Julio Merino, acompañado del subdirector Fernando Latorre, dotó al diario de una línea marcadamente derechista. Con un diseño más sensacionalista y un estilo menos informativo, El Imparcial se alineó con El Alcázar en su crítica continuada al sistema democrático y al gobierno de la UCD. El Imparcial contaba con menos medios técnicos y humanos que el vespertino de DYRSA y se notaba en el producto final. Era un periódico con poca información, mucha opinión así como abundantes colaboraciones y cartas al director. En El Imparcial tenían cabida las voces más discrepantes y artículos defensores de causas opuestas, pero primaban sobremanera las posiciones reaccionarias. Además de esto, otro aspecto que le diferenciaba de El Alcázar residía en que El Imparcial no se encontraba tan identificado con la obra y legado del régimen anterior. El peso del periódico lo llevaban Merino, Latorre –que firmaba con el seudónimo de Merlín–, Jesús Pérez-Varela y Juan Pla. Entre sus firmas, además de las de Vizcaíno Casas, Juvenal, Gibello y José Luis Alcocer, se encontraban figuras representativas de la derecha conservadora como José María Ruiz Gallardón o Luis Jáudenes[14].

En modo alguno El Alcázar y El Imparcial eran periódicos marginales o de escasa presencia pública. El Alcázar tenía una difusión total de 61.059 ejemplares en noviembre de 1978 y de 55.363 en diciembre[15]. Por su parte, El Imparcial presentaba una difusión de 67.698 ejemplares en noviembre y de 68.515 el mes siguiente[16]. Por tanto, aunque distaban bastante de los grandes diarios como ABC, El País o La Vanguardia, los dos diarios ultraderechistas editados en Madrid presentaban unas cifras nada desdeñables que señalaban una presencia significativa en el panorama periodístico español. Estas cifras refuerzan, por otro lado, la necesidad del estudio de ambos diarios.

3. Planteamientos iniciales y principales argumentos del “no”

La elaboración de la Constitución centró el interés de la prensa desde el comienzo de los debates en la comisión del Congreso encargada de elaborar el proyecto. La máxima intensidad del seguimiento periodístico se registró en junio y julio de 1978. No decayó el 21 de julio cuando el Congreso de los Diputados aprobó el texto porque también hubo controversia en el Senado y la comisión mixta. El 31 de octubre, los plenos del Congreso y del Senado aprobaron el proyecto de Constitución y a principios de noviembre se convocó el referéndum. En ese periodo, El Alcázar había manifestado su total oposición al proyecto con una crítica cáustica a casi todo el articulado. El Imparcial, aunque no de forma tan clara ni agresiva e incluso admitiendo en sus páginas cierta diversidad de opiniones, también se había mostrado contrario al proyecto.

Nada indicaba que las posiciones fuesen a cambiar en el mes de campaña. Sin embargo, Antonio Izquierdo ha escrito en su libro Yo, testigo de cargo, que una cosa eran los debates celebrados sobre la Constitución y otra la posición que debía mantener el periódico ante la campaña del referéndum. Izquierdo relata cómo en una reunión de la Junta Nacional de la Confederación de Ex Combatientes, a la que asistían los consejeros de DYRSA, la mayoría quería jugar la carta del “no”. En cambio, Izquierdo asegura que defendió la abstención como línea del periódico. El director, siempre según su testimonio, se negaba a embarcar a El Alcázar en una aventura absurda, sabiendo de antemano que sería derrotado. Además, para Izquierdo, España no podía ser objeto de discusión y quienes entrasen en el juego serían corresponsables. Por eso, prefería no asumir ninguna responsabilidad en lo que consideraba “una gigantesca catástrofe”. Por último, afirma taxativamente en el libro: “Desde el punto de vista de opinión, el periódico se abstuvo, aunque insertó páginas de publicidad que procedían de un grupo de organizaciones coaligadas para propugnar el ‘no’. Nuestros columnistas y comentaristas permanecieron al margen del combate”[17]. Veremos si esto fue así o no.

El Imparcial, que el 5 de noviembre titulaba a toda página “Comienza la batalla”[18], compartía la escéptica posición de partida y el lenguaje bélico. En el texto se decía que nadie dudaba del resultado del referéndum porque el Gobierno tenía los resortes suficientes para conseguir el “sí” final. La coalición entre Gobierno, partidos políticos, poder, televisión y ordenadores era, en principio, “invencible”.

Se iniciaba la última etapa del proceso constitucional donde los españoles tenían la palabra. Terminados los debates en las Cortes, El Alcázar y El Imparcial dejaron al margen aspectos institucionales y precisiones de técnica jurídica para centrarse en las cuestiones fundamentales en las que disentían del proyecto constitucional. Todo ello de forma clara y directa porque pretendían influir en el ciudadano medio.

Una primera crítica se centraba en la ilegitimidad de origen. Consideraban la Constitución ilegal e ilegítima, y el referéndum nulo e inadmisible porque las Cortes no tenían mandato constituyente. España no nacía en virtud de la Constitución. Por el contrario, la Constitución debía surgir de la voluntad constituyente del pueblo español, titular único de la soberanía nacional. Pero el pueblo no había manifestado esa voluntad ni había elegido a tal efecto unas cortes constituyentes. En las elecciones de 1977 no se le había pedido al pueblo que concediese al Parlamento esas facultades y ningún partido había llevado en su programa la elaboración de una constitución. Aunque el argumento aparecía en multitud de textos, El Alcázar lo dejó bien claro en su portada “El referéndum es un atropello intolerable”, título de un artículo del catedrático de Derecho Eustaquio Galán, defendiendo la ilegalidad del proyecto[19].

El auténtico caballo de batalla de la Constitución era el Estado autonómico y el término “nacionalidades”. Para ambos diarios, la distinción entre nacionalidades y regiones implicaba abrir la polémica secesionista. El artículo segundo y el título octavo representaban un estímulo a las veleidades separatistas. En El Imparcial, haciéndose eco de la junta coordinadora del “no” a la Constitución, podía leerse: “Votar NO es evitar el despedazamiento previsible de la patria y el seguro enriquecimiento de las regiones más ricas con cargo a las más pobres”[20]. En El Alcázar, que se presentaba como guardián de la unidad de España y opositor a cualquier tipo de concesión a las autonomías, esta idea trufaba todo su discurso. Quedó expuesto con rotundidad en el “Homenaje a El Alcázar[21]. Tras recordar Raimundo Fernández Cuesta en su discurso que el término nacionalidad sería fuente de polémicas y base de peligrosas consecuencias en un tema tan vital como la unidad de España; Antonio Izquierdo centró el objetivo de El Alcázar en la defensa del sagrado nombre de España así como en el combate contra el separatismo, la lucha de clases y la política de media docena de políticos ambiciosos y cobardes[22]. Algunos articulistas, entre los que sobresalían García Serrano e Ismael Medina, se mostraban en ocasiones más duros e incluso ofensivos[23].

En ambos periódicos para referirse a la Constitución se añadía al calificativo separatista el de marxista. El ejemplo más contundente lo encontramos en El Imparcial del 3 de diciembre, cuando titulaba a toda página “Los marxistas tienen razón: esta es su Constitución”, con fotografías de Felipe González y Carrillo. El texto señalaba que los españoles debían comprender que ésta no era la constitución de la concordia, como repetía la propaganda del Gobierno, sino la constitución de la ruptura. Los marxistas –seguía el artículo– habían conseguido que la Constitución aceptase “las nacionalidades, la ausencia del nombre de Dios, la posibilidad de estatalización de las empresas, la laicización de la enseñanza, la desmembración de España, el divorcio y la despenalización del aborto, todo ello bandera de la izquierda marxista”[24]. Por tanto, “si España quiere una constitución marxista debe votar ‘sí’, y si no la quiere debe votar ‘no’”[25]. En El Alcázar, el calificativo lo utilizaban varios colaboradores, pero el más agresivo era Medina, que apelaba al miedo cuando advertía que el 7 de diciembre “las fuerzas marxistas van a echarse a la calle para consolidar su triunfo revolucionario, pues la Constitución no es del centro, sino de ellos”[26]. Según el columnista, la Constitución  establecía unas reglas del juego tan permisivas que un Parlamento con predominio de la izquierda podría “ir más lejos en las concreciones despiadadas contra Dios que la propia Unión Soviética”[27].

Medina no era el único que relacionaba el supuesto marxismo de la Constitución con su supuesto anticatolicismo. Apenas dos días antes del referéndum podía leerse en El Alcázar: “Católico español: esta Constitución conviene a marxistas y comunistas, generalmente ateos. Por eso imponen y piden el sí. Piénsalo antes de entregar tu voto católico”[28]. Aunque los dos periódicos juzgaban el proyecto constitucional contrario al cristianismo, éste fue un tema predilecto de El Alcázar. Engarzado íntimamente a ello se encontraban las discrepancias sobre el aborto, el divorcio y la cuestión de la enseñanza.

4. La cuestión religiosa

El Alcázar jugó con fuerza la baza de acusar a la Constitución de ser atea o anticristiana. En un país con una abrumadora mayoría de católicos podía significar una estrategia decisiva[29]. El texto del proyecto presentaba la destrucción constituyente de la fe cristiana porque eliminaba el respeto a los valores sobrenaturales y omitía premeditadamente el nombre de Dios[30]. Prescindir de esta mención suponía una agresión a la creencia de la mayoría de los españoles, a la historia de España y a la propia esencia del país[31].

Además, en el vespertino de DYRSA se hacía hincapié en que el derecho a la vida no estaba suficientemente garantizado y que el artículo 14 dejaba abierta la puerta a la legalización del aborto. A su vez, el proyecto alentaba el debilitamiento de la familia e incluso la ruptura, porque aprobado el divorcio, se legitimaría el adulterio y por tanto se disolvería la familia. Una última cuestión controvertida fue la regularización del derecho a la educación y el reconocimiento de la libertad de enseñanza. Profetizaban la defunción de la enseñanza privada porque, a su juicio, el articulo 27 garantizaba el derecho a crear centros educativos pero no aseguraba el derecho a dirigirlos[32]. Estas propuestas hacían difícil a los católicos votar “sí” a la Constitución.

El 23 de noviembre la Conferencia Episcopal Española torpedeaba la línea de flotación del confesionalismo de El Alcázar al refrendar la nota de la Comisión Permanente sobre el referéndum constitucional. Los obispos consideraban que no se daban “motivos determinantes” para indicar o prohibir a los fieles “una forma de voto determinada”[33]. Una constitución se justificaba moralmente, según la asamblea episcopal, si salvaba globalmente tres exigencias: que ofreciera una base idónea para la convivencia, que garantizara suficientemente los derechos y libertades y que respetase los valores espirituales, la libertad religiosa y los principios cristianos[34]. Los obispos dejaban claro que el voto en el referéndum se refería principalmente a problemas temporales sobre los que había libertad de elección. Y por tanto, aconsejaban a los católicos aplicar en conciencia los criterios apuntados junto a sus legítimas preferencias políticas, sabedores de que la Iglesia respetaba todas las opciones.

El Alcázar, cuyos dirigentes no habían asumido aún las enseñanzas del Concilio Vaticano II, arremetieron contra la Conferencia Episcopal, acusándoles en el mejor de los casos de dejación de funciones[35]. El centro de los ataques era el cardenal Tarancón, que de forma explícita indicó que no se podían esgrimir razones religiosas para tomar una postura determinada sobre la Constitución[36].

La postura de la Asamblea de los obispos anulaba y desautorizaba una de las principales líneas argumentales en contra de la Constitución. Pero a ocho días de la votación, El Alcázar recibió un balón de oxígeno con la carta pastoral del Cardenal Primado de España, Marcelo González Martín. El vespertino, con grandes tipos, titulaba: “Alegato irrefutable contra la Constitución”. Bajo su exclusiva responsabilidad, el cardenal abordaba cinco puntos básicos: la omisión, real y no sólo nominal, de toda referencia a Dios; la falta de referencia a los principios supremos de la Ley natural o divina que puede convertirse en salvoconducto para agresiones legalizadas contra derechos inalienables del hombre; la insuficiente protección la libertad de enseñanza y la igualdad de oportunidades; la falta de tutela de los valores morales de la familia, y la ausencia de la claridad y seguridad necesarias en relación con el aborto[37]. Tras destacar la gravedad de los riesgos del proyecto decía: “Los que por otras razones de orden político se inclinen a un voto positivo, consideren ante Dios si realmente hay males mayores que justifiquen la tolerancia de un supuesto mal menor, sin olvidar que no es lo mismo tolerar un mal cuando no se ha podido impedir que cooperar a implantarlo positivamente dándole vigor de ley”[38].

El Alcázar no sólo glosó con profusión la carta del cardenal primado. Si antes había arremetido contra la Conferencia Episcopal, en esta ocasión salió en defensa de don Marcelo González ante los ataques de otros medios. El director, Antonio Izquierdo, publicó un artículo en portada denunciando una campaña de agresión dialéctica contra el cardenal[39]. En un editorial de respaldo a la pastoral se decía “El único voto que a los católicos nos es posible en conciencia es ‘no’. Ahora estamos seguros, gracias también al cardenal primado de España, que no debemos caer en la trampa de subordinar las partes inequívocamente negativas de la Constitución a una equívoca manipulación oportunista del conjunto”[40]. El Imparcial, que había dedicado mucha menos atención a la cuestión religiosa y apenas había informado de la nota de la Conferencia Episcopal, se sumó al carro de la carta de don Marcelo informativa y editorialmente[41].

El Alcázar y El Imparcial jugaron hasta el último día la baza del “no” por motivos religiosos, apoyándose en la pastoral del primado y de las sucesivas adhesiones de diversos jerarcas de la Iglesia española. Sin embargo, la Conferencia Episcopal ya la había desactivado. El Estado confesional católico no era posible tras el Concilio Vaticano II y por tanto, los católicos debían votan en conciencia y con total libertad.

5. La “Operación Galaxia”

Al analizar la cobertura de El Alcázar y El Imparcial sobre el referéndum, no puede obviarse el contexto político y social del momento ni el clima de resistencia y agitación que se vivía en los sectores inmovilistas. Dos acontecimientos relacionados con este contexto distorsionaron la campaña constitucional: las concentraciones del 20N y la “Operación Galaxia”.

Tanto El Alcázar como El Imparcial explotaban el descontento de buena parte del ejército. La mayoría de los altos mandos se sentían indignados por motivos como la legalización de los sindicatos y del partido comunista, la vertiente autonómica del proyecto constitucional, la dureza del terrorismo etarra o la mala situación económica. Estos militares, que también se sentían humillados por el aislamiento a que les sometía la prensa, encontraron su refugio en El Alcázar –como se solía decir, el periódico más leído en los cuarteles–, y en El Imparcial. Los dos diarios fomentaban y publicitaban los círculos involucionistas del seno del ejército.

La sociedad española en general y los militares en particular sufrían sobremanera el terrorismo. En lo que se ha denominado una “estrategia de tensión”[42], ambas publicaciones presentaban un clima catastrofista de desorden, falta de autoridad e inseguridad. Los principales desestabilizadores de la democracia eran los terroristas, pero los periódicos contribuían al insistir en el vacío de poder y responsabilizar al Gobierno y a un sistema permisivo (amnistía, autonomía…) de una situación casi apocalíptica. El Alcázar bajo el epígrafe “el parte” hacía balance del terrorismo de cada semana, cada mes, cada año. Para el vespertino, el clima provocado por el terrorismo en el País Vasco no era el adecuado para una consulta popular[43]. El Imparcial, por su parte, solía elevar a categoría de gran titular de primera página noticias alarmantes acerca de declaraciones de militares insatisfechos, de crisis de Gobiernos o de incapacidad de los políticos[44]. Esta estrategia de tensión era caldo de cultivo para un golpe de Estado involucionista y militar.

En este ambiente tenía lugar la campaña constitucional, cuando el 16 de noviembre asesinaron al antiguo presidente del T.O.P., José Francisco Mateu Cánova. En el funeral se registraron momentos de enorme tensión que elevaron la temperatura política del país. El mismo día, el ministro de defensa Gutierrez Mellado ordenó arrestar al general de la Guardia Civil, Atarés Peña, como consecuencia de unos insultos al ministro, grave acto de insubordinación[45].

En esas fechas, tuvo lugar la desactivación de la llamada “Operación Galaxia” con el arresto del teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero y el capitán de la Policía Armada Ricardo Sáenz de Ynestrillas. La “Operación Galaxia” era un plan para dar un golpe de mano contra el Gobierno –asaltando el palacio de la Moncloa y reteniendo a Adolfo Suárez– previsto para antes del referéndum, aprovechando la ausencia del Rey, de viaje en Méjico y Argentina. La noche del 16 al 17 de noviembre, cuando se frenó el golpe, la policía se presentó en la sede de El Imparcial con la orden tajante de impedir que saliera un solo ejemplar. Se pensaba que El Imparcial publicaría el comunicado de los golpistas porque en sus páginas había escrito un incendiario artículo el teniente coronel Tejero[46]. Un par de horas más tarde, se levantó la orden de secuestro contra el periódico, presentando inverosímiles disculpas. De todas formas, el director y el subdirector tuvieron que prestar declaración ante el juez[47].

Estos sucesos alarmaron a la clase política y militar, pero no adquirieron carta de naturaleza pública hasta que, el día 19, El País publicó un extenso reportaje titulado “Operación Galaxia: golpe de mano frustrado contra el presidente Suárez”[48]. En él, El País arremetía contra El Imparcial y le acusaba de golpismo[49]. En este trabajo, interesan especialmente las versiones de El Alcázar y El Imparcial y cómo lo relacionaron con el referéndum.

Ambos diarios quitaron importancia a los acontecimientos presentándolos como una simple, aunque inconveniente, “charla de café”[50]. Denunciaron una campaña donde la hipótesis de un complot se magnificó desde los centros de poder, los cuales pusieron en circulación, “a través de sus órganos informativos más obedientes, versiones de increíble cariz rocambolesco”[51]. Diferían, en cambio, en los objetivos de la campaña. El Imparcial, ante el acoso sufrido, lo tenía claro: “Suárez quiere callarnos”[52]. El Gobierno de UCD presionaba a El Imparcial, porque, según el diario, se negaban a sustituir “la democracia orgánica del ‘sí’ por la democracia inorgánica del ‘sí’”. El diario ironizaba con el pasado del presidente porque “tal vez por sus orígenes franquistas” no soportaba “las críticas de un periódico de la oposición democrática”. El Imparcial sólo se hacía eco del sentir de sus lectores, que no querían “su democracia, sino la auténtica democracia”. Pero advertía que si el dilema era “elegir entre esta democracia o España, por encima de todo está España”[53].

La versión de El Alcázar no era tan patrimonialista, pero también establecía una conexión entre la supuesta campaña del Gobierno, el 20N y el referéndum. Para el vespertino, la “Operación Galaxia” había sido exagerada “en un típico montaje de intoxicación que, en coincidencia con otras acciones de provocación psicológicas, tendían a explotar el malestar y excitación existentes en amplios sectores civiles y militares, crear un gran debate sobre las Fuerzas Armadas, suspender la concentración de la Plaza de Oriente, estimular la preocupación en la población e inclinarla hacia el voto afirmativo en el referéndum”[54]. Por eso, el Gobierno y los medios afines intentarían estirar la conmoción del supuesto golpe frustrado y sus consecuencias hasta la fecha del referéndum, con un mensaje claro: la constitución o el golpismo militar con la pérdida de las libertades. El Alcázar exigía diligencia y rapidez en los resultados procesales de forma significativa: “Tenemos tanta prisa porque la verdad renazca, como el Gobierno por enterrar a los muertos que el terrorismo hace al amparo de su incompetencia”[55].

El Alcázar y El Imparcial señalaban, por último, que el principal beneficiado de la “Operación Galaxia” era el presidente Suárez, que veía reforzada su mermada autoridad y sembraba el miedo al golpismo entre la población con vistas al referéndum. Sin embargo, la campaña del Gobierno no había conseguido neutralizar las concentraciones del 20N[56].

Los dos periódicos prestaban especial atención a los actos organizados por la extrema derecha, sobre todo a las convocatorias del 20 de noviembre de cada año, estimulando a sus lectores a acudir a la Plaza de Oriente. En 1978 la convocatoria fue entusiasta porque pretendían realizar una auténtica demostración de fuerza[57]. Ante el éxito de la convocatoria, El Alcázar lanzó diversas llamadas a la unión, con el objetivo de “transformar el 20N en fuerza electoral”[58]. El vespertino llamaba a la convergencia de las fuerzas de derecha para formar un frente común contra el marxismo y el separatismo[59].

5. La campaña institucional

Vistos los argumentos principales que se esgrimieron en los dos periódicos a favor de “no” y analizada su versión sobre la “Operación Galaxia”, toca centrarse en cuestiones más concretas, como el propio desarrollo de la campaña. Desde la convocatoria del referéndum, ambos diarios denunciaron la campaña institucional del Gobierno. “Un lavado de cerebro”, titulaba El Imparcial el 11 de noviembre[60]. El periódico se preguntaba por la necesidad de semejante avalancha de propaganda, en la que denominaba “la campaña de la mentira”[61]. La única respuesta que encontraba era el pavor a la abstención e incluso a la derrota del proyecto constitucional.

El Alcázar y El Imparcial reclamaban auténtica libertad de voto[62]. De nuevo el diario de la mañana era más agresivo y abría su edición del día 14 con el titular “Tal como ha planteado el Gobierno la campaña pro-referéndum es un Chantaje Político”[63]. Denunciaban que la propaganda oficial planteaba un falso dilema: el sí a la Constitución o el caos. Y rechazaban la descalificación al voto negativo. El Imparcial insistía en que tan demócrata era votar una cosa como otra o incluso abstenerse[64]. Para El Imparcial, la palabra mágica del “consenso” era el nuevo partido único, aunque El Alcázar prefería denominar a los partidarios de la Constitución como el nuevo Frente Popular Ampliado. Los periódicos reprochaban al Gobierno la misma táctica que utilizaban en sus argumentaciones, pero con signo contrario, para ellos, votar “sí”, suponía firmar la ruptura de España, la apostasía, la inseguridad, etc.[65].

El Alcázar atacó con fuerza la manipulación de TVE en la campaña del referéndun[66]. Los ejecutivos centristas habían mostrado en su política informativa una especial preocupación por el control de la televisión[67]. Éste era, sin duda, el medio de comunicación más influyente en una sociedad cuyos índices de lectura de prensa no alcanzaban el umbral mínimo de los países desarrollados de 100 ejemplares por cada mil habitantes. El Alcázar denunciaba que TVE y los medios dependientes del Estado repartían el tiempo en función del peso parlamentario de cada partido –partidarios del sí en su casi totalidad– y no según las opciones ante el referéndum –sí, no o abstención–. De esta forma se excluía del debate público a las fuerzas extraparlamentarias y lo mismo ocurría en el nombramiento de apoderados en los colegios electorales[68]. El vespertino era tajante, ni la fase informativa ni la formación de los órganos de control del proceso de consulta popular respetaban las mínimas garantías democráticas[69].

Otras críticas menores y más demagógicas fueron la desconfianza o abierta oposición al sistema cibernético de recuento de votos[70] y el alto e innecesario coste del referéndum. A los dos mil millones de pesetas que había gastado el Gobierno, había que añadir lo gastado por los partidos y las pérdidas por productividad[71]. El Gobierno había elegido una fecha en día laborable para evitar la abstención, pero esa decisión, según El Alcázar, originaría pérdidas de más de 28 mil millones de pesetas[72].

En suma, El Alcázar y El Imparcial denunciaron una asfixiante campaña a favor de la Constitución. El consenso de los principales partidos había convertido en casi unánime la recomendación del sí, descalificando las demás opciones. Ante tal “estruendoso concierto publicitario” muchas personas, el 6 de diciembre, creerían que se estarían pronunciando por una cosa y, sin embargo, votarían otra bien distinta[73].

6. La postura editorial de El Alcázar y El Imparcial ante el referéndum

A lo largo de esta páginas se han mostrado algunas diferencias entre la cobertura de los dos periódicos, por ejemplo, la de El Imparcial era más sensacionalista con portadas muy agresivas. Pero la principal radicaba en que El Alcázar era más homogéneo, con una línea editorial perfectamente definida, mientras que El Imparcial se mostraba más heterogéneo y variado. Sirva como ejemplo las entrevistas. José Baró Quesada, en su sección de El Alcázar “España política, los protagonistas al habla”, sólo entrevistó a personajes públicos contrarios a la Constitución. En El Imparcial, en cambio, desfilaron políticos de la izquierda como Líster o Enrique Múgica[74]. Esta galería de contrastes de El Imparcial no dejaba de representar una maniobra de distracción o una excusa para afirmar –como lo hacían– su imparcialidad, libertad e independencia[75].

Otra diferencia se apreciaba en las cartas al director. El Alcázar no modificó su habitual sección, donde era prácticamente unánime la defensa del “no” o de la abstención. El Imparcial, por su parte, abrió un apartado, titulado “Habla, pueblo, habla” para conocer la opinión de sus lectores sobre el proyecto constitucional dentro de su sección “Tribuna del pueblo”. El matutino dedicaba a estas cartas una doble página diaria y un suplemento semanal. Pero, al igual que su colega, los contrarios a la Constitución o partidarios de la abstención eran abrumadora mayoría.

Se ha visto también en este trabajo que tanto El Alcázar como El Imparcial hicieron campaña, a través de la información y sobre todo de la opinión, a favor del “no” o, en el mejor de los casos, de la abstención[76]. Aunque en los dos periódicos, por el tipo de informaciones y por su beligerancia no disimulada contra la Constitución, puede afirmarse que todo en ellos era editorial, cabe también preguntarse por la postura adoptada en los editoriales. Es decir, qué criterios adoptaron en la pieza doctrinal básica, a través de las cuales los diarios expone su opinión corporativa oficial.

El Alcázar no se pronunció en ningún editorial específico dedicado al referéndum, pero sí mostró su postura en editoriales que abordaban cuestiones relacionadas con él. Uno, ya señalado, al defender la pastoral del cardenal primado, terminaba pidiendo: “Digamos ‘no’ a la Constitución. Nos lo requieren Dios y España”[77]. Y en otro, al apoyar unas declaraciones de Girón alentando la unión política de la derecha, decía: “No se trata de eliminar las obligaciones actuales –entre las que figura, en primer término, una respuesta negativa en el inmediato referéndum, dado que la redacción de la Constitución deja abierta la puerta para la atomización de la Patria”[78]. Por último, en un suelto del periódico –que no es lo mismo que un editorial, pero que aparece sin firma–, denunciando la campaña institucional podía leerse: “a pesar de todo, no dudamos en pedir al pueblo que vote ‘no’” y ante la asegurada victoria del “sí”, argumentaba: “No importa. Nuestro ‘no’, el ‘no’ de cada uno, tendrá el supremo valor de ser la expresión de nuestra propia conciencia”[79].

El Imparcial, en cambio, dedicó toda la portada del día 5 de diciembre al editorial: “Ni sí, ni no, ni abstención”, en la parte superior en cuerpo menor se leía “Esta es la postura de un periódico imparcial, libre e independiente” y acompañando al texto dos fotografías, una de la Pasionaria y otra de Franco. En el texto, después de defender su posición “imparcial” a lo largo de la campaña, recomendaba: “qué cada cual vote en conciencia lo que crea que debe votar”, porque “una cosa está clara, el proyecto constitucional tiene cosas buenas, cosas menos buenas y cosas malas”[80].

Los dos periódicos, de forma diferente, practicaron una táctica similar. Después una campaña de opinión e información crítica al proyecto constitucional, que les permitía recoger el amplio sector de la población que no respaldaba la Constitución, llegado el momento de mostrar su postura editorial o no lo hacía expresamente, caso de El Alcázar, o simplemente aconsejaba votar en conciencia. Con ello, ninguno de los dos se ataba editorialmente a la derrota, lo que les permitiría participar “como uno más” en el desarrollo constitucional.

Falta por abordar una última cuestión planteada al principio: el resultado del referéndum y su interpretación. De nuevo El Alcázar y El Imparcial coincidieron, esta vez en la valoración de los resultados: unieron como signos contrarios las abstenciones, los votos blancos, los nulos y los negativos y los enfrentaron a los signos favorables a la Constitución[81]. De igual modo, los dos aceptaron editorialmente los resultados[82]. Pero no, deportivamente porque, por un lado, sembraron dudas sobre la limpieza de la votación, partiendo del incumplimiento de RTVE de la normativa electoral[83]. Y por otro, apoyándose en la suma de los votos que no habían dado el “sí” y sobre todo en la abstención, consideraban ilegítima política y moralmente la Constitución[84].

Con todo lo visto, al menos puede concluirse que El Alcázar y El Imparcial, este último con más sensacionalismo pero con mayor variedad, sirvieron informativamente de altavoz a los sectores contrarios a la Constitución. Desde el punto de vista de la opinión, dirigieron una campaña para alentar la abstención y el voto negativo, con la apelación al miedo como principal argumento. Presentaban una Constitución ilegal, separatista, marxista, anticristiana y disgregadora de la familia. Por tanto, no es cierto que los columnistas y comentaristas de El Alcázar permanecieron “al margen del combate”, como ha escrito Antonio Izquierdo. En cambio, los dos periódicos no mostraron esta postura hostil al proyecto constitucional en sus editoriales, quizá, como decía Izquierdo en su libro, para no atarse a la derrota y tener “la manos limpias” para criticar al sistema desde dentro. Tras el referéndum, respetaron la legalidad de la Constitución pero, siguiendo su “estrategia de tensión”, la deslegitimaron política y moralmente.


BIBLIOGRAFÍA CITADA

- ALFÉREZ, Antonio (1986). Cuarto poder en España. La prensa desde la Ley Fraga 1966. Madrid: Plaza & Janés.

- BARRERA, Carlos (1995). Sin mordaza. Veinte años de prensa en democracia. Madrid: Temas de Hoy.

- BARRERA, Carlos (1997). “Poder político, empresa periodística y profesionales de los medios en la transición española a la democracia”. Comunicación y Sociedad [Pamplona], nº 2, Vol X, pp. 7-46.

- BARRERA, Carlos y SÁNCHEZ ARANDA, José Javier (2000). “El discurso periodístico sobre la amnistía general de 1977, a través de la prensa de Madrid, País Vasco y Navarra”. ZER. Revista de estudios de comunicación, [Bilbao], nº 8 (mayo), pp. 271-301.

- BARRERA, Carlos y ZUGASTI, Ricardo (2001). “La introducción de los valores democráticos en la prensa de la transición española (1975-1978)”. En: BENAVIDES, Juan y FERNÁNDEZ BLANCO, Elena, Valores y medios de comunicación. De la innovación mediática a la creación cultural. Madrid: Edipo, pp. 109-138.

- BARRERA, Carlos y ZUGASTI, Ricardo (2003). “Imagen pública de Cataluña y de Juan Carlos I en su primer viaje como rey en febrero de 1976”. Anàlisi, [Barcelona], nº 30, pp. 59-77.

- BARRERA, Carlos, LA PORTE, María Teresa y PELLICER, Silvia (1999). “Diplomacia, márketing político y opinión pública en el viaje de los reyes a los Estados Unidos en junio de 1976”. Comunicación y estudios universitarios, [Valencia], nº 9, pp. 171-183.

- BISCHOFF, Helmut (1987). “La prensa española en el proceso de transición”. Cuadernos para debate [Madrid], nº 36 (septiembre), pp. 1-34.

- FERNÁNDEZ, Isabel y SANTANA, Fernanda (2000). Estado y medios de comunicación en la España democrática. Madrid: Alianza.

- GIRÓN, José Antonio (1994). Si la memoria no me falla. Madrid: Planeta.

- IZQUIERDO; Antonio (1981). Yo, testigo de cargo. Madrid: Planeta.

- MORAGAS , Miquel de (1982). “Comunicación de masas y tránsito político en España (1975-1980)”. Comunicación y Cultura, nº 7.

- PELLICER, Silvia, RODRÍGUEZ VIRGILI, Jordi y SÁNCHEZ ARANDA, José Javier (1999). “La polémica autonómica vasca y navarra en la prensa española de la transición”. En: RODRÍGUEZ, Roberto y SADABA, Teresa [eds.], Periodistas ante conflictos. El papel de los medios de comunicación en situaciones de crisis. Pamplona: Eunsa, pp. 149-162.

- RODRÍGUEZ VIRGILI, Jordi (2002). “El Alcázar”, “Nuevo Diario” y PESA: del asedio al expolio 1936-1970. Pamplona: Tesis doctoral, Universidad de Navarra.

- RODRÍGUEZ, José Luis (1994). Reaccionarios y golpistas. La extrema derecha en España: del tardofranquismo a la consolidación de la democracia (1967-1982). Madrid: CSIS.

- RODRÍGUEZ, José Luis (1997). La extrema derecha española en el siglo XX. Madrid: Alianza.

- SÁNCHEZ ARANDA, José Javier (1999). “Caracterización y actitudes de los periodistas españoles de la transición”. En: BARRERA, Carlos [coord.]. Del gacetero al profesional del periodismo. Evolución histórica de los actores humanos del cuarto poder. Madrid: Fragua, pp. 197-204.

- ZUGASTI, Ricardo (2002). “Análisis de las coberturas informativas de los discursos reales ante las Cortes (22.XI.1975) y ante el Congreso de los Estados Unidos (2.VI.1976)”. En: NAVAJAS, Carlos [ed.]. Actas del III Simposio de Historia Actual. Logroño: Instituto de Estudios Riojanos, pp. 709-728.

Publicaciones

Boletín de la Oficina de Justificación de la Difusión (1979), nº 170.

El Alcázar, 7.XI.1978 al 15.XII.1978; El Imparcial, 1.XI.1978 al 10.XII.1978, y El País 19.XI.1978 al 26.XI.1978.



[1] Cfr. BARRERA, Carlos (1997). “Poder político, empresa periodística y profesionales de los medios en la transición española a la democracia”. Comunicación y Sociedad [Pamplona], nº 2, Vol X, pp. 7-46.

[2] Cfr. BISCHOFF, Helmut (1987). “La prensa española en el proceso de transición”. Cuadernos para debate [Madrid], nº 36 (septiembre), pp. 1-34.

[3] Cfr. SÁNCHEZ ARANDA, José Javier (1999). “Caracterización y actitudes de los periodistas españoles de la transición”. En: BARRERA, Carlos [coord.]. Del gacetero al profesional del periodismo. Evolución histórica de los actores humanos del cuarto poder. Madrid: Fragua, pp. 197-204.

[4] Cfr. BARRERA, Carlos y ZUGASTI, Ricardo (2001). “La introducción de los valores democráticos en la prensa de la transición española (1975-1978)”. En: BENAVIDES, Juan y FERNÁNDEZ BLANCO, Elena, Valores y medios de comunicación. De la innovación mediática a la creación cultural. Madrid: Edipo, pp. 109-138.

[5] Puede consultarse, además de las obras citadas: BARRERA, Carlos, LA PORTE, María Teresa y PELLICER, Silvia (1999). “Diplomacia, márketing político y opinión pública en el viaje de los reyes a los Estados Unidos en junio de 1976”. Comunicación y estudios universitarios, [Valencia], nº 9, pp. 171-183; BARRERA, Carlos y SÁNCHEZ ARANDA, José Javier (2000). “El discurso periodístico sobre la amnistía general de 1977, a través de la prensa de Madrid, País Vasco y Navarra”. ZER. Revista de estudios de comunicación, [Bilbao], nº 8 (mayo), pp. 271-301; y BARRERA, Carlos y ZUGASTI, Ricardo (2003). “Imagen pública de Cataluña y de Juan Carlos I en su primer viaje como rey en febrero de 1976”. Anàlisi, [Barcelona], nº 30, pp. 59-77.

[6] Cfr. BISCHOFF, Helmut (1987). p. 25.

[7] Para la historia de El Alcázar hasta 1970 véase. RODRÍGUEZ VIRGILI, Jordi (2002). “El Alcázar”, “Nuevo Diario” y PESA: del asedio al expolio 1936-1970. Pamplona: Tesis doctoral, Universidad de Navarra.

[8] Cfr. ALFÉREZ, Antonio (1986). Cuarto poder en España. La prensa desde la Ley Fraga 1966. Madrid: Plaza & Janés, p. 133.

[9] Cfr. GIRÓN, José Antonio (1994). Si la memoria no me falla. Madrid: Planeta, p. 224.

[10] La Confederación Nacional de Ex Combatientes, creada en julio de 1974, agrupaba bajo la presidencia de José Antonio Girón a todos los ex combatientes franquistas. Nacida con el fin de coordinar las actividades de las distintas Hermandades y transmitir los “principios del 18 de julio”, se trataba de una entidad profundamente politizada que aspiraba a convertirse en el elemento aglutinador de todas las agrupaciones de extrema derecha. En esta primera parte de la Transición representaba la organización más importante de la extrema derecha española, en la que destacaba la figura de Girón. Entre 1978 y 1979, en parte por su declive físico, Girón cederá protagonismo a Blas Piñar y la Confederación al partido Fuerza Nueva. RODRÍGUEZ, José Luis (1997). La extrema derecha española en el siglo XX. Madrid: Alianza, pp. 391-398.

[11] Cfr. IZQUIERDO; Antonio (1981). Yo, testigo de cargo. Madrid: Planeta, p. 86.

[12] Cfr. BARRERA, Carlos (1995). Sin mordaza. Veinte años de prensa en democracia. Madrid: Temas de Hoy, pp. 110-112.

[13] José Luis Rodríguez recoge rumores, difíciles de confirmar, señalando que la embajada de Libia financió una parte importante de El Imparcial con el objetivo de generar inestabilidad en el proceso español de transición a la democracia. Cfr. RODRÍGUEZ, José Luis (1994). Reaccionarios y golpistas. La extrema derecha en España: del tardofranquismo a la consolidación de la democracia (1967-1982). Madrid: CSIS, p. 235.

[14] El refundado periódico tuvo una corta, aunque azarosa vida. Después una tercera etapa bajo la dirección de Juan Pla, cerró por graves problemas económicos, el 11 de noviembre de 1980, justo el día en que celebraba el tercer aniversario de su nacimiento.

[15] El 64% de la difusión se concentraba en Madrid. El Alcázar presentó una tirada media de 82.807 y de 73.234 en noviembre y diciembre, respectivamente. El descenso se explica por el aumento del precio del periódico de 18 a 20 pesetas el ejemplar. Boletín de la Oficina de Justificación de la Difusión (1979), nº 170, p. 8.

[16] La difusión estaba ligeramente más repartida, aunque Madrid acaparaba el 53% del total. La tirada media de El Imparcial fue de 84.792 y 87.671 ejemplares. Boletín O.J.D. (1979), nº 170, p. 13.

[17] IZQUIERDO, Antonio (1981). Yo, testigo de cargo… pp. 100 y 101.

[18] “Comienza la batalla” y debajo, en letra menor, “(por el sí, el no o la abstención)”. El Imparcial, 5.XI.1978, p. 1.

[19] GALÁN, Eustaquio. “El referéndum es un atropello intolerable”. El Alcázar, 30.XI.1978, pp. 1, 4 y 5. En El Imparcial el artículo que más incidió en esta crítica fue ALCOCER, José Luis. “El ‘¿para qué?’ del referéndum”. El Imparcial, 15.XI.1978, p. 3.

[20] “Una España rota”. El Imparcial, 3.XII.1978, p. 15.

[21] El 24 de noviembre FE de las JONS organizó una cena homenaje a la labor del periódico en la cual, según el propio vespertino, se dieron cita más de 3.000 personas. El Alcázar, 25.XI.1979, pp. 1 y 19-22.

[22] IZQUIEDO, Antonio. “El Alcázar, periódico, se sabe humilde, pero dignamente unido al Alcázar, fortaleza”. El Alcázar, 25.XI.1978, p. 22.

[23] Tratando el reconocimiento de las nacionalidades, Medina llegaba a preguntarse: “¿Quién puede, entonces, votar sí a esta Constitución sin traicionarse, sin perjurar, sin envilecerse y sin prostituirse? Solo los necios o quienes pertenecen a la estirpe de los que por servilismo o egolatría hacen tabla rasa de los valores por los que merece la pena vivir”. MEDINA, Ismael. “La Constitución y sus invitaciones a la indignidad”. El Alcázar, 1.XII.1978, p. 4.

[24] “Los marxistas tienen razón: esta es su Constitución”. El Imparcial, 3.XII.1978, pp. 1 y 8.

[25] Ibíd, p. 8.

[26] MEDINA, Ismael. “Al borde del precipicio”. El Alcázar, 23.XI.1978, p. 5.

[27] Para Medina, si se aprobase esta “Constitución marxista y antiteos, construida con ambigüedad bastante para engañar a los ignorantes y para dejar al ejecutivo en libertad de extremarla hasta el paroxismo […] podrá decirse algo más trágico aún que ‘el Dios ha muerto’ de cierta heladora teología. Habremos de proclamar, con desgarrada sinceridad: Dios ha sido asesinado por sufragio universal”. MEDINA, Ismael. “Una constitución sovietizadora”. El Alcázar, 16.XI.1978, p. 4.

[28] SÁNCHEZ SILVA, José Mª. “¿Te conviene a ti?”. El Alcázar, 4.XII.1978, p. 3.

[29] El vespertino servía de altavoz de sectores ultramontanos del clero español. Cfr. p. ej. “El cristiano no puede decir sí a la Constitución”, en el antetítulo, “documento de la Hermandad Sacerdotal Española” o “Votar sí a la Constitución, un grave pecado”. El Alcázar, 18.XI.1978, p. 6 y 22.XI.1978, p. 8.

[30] Los argumento podían seguirse en la sección “Iglesia” que firmaban J. A. Cervera y Eulogio Ramírez. Sirvan como ejemplo los siguientes títulos: “La Constitución: esa chapuza”, “La Constitución: esa desaprensiva”, “Ateísmo constitucional”, “Non possumus” o “Intolerancia”. El Alcázar, 16-21-22.XI.1978, y 1.XII.1978, p. 10.

[31] Cfr. MEDINA, Ismael. “Constitución antitea”. El Alcázar, 30.XI.1978, p. 4.

[32] Las tesis sobre el aborto, el divorcio y la educación también se leían con frecuencia en El Imparcial, p. ej. “Los baches de la Constitución”. El Imparcial, 2.XII.1978, pp. 10-11.

[33] “La Conferencia Episcopal se inhibe”. El Alcázar, 24.XI.1978, p. 1.

[34] Cfr. “Nota de la comisión permanente”. El Alcázar, 24.XI.1978, p. 5.

[35] Cfr. RAMIREZ, Eulogio. “La Constitución en conciencia” y “Obispos sibilinos”. El Alcázar, 24 y 27.XI.1978, p. 8. MEDINA, Ismael. “¿Y la conciencia de los obispos? El Alcázar, 28.XI.1978, p. 5.

[36] “No se pueden esgrimir razones religiosas”. El Alcázar, 25.XI.1978, p. 5. En la noticia, una nota de redacción decía con ironía: “¡Asombroso! Nos remiten al dictado de nuestra conciencia. Habíamos pensado que ellos eran los directores de conciencia”. Terminaba lamentándose “¡Qué país! ¡Qué Iglesia! ¡Qué obispos!”. El Alcázar, 25.XI.1978, p. 5.

[37] “Alegato irrefutable contra la Constitución”. El Alcázar, 29.XI.1978, pp. 1 y 4-5.

[38] Ibíd.

[39] IZQUIERDO, Antonio. “El cerco”. El Alcázar, p. 1.

[40] “No hay intromisión política”. El Alcázar, 30.XI.1978, p. 4.

[41] “El cardenal primado de España orienta a los católicos”. El Imparcial, 29.XI.1978, pp. 1, 8, 15, 16, 33 y 34. El título del editorial es elocuente “Más claro que el agua”. El Imparcial, 29.XI.1978, p. 8.

[42] RODRÍGUEZ, José Luis (1994). Reaccionarios y golpistas…, p. 270.

[43] Cfr. El Alcázar, 18.XI.1978, p. 6.

[44] Un claro ejemplo lo tenemos en la portada del 4 de noviembre. Un titular llenaba casi toda la página “Puso el dedo en la llaga” con el antetítulo “El ministro de defensa, señor Gutierrez Mellado” y debajo sus declaraciones: “Mientras los españoles sigan con la serenidad de ahora, no habrá golpe de Estado del ejército”. En la continuación de páginas interiores, se preguntaba si podrían mantener la serenidad ante una larga lista de problemas que detallaba, como los asesinatos terroristas, la falta de orden y autoridad, los separatismo, el paro, la inseguridad ciudadana, el hambre, etc. Y terminaba “¿se llegará a un momento en que los españoles pierdan la serenidad?”. El Imparcial, 4.XI.1978, pp. 1 y 8.

[45] La portada de El Imparcial del día 18 refleja muy bien el periodismo sensacionalista que practicaba el diario. Un enorme titular, “Duelo entre generales”, abría la página y un poco más arriba: “Serio incidente en Cartagena”. La segunda pieza de la portada era una foto noticia. En la imagen se veía el traslado del féretro de Mateu Cánovas envuelto en la bandera nacional y justo detrás un gran cartel de la UCD pidiendo el voto afirmativo, con la declaración de Suárez “Ésta es la constitución de la concordia”. El titular: “Un eslogan de sangre”. En el texto se leía: “Ésta es la imagen tremenda de lo que está viviendo el pueblo español” e interpelaba al presidente “¿De qué le servirá ganar el referéndum si pierde definitivamente a España?”. El Imparcial, 18.XI.1978, p. 1.

[46] Cfr. “Majestad ¡no más sangre! El Imparcial, 22.VII.1978, p. 1, reproducido el 26.IX.1978, p. 1.

[47] Cfr. “En libertad”. El Imparcial, 23.XI.1978, p. 1 y 8.

[48] Cfr. “Operación Galaxia: golpe de mano frustrado contra Suárez”. El País, 19.XI.1978, pp. 1, 10 y 12.

[49] Estas acusaciones originaron una polémica entre los dos diarios. El Imparcial, además, presentó tres denuncias contra El País por supuesto delito de injurias y calumnias. Cfr. “¡Que hablen los tribunales!”. El Imparcial, 22.XI.1978, p. 1 y 8.

[50] El 11 de noviembre se habían reunido en la cafetería Galaxia de Madrid Tejero, Ynestrillas y dos militares más. Allí plantearon la posibilidad de efectuar un golpe de mano contra el Gobierno. Cfr. “Pero ¿de qué golpe hablan ustedes?”. El Imparcial, 21.XI.1978, p. 3.

[51] “Una campaña inaceptable”. El Alcázar, 27.XI.1978, pp. 4 y 5.

[52] “Suárez quiere callarnos”. El Imparcial, 25.XI.1978, pp. 1 y 8.

[53] Ibíd.

[54] “Una campaña inaceptable”. El Alcázar, 27.XI.1978, p. 5.

[55] Ibíd.

[56] Cfr. MEDINA, Ismael. “Una noche triste y un día alegre”. El Alcázar, 20.XI.1978, p. 4.

[57] Cfr. “Los muertos que vos matáis gozan de buena salud. Miles de personas acudirán hoy a la Plaza de Oriente”, con dos fotos de Franco. El Imparcial, 19.XI.1978, p. 1.

[58] El Alcázar, 21.XI.1978, p. 7.

[59] Cfr. “Un paso más hacia el Frente Político Nacional”. El Alcázar, 25.XI.1978, p. 1.

[60] “Un lavado de cerebro en busca del voto. Comenzó, masivamente, la campaña pro-referéndum”. El Imparcial, 11.XI.1978, pp. 1 y 8.

[61] “La campaña de la mentira”. El Imparcial, 11.XI.1978, pp. 16 y 17.

[62] “La normativa del referéndum puede originar un fraude”, entrevista con Valero Bermejo, secretario de la coordinadora del “no” a esta Constitución. El Alcázar, 18.XI.1978, p. 6.

[63] Remitía a un artículo de José María Gil Robles cuya tesis era que el referéndum pedía una contestación simplista a un problema complejo. Blanco o negro, sin matices, sin grises, que era lo mismo que presentar democracia sí o no. Estos términos suponían un “chantaje político”. GIL ROBLES, José Mª. “Se veía venir”. El Imparcial, 14.XI.1978, p. 3.

[64] “¿Puedo votar lo que me de la gana? Sin que me tachen de fascista, rojo, desestabilizador o extremista”. El Imparcial, 28.XI.1978, pp. 1 y 8.

[65] Cfr. p. ej. “La Constitución del consenso es la Constitución del caos”, entrevista al economista Funes Robert. El Alcázar, 30.XI.1978, pp. 20-21.

[66] El crítico de televisión Marcelo Arroita-Jaúregui se mostró especialmente beligerante. Cfr., p. ej. “Parcialidad en TVE”, “Datos sobre la desinformación” o “El implacable lavado de cerebro de RTVE”. El Alcázar, 17, 20 y 23.XI.1978, p. 26.

[67] Cfr. FERNÁNDEZ, Isabel y SANTANA, Fernanda (2000). Estado y medios de comunicación en la España democrática. Madrid: Alianza.

[68] El Alcázar reclamaba igualdad de trato y de oportunidades y garantías en el recuento de votos y de los derechos de sufragio. Cfr. “Los derechos del NO”. El Alcázar, 18.XI.1978, p. 4.

[69] Medina, que también denunciaba la falta de garantías de los votos por correo, del emigrante, el delegado y la ampliación anticonstitucional de la mayoría de edad, declaraba que sólo se restablecería la credulidad de los españoles si las Fuerzas Armadas y la Justicia, al margen de los partidos, se encargaban de la recolección de actas y su tramitación. “Garantías para el referéndum”. El Alcázar, 2.XII.1978, p. 5.

[70] Cfr. “Las manipulaciones de los ordenadores”. El Imparcial, 25.XI.1978, p. 12

[71] Cfr. “Un estúpido despilfarro”. El Imparcial, 14.XI.1978, pp. 1 y 8.

[72] Cfr. “Pérdidas por valor de treinta mil millones de pesetas”. El Alcázar, 23.XI.1978, pp. 20-21.

[73] Cfr. “El circo del sí”. El Imparcial, 25.XI.1978, pp. 16-17.

[74] Cómo respuesta a El País, que había catalogado a El Imparcial de ultraderechista, el periódico reprodujo las entrevistas realizadas a personajes de la izquierda con motivo del referéndum: Líster, Carlos Hugo, Múgica Herzog, Camuñas, Lausen, Prada y Sanroma. “7 testigos para un proceso democrático”. Los domingos de El Imparcial, 3.XII.1978.

[75] El Alcázar atacó en un editorial esta postura de su colega calificándola de “cinismo sin mesura”, porque “poner una vela a Dios, otra al diablo”, presentarse como “moralista de un lado y pornógrafo de otro” (en referencia a la sección de cartelera y a las páginas de humor) o dar “una de cal y otra de arena” no era imparcialidad sino cobardía. “Caretas fuera”. El Alcázar, 14.XII.1978, p. 3.

[76] Existen, como es lógico, más casos que los señalados, como el Juan Aparicio que publicó una serie de artículos en contra. Cfr. p. ej. “El no de los inmigrantes”, “El no de los intelectuales”, “Mientras siga la murga” o “El no de las madres”. El Alcázar, 14, 27 y 29.XI y 2.XII.1978, p. 3-5 ó 35.

[77] “No hay intromisión política”. El Alcázar, 30.XI.1978, p. 4.

[78] “Ante el futuro”. El Alcázar, 30.XI.1978, p. 3.

[79] “Habla, pueblo, habla”. El Alcázar, 4.XII.1978, p. 10.

[80] “Ni sí, ni no, ni abstención”. El Imparcial, 5.XII.1978, pp. 1 y 8.

[81] “La Constitución refrendada”. El Alcázar, 7.XII.1978, p. 1. Y “Censo: 26,5 millones, refrendan: 15,7 millones, NO refrendan: 10,7 millones (todo lo demás son gaitas y ganas de confundir al pueblo español”. El Imparcial, 8.XII.1978, p. 1.

[82] “Nuevo campo de juego”. El Alcázar, 8.XII. 1978, p. 1. Y “Marchemos todos juntos, y yo el primero, por la senda constitucional”. El Imparcial, 7.XII.1978, p. 1.

[83] Cfr. “Se impuso la tele”. El Imparcial, 7.XII.1978, p. 1. El Alcázar insistió más en esta sospecha, se trataba de la “hipoteca de la duda”, cfr. p. ej. “Pudiera invalidar el referéndum” y “Análisis desalentador de un gran error”. El Alcázar, 8.XII.1978, pp. 4 y 6.

[84] Cfr. “Estos son los resultados del referéndum de la ruptura” y el editorial “2 y 2 son 4”. El Imparcial, 8.XII.1978, pp. 1-8 y 16-17. También en este punto El Alcázar fue más radical, cfr. p. ej. “Datos a tener en cuenta para valorar la jornada electoral” e IZQUIERDO, Antonio. “No fue un éxito”. El Alcázar, 7 y 10.XII.1978, pp. 12-13 y p. 1.