Trazando la democracia: la Constitución Española de 1978 en las viñetas de El País

Natalia Meléndez Malavé

Becaria FPDI del Departamento de Periodismo, Facultad de Ciencias de la Comunicación (Universidad de Málaga)

 

Introducción: el factor actualidad y el receptor implícito en el humor gráfico

            Afirma Cristina Peñamarín que la comunicación del humor gráfico se basa en una “complicidad irónica”, al darse por supuesto que entre autor y receptor existe un mundo de sentido y valor compartido (PEÑAMARÍN, 2002). Esa memoria común –tanto de hechos recientes como de referencias culturales- es la que posibilita que un mensaje como el del chiste de prensa, basado normalmente en la representación indirecta de situaciones sociales conocidas, pueda ser comprendido, y por tanto también disfrutado por el lector. No en vano, ya Freud advirtió la gratificación que produce un chiste que nos ofrece un reencuentro con algo sabido donde esperábamos hallar algo nuevo, señalando así la importancia del “factor actualidad” (FREUD, 2000: 120).

            Dado que el reconocimiento de situaciones constituye un principio esencial de la creación humorística, el análisis de mensajes de este tipo puede ofrecernos ciertas claves sobre ideas, valores y símbolos compartidos por una colectividad en un momento determinado. En el caso que nos ocupa, trataremos de indagar en la aportación del humor gráfico a la formación de la conciencia democrática de la ciudadanía española[1]. Asumimos que se trata de una pequeña contribución entre las muchas manifestaciones que trasladaron una corriente de opinión favorable a planteamientos democráticos (como otras secciones de los propios periódicos, especialmente los textos de opinión, o los mensajes de otros medios como la televisión o el cine). Pero tampoco se nos escapan las amplias posibilidades del lenguaje del humor gráfico para generar actitudes reflexivas, no sólo rápidamente asimilables por el receptor (más que un editorial o un artículo), sino también muy sintetizadas. La propia condensación que caracteriza al sistema expresivo del humor gráfico ofrece un gran número de significados empleando representaciones esquemáticas. Por ello, se hacen reconocibles implícitamente arquetipos, figuras alegóricas o valores sociales del momento, que representan la actitud hacia el cambio político que estaba teniendo lugar.

            Para estudiar la participación de la viñeta en la adquisición de estos valores hemos seleccionado los chistes publicados en El País, diario emblemático de la democracia, durante el mes de diciembre de 1978, tomando como referencia los últimos pasos del proceso de aprobación de la Constitución. Se han consultado asimismo los dibujos de humor de ejemplares anteriores a ese mes (que en algunos casos se encuentran relacionados con los que conforman la muestra, e incluso les dan explicación en una suerte de auto-referencia por parte de sus creadores) y una selección de viñetas con la Constitución como tema central publicadas en las mismas fechas en otros diarios[2].

 

El País de Máximo y Peridis

            En un sorprendente caso de permanencia, poco común en la prensa española –salvo la excepción de Mingote que ha superado el medio siglo en ABC-, tanto Máximo Sanjuán (Máximo) como José María Pérez (Peridis) continúan formando parte del equipo de dibujantes de El País, en el que llevan publicando desde el primer número, el 4 de mayo de 1976. Las parcelas de ambos autores quedaron bien definidas desde aquellos comienzos, de tal modo que desde entonces hasta hoy han variado muy poco el formato y la ubicación de sus respectivas colaboraciones. Mientras que Máximo realiza una viñeta sin restricciones temáticas en la sección de Opinión, caracterizada por la búsqueda constante de nuevas posibilidades expresivas, la tira de Peridis (desarrollada en dos, tres o cuatro cuadros, pero de escaso carácter narrativo ya que puede contener en todos ellos el mismo dibujo o un dibujo continuo) se ciñe más a la actualidad política, de manera que, por lo común, sus protagonistas son los propios políticos caricaturizados.

            Resulta curioso cómo la situación fija de la viñeta de Máximo, lejos de producir el anquilosamiento del dibujante, le posibilita una mayor libertad creativa. Por el contrario, la historieta de Peridis está sujeta, sobre todo en esos primeros tiempos del periódico, a la irregularidad en la localización (en diciembre de 1978 pasa por las secciones de Política, Internacional y Economía/Trabajo), y forzosamente debe restringirse a una de las informaciones que se publican cada día. Pero, pese a los distintos planteamientos formales, ambos dibujantes coinciden en abordar ciertos temas que vienen determinados por el curso de los acontecimientos –poco menos que vertiginoso en aquellos días-.

            Entre el 1 y el 31 de diciembre de 1978 se publicaron un total de 54 chistes gráficos, repartidos casi al 50% entre Máximo (27) y Peridis (25)[3]. Más de la mitad de ellos (55,5%) abordaba asuntos de política interna (la decisión y anuncio de Adolfo Suárez de convocar elecciones, el anteproyecto del Estatuto de Autonomía de Cataluña o hechos relacionados con la oposición, como los constantes rumores sobre el ingreso en el PSOE de José María Gil-Robles, hijo). Asimismo, el humor gráfico recogió, e interpretó a su peculiar manera, noticias de carácter económico (18,5%), casi siempre desde una perspectiva social (el aumento del desempleo, el plan económico para 1979, la caída de la Bolsa o la huelga de trabajadores de TVE). También se trataron cuestiones de actualidad en la política internacional (3,7%) como la caída del Sha en Irán o la muerte del presidente argelino Huari Bumedian. Pero, volviendo a la política nacional, sin ninguna duda la cuestión que concita la mayor atención es la Constitución, desde múltiples enfoques: tanto su elaboración como el debate social que suscitó; desde la consulta ciudadana hasta su aprobación y sanción.

 

 

Identidad y democracia. La Constitución vista por los dibujantes de prensa

            En el humor gráfico de El País la Constitución es aludida en 17 ocasiones a lo largo de todo el mes de diciembre (lo que supone más del 31% del total) y, concretamente, 11 por Máximo y 6 por Peridis, que tiene que atender a otras cuestiones de actualidad. En los días anteriores al referéndum, los dibujantes se centran en las actitudes de los diferentes grupos políticos y sociales hacia la Constitución. Peridis satiriza a través de sus caricaturas simbólicas de políticos el hecho de que cada partido quiera atribuirse el mérito de la elaboración del texto[4]. Mientras, Máximo[5] se muestra especialmente crítico con la actitud de la Iglesia en el proceso constitucional, sugiriendo su anquilosamiento a través del uso metafórico de un bloque cuadrado, oscuro y de apariencia muy pesada[6] junto a elementos propios de la vestimenta de los obispos. Fue su manera de comentar la polémica pastoral del arzobispo de Toledo, cardenal Marcelo González, que atacaba varios artículos de la Constitución y casi invitaba a los fieles a votar no en el referéndum. Días después[7], publica Máximo una reflexión similar en la que ya se adivinan algunas de las singularidades que caracterizarán su ulterior universo expresivo, al representar un complejo concepto para los de su generación. Se trata nada menos que de la Trinidad (Dios padre, Dios hijo y el imprescindible Espíritu Santo en forma de paloma) portando pancartas favorables a la Constitución, intentando demostrar un irónico desacuerdo entre la divinidad católica y algunos de sus representantes terrenales.

            Como vemos, aunque de la forma perifrástica a que nos acostumbra el humor gráfico, se trata de trasladar mensajes favorables al sí a la Constitución, ya sea arremetiendo contra sus opositores o apoyándola más directamente. Este último es el caso de los chistes de ambos dibujantes el día 6. El mismo día del referéndum, antes de conocer el desenlace de la votación, Peridis compara la espera de los resultados con la ya típica escena de un padre esperando la llegada al mundo de su hijo. Máximo, emplea una imagen cotidiana, una pareja a la hora de despertarse. Este primer momento del día, por lo general desagradable, es alegre para el personaje protagonista. En su calendario, observamos un juego verbal, Sí - D, aprovechando la similitud con seis-D, lo que nos da la pista sobre la causa de este optimismo. La ventana de la habitación permite ver el paisaje de un horizonte que simboliza un futuro en el que está depositada una gran ilusión.

            En general, muchos de los dibujos de esta época muestran señales esperanzadoras, de confianza en un futuro mejor, presidido por la libertad y la convivencia pacífica, de ahí el uso de figuras que proporcionan esas connotaciones: pájaros, árboles, horizontes o paisajes soleados. Por ejemplo, tras conocerse el resultado del referéndum, el día 7 se publica en El País una viñeta de Máximo que expresa su euforia, con un desproporcionado y mayúsculo “SÍ” que casi se sale de la viñeta. El dibujo se basa en el contraste entre el enorme, rotundo y sólido “SÍ” y la masa formada por seres minúsculos, otro clásico del autor. El paisaje presenta un horizonte esperanzador con árboles al fondo y pájaros en el cielo. Con la unión de todos estos elementos, la viñeta pretende ser un canto a la democracia, a la voz de todos.

            Peridis, por su parte, recoge ese día la que seguramente será la reacción de los contrarios a este triunfo del sí: su tira representa una conversación en el cielo entre Francisco Franco y el Papa Pablo VI, que acababa de fallecer. Del bocadillo de Franco sale la frase "todo está desatado y bien desatado". Este juego de palabras referido al desbaratamiento de los planes que el dictador dejó para España a su muerte tres años atrás, resumidos en aquella frase hecha, “todo atado y bien atado”, pasan a expresar de modo jocoso una idea muy clara: la transición posfranquista ha terminado, se abre una nueva etapa.

            Salvo excepciones, el resto de humoristas gráficos comparten este entusiasmo por la aprobación del texto constitucional, además con muy curiosas coincidencias. Buena parte de ellos asocia la victoria del sí a la creación de una nueva identidad democrática española. Así, Mingote[8] dibuja a la más típica flamenca (traje de lunares y volantes, flor en el pelo, abanico) apoyando su codo con satisfacción en una urna llena de votos. Asociar la urna, el símbolo de la democracia por excelencia -que los dibujantes emplearán constantemente con esa intención metonímica- al más gastado arquetipo de lo español contribuye a asumir esa nueva identificación de los españoles con un sistema democrático que les había sido ajeno durante cuatro décadas. Del mismo modo, El Roto[9] acude también a la simbólica urna, esta vez dibujada con la forma del mapa de España y rodeada de gaviotas que vuelan libres. Forges[10] va más allá, asimilando la conciencia de lo europeo (fundamentada en una visión de Europa como espacio de progreso y modernidad que aún perdura) con la democratización de España. Así, acompaña al emocionado protagonista de su chiste –que se mira en el espejo, también recién levantado- con el siguiente texto: “Español, el 7 por la mañana viéndose europeo por primera vez”.

            En el lado contrario, más que ofrecer expresiones evidentes de desaprobación a la Carta Magna, el humor gráfico de periódicos como Ya o El Imparcial ahonda en el lenguaje implícito para traslucir ciertas muestras de insatisfacción sin pronunciar directamente un no rotundo. Galindo[11] personifica a la Constitución de 1978 en una joven, que al preguntar dónde debe situarse es enviada por un conserje “a la cola de las constituciones españolas”, formada por otras mujeres con un año inscrito en su ropa desde 1812 hasta 1931. El mensaje indirecto transmite un peligroso pronóstico, nos dice que esta es una constitución más, que puede resultar tan efímera como las del pasado.

Por otro lado, Summers[12] y Quique[13] coinciden en su crítica a TVE por su clara posición a favor del sí en el referéndum. Los dos utilizan textos provenientes de un televisor –queda claro que no tenían necesidad de precisar al receptor de qué canal se trataba, el propio aparato bastaba para evocar el ente público-. En uno contrasta la increpación violenta al espectador con un mensaje para que vote libremente; en otro, se juega con la tipografía al resaltar la sílaba “SI”, en una frase que aparece en la pantalla del televisor, “TeleviSIón Española Presenta”. En cualquier caso, mientras que en Ya las posiciones no presentan matices, en el caso de El Imparcial las insinuaciones de Summers se ven contestadas por el entusiasmo de su compañero en el periódico en aquellos días, Chumy Chúmez[14], en una viñeta en la que utiliza la misma técnica ingeniosa que el ejemplo anterior, pero con la intención contraria: una masa de ciudadanos comparte un globo con la frase “Somos la mayoría SI-lenciosa”.

            Repasando viñetas de unos y otros, observamos cómo los humoristas gráficos nos acercan a las posturas de los defensores tanto del sí como del no (estos últimos, representados sobre todo para apoyar implícitamente al sí, salvo en Summers y Galindo). Pero también debemos reservar un último espacio para la tercera –y no exenta de polémica- posibilidad: la abstención.

            Nos referimos en concreto a la campaña de Máximo en contra de los abstencionistas, especialmente personalizada en el filósofo Fernando Savater, quien había escrito un artículo defendiendo la renuncia al voto[15]. El día 8 de diciembre se publicó un complejo dibujo, que representaba básicamente una cola de personas que se dirigen hacia una puerta que tiene como destino la democracia, como reza un cartel que Máximo dispone. Tras esa puerta vemos otro de esos paisajes en los que los elementos connotan un futuro esperanzador, pero otro cartel avisa: "abstencionistas, absténganse", expresando que quien no se ha ganado ese pasaje a la democracia no debería compartirla. El duro mensaje del dibujo es enfatizado por la sarcástica dedicatoria impresa bajo la viñeta: "Este dibujo tengo el gusto de dedicarlo a Fernando Savater y a otros abstencionistas de pro". La controversia excedió los límites del recuadro dibujado y las reacciones no se hicieron esperar, en días posteriores se suceden en el periódico las cartas al director y los artículos con la abstención como motivo y la viñeta de Máximo de fondo[16]. El día 14, el dibujante arremete nuevamente contra los abstencionistas, que, según su chiste, formarían en una vuelta de tuerca el imaginario "Partido Abstencionista Español", cuyo ingreso en la nueva situación que supone la democracia estaría representado por una gran construcción a medio hacer, una especie de edificio falso, de atrezzo, sólo con algunos huecos como puertas y ventanas a la libertad (de nuevo representada por pájaros que sobrevuelan la escena). La imagen parece plantearnos si disfrutaríamos de una democracia incompleta de triunfar las ideas abstencionistas.

            Finalmente, el día de Nochebuena, Máximo se muestra conciliador y parece querer zanjar su polémica con los partidarios de la abstención. No creemos que irónicamente, sino desde la ternura, el dibujante desea con un cartel "Feliz Democracia (o lo que sea). Abstencionistas incluidos”. Esta vez, al menos, no los expulsa del paraíso democrático como en la viñeta del día 8, e incluso uno de los personajes que aparecen, con barba y gafas, nos recuerda a Savater.

 

La génesis de un universo compartido: representación de actantes, símbolos y referencias culturales

            Sin duda la figura que mayor curiosidad producirá a un lector de hoy que volviese a asomarse a los chistes de El País que examinamos sería la de un pequeño y simpático pajarillo que aparece repetidamente en las tiras de Peridis. Puesto que la Constitución resultaba un concepto difícil de plasmar en el humor gráfico, tanto por su complejidad -acrecentada por su ausencia del panorama político durante el franquismo- como por cuestiones prácticas del dibujo ligado a la caricatura política, Peridis alumbra la feliz idea de representarla, primero, mientras se iba gestando, como un huevo, y una vez nacida, como un pájaro.

            La primera vez que Peridis hace aparecer al “huevo constitucional” es el 6 de junio de 1978 en una tira en la que hace hablar al propio ovoide, que explica inocentemente que tiene muchos padres que le quieren “a su imagen y semejanza”, es decir, que cada partido quiere imponer sus ideas en el anteproyecto. En la última viñeta vemos la misma figura ovalada, pero con una mezcla de las caras de los políticos que representan a los principales partidos, porque, como ella misma dice: “seré el fruto del consenso”. Ya en el mes de julio, cuando el pleno de las Cortes aprueba el proyecto de Constitución, el pajarillo, no sin ciertas dudas, abandona el cascarón[17].

            La metáfora tiene continuidad en el mes de diciembre con varias tiras. Destacan las de los días 12 y 13, que asocian la figura de Juan Carlos I a la Constitución, con la intención de reforzar el papel del monarca en el proceso. Una de ellas, constituye un raro caso de tira sin palabras en Peridis, en la que, no obstante, resulta innecesario el código verbal al tratarse de una idea muy visual: en cada viñeta, el pájaro-Constitución va acercando progresivamente a Felipe González y al Rey, de forma que si en la primera les separaba una gran brecha, las distancias se acortan gracias al pajarillo hasta que desaparece la brecha en el último cuadro. La tira acompañaba la noticia de la audiencia del Rey con los líderes del PSOE, donde éstos reconocen que la Monarquía es la forma política adoptada y así la acatarán[18].

            Además de símbolos como este ave creado por Peridis, los humoristas gráficos se valieron de otras clases de actantes para acercar al público su visión de la realidad. Sin duda el estereotipo que más se repite es el de la ciudadanía, transmitiendo una idea positiva de pueblo soberano y de ciudadanos que se ganan su dignidad día a día con su esfuerzo: ya sea como tipos concretos (el ciudadano medio -que se levanta para iniciar su jornada laboral-, la pareja, el parado); o bien como una gran masa (que se manifiesta, que celebra, que participa). Muchas de estas “multitudes” fueron dibujadas tras el referéndum constitucional, como homenajes al pueblo que había hecho ejercicio libre de su legítimo derecho. La mayoría silenciosa de Chumy a que hacíamos referencia o el uso constante de una muchedumbre formada por minúsculos monigotes en Máximo ejemplifican esta presencia constante de la ciudadanía.

            Por supuesto, entre los actantes encontramos ineludiblemente a los políticos, que protagonizan la mayoría de las historias de Peridis (y también las de otros autores especializados en la caricatura política, como Martínmorales, entonces dibujante de El Periódico de Cataluña), y, en algún caso aislado son recreados por Máximo. En general, los más representados son los líderes de los principales partidos, con una doble función: individualmente, reflejando los rasgos más exagerados de su personalidad (Adolfo Suárez sobre una columna, se aferra al poder; Felipe González, con el puño alzado o mostrando una pancarta; Manuel Fraga suele aparecer en actitud contrariada o inflexible; Santiago Carrillo fumando sus inseparables cigarrillos) y por otro lado, como representantes del conjunto de su partido,  transmitiendo las ideas políticas que caracterizan cada opción. Hasta tal punto llega la asimilación de personajes e ideas políticas que se llega a utilizar una tira de Peridis[19] para completar un resumen de dos páginas de noticias sobre reacciones de los diferentes partidos (UCD, AP, PSOE, PCE) ante los resultados del referéndum. La tira es casi informativa porque, sin apenas efecto humorístico, aunque sí cierto comentario, resulta un perfecto resumen de las declaraciones y actitudes de cada partido.

            Pero el elemento desencadenante de la acción que conforma el argumento del chiste no tiene siempre que corresponder a una persona. También los objetos cobran vida y se convierten en los protagonistas de las viñetas. Se trata, por supuesto, de objetos altamente simbólicos que transmiten una gran riqueza de ideas de forma condensada. En la obra de Máximo, es muy común el uso de monumentos, fundamentalmente obeliscos, para expresar juicios sobre el poder. Una revisión de la obra de este autor nos indica que esos monolitos, con su firmeza y rotundidad, suelen representar la intransigencia despótica, el poder autoritario. Sin embargo, en una de sus viñetas[20] se invierten estas connotaciones para trasladar un mensaje positivo sobre el poder legítimo del sistema democrático que está a punto de alcanzarse. Así, Máximo transmite su confianza en la recién aprobada Constitución dibujando un monumento conmemorativo mitad obelisco, mitad árbol. Esta metamorfosis de lo inerte y lo solemne a lo vivo -un árbol que crece robusto y alegre-, junto con los pájaros y unos muros de ladrillo rompiéndose y dejando entrever el cielo y el horizonte, constituyen imágenes que redundan en la confianza en el futuro y en la libertad que trae la Carta Magna. El monumento a ella dedicado (con la inscripción: "a la Constitución del 78") indica la confianza en su perdurabilidad –al contrario que en la viñeta de Galindo para Ya- y su deseo, su petición, de que sirva de instrumento para la convivencia durante muchos años.

            Otro de los elementos que se repite con cierta asiduidad es el edificio de las Cortes, o más concretamente, su fachada. Se trata de un recurso habitual, no sólo en los chistes sobre Constitución y democracia, sino de manera muy corriente en el humor gráfico. Su utilización para hablar de cuestiones relacionadas con el gobierno de la nación, a través sobre todo de los famosos leones de las Cortes, ya ha sido objeto de atención (GOMIS, 1974), por lo que no nos detendremos demasiado. Simplemente destacaremos cómo se emplea esta localización para simbolizar la toma de decisiones y el desarrollo general de la actividad de los representantes de la administración. Por ejemplo, una de las viñetas ambientadas en el exterior de este edificio satiriza sobre los retoques al texto constitucional. Su autor, Máximo, añade al edificio de las Cortes un anexo, unas nuevas dependencias, bajo el nombre de "Negociado de enmiendas", en referencia a las reuniones que meses antes habían dado como fruto la reducción de las enmiendas al borrador constitucional que llegaron a las etapas previas de debate en el Congreso y en el Senado[21].

            Por otra parte, entre las referencias culturales de las que estos chistes se valieron (tanto conocimientos previos como competencias interpretativas del mensaje presumibles en el receptor), hemos de destacar sobre todo dos tipos: por un lado, la evocación de la religión y, por otro, la alusión a una serie de frases hechas y expresiones coloquiales o de moda en el momento.

            En cuanto a las referencias religiosas, entendemos que se insertan en un proceso de transformación e incluso de inversión del sentido y el valor del elemento intertextual que introducen. Es decir, al tiempo que el humorista gráfico reelabora los significados de esos elementos, su omnipresencia en la sociedad les concede una gran utilidad para expresar ideas condensadas. De este modo, Máximo y Peridis evocan la iconografía cristiana: el cielo (desde donde observan el Papa y Franco en la tira anteriormente comentada) o el paraíso terrenal (la democracia, de donde se excluye a los abstencionistas). También hay referencias a enseres litúrgicos[22], a los mandamientos[23], a oraciones y dictámenes (“miserere nobis”[24], el sello “nihil obstat”[25]). Aunque para el receptor actual estas alusiones pasan más inadvertidas porque está más acostumbrado a la observación crítica de referentes culturales (PEÑAMARÍN, 2002), incluidos los religiosos, para el lector de entonces no pasaría por alto esa transgresión de lo que durante el franquismo había constituido uno de los pilares del régimen y, por tanto, motivo de la mayor reverencia.

            Para terminar, en contraposición con los valores de la Iglesia que se corresponden con el pasado, empieza a imponerse el valor de lo actual, de la moda. Estas modas afectan también al lenguaje, de manera que ciertas expresiones –sobre todo eslóganes, o máximas transmitidas a través de los medios de comunicación por políticos y otros personajes conocidos- hacen fortuna entre los ciudadanos hasta convertirse en frases hechas, que pasan de boca en boca, moldeándose, distorsionándose, pero también asentándose en nuestro vocabulario, hasta que casi pierden el rastro de su origen. Así lo refleja también el humor gráfico -experto en realizar esos reajustes lúdicos de significado- que en aquellos días recogió expresiones como “Constitución sí, pero…”[26] o “la Constitución es de todos”[27]; también la ya mencionada expresión “atado y bien atado”[28] o la muletilla de Adolfo Suárez, "puedo prometer y prometo"[29]. Dado que nuestra época se caracteriza por el hecho de que “el único valor permanente es la novedad, que no es permanente” (MARINA, 2000: 217), estas frases que en su día eran patrimonio de todo aquel que las pronunciaba en la conversación diaria, resultan hoy vestigios de nuestro pasado reciente a los que ya nadie acude si no es arrastrado por la nostalgia.

 

Conclusión: el dibujante de prensa en los inicios de la democracia

            En 1978 la viñeta española comenzaba a experimentar la resaca del llamado “boom del humor gráfico” (GALÁN, 1974; TUBAU, 1987; CASAÚS, 1998) que significó una nueva edad de oro del género, propiciada en parte por la Ley de Prensa e Imprenta de 1966. Aquel auge estuvo capitaneado por las publicaciones especializadas que acabaron con la hegemonía de La Codorniz y que consiguieron grandes tiradas (como los 150.000 ejemplares que alcanzó Hermano Lobo) y prolongado por el fenómeno editorial de la publicación de antologías de humoristas gráficos (como el mítico libro Autopista de Perich). Sin embargo, al existir cada vez mayores posibilidades de utilizar mensajes explícitos para transmitir ideas sobre la política o la sociedad, el insinuador arte del chiste gráfico, con sus rodeos y sus sobreentendidos, se hace prescindible –al menos en forma de publicación completa- para el lector. Pasa entonces a refugiarse casi exclusivamente (recordemos la excepción de El Jueves) en las páginas de los diarios de información general. Desde esa trinchera, como hemos visto, continuarán dibujantes como Máximo y Peridis esbozando trazos para la democracia.

            Los elementos dibujados, sus connotaciones y los valores implícitos que transmiten en las viñetas estudiadas se caracterizan por secundar la implantación del sistema democrático, resaltando que traerá unidad, serenidad y prosperidad al país. El universo imaginario del chiste funciona como un mundo subvertido, un carnaval liberador, acudiendo a Bajtin (1990), que homenajea con monumentos a la permanencia a una Constitución recién nacida, que afea la conducta a quienes obstruyen el cambio (aunque lo intenten desde el más allá) y laurea a sus artífices, especialmente al pueblo.

            La meta de la democracia –que se representa reiteradamente como una Arcadia feliz, un paraíso, aunque las visiones a veces muy ingenuas se explican por la satisfacción de alcanzar un estatus tan largamente anhelado- cumple su primer paso con la aprobación del texto constitucional. La consecución de ese necesario prerrequisito es recibida con entusiasmo por los dibujantes, que no lo olvidemos, forman parte -con el mismo voto y algo más de voz- de la ciudadanía. A ella otorgan su reconocimiento en sus viñetas, representando a la sociedad civil como responsable del proceso al mismo nivel que la clase política. Y como si de un juego de espejos –o, mejor, de un relato de Cortázar- se tratase, dentro de esas masas de diminutos puntos que representan a los ciudadanos existe un punto que corresponde al humorista gráfico que lo dibuja. 

 

 

 

Bibliografía

BAJTIN, Mijail (1990). La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. El contexto de François Rabelais. Madrid: Alianza.

CASASÚS, José María (1998). Ideología y análisis de los medios de comunicación, Barcelona: CIMS, 4ª.

CONDE MARTÍN, Luis (2002). Historia del humor gráfico en España. Lleida: Milenio, Fundación General Universidad de Alcalá.

FREUD, Sigmund (2000). El chiste y su relación con lo inconsciente, Madrid: Alianza.

GALÁN, Diego (1974). ¿Reírse en España? El humor español en el banquillo. Valencia: Fernando Torres.

GOMIS, Lorenzo (1974). El medio media: la función política de la prensa. Madrid: Seminarios y ediciones.

MARINA, José Antonio (2000). Elogio y refutación del ingenio. Barcelona: Anagrama, 10ª.

Memoria de la transición (1995). Madrid: Diario El País S. A.

PEÑAMARÍN, Cristina (2002). “El humor gráfico del franquismo y la formación de un territorio translocal de identidad democrática”. CIC Cuadernos de Información y Comunicación [Madrid], núm. 7, pp. 351-380.

TUBAU, Iván (1987). El humor gráfico en la prensa del franquismo. Barcelona: Mitre.

 

 



[1] Resulta significativo que en la propia web institucional conmemorativa del 25 aniversario de la Constitución Española (http://www.constitucion.es) se haya incluido un espacio para el humor gráfico. En esta página ha sido reconocida la contribución de los humoristas gráficos en “hacer de España un país más libre y más tolerante”. http://www.constitucion.es/humor/index.html. (Fecha de consulta: 26-07-2004).

[2] La relación de estos periódicos y sus dibujantes es la siguiente: Informaciones (Forges), ABC (Mingote), Diario 16 (El Roto, Ángel Esteban), Ya (Quique, Galindo), La Vanguardia (Oli), Pueblo (Ramón), El Imparcial (Summers, Chumy Chúmez, Juan Pla), El Periódico de Cataluña (Perich, Martínmorales).

[3] Hay que señalar que en diciembre de 1978 se publican dos tiras del uruguayo Blankito, que colaboró en El País desde el verano de aquel año hasta, justamente, el día 2 de diciembre. Excluimos ambas unidades de la muestra, tanto por su escasa representatividad como por tratarse de una historieta de gags de situación, que si bien se fue politizando y acercando a la actualidad desde sus comienzos, trataba básicamente de las desventuras de un personaje fijo, Cero Pérez, y algunos miembros de su familia.

[4] El País, 3-XII-1978.

[5] El País, 1-XII-1978.

[6] Ya desde sus tiempos en Pueblo, Máximo solía emplear estos bloques como representación figurada de posturas inmovilistas. El receptor percibe estas sensaciones casi inconscientemente, pero es sabido que visualmente las formas cuadradas son las que transmiten mayor sensación de solidez y menor dinamismo.

[7] El País, 5-XII-1978.

[8] ABC, 13-XII-1978.

[9] Diario 16, 6-XII-1978.

[10] Informaciones, 6-XII-1978.

[11] Ya, 6-XII-1978.

[12] El Imparcial, 1-XII-1978.

[13] Ya, 2-XII-1978.

[14] El Imparcial, 6-XII-1978.

[15] En el artículo de opinión “Diálogos constitucionales” (El País, 5-XII-1978), Fernando Savater presenta una conversación paródica entre personajes arquetípicos del humorismo clásico: Menipo (inspirador de la sátira que lleva su nombre) explica las razones de su abstención a Demócrito, “el filósofo de la risa”.

[16] “Abstencionistas, pero no infieles”, contestación a Máximo del profesor Francisco Alburquerque Llorens, publicado como artículo en la sección Tribuna Libre de El País (14-XII-1978); también las cartas al director: “Pasar por pureza”, de Juan Manuel Velasco Rami, de Madrid (19-XII-1978) y “Los abstencionistas”, de Aurelio Velasco, de Toledo (21-XII-1978).

[17] Curiosamente, el dibujante de Pueblo Ramón utiliza la misma imagen del cascarón para enviar un mensaje a favor de la Constitución y reafirmar la identificación de España como recién estrenado Estado demócrata. En su viñeta del día del referéndum hace salir de un huevo a un mapa de España, que exclama sonriente: “¡Gracias!”. Pueblo, 6-XII-1978.

[18] El País, 13-XII-1978.

[19] El País, 8-XII-1978.

[20] Máximo. El País, 9-XII-1978.

[21] Máximo. El País, 27-XII-1978.

[22] Máximo. El País, 1-XII-1978.

[23] Máximo. El País,  5-XII-1978.

[24] Peridis. El País, 27-XII-1978.

[25] Máximo. El País,  5-XII-1978.

[26] Máximo. El País,  3-XII-1978.

[27] Peridis. El País, 3-XII-1978.

[28] Peridis. El País, 7-XII-1978.

[29] Peridis. El País, 31-XII-1978.