Juan Carlos I como militar y jefe supremo de las Fuerzas Armadas en la prensa de la transición (1975-1978)

 

 

Ricardo zugasti

Facultad de Comunicación. Universidad de Navarra

 

 

1. Introducción

 

El crucial papel desempeñado por Juan Carlos I en la transición, posible gracias a los poderes heredados del franquismo, de los que disfrutó entre 1975 y 1978, hace que el análisis de su representación en la prensa durante aquellos años revista un especial interés. En este trabajo nos centraremos en el análisis de la cobertura periodística, con sus discursos comunes y particulares, de uno de los principales rasgos personales y políticos del Rey en aquel periodo: su pertenencia a las Fuerzas Armadas y su papel como mando supremo de éstas[1]. En definitiva, intentaremos esbozar la imagen que del Monarca en relación con el Ejército llegó a los lectores de prensa. Una etapa de tránsito hacia la democracia como la abierta en España con la muerte de Franco provocó que muchas miradas se posaran en las Fuerzas Armadas, ya que una reacción militar contra las reformas políticas podía echar por tierra los intentos democratizadores impulsados en buena medida por el Rey. Además, se daba la novedad de que el Ejército se encontró con una nueva persona a su frente, después del prolongado caudillaje de su Generalísimo Franco. A este respecto, una pregunta era ineludible: ¿iba a gozar Juan Carlos I de la misma lealtad que los militares profesaron al anterior Jefe del Estado?

 

Con el fin apuntado, tomamos como fuentes hemerográficas los principales diarios editados en Madrid (El Alcázar, ABC, Pueblo, Ya, Informaciones, El País, Diario 16), Barcelona (La Vanguardia, Mundo Diario, Avui) y zona vasconavarra (El Correo Español, Deia, Diario de Navarra). Al escoger estas cabeceras nuestra pretensión era cubrir el mayor espectro periodístico, político e ideológico[2]. Analizamos el contenido de las coberturas que los diarios citados ofrecieron sobre ocho acontecimientos, relacionados con las Fuerzas Armadas, que tuvieron lugar entre 1975 y 1978. Los eventos considerados fueron: el mensaje regio a las Fuerzas Armadas el 22 de noviembre de 1975; las Pascuas Militares de 1976, 1977 y 1978; la dimisión del general De Santiago, vicepresidente del Gobierno, y su sustitución por Gutiérrez Mellado, el 21 de septiembre de 1976; la “semana sangrienta” de finales de enero de 1977; la legalización del Partido Comunista, el 9 de abril de 1977, y sus consecuencias; y, por último, la desarticulación de la intentona golpista conocida como “Operación Galaxia”, el 16 de noviembre de 1978[3].

 

También utilizamos como fuente para este trabajo los testimonios personales de periodistas que trabajaron, la mayor parte como directores, o escribieron en los diarios escogidos como muestra[4]. De esta forma, buscamos dotar de una mayor profundidad al estudio, pues así fue posible conocer las causas por las que la prensa informó de una determinada manera.

 

2. Los discursos periodísticos

 

El mismo día de su proclamación como Rey, el 22 de noviembre de 1975, Juan Carlos I envió un mensaje al Ejército. Con su elevación a la Jefatura del Estado, Don Juan Carlos era también el jefe supremo de las Fuerzas Armadas y quiso tener un gesto en exclusiva con los militares mediante el envío de esta comunicación[5]. Todos los diarios publicaron íntegro el contenido del mensaje[6], pero los comentarios periodísticos que suscitó fueron pocos. Hay que tener en cuenta que la prensa centraba toda su atención en los actos de proclamación del Rey, razón por la que el mensaje a las Fuerzas Armadas pasó más bien desapercibido. Pese a todo, aún se publicaron algunos comentarios glosándolo. Veamos el editorial que le dedicó ABC, impregnado de un afán por vincular al nuevo Rey con las Fuerzas Armadas y por mostrar que era su nueva cabeza, a la que se debía confianza y lealtad[7]:

 

“Si el Rey se ha dirigido a las Fuerzas Armadas ‘con profunda ilusión y fundadas esperanzas’, pensamos que los Ejércitos españoles pueden contemplar al Rey con muy fundada ilusión, con pleno orgullo y con fundada y encendida confianza”[8].

 

Luis Apostua habló en su columna “Semana Española”, publicada en Ya, de lo que suponía el gesto del mensaje relacionándolo con la identificación del Rey con los Ejércitos: “Ha sido un detalle [...] que revela la estrecha unión del Rey con sus generales y soldados”[9]. Esta unidad de Juan Carlos I con el ámbito militar también fue patente en un artículo de Pablo Casado Burbano para Informaciones. En él afirmó que las “virtudes castrenses” estaban “bien arraigadas en la personalidad del joven Soberano” y, además, concluyó alabando la misión del Ejército en las Monarquías europeas democráticas y deseando esta función en España:

 

“En tales países las fuerzas armadas, con el Rey a la cabeza, han sabido estar a la altura de su misión y elevarse por encima de toda opción política concreta, ofreciendo el marco seguro para que precisamente fuera posible el libre juego de todas esas opciones, han sabido representar lo fundamental y permanente para permitir el cambio y el relevo de lo accidental y transitorio al ritmo marcado por las exigencias de sus pueblos. Si aquí también lo logramos, de verdad, ‘habremos ganado el futuro’”[10].

 

La celebración de la Pascua Militar de 1976 en el Palacio Real, donde el Rey fue cumplimentado por representaciones de los tres Ejércitos, supuso otra vez la plasmación periodística de su identificación con las Fuerzas Armadas, especialmente en el sentido de mostrar la lealtad de éstas hacia su persona[11]. Dicha expresión de fidelidad a Don Juan Carlos fue destacada por los diarios. Para Pueblo fue una manifestación de “lealtad y adhesión” hacia el Monarca[12]. “El Ejército expresa su lealtad al Rey” y “El Ejército, con el Rey” titularon en portada, respectivamente, Informaciones y Mundo Diario la celebración de los actos en el Palacio de Oriente[13]. Antonio de Obregón, por su parte, expresó en ABC que en la Pascua Militar “se puso de manifiesto la lealtad de los tres ejércitos”[14].

 

El 21 de septiembre de 1976, ya con Adolfo Suárez como presidente, se produjo el primer problema grave del reinado de Juan Carlos I en relación con el ámbito castrense. Ese día dimitió el teniente general Fernando de Santiago, vicepresidente del Gobierno, por oponerse a la legalización de las centrales sindicales. Dos días después tuvo lugar el relevo de De Santiago por el también teniente general Manuel Gutiérrez Mellado, que accedió así a la vicepresidencia para asuntos militares como ministro sin cartera. La cobertura que la prensa dedicó a esta crisis de Gobierno –bien acogida por todos los periódicos, con la excepción de El Alcázar[15]– incluyó pocas y breves referencias al Rey. Entre ellas destacaron aquéllas que apuntaban al protagonismo de Don Juan Carlos en la sustitución de De Santiago por Gutiérrez Mellado, a quien la prensa valoró como un militar liberal, cercano a las posiciones reformistas y favorable a la democratización impulsada por el Monarca y su Gobierno. Estos comentarios hicieron ver que Suárez había actuado en unión con el Rey, por lo que se potenció el papel político de Don Juan Carlos[16]. Por otro lado, varios artículos hicieron referencia a la fidelidad que el nuevo vicepresidente profesaba al Soberano, con lo que la figura de este último salió fortalecida[17].

 

El 6 de enero de 1977, una vez aprobada en referéndum la Ley para la Reforma Política, se celebró la Pascua Militar correspondiente a ese año. Los actos centrales fueron sendos discursos del vicepresidente para Asuntos de la Defensa y del Rey. Algunos periódicos destacaron en sus titulares la parte de la alocución de Gutiérrez Mellado en la que éste afirmaba que quienes ejercían la profesión de las armas le ofrecían al Monarca “lealtad, honestidad y eficacia”[18], pero mayoritariamente la prensa subrayó el llamamiento de Don Juan Carlos dirigido a mantener la disciplina[19], y lo hizo empleando titulares[20] o bien mediante un sumario en el caso de Pueblo[21]. Se observa cómo los rotativos optaron por dar relieve a aquellas aseveraciones más rotundas en afirmar la lealtad y disciplina del Ejército hacia su Rey. Otros titulares que no reprodujeron textualmente partes de los discursos también fueron nítidos al expresar la identificación del Ejército con su jefe: “Unión del Rey con el Ejército”[22]; “Las Fuerzas Armadas, al servicio del Rey”[23]. La fusión entre Juan Carlos I y las Fuerzas Armadas fue comentada por un editorial de ABC en el que se habló de “un diálogo de ejemplar armonía, de compenetración, de leal y mutuo entendimiento”. Y es que, como resaltó el artículo, las palabras de la Corona a los militares fueron “palabras del Rey a sus compañeros de armas”[24]. La unidad fue también subrayada por un editorial de Pueblo en el que se calificó al Rey como “jefe nato de los Ejércitos” y a éstos como “un rumor de voluntades [...] a las órdenes del Rey”[25].

 

Un editorial publicado por Ya interpretó la llamada del Monarca a la disciplina en el contexto del rechazo que muchos miembros de la milicia mostraban hacia la democracia. Y alabó al Rey por no eludir en su alocución los problemas y a los militares por haberse mantenido hasta el momento al margen de la política[26]. Fue, sin duda, una opinión menos optimista que el resto en cuanto a la lealtad sin fisuras de las Fuerzas Armadas al Rey. Por su parte, Diario 16 no dudaba de esta fidelidad, pero sí del sometimiento del Ejército al poder civil. En palabras de este periódico, los militares “comprendían el sometimiento al Rey en cuanto primer soldado de la Patria, pero no acaban de entender la supremacía política del Gobierno y su presidente”[27]. Más rotundo en mostrar esa unidad fue La Vanguardia: “La plena identificación de don Juan Carlos I con el Ejército [...] es y seguirá siendo una de las características de su reinado”[28].

 

De la misma opinión era Sebastián Serrano, quien escribió en Mundo Diario que con la celebración de la Pascua Militar se había “puesto de manifiesto la compenetración entre las dos instituciones”[29], es decir, entre la Monarquía y el Ejército. En definitiva, la prensa en su conjunto ofreció la imagen de un Rey castrense muy vinculado a las Fuerzas Armadas, y que gozaba de su lealtad.

 

Durante los conflictivos días de la “semana sangrienta”, a finales de enero de 1977, algunos diarios resaltaron que el Ejército seguía disciplinado y leal al Rey, pese a que uno de los dramáticos eslabones de aquella semana fue el secuestro por los GRAPO del presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, el teniente general Emilio Villaescusa, en lo que se consideró un intento de provocar al estamento al que pertenecía. Pueblo comentó en un editorial que, pese a este secuestro, la milicia seguía “en su disciplina tras la Corona y el Gobierno, sabiendo que lo contrario sería acción sin mañana, que no mejoraría las tensiones, sino que las exasperaría”[30]. Prácticamente la misma conclusión se extraía del comentario de Luis Apostua: “Los tres Ejércitos han adoptado una firmísima disciplina a las órdenes del Rey y del Gobierno”[31].

 

Sin embargo, el momento más difícil con el Ejército durante la transición llegó tras la legalización, el 9 de abril de 1977, del Partido Comunista de España por el Gobierno Suárez. Algunas reacciones a esta decisión en el ámbito militar hicieron atisbar el peligro de un golpe involucionista de las Fuerzas Armadas. El 11 de abril dimitió Gabriel Pita da Veiga, ministro de Marina, por su oposición a conceder estado legal al Partido Comunista. El hecho mostró palmariamente la resistencia de buena parte del Ejército a la medida adoptada y provocó una crisis que fue ampliamente comentada por la prensa. Sin embargo, la alusiones de ésta al Rey fueron más bien escasas. El País no ahorró lo espinoso del asunto al valorarlo como “la más grave crisis” de la Monarquía desde su instauración. A continuación hizo una alabanza de esta institución al considerar que sólo ella podía conducir la transición:

 

“Hoy, 14 de abril, aniversario de la República española, es preciso decir que sólo una Monarquía constitucional y democrática, como la que está en trance de consolidarse, que reconozca los derechos de todos los españoles –los republicanos incluidos– puede razonablemente superar esta etapa de transición y hacer frente a la conspiración de las sombras”[32].

 

Por su parte, Diario 16 ofreció una visión similar a la de El País, con el que coincidió en destacar la figura del Rey como esencial en los momentos de cambio político que se vivían:

 

“Y hay que hablar claro. Si el Rey Juan Carlos es capaz de capear con coraje esta crisis que ahora vivimos, si es capaz de seguir manteniendo la nave del Estado camino de la paz por encima de los dolores y miedos del pasado, su legitimidad histórica enraizará en la conciencia nacional”[33].

 

La Vanguardia resaltó la faceta del Monarca como militar y como jefe supremo de las Fuerzas Armadas, en un claro intento de mostrar cómo el Ejército, disciplinado, estaba a sus órdenes. Comenzó el diario catalán su editorial contando que el Rey acudió a la jura del nuevo ministro de Marina –Pascual Pery Junquera– vestido con uniforme. Y continuó:

 

“Esto es bien sabido; pero acaso no está de más, en las actuales circunstancias que se ponga de relieve: la Jefatura del Estado conlleva el mando supremo de las Fuerzas Armadas, reforzado en el caso de nuestro Soberano con la capitanía general, a la que deben obediencia incuestionable todos los demás mandos militares de las tres armas; obediencia y espíritu de disciplina que tienen una tradición nunca desmentida a lo largo de estos últimos cuarenta años”[34].

 

El día siguiente a la dimisión de Pita da Veiga se celebró una reunión del Consejo Superior del Ejército de la que salió un enérgico comunicado –hecho público por la prensa el 14 de abril– en el que se dejaba constancia de la “repulsa general” a la decisión de legalizar el Partido Comunista, si bien se aceptaba el hecho consumado por disciplina y en consideración a “intereses nacionales de orden superior”. El texto recordaba asimismo la irrenunciable obligación castrense de defender “la unidad de la Patria, su bandera, la integridad de las instituciones monárquicas y el buen nombre de las Fuerzas Armadas”[35]. ABC publicó un editorial en el que valoró como “de todo punto positiva” la conclusión a la que había llegado el Consejo Superior del Ejército y la hizo suya al considerar que afectaba a “valores que ABC tomó siempre como causa propia”[36]. De la misma opinión fue El Correo Español. Para el periódico vasco, los principios declarados intocables por las Fuerzas Armadas debían ser “innegociables” e “inconmovibles”; además, glosando una de estas máximas, lanzó una advertencia a los republicanos: “Los del ‘mañana, España será republicana’, deben recordar que, con las dos trágicas y dolorosas experiencias anteriores, ya tenemos bastante”[37].

 

Como hemos visto, la legalización del Partido Comunista causó un fuerte impacto en las Fuerzas Armadas, y una reacción desproporcionada de éstas podía poner en peligro todo lo recorrido en el camino hacia la democracia. La dimisión del ministro de Marina y el comunicado de repulsa del Consejo Superior del Ejército hicieron temer a muchos una intervención y la ruptura de la hasta entonces neutralidad castrense. Conscientes de ello, varios periódicos madrileños[38] que consideraron “correcta la actuación del Gobierno” publicaron un editorial conjunto –significativamente titulado “No frustrar una esperanza”– en el que se resaltó, además de la necesidad de que las Fuerzas Armadas no hicieran política, la voluntad democratizadora de la Corona y la fidelidad a ésta por parte del Ejército:

 

“Las Fuerzas Armadas no han secundado los objetivos de quienes intentaban instrumentalizarlas. Fieles a la Corona, defensoras del interés del Estado y no de una forma dictatorial de gobierno, no han servido a los intentos desestabilizadores. Pero conviene reflexionar sobre la declaración que el Consejo Superior del Ejército ha hecho pública.

Los Ejércitos españoles constituyen el brazo armado de nuestra sociedad al servicio del Estado y de su Gobierno. El Ejército español lo forman los españoles y tiene encomendadas unas misiones establecidas en las leyes; entre ellas no está incluida la emisión de opiniones contingentes sobre las decisiones políticas de los Gobiernos de la nación. [...]

[...]

[...] el compromiso democratizador de la Corona y las aspiraciones del pueblo español de constituirse pacíficamente en una sociedad libre y soberana no pueden ser malversados por grupos minoritarios que pretender secuestrar valores y símbolos comunes y empujar a las Fuerzas Armadas al intervencionismo”[39].

 

Un día después de la difusión de “No frustrar una esperanza” el diario ABC incluyó un editorial en el que suscribió el redactado conjuntamente, cuyo texto, de hecho, publicó ese mismo día[40], y acató la decisión del Gobierno respecto al Partido Comunista:

 

“El reconocimiento es un hecho, y como tal, aunque con disgusto, lo acatamos y ofrecemos al Gobierno nuestro apoyo en esa labor de distensión, necesaria para llegar a la confrontación electoral, sin traumas y con serenidad[41].

 

Una vez más, “el insobornable” El Alcázar, como él mismo se definió, quedó, pues, en solitario y no sólo no se sumó al editorial conjunto, sino que publicó un brevísimo comentario en portada en el que criticaba a los periódicos que lo suscribieron afirmando que este gesto ponía “en evidencia un fenómeno: su servidumbre gubernamental y su pobreza imaginativa”[42].

 

Del discurso que, superada la crisis de la legalización del PCE, el Rey pronunció con motivo de la celebración de la Pascua Militar de 1978 la prensa destacó sobre todo –mediante titulares[43], antetítulos[44] y subtítulos[45]– la petición regia al Ejército de “comprensión”, “serenidad” y “confianza”[46]. Esta solicitud del Monarca estaba muy vinculada al momento histórico que se estaba viviendo, un periodo de transición política. Muchos de los comentarios que suscitaron las palabras de Juan Carlos I tomaron la demanda de éste para hacer ver el papel que habían tenido las Fuerzas Armadas desde la muerte de Franco.

 

“Comprensión, serenidad y confianza” fue precisamente el título escogido por ABC para encabezar un editorial en el que, además de dejar bien claro que el Rey era el “jefe supremo de los Ejércitos” y de subrayar “el acendrado espíritu militar de Don Juan Carlos”, glosó la petición regia en los siguientes términos:

 

“Sólo elogios merece la disciplinada, ejemplar, patriótica actitud de las Fuerzas Armadas en el cambio político español. Y asentadas en este convencimiento, entendemos que las reales palabras de Su Majestad a los Ejércitos alcanzan plenitud en su significado, en cuanto tienen de firme orientación y en cuanto se revisten de caballerosa demanda, con la fórmula clásica –‘os pido’– con la que es nobilísimo uso castrense arengar, estimular y agradecer de antemano un comportamiento sobre el cual no es admisible la duda”[47].

 

Un editorial de Ya comentó que, en aquellos difíciles momentos políticos, en los que además se estaba elaborando la Constitución, el Ejército estaba “haciendo gala, como ha dicho el Rey, de comprensión, de serenidad y de confianza vigilante”. Además, el mismo texto subrayó la lealtad de las Fuerzas Armadas hacia el Jefe del Estado: “Tenemos un Ejército que, al ser leal al Rey, es leal a España”[48]. La columna de Luis Apostua en Ya –publicada también en El Correo Español y Diario de Navarra– destacó que, a través del discurso, el Rey había hablado “directamente a los hombres de los que es comandante en jefe”, y ofreció su interpretación, dirigida a subrayar el papel de las Fuerzas Armadas en la evolución política:

 

“Al menos en mi impresión o interpretación personal de estos discursos –especialmente del de Su Majestad–, vemos una clara llamada a las Fuerzas Armadas para que mantengan con entusiasta disciplina su presente actitud ante la transformación política, que es totalmente necesaria”[49].

 

Una valoración similar a las vistas presentó un editorial de La Vanguardia. Tras destacar que el Monarca era “el jefe supremo de los Ejércitos”, comentó que el discurso regio, con las peticiones en él contenidas, había servido

 

“[...] para reafirmar unos principios inalterables y aclarar el papel decisivo que están dispuestas a seguir desempeñando en el proceso evolutivo de la política española; de la política con mayúscula, por supuesto” [50].

 

Un editorial de Mundo Diario, que también recalcó que el Rey era “jefe supremo de los ejércitos”, acentuó que en Don Juan Carlos y en el Ejército había “decisión firme de avanzar por el camino emprendido hace dos años”[51], es decir, por la ruta de la democracia.

 

La última dificultad con algunos sectores de las Fuerzas Armadas contrarios a la democratización tomó forma en lo que habitualmente se conoce como “ruido de sables”. El 16 de noviembre de 1978, en vísperas de su puesta en marcha, fue abortado el intento golpista conocido como “Operación Galaxia”. Sus promotores fueron el teniente coronel Tejero Molina y el capitán Sáenz de Ynestrillas, quienes pretendían asaltar el palacio de la Moncloa durante la celebración del Consejo de Ministros, aprovechando la estancia del Rey en Hispanoamérica, para nombrar a continuación un Gobierno de salvación nacional. Pocos días después, la prensa se hizo eco de la intentona, pero las menciones al Monarca no fueron muy frecuentes en la cobertura. Algunos periódicos mostraron cómo Juan Carlos I, ya en América, se mantenía en permanente contacto con el Gobierno[52]. Esta aparición en la prensa del interés del Monarca por estar informado en todo momento fortaleció sin duda su papel de jefe de las Fuerzas Armadas.

 

Unas declaraciones de Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista, con motivo del descubrimiento del plan golpista fueron reproducidas por varios diarios, lo que también reforzó la imagen del Rey en unos momentos delicados, pues suponían expresar el apoyo de la izquierda a Don Juan Carlos: “Si se diese el caso de la existencia de un complot militar serio, el PCE, el PSOE y los sindicatos se pondrían al lado del Rey e irían a la huelga general. [...] Porque si la Monarquía pudo representar en tiempos ya pasados una posición conservadora, no cabe duda de que el Rey don Juan Carlos desempeña hoy un papel progresista y favorable a la democracia”[53]. A raíz de las palabras de Carrillo, Vintila Horia escribió en El Alcázar un artículo en el que no desaprovechó la ocasión para atacar al Partido Comunista, dando a entender que su imagen de moderación era una falacia: “¿Cómo es posible defender al mismo tiempo al Rey y a la revolución? Esta es la pregunta. Es como si Lenin hubiese hecho la revolución con el fin de fortalecer la situación de Nicolás II”[54].

 

Fueron escasas y breves las referencias al Monarca en los editoriales o artículos de opinión referidos a la “Operación Galaxia”. Todas ellas, eso sí, intentaron reforzar su figura. Subrayar su autoridad fue la intención del diario Pueblo: “Sólo detrás de la Constitución, del Rey y del Gobierno, son plausibles y lícitas todas las actitudes militares”[55]. El País aplaudió “la enérgica e inteligente actuación del Rey”[56] al no regresar de Hispanoamérica, y lo mismo hizo La Vanguardia al hablar de su “lucidez y serenidad”[57]. Por último, un artículo de Luis Apostua publicado en Ya, El Correo Español y Diario de Navarra habló de cómo aun los golpistas eran leales al Rey, lo que ponía de relieve su ascendiente entre la clase militar:

 

“Hay una especie de vacante de la Jefatura del Estado [mientras el Rey estaba de viaje], pero no hay vacancia en la cualidad de don Juan Carlos como Comandante en Jefe o Generalísimo de los tres Ejércitos. Esa magistratura castrense ‘la lleva puesta’ y no es delegable. Se intentaba una operación contra el Gobierno, no contra el Jefe del Estado y Comandante en Jefe. Era un intento bastante sofisticado de diferenciar un Gobierno que no gusta de un Rey al que se ha prometido lealtad”[58].

 

Para terminar con lo relativo a la “Operación Galaxia”, la prensa reprodujo unas palabras de Gutiérrez Mellado ante el Congreso de los Diputados, donde informó de los avatares del desarticulado complot militar. En ellas hizo referencia a su “confianza total en el patriotismo, en la moral, en la abnegación y disciplina de los Ejércitos y de las Fuerzas de Orden Público, siempre a las órdenes de Su Majestad el Rey y bajo la autoridad y dirección del Gobierno legalmente constituido”[59].

           

3. El Rey y las Fuerzas Armadas: una identificación buscada por la prensa

 

A lo largo de las páginas precedentes ha quedado patente cómo la prensa en su conjunto, con menor o mayor énfasis, potenció la identificación del Soberano con las Fuerzas Armadas apoyándose en su función de jefe supremo de éstas y en su propia formación castrense. Asimismo, fue notabilísimo el realce periodístico concedido a todo aquello que suponía la consolidación de la lealtad y disciplina del Ejército hacia Don Juan Carlos. A este respecto, la mayor parte de los periodistas entrevistados confirman que, durante la transición, estos vínculos establecidos por la prensa fueron conscientemente buscados con objeto de proteger y robustecer la figura del Rey, especialmente de cara a los militares, con el fin de evitar las tentaciones golpistas de algunos sectores.

 

Concretando lo anterior, los dos directores de ABC durante el periodo estudiado corroboran esta intención. José Luis Cebrián Boné afirma que “proteger y reforzar la figura del Rey a este respecto fue algo que la prensa hizo, y venía de los dos años previos a su reinado”[60]. Guillermo Luca de Tena expresa “sin duda de ninguna clase” que la potenciación de la imagen del Rey como jefe supremo de los militares tenía como finalidad garantizarle la lealtad de los sectores menos favorables al cambio[61].

 

De igual forma, Jesús de la Serna, director del vespertino Informaciones, confirma que “la vinculación se basaba en el sentido jerárquico del Ejército franquista, muy profundo. Vincular al Rey con este Ejército era muy lógico, pues se buscaba su lealtad y disciplina hacia Don Juan Carlos”[62].

 

También Alejandro Fernández Pombo, al frente de Ya durante el periodo de cambio político, sostiene que esta identificación se produjo “para reforzar la figura de Juan Carlos I, para hacer ver al Ejército que había que guardarle lealtad”[63].

 

Por parte de Pueblo, Antonio Casado, uno de sus redactores políticos y editorialistas durante la transición, entiende que se reforzó la imagen del Monarca ante el Ejército “como una manera de frenar con la autoridad del Rey cualquier aventura política del poder militar”[64].

 

Parecida es la explicación de Miguel Ángel Aguilar, segundo director de Diario 16: “La identificación del Ejército con el Rey era porque Juan Carlos I tenía que utilizar la lealtad que los militares le tenían por el mandato de Franco para llevarles a donde nosotros queríamos que estuvieran, en el respeto a una democratización”[65]. El otro diario madrileño que salió a la calle durante la transición, El País, mantuvo una estrategia informativa semejante, según Augusto Delkader, redactor jefe y subdirector en aquellos años: “El Rey jugó un papel decisivo en la neutralización de las tendencias reaccionarias del Ejército, pues como jefe supremo de las Fuerzas Armadas tenía un ascendiente especial sobre ellos. La identificación en El País era una forma de hacer explícita su jefatura y favorecer así el que pudiera servir de escudo ante una reacción militar”[66].

 

A Jaume Arias, subdirector de La Vanguardia durante la transición, le confió el director, con el visto bueno del conde de Godó, “la política de apoyo al Rey en esta vertiente con los militares, para que sacara adelante la reconciliación por encima del sector ultra del Ejército”[67]. El subdirector de otro diario barcelonés, Jaume Serrats, asegura que en Mundo Diario, “para compensar el inmovilismo del Ejército nos agarramos al Rey, que era el jefe supremo efectivo de las Fuerzas Armadas”[68]. Quien fue corresponsal de este último periódico en Madrid es de la misma opinión:

 

“La profusa identificación del Rey con el Ejército obedecía a la necesidad de favorecer la lealtad y la disciplina del Ejército hacia él, que era el jefe supremo. Don Juan Carlos tuvo que hacer de acicate democratizador en el Ejército y, a la vez, de muro de contención de los desbordamientos militares, que los hubo”[69].

 

José Javier Uranga, director de Diario de Navarra, ofrece una explicación semejante: “Había que recordar a los militares que el jefe de las Fuerzas Armadas era el Rey y resaltamos siempre la disciplina militar que debían tener ante su jefe, que le obedecieran ciegamente”[70].

 

Del mismo modo, los dos cronistas de Colpisa entrevistados coinciden con los testimonios expuestos. Amalia Sánchez Sampedro señala que la unión entre Don Juan Carlos y las Fuerzas Armadas “se intentaba todo el tiempo para servir de freno a los sectores más reaccionarios del Ejército. Era decirles: si el Rey camina hacia la democracia, le debéis lealtad, aunque no os guste”[71]. Oneto también ofrece las mismas razones: “Era para advertir al Ejército que le debía disciplina al Rey. Se intentó traspasarle la lealtad que los militares tenían hacia Franco porque uno de los grandes problemas de aquella época era la reticencia del Ejército a la reforma”[72].

 

Por último, Antonio Gibello reconoce que el periódico que dirigía potenció la representación del Monarca como militar y como jefe supremo de las Fuerzas Armadas. No obstante, los motivos de El Alcázar no se correspondían con los ofrecidas por el resto: “Era una advertencia de cara a los políticos y a los partidos, en el sentido de que no se les fueran las cosas de las manos, que el Ejército, con el Rey a la cabeza, se podía plantar en cualquier momento”[73]. Evidentemente, esta explicación se adecua mejor a la posición política que esta cabecera mantuvo hasta el último momento.

 

4. A modo de conclusión

 

Del análisis de la cobertura periodística destaca un rasgo esencial: la estrecha identificación ofrecida por los diarios entre el Rey y el Ejército. Se potenció periodísticamente la imagen de Juan Carlos I como miembro de la milicia y como cabeza de las Fuerzas Armadas, una característica que la prensa se encargó de resaltar continuamente.

 

En relación con lo afirmado, los periódicos intentaron consolidar la lealtad y la disciplina del Ejército hacia el nuevo Jefe del Estado que había sustituido a Franco. Basándonos en los testimonios de buena parte de los periodistas entrevistados, podemos concluir que este rasgo del tratamiento periodístico al Rey fue conscientemente buscado por la prensa con el fin de robustecer la figura regia frente a los sectores más involucionistas de la sociedad y del propio Ejército. En aquel período de transición, era necesario que las Fuerzas Armadas fueran leales al Monarca y que acataran disciplinadamente los actos de éste, en especial aquellos que por sus consecuencias en sentido democratizador pudieran molestar a los sectores más inmovilistas. Así fue entendido por la prensa en general, que obró en consecuencia ofreciendo a Don Juan Carlos su protección.

 

Al hilo de lo anterior, es notorio que la prensa compartió un discurso esencialmente común, si bien con los matices ya vistos a lo largo del trabajo. Podemos afirmar que la prensa apoyó la función democratizadora de Juan Carlos I, en este caso a través del potenciamiento de su faceta como jefe de las Fuerzas Armadas y el reforzamiento de su figura. Estamos ante un ejemplo claro del papel jugado por la prensa en la transición y del consenso periodístico tácito de que gozó el Monarca. En último término, la prensa compartió el horizonte común de la consecución de un sistema democrático al que había que llegar sin repetir el enfrentamiento civil.

 

El único diario que se situó al margen fue El Alcázar. Firmemente contrario al establecimiento en España de una democracia liberal, y obviando en este caso los propósitos reformistas del Monarca, este rotativo vinculó al Rey con el Ejército con otra intención: como advertencia para que los políticos no fueran demasiado audaces al poner patas arriba el anterior sistema franquista. En todo caso, la imagen de Don Juan Carlos también apareció en El Alcázar fuertemente asociada a las Fuerzas Armadas, lo que contribuyó a reforzar su figura política.

 

Bibliografía

 

ALFÉREZ, Antonio (1986). Cuarto poder en España. La prensa desde la Ley Fraga 1966. Barcelona: Plaza & Janés.

BARRERA, Carlos (1995). Sin mordaza. Veinte años de prensa en democracia. Madrid: Temas de Hoy.

FERNÁNDEZ LÓPEZ, Javier (1998). El Rey y otros militares. Los militares en el cambio de régimen político en España. Madrid: Trotta.

GARRIDO FALLA, Fernando (1969). Leyes políticas de España. Madrid: Boletín Oficial del Estado.

OLMOS, Víctor (2002). Historia del ABC. 100 años clave en la historia de España, Barcelona: Plaza & Janés

ROMERO, Emilio (1986). Papeles reservados II. Barcelona: Plaza & Janés.

 

            Fuentes hemerográficas

ABC

Avui

Deia

Diario 16

Diario de Navarra

El Alcázar

El Correo Español. El Pueblo Vasco

El País

Informaciones

La Vanguardia

Mudo Diario

Pueblo

Ya



[1] La Ley Orgánica del Estado confería al Jefe del Estado el mando supremo efectivo del Ejército. Cfr. GARRIDO FALLA, Fernando (1969). Leyes políticas de España. Madrid: Boletín Oficial del Estado. Para conocer el papel de Juan Carlos I como militar durante la transición, cfr. FERNÁNDEZ LÓPEZ, Javier (1998). El Rey y otros militares. Los militares en el cambio de régimen político en España. Madrid: Trotta.

[2] Acerca de la prensa en la transición y acerca de los periódicos utilizados, cfr. ALFÉREZ, Antonio (1986). Cuarto poder en España. La prensa desde la Ley Fraga 1966. Barcelona: Plaza & Janés; BARRERA, Carlos (1995). Sin mordaza. Veinte años de prensa en democracia. Madrid: Temas de Hoy.

[3] A continuación se muestran los días analizados para cada uno de los acontecimientos: mensaje regio a las Fuerzas Armadas, del 20 al 30 de noviembre de 1975; Pascuas Militares, del 7 al 9 de enero de 1976, 1977 y 1978; dimisión de De Santiago y nombramiento de Gutiérrez Mellado, del 21 al 25 de septiembre de 1976; “semana sangrienta”, del 23 al 31 de enero de 1977; legalización del PCE y sus consecuencias, del 9 al 20 de abril de 1977; desarticulación de la “Operación Galaxia”, del 16 al 27 de noviembre de 1978.

[4] Los informadores con cuyo testimonio contamos para la investigación de la que este artículo es una parte fueron Miguel Ángel Aguilar, Jaume Arias, Pedro Calvo Hernando, Antonio Casado, José Luis Cebrián Boné, Jesús de la Serna, Luis Ángel de la Viuda, Augusto Delkader, Josep Faulí, Alejandro Fernández Pombo, Antonio Gibello, Antonio Guerrero, Iñaki Iriarte, Guillermo Luca de Tena, Jordi Maluquer, José Oneto, Ramón Pi, Amalia Sánchez Sampedro, Jaume Serrats y José Javier Uranga.

[5] Era un mensaje breve, redactado en tono castrense, en el que destacaban las siguientes ideas: el Rey estaba agradecido a Franco y no debían dudar de su lealtad; él era el nuevo jefe de las Fuerzas Armadas y se sentía como un soldado más; por último, el Ejército era muy importante para España y para que ésta fuese cada vez mejor. Cfr. ABC, 24-XI-1975, p. 40.

[6] El Alcázar, 24-XI-1975, p. 11; ABC, 24-XI-1975, p. 40; Pueblo, 24-XI-1975, p. 12; Ya, 24-XI-1975, p. 10; Informaciones, 24-XI-1975, p. 4; La Vanguardia, 23-XI-1975, p. 11; Mundo Diario, 23-XI-1975, p. 5; El Correo Español, 23-XI-1975, p. 29; Diario de Navarra, 23-XI-1975, p. 3.

[7] Varios titulares o subtítulos escogidos por la prensa para encabezar la publicación del mensaje real reproducían la frase de éste referida a la lealtad: “Me siento orgulloso de contar con vuestra adhesión y lealtad”. Cfr. El Alcázar, 24-XI-1975, p. 11; La Vanguardia, 23-XI-1975, p. 11; Mundo Diario, 23-XI-1975, p. 5.

[8] ABC, 25-XI-1975, p. 3: “El Rey y las Fuerzas Armadas” (editorial).

[9] Ya, 24-XI-1975, p. 17: “Dos mensajes del Rey: al pueblo y a las Fuerzas Armadas” (columna de Luis Apostua).

[10] Informaciones Políticas, 29-XI-1975, p. 7: “Monarquía y Ejército” (artículo de opinión de Pablo Casado Burbano).

[11] En el discurso pronunciado ante el Rey por el vicepresidente primero del Gobierno para Asuntos de la Defensa, teniente general Fernando de Santiago, sobresalió la referencia a la lealtad profesada hacia Juan Carlos I: “Es para mí un gran honor expresaros como Rey y como primer soldado de la patria [...] los sentimientos de las fuerzas armadas, que pueden sintetizarse en la expresión del concepto de ‘lealtad’, columna vertebral del honor militar; lealtad a vuestra augusta persona y a lo que ella representa”. En su respuesta, el Rey dio las “gracias por esa lealtad y esa unión de las fuerzas armadas que me presentáis”. Tomado de Informaciones, 7-I-1976, p. 6.

[12] Pueblo, 7-I-1976, p. 8 (editorial sin título). En la información que daba cuenta en portada de la celebración de la Pascua Militar se plasmó también esa adhesión: “Una vez más, los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, custodios permanentes de nuestra soberanía e independencia, expresaban al Rey de España, al que nuestras leyes confieren el mando supremo de los Ejércitos, su inequívoca lealtad y adhesión”. Pueblo, 7-I-1976, p. 1.

[13] Informaciones, 6-I-1976, p. 1; Mundo Diario, 7-I-1976, p. 1.

[14] ABC, 7-I-1976, p. 27: “La Pascua Militar” (columna de Antonio de Obregón).

[15] Este diario habló de “la gravedad inequívoca de un cese producido en un momento crítico para España y para la Monarquía”. El Alcázar, 24-IX-1976, p. 2: “Una grave decisión política” (editorial). Evidentemente, a El Alcázar le disgustó la salida del Gobierno de un ministro opuesto a la reforma democrática.

[16] Cfr. ABC, 24-IX-1976, p. 9: “Favorable acogida a Gutiérrez Mellado” (crónica sin firma); Pueblo, 23-IX-1976, p. 3: “Un relevo en Castellana” (editorial); Pueblo, 24-IX-1976, p. 5: “Destacado por la prensa europea el talante liberal de Gutiérrez Mellado” (crónica de Efe); El País, 23-IX-1976, p. 1: “Un militar liberal, como segundo del presidente” (crónica sin firma); Mundo Diario, 23-IX-1976, p. 1: “Gutiérrez Mellado, vicepresidente” (crónica de Pedro Calvo Hernando); Mundo Diario, 23-IX-1976, p. 3: “Gran decisión” (editorial); Avui, 24-IX-1976, p. 10: “Fi d’una etapa en les forces armades” (crónica de Josep M. Sanmartí); El Correo Español, 24-IX-1976, p. 15: “Gutiérrez Mellado juró su cargo como vicepresidente del Gobierno” (crónica de Europa Press).

[17] Cfr. ABC, 23-IX-1976, p. 3: “Cambio en la vicepresidencia del Gobierno” (editorial); Pueblo, 23-IX-1976, p. 3: “Un relevo en Castellana” (editorial); Informaciones, 23-IX-1976, p. 1: “Juró su cargó el nuevo vicepresidente” (crónica sin firma); El País, 23-IX-1976, p. 6: “Una medida de largo alcance” (editorial); El Correo Español, 23-IX-1976, p. 23: “Acogida favorable al nombramiento de Gutiérrez Mellado” (crónica de Amalia S. Sampedro).

[18] Cfr. Pueblo, 7-I-1977, p. 1; Ya, 7-I-1977, p. 5; Diario 16, 7-I-1977, p. 5; Diario de Navarra, 7-I-1977, p. 1.

[19] Las palabras del Rey fueron las siguientes: “La disciplina, difícil de conservar en algunas circunstancias, tiene que ser el elemento más firme en que se tienen que apoyar nuestros Ejércitos. Sin ella no es posible la acción de mando. El principio de autoridad debe prevalecer en todo momento y circunstancia”. Tomado de Pueblo, 7-I-1977, p. 5.

[20] Cfr. El Alcázar, 7-I-1977, p. 1: “El Rey afirmó que ‘la disciplina tiene que ser el elemento más firme en que se tienen que apoyar nuestros Ejércitos’”; Ya, 7-I-1977, p. 5: “El Rey dijo en su alocución a las Fuerzas Armadas que la disciplina debe ser el elemento más firme en que se tienen que apoyar nuestros Ejércitos”; Diario 16, 7-I-1977, p. 5: “La disciplina debe ser el elemento más firme de los Ejércitos”; La Vanguardia, 7-I-1977, p. 3: “‘El principio de autoridad debe prevalecer en todo momento y circunstancia’ (El Rey)”; Mundo Diario, 7-I-1977, p. 1: “Disciplina y justicia”; El Correo Español, 7-I-1977, p. 14: “Juan Carlos I: ‘La disciplina debe ser el elemento más firme en que se apoye el Ejército’”; Diario de Navarra, 7-I-1977, p. 1: “Don Juan Carlos: ‘La disciplina, difícil de conservar en algunas circunstancias, tiene que ser el elemento más firme en que se tienen que apoyar nuestros ejércitos’”.

[21] Cfr. Pueblo, 7-I-1977, p. 5: “‘La disciplina, difícil de conservar en algunas circunstancias, tiene que ser el elemento más firme en que se tienen que apoyar nuestros Ejércitos’”.

[22] ABC, 7-I-1977, p. 1 de huecograbado.

[23] El País, 7-I-1977, p. 1.

[24] ABC, 7-I-1977, p. 3: “El Rey y el Ejército” (editorial). En este editorial se alabó también la mención de Don Juan Carlos a la disciplina.

[25] Pueblo, 7-I-1977, p. 3: “El Ejército, en la hora de España” (editorial).

[26] Cfr. Ya, 8-I-1977, p. 7: “El silencio de las fuerzas armadas” (editorial).

[27] Diario 16, 7-I-1977, p. 4: “Ejército y política” (editorial).

[28] La Vanguardia, 7-I-1977, p. 5: “Garantía de libertad y de orden” (editorial).

[29] Mundo Diario, 9-I-1977, p. 4: “Reforma y Fuerzas Armadas” (columna de Sebastián Serrano).

[30] Pueblo, 27-I-1977, p. 3: “Con el mandato del pueblo español” (editorial).

[31] Ya, 27-I-1977, p. 9: “Valores fijos” (columna de Luis Apostua); El Correo Español, 27-I-1977, p. 22: “Valores fijos” (columna de Luis Apostua).

[32] El País, 14-IV-1977, pp. 1 y 6: “Nada es casual” (editorial).

[33] Diario 16, 13-IV-1977, p. 4: “El coraje de la Corona” (editorial).

[34] La Vanguardia, 16-IV-1977, p. 5: “Manda el Rey” (editorial).

[35] Tomado de ROMERO, Emilio (1986). Papeles reservados II. Barcelona: Plaza & Janés, pp. 264-266.

[36] ABC, 14-IV-1977, p. 2: “Los valores intocables” (editorial).

[37] El Correo Español, 14-IV-1977, p. 25: “El deber del Ejército” (editorial).

[38] Arriba, Diario 16, El País, Informaciones, Pueblo y Ya.

[39] Pueblo, 16-IV-1977, p. 1: “No frustrar una esperanza” (editorial); Ya, 16-IV-1977, p. 12: “No frustrar una esperanza” (editorial); El País, 16-IV-1977, p. 1: “No frustrar una esperanza” (editorial); Diario 16, 16-IV-1977, p. 4: “No frustrar una esperanza” (editorial). También La Vanguardia y El Correo Español –este último de forma resumida– reprodujeron el editorial de la prensa madrileña. Cfr. La Vanguardia, 16-IV-1977, p. 7: “No frustrar una esperanza” (editorial); El Correo Español, 19-IV-1977, p. 25: “No frustrar una esperanza” (editorial). El entonces director de Diario 16 se atribuye la iniciativa de publicar este artículo conjunto: “Ese editorial me lo inventé yo. Convoqué la reunión con los directores de los periódicos, nos reunimos en la Plaza del Callao, donde estaba la Asociación de la Prensa y se redactó aquel texto. Y aquello fue realmente oxígeno vital para el Gobierno, que estaba contra las cuerdas. Incluso me llamó Adolfo Suárez para darme las gracias”. Entrevista del autor con Miguel Ángel Aguilar (Madrid, 30-X-2004).

[40] Cfr. ABC, 17-IV-1977, p. 9. Ni ABC ni El Alcázar fueron invitados a la reunión en la que se redactó “No frustrar una esperanza”, pues habían mostrado con anterioridad y de forma abierta su oposición a legalizar el Partido Comunista. Cfr. OLMOS, Víctor (2002). Historia del ABC. 100 años clave en la historia de España, Barcelona: Plaza & Janés, p. 544.

[41] ABC, 17-IV-1977, p. 2: “Primer objetivo: la distensión” (editorial). Sin embargo, en este artículo ABC presentó objeciones al texto del editorial conjunto. Básicamente fueron que era injusto calificar de antidemócratas a quienes se oponían a la legalización del PCE y la negación de que esta resistencia fuera un intento de provocar a los militares. 

[42] El Alcázar, 16-IV-1977, p. 1: “Conjuntivitis” (editorial).

[43] Cfr. ABC, 7-I-1978, p. 1: “El Rey pide al Ejército comprensión, serenidad y confianza”; Ya, 7-I-1978, p. 1 de huecograbado: “El Rey pide en la Pascua Militar comprensión, serenidad y confianza”; La Vanguardia, 7-I-1978, p. 1 de huecograbado: “Comprensión, serenidad y confianza”; El Correo Español, 7-I-1978, p. 1: “El Rey pidió comprensión, serenidad y confianza a las Fuerzas Armadas”.

[44] Cfr. El País, 7-I-1978, p. 10: “El Rey pidió a las Fuerzas Armadas comprensión, serenidad y confianza”; Deia, 7-I-1978, p. 13: “El Rey pidió comprensión, serenidad y confianza”.

[45] Cfr. Pueblo, 7-I-1978, p. 1: “Comprensión, serenidad, confianza”; Mundo Diario, 7-I-1978, p. 1: “En su discurso con motivo de la Pascua Militar, el Rey pide confianza y comprensión a las Fuerzas Armadas”.

[46] Don Juan Carlos pidió a las Fuerzas Armadas “comprensión para que los cambios tengan lugar con orden, sin quedarse aferrados al tiempo pretérito; serenidad para asistir al proceso que estamos viviendo sin nerviosismos, excitación o precipitaciones; confianza en el mando, que tiene más conocimientos, más información y más fundamentos para decidir en la forma que lo hace”. Tomado de Pueblo, 7-I-1978, p. 1.

[47] ABC, 7-I-1978, p. 2: “Comprensión, serenidad y confianza” (editorial).

[48] Ya, 8-I-1978, p. 5: “Los grandes problemas y las fuerzas en presencia” (editorial).

[49] Ya, 7-I-1978, p. 10: “Suave frenazo” (columna de Luis Apostua); El Correo Español, 7-I-1978, p. 21: “Suave frenazo” (columna de Luis Apostua); Diario de Navarra, 7-I-1978, p. 10: “Suave frenazo” (columna de Luis Apostua).

[50] La Vanguardia, 7-I-1978, p. 5: “Actuar con el tiempo” (editorial).

[51] Mundo Diario, 7-I-1978, p. 3: “Hablar para que entiendan todos” (editorial).

[52] Cfr. ABC, 22-XI-1978, p. 5: “Conversaciones telefónicas entre el Rey y Suárez” (crónica sin firma); La Vanguardia, 22-XI-1978, p. 3: “Suárez recibió a los capitanes generales de Barcelona, La Coruña y Madrid” (crónica sin firma); Mundo Diario, 22-XI-1978, p. 5: “El Rey, al día” (crónica sin firma); El Correo Español, 22-XI-1978, p. 18: “Suárez informa al Rey sobre los últimos incidentes” (crónica de Efe); Deia, 19-XI-1978, p. 39: “Reunión de Suárez con Gutiérrez Mellado y altos cargos militares” (crónica sin firma); Diario de Navarra, 22-XI-1978, p. 6: “El Rey informado sobre los sucesos militares” (crónica de Efe).

[53] Diario 16, 21-XI-1978, p. 1: “La izquierda iría a la huelga general” (crónica sin firma); Mundo Diario, 21-XI-1978, p. 5: “‘A la huelga general’” (crónica de agencias); Avui, 26-XI-1978, p. 4: “Carrillo creu que l’exèrcit ‘és encara en posició d’espera’” (crónica sin firma); El Correo Español, 22-XI-1978, p. 24: “Aparente calma” (crónica de Amalia S. Sampedro); Deia, 21-XI-1978, p. 28: “Fraga: ‘Gutiérrez Mellado y Martín Villa no inspiran confianza’” (crónica sin firma); Diario de Navarra, 21-XI-1978, p. 6: “‘En caso de golpe militar serio, PCE, PSOE y los sindicatos se pondrían al lado del Rey e irían a la huelga general” (crónica de Efe).

[54] El Alcázar, 24-XI-1978, p. 3: “Cómo defender revolución y Monarquía” (artículo de opinión de Vintila Horia).

[55] Pueblo, 20-XI-1978, p. 3: “El Ejército, en su puesto” (editorial).

[56] El País, 19-XI-1978, p. 10: “Energía frente a la indisciplina” (editorial).

[57] La Vanguardia, 21-XI-1978, p. 5: “En la recta final” (editorial).

[58] Ya, 22-XI-1978, p. 16: “Alguien lo pensó” (columna de Luis Apostua); El Correo Español, 22-XI-1978, p. 25: “Alguien lo pensó” (columna de Luis Apostua); Diario de Navarra, 22-XI-1978, p. 5: “Alguien lo pensó” (columna de Luis Apostua).

[59] El Alcázar, 23-XI-1978, p. 5: “‘El Gobierno tiene el control de la situación’” (crónica sin firma); ABC, 23-XI-1978, p. 5: “‘Completa normalidad en las guarniciones’” (crónica sin firma); Pueblo, 23-XI-1978, p. 4: “El Gobierno controla la situación” (crónica de José A. Visuña); Ya, 23-XI-1978, p. 5: “Confianza del Gobierno en las Fuerzas Armadas y en las de orden público” (crónica sin firma); El País, 23-XI-1978, p. 1: “El Congreso apoya al ministro de Defensa” (crónica sin firma); La Vanguardia, 23-XI-1978, p. 6: “Gutiérrez Mellado ante el Congreso” (crónica sin firma); Mundo Diario, 23-XI-1978, p. 28: “Intervención de Gutiérrez Mellado” (crónica sin firma); Avui, 23-XI-1978, p. 13: “El govern prometé fermesa en la qüestió militar” (crónica sin firma); El Correo Español, 23-XI-1978, p. 21: “‘El Gobierno tiene el control de la situación’” (crónica de Efe); Deia, 23-XI-1978, p. 16: “Gutiérrez Mellado: ‘Todo está bajo control del Gobierno’” (crónica sin firma); Diario de Navarra, 23-XI-1978, p. 4: “‘El Gobierno controla la situación’” (crónica de Colpisa).

[60] Entrevista del autor con José Luis Cebrián Boné (Madrid, 29-X-2003).