LA TRANSICIÓN DE LA PRENSA A LA DEMOCRACIA: LA LLEGADA DEL ARTÍCULO 20 A LOS PERIÓDICOS

 

Virginia Martín Jiménez

Doctoranda de la Universidad de Valladolid

 

Introducción

 

El 6 de diciembre de 1978 el 67’1% de la población española llegó hasta las urnas para votar la Constitución, de todos ellos solo un 7’8% lo hizo en contra, mientras que el 87’9% votó a favor. La victoria constitucional fue innegable. Los españoles habían pronunciado un “Sí” que no sólo expresaba el respaldo al texto constitucional sino que, más allá de ese voto afirmativo hacia esos 169 artículos, España estaba apoyando a la democracia y por ello esa transición de consenso, tolerancia y olvido debía seguir adelante[1].

Desde ese momento la prensa contaba con el marco jurídico necesario para cumplir su función. La Constitución había reconocido el derecho “a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier medio de reproducción”, así como “a comunicar o recibir información veraz por cualquier medio de difusión” (Art. 20.2.a y 20.1.d), teniendo como única limitación para el desarrollo de estas funciones “el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia” (Art. 20.4).[2]

El hecho de que el artículo 20 no se pusiera en marcha hasta que se aprobó la Constitución y sin que anteriormente se hubiera derogado la Ley de prensa de 1966, simplemente se dio por supuesta su abolición, no debe llevarnos a pensar que no existió la libertad de expresión ni la de información, al contrario porque antes de las elecciones a Cortes de 1977, a falta de instituciones que representaran al pueblo, la prensa, tal y como gustaba decir en aquella época, se convirtió en un parlamento de papel. Pero esto no quiere decir que cuando los partidos políticos y las Cortes comenzaron a ser los representantes del pueblo los rotativos dejaran de ser los grandes protagonistas porque la historia de la transición española no podría estudiarse sin la prensa[3].

Los periódicos van a actuar como motores del cambio en la transición española y por ese motivo la lectura de la prensa de aquellos años nos permite observar las primeras reacciones ciudadanas, la opinión pública del momento y la psicología del pueblo español[4]. Un buen periódico, como escribió Arthur Miller “es una nación hablando consigo misma” y precisamente por ello nuestro trabajo pretende analizar los tres principales rotativos del Valladolid de 1978: El Norte de Castilla, Libertad  y el Diario Regional. Como reflejo del pluralismo informativo de la transición a la democracia, estos  periódicos van a permitirnos conocer tres posicionamientos diferentes, aunque no siempre opuestos, ante un mismo tema: el artículo 20.

No pretendemos únicamente profundizar en la polémica que pudo crear la formulación de este artículo, sino que en realidad el objetivo primordial de nuestra investigación es indagar en como la prensa hizo uso de la libertad de expresión y de información antes del nacimiento de la Constitución. Los periódicos nos han dejado grabado para siempre como reaccionó la población en general, tanto los periodistas como los lectores de la prensa, cuando tuvieron en sus manos el poder de la libertad. ¿Qué debates fueron los más polémicos?, ¿se asumió rápidamente que todo ciudadano podía expresar libremente sus ideas, pensamientos y opiniones?, ¿se respetó realmente este derecho?.

Los españoles habían vivido durante casi cuarenta años inmersos en una dictadura que los había enseñado a callar y obedecer ,anulando el sentido crítico y el carácter propio y diferenciador de cada opinión y de cada individuo. España, en los últimos años de la década de los 70, iba a aprender a ser demócrata y en ese aprendizaje el gran guía y el principal medio de ensayo iba a ser la Prensa.

 

No nos callaran: la prensa ante el atentado contra El País

 

“Una carta bomba, que contenía un kilo de goma dos, hizo explosión esta mañana, a las diez y media, en la sala de recepción de correspondencia del diario El País, situado en al calle Miguel Yuste, e hirió de gravedad a dos empleados del periódico y levemente a otro (...)” [5]. Era el 30 de octubre de 1978, la carta iba dirigida al director del periódico, Juan Luis Cebrián. Al día siguiente del atentado “una voz pausada, que pronunciaba las palabras con lentitud y claridad, llamó a la redacción central de Efe en Madrid, (...) para reivindicar el atentado perpetrado contra el diario El País. (...) El redactor que tomó el teléfono quiso saber quién llamaba, a lo que el comunicante contestó El GRAPO, para reivindicar el atentado al periódico....[6].

La reacción de la prensa nacional no se hizo esperar, de forma inmediata todos los rotativos comprendieron que aquel atentado no iba dirigido únicamente al periódico de Juan Luis Cebrián porque esa carta bomba se había enviado para atacar a la libertad de expresión en general y a los periódicos en particular. Este acontecimiento no hizo callar a la prensa, al contrario, la animó a demostrar su fuerza. Si habían sido atacados era porque representaban un poder, una importante influencia en la sociedad. Ésta tomó conciencia, más que nunca, que sin ella no habría democracia, pues era la tribuna desde la que hablaba la opinión pública , era una fuerza que resultaba temible y por ello se había convertido en objetivo de los terroristas.

Al día siguiente del atentado los editoriales de El Norte de Castilla, El Diario Regional y Libertad condenaron el terrorismo. En el trasfondo de esa condena y del grito de “No tenemos miedo”, que lanzaron todos a una, independientemente de la ideología de cada periódico, se puede leer entre líneas la idea que existía sobre la libertad de expresión y el derecho a la información.  El Diario Regional  expresó su condena de la siguiente manera: “un salvaje golpe que no ha tirado a las cuerdas a nadie, pero nos ha dañado a todos. (...). Pero no importa, si hay que pagar se paga, si tenemos que volver a ser la gente de la tinta, como si tienen que ser los hombres del uniforme. Aquí, señores, se está dispuesto a todo y desde aquí lo afirmamos. (...)Pueden insistir hasta su límite, el nuestro está en defender la información y la libertad y creemos que la Constitución forma parte de ella. A nuestros compañeros de El País nuestra espalda para arrimar el hombro”.

Esa carta bomba resultó ser la gota que colmó el vaso, la prensa reaccionó denunciando no solo el terrorismo, que sufría con mucha frecuencia, sino las continuas amenazas e insultos que recibían[7] los periodistas, quienes eran, como escribió Pedro Rodríguez en Libertad:  “una vieja, maldita, humilde raza que ha trabajado años y años con la censura, la mentira o la amenaza, como floreros negros sobre nuestras mesas de escribir”[8].

La marcha hacia la libertad fue una continua prueba de fuerzas donde la prensa impulsó la búsqueda de la democracia y de los derechos de los ciudadanos. Los rotativos se consideraban los responsables de velar por los derechos de los españoles y por ese motivo aunque no se evitaba el conflicto sí se intentaba que éste fuera moderado[9]. Así la nota dominante en esos editoriales del 31 de octubre fue el mostrar coraje, denunciar los hechos y amenazar con  que nadie les iba a callar. Libertad  publicó un extenso editorial en el que insistía en esa imagen de la prensa como protagonista principal de la transición: “hay empeños asesinos, visibles y reiterados de algunas minorías, por acallar la voz de la libertad, imposibilitar la convivencia de los españoles y truncar las esperanzas de un régimen democrático. (...)Estos profesionales del terror tiene en su punto de mira, como uno de sus más cualificados enemigos, a los medios de comunicación social, ventanas a la libertad que algunos pretenden cerrar de un portazo porque son, ni más ni menos , que uno de los soportes básicos de todas las democracias y , muy especialmente, de la española, por las peculiares características en que se ha alumbrado ésta. (...)Nos jugamos el porvenir. Los periódicos y los periodistas, pues aceptamos el reto. Vamos a estar en guardia y en vigilancia si preciso fuera para que nadie ahogue ni cierre ninguna ventana a la libertad de los españoles. Sencillamente, en el cumplimiento de nuestro deber. Con amenazas y dinamita, cartas-bombas y metralletas, nadie nos va a silenciar, porque en la lucha, mal que pese a muchos, acaba triunfando siempre la verdad y la razón. Aunque en el camino queden las vidas de un puñado de ejemplares españoles. Por ellos, precisamente, no nos callarán”.

Los terroristas pretendían, atacando a la prensa, acallar la voz de la opinión pública. El atentado contra El Papus, el asesinato de Jose María Portel, director de la Hoja del lunes de Bilbao; el atentado contra el director del El correo español  y el Pueblo Vasco, el que sufrió Cambio 16, la carta bomba al rotativo de Juan Luis Cebrián ......, eran el reflejo de que la prensa había dejado de ser un simple instrumento propagandístico, como había sido durante el franquismo, para convertirse ahora en un medio de transmisión de información capaz de conformar una determinada opinión pública. Los periódicos Impulsaron el nacimiento y el desarrollo de una conciencia del cambio, reflejaron los continuos juegos de intereses y los muchos “tira y afloja” entre partidos políticos[10]. La prensa volvió a ser el cuarto poder.

Fueron los rotativos en muchos casos los que alentaron a la población a vencer las dificultades de esta “modélica”, pero nunca fácil, transición política. La periódicos, poco a poco, fueron aprendiendo a trabajar en democracia y sobre todo, y en realidad lo que entrañaba más dificultad, fueron los principales encargados de enseñar a los españoles lo que era la libertad[11].  Los medios de comunicación vivieron su propia transición y mientras que España se hacia demócrata ellos se hacían libres. Por ello no podría entenderse el cambio que se llevó a cabo en los años 70, ni el éxito que tuvo la transición española sin analizar el papel que jugó la prensa.

 

La polémica constitucional

           

            La elaboración de la Constitución española fue un proceso lento y complejo que generó de forma paralela toda una polémica protagonizada por los periodistas y por la población en general. Desde el mes de enero de 1978 hasta noviembre de ese mismo año, fecha en la que Senado aprobó el anteproyecto, la prensa va a poner en marcha toda una maquinaria cuyo motor se movía gracias a la libertad de expresión. Las cartas al director, las colaboraciones, los editoriales, las secciones de humor...., han dejado impresa la opinión pública de aquel año decisivo de la transición española, de ahí el gran valor que tienen como documento histórico.

            El análisis de esta polémica lo hemos elaborado a partir de los tres periódicos más representativos de Valladolid, aunque la investigación ha sido más exhaustiva entorno a El Norte de Castilla, rotativo que aún sigue siendo uno de los más vendidos en la provincia y que pronto celebrará su sesquicentenario. El motivo de que le dediquemos más espacio de nuestro estudio estriba solamente en que su difusión y ventas no tenían parangón con las del Libertad o las del Diario Regional, y por lo tanto su influencia a la hora de generar una determinada opinión pública fue mucho más notable[12].

 

 

 

“LOS AÑOS SIN SENTIDO” DE EL LIBERTAD [13]

            Durante la transición política española el diario fundado por Onésimo Redondo era consciente de que su existencia tenía los días contados. Comenzaba así la marcha atrás hacia su desaparición[14]. En 1978 la dirección de este rotativo, personalizada en la figura de Juan Jesús Rodero, llegó a registrar pérdidas de hasta 44 millones de pesetas. No tenía apoyo de la ciudadanía, su difusión era mínima y al presentar un número de ventas muy bajo no encontraba anunciantes que le proporcionaran los ingresos que todo periódico necesita[15]. Por otra parte la competencia cada vez era más fuerte, no sólo por parte de su eterno rival, El Norte de Castilla, sino también porque la prensa de la capital española cada vez tenía mejor acogida de los vallisoletanos[16].

            Muerto Franco, los periódicos de la Cadena del Movimiento habían perdido todo su sentido y razón de ser[17]. El único objetivo por el que habían sido construidos había sido el de servir como medio de legitimación de la dictadura y por lo tanto desaparecida esta a sus rotativos les quedarían pocos años de vida. Deseando superar todas esa aversiones y dificultades, Libertad intentó adaptarse a los nuevos tiempos[18]. De forma constante insistió en que lo importante era que España se colocara al nivel del resto de los países de occidente, sin que este cambio fuese brusco o radical porque, muy al contrario, la transición debiera ser pausada y sin rupturas tajantes.

            El rotativo dirigido por Jesús Rodero careció durante la transición a la democracia de una línea editorial bien determinada. Se amoldó a las exigencias de cada momento y siguió las pautas que marcaban los intereses políticos según las circunstancias. Lo que traía muy preocupado a este diario era la lentitud con la que se estaba redactando la Constitución española[19], pues en su elaboración estaban ocupando “mucho tiempo, si se tiene en cuenta lo que aconteció con anteriores Constituciones que , como la de ahora, iban a llenar un vacío político de transición tras un cambio de régimen. (...) A la vista de estos datos se advertirá que la Constitución nonata, la de 1978, lleva un largo periodo de gestación. Sin duda demasiado” [20].

            Libertad estaba dispuesto a dejarse llevar por la corriente del momento porque en 1978 lo importante  para este diario, como se representó en la “sección de humor de Ramón”, era “aguantar hasta la Constitución y luego que la Constitución aguantara” [21]. Para la línea editorial de este rotativo apoyar el texto constitucional era ser realistas y actuar con sentido común porque “si no es la mejor de las que hubieran sido posibles, es aceptable, garantiza los derechos humanos y civiles, norma la plenitud democrática y abre un campo de juego razonable para un período de la vida española”[22].

           

“NI RUPTURA NI INMOVILISMO”: El DIARIO REGIONAL

            Desde el mes de octubre de 1977 hasta ese mismo mes del año siguiente la dirección del Diario Regional va a estar en manos de Pedro Muñoz García, para más adelante, y hasta febrero de 1979, dejar paso a la que sería la primera mujer en ocupar la dirección de un diario en Valladolid, me refiero a María Aurora Viloria Nieto[23].Tampoco fueron estos años fáciles para este rotativo que durante el franquismo había representado a la prensa católica. Hasta que salió a la calle su último número, el 7 de marzo de 1980, los problemas laborales, los conflictos con los trabajadores o la acumulación de deudas no hicieron más que aumentar a pesar de todos los intentos que se llevaron a cabo para salvar la empresa.[24]

            Este diario adoptó un perfil cambiante, completamente inestable que tan pronto le situaba dentro de una línea de extrema izquierdas como le hacía aparecer con una ideología que recordaba mucho a los postulados franquistas[25]. Diario Regional era capaz de apostar por la democracia un día y al día siguiente lanzar una campaña en contra de la Constitución española. Sus páginas le convirtieron en una prensa cargada de sensacionalismo y de un férreo y radical regionalismo que no dudó en mostrar a cada instante, recalcando que defendería siempre a la patria porque “defender a España es defender a esta Castilla” a quien nadie reconoce que “todo cuanto otras regiones tienen lo disfrutan gracias a ella”[26].

Este rotativo declaraba haber aceptado la situación de cambio que se vivía en los años setenta, se consideraba un diario independiente y portavoz de los intereses de Castilla. Su lema, como declaró en sus páginas el día que cambió su nombre por el de El Diario , era el siguiente : “ni ruptura, ni inmovilismo. Ni queremos romper con un pasado que desde siglos consideramos glorioso, ni queremos estancarnos en la historia de los tiempos (...). Hoy queremos luchar como caballeros para poder morir mañana como cristianos” [27].

           

EL DEBATE EN LAS CARTAS AL DIRECTOR

Entre los temas que fueron objeto de más discusión durante los diez meses previos a la campaña del referéndum encontramos los referidos a la estructura territorial del Estado, la ley electoral, las Fuerzas Armadas, la educación o la fijación de la mayoría de edad. No obstante habría que puntualizar que los temas que incitaron en mayor medida a que la gente se lanzara al debate y expusiese sus opiniones fueron los que presentaban una relación con la ética o la religión.

 Sencillamente con que observemos las cartas que El Norte de Castilla publicó en su “Correo espontáneo” percibiremos qué cuestiones movilizaron más a la población en general. No estamos hablando de los editoriales ni de los artículos de los periodistas que colaboraron en un determinado periódico, nos referimos a muchos españoles que aún no habían aprendido el verdadero sentido de la democracia, políticamente hablando, pero cuando un tema se adentraba en el campo de sus creencias o de sus valores reaccionaban, haciendo uso de la libertad de expresión, escribiendo lo que opinaban. Por eso en el “Correo espontáneo” veremos que temas que generaron un gran debate en el entorno político, como la ley electoral, no van a tener tanta resonancia a nivel popular, mientras que el divorcio, la libertad de enseñanza, el aborto, los nuevos valores, la libertad de expresión o la pena de muerte, van a provocar un alubión de cartas de opinión extensas y en muchos casos viscerales que a veces llegan a formar toda una polémica en la que ciudadanos de opiniones dispares se van a responder lanzando críticas a sus adversarios ideológicos, defendiendo y justificando sus propias convicciones.

Un ejemplo de estos debates podemos encontrarlo en las páginas del Decano de la prensa española, en la sección que anteriormente hemos citado. Se trata de la discusión acerca del divorcio, una combate impreso que tuvo una enorme repercusión en las páginas del diario. Haciendo un balance de lo publicado encontraremos una gran variedad de pareceres y argumentos, aunque, teniendo en cuenta una visión conjunta, podríamos decir que el vencedor fue el “no al divorcio”.

Cada correo espontáneo acerca de este tema provocaba toda una serie de réplicas que a su vez creaban otras diferentes. Una opinión que late en muchas de las cartas que se envían a la redacción es aquella que considera que el pueblo español está siendo manipulado por sus políticos ya que estos estarían aprovechando que la Constitución presentaba muchas ventajas, para introducir en ella artículos que no hubiesen sido nada fáciles de aprobar si se hubieran votado en un plebiscito independiente, como sería el caso del divorcio[28].

Los escritos a favor del divorcio suelen ser menos viscerales, y aluden al derecho que tiene todo hombre de actuar con plena libertad, además de acusar de hipócritas a aquellos que prefieren un matrimonio roto que guarde las apariencias a una pareja divorciada. Por otro lado, los que atacan al divorcio lanzan mensajes más radicales y acusadores, llegando a resultar en muchos casos exagerados ,como el que aparece en El Norte de Castilla, el 14 de enero, en el que se puede leer: “Se nos ha instalado en España la pornografía, el adulterio y el amancebamiento. Ahora se intenta institucionalizar el divorcio.(....) Aprobar el divorcio es asesinar la familia, matar la sociedad y torturar al ser humano en su espíritu. (...) Divorcio, aborto, eutanasia.....echar a rodar la piedra y acabaremos comiendo chorizo de niño y jamón de viejo. Negro, pero penosamente real” [29].

La gran mayoría de los correos que censuran el divorcio suelen alegar motivos religiosos: “lo único que me preocupa son las palabras que en cualquier Biblia, hasta en las más herejes, pone. Hay un NO rotundo en cuanto al adulterio y al desear la mujer del prójimo, y otro NO rotundo para que lo que Dios juntó NO lo separen los hombres. Me preocupa porque no es un invento religioso ni es patrimonio de ninguna religión. Resulta que es la ley de Dios” [30].

 En cambio los escritos a favor de esa ley los suelen redactar agrupaciones políticas o asociaciones de ideología liberal que fundamentan su postura en el valor de la libertad, un ejemplo de ello es la carta que escribió la Asociación Democrática de la Mujer de Castilla y León, donde se rebate a unos correos publicados en días anteriores exponiendo los puntos principales del proyecto de Ley de Divorcio presentado en las Cortes por la Federación de Organizaciones Feministas del Estado Español, enviando como argumento fundamental el siguiente: “todos los derechos fundamentales en una sociedad democrática parten del derecho inalienable de la libertad de pensamiento, que genera la libertad de expresión y reunión, y ambas la de Asociación; partiendo de esto, el derecho a la esfera de la intimidad del individuo surge del propio derecho a la libertad de pensamiento, y este derecho a la intimidad presupone el derecho de todo individuo a verse libre de intromisiones por parte del Estado, en materia que afecta básicamente a la persona (derecho a contraer matrimonio o no, a procrear hijos o a evitar la concepción, y, en definitiva, a divorciarse. Así, el divorcio no es sanción ni remedio, sino un derecho civil básico, preservado constitucionalmente por el Estado” [31].

Dos temas que aunque resultan muy dispares se entremezclan en las cartas al director  son el aborto y el divorcio. El motivo de que esto suceda estriba en que uno de los argumentos para rechazar el divorcio es el de defender al menor y esa defensa, por lo tanto, rápidamente se enlaza con la defensa de los no nacidos y la prohibición al aborto[32]. Son muchos los casos en los que se reprocha al gobierno que no vaya a convocar un referéndum nacional para debatir de forma independiente temas tan delicados como estos[33].

La sección de las cartas al director fue una gran puerta abierta al debate. España que llevaba décadas en silencio sin poder expresar sus opiniones va a aprovechar las oportunidades que le brindaba la prensa para mostrar su apoyo o repulsa hacia cualquier tipo de leyes, debates o acontecimientos. Por ello esas páginas son uno de los mayores ejemplos de que la libertad de expresión no era una entelequia, sino que era una realidad que ya habían asumido los españoles mucho antes de que naciera el artículo 20. Quizá si en algo estaban de acuerdo la mayor parte del electorado era en que todo hombre tenía derecho a expresar y difundir libremente sus pensamientos y opiniones[34].

 

LA MODERACIÓN DE FERNANDO ALTÉS

La correspondencia dirigida a la dirección del periódico fue usada como medio de debate que sobrepasó el ámbito popular, llegando incluso a tener como protagonistas en muchos casos a destacados representantes de distintos partidos políticos. El Norte de Castilla, dirigido en aquellos años por Fernando Altés,[35] adoptó una línea claramente monárquica y moderada pero también dispuesta al cambio, lo que no siempre le ocasionó beneficios. En uno de sus editoriales, titulado “El voto particular del PSOE” , se alude y critica la actuación del Partido Socialista al presentar un voto particular sobre el artículo constitucional relativo a la monarquía parlamentaria. La dirección del rotativo reaccionó con gran virulencia censurando la actitud del partido de Felipe González e increpándole con una serie de preguntas que resultan en muchos casos hasta anacrónicas: “¿Interesa realmente la democracia al PSOE o sólo le interesa su propia visión del Estado?, ¿sueña, por el contrario, con una sociedad de modelo marxista y quiere ya desde ahora proyectar ese modelo de República socialista?”. Y es que le diario de Altés consideraba, como dejo escrito en su editorial, “que en España hay una monarquía, gracias a la cual- y únicamente gracias a ella- se está pudiendo pasar de una situación política autoritaria a una situación democrática”[36].

La respuesta no se hizo esperar y así unos días después encontramos en la sección de “Correo espontáneo” una carta firmada por Pedro Gómez Bosque, Gregorio Peces Barba y Juan Colino Salamanca. En ella los parlamentarios socialistas de Valladolid se defienden y expresan su protesta por las palabras que aparecieron publicadas en el editorial de ese periódico al que acusan de no ser independiente porque “tiene como presidente de su Consejo de Administración a un senador de UCD” y están seguros de que “la presencia del señor Royo Villanova en ese periódico produce una inexorable parcialidad en las opiniones editoriales a las que sin duda no es ajeno. En todo caso tenemos que pedirle que esa parcialidad no vaya acompañada de malos  modos verbales como los que hemos denunciado” [37].

Altés, como era de suponer, respondió a continuación a aquella carta haciendo alegato de la libertad de expresión que existía en su periódico, siendo este el motivo por el que no tenía “inconveniente alguno en publicar su apasionado reproche” (el de los socialistas). Recuerda que, como bien dice la cabecera de su rotativo, son independientes y concluye lanzando la siguiente sentencia: “Nadie ha puesto en duda la dignidad moral del PSOE pero quizá se puede dudar de la inteligencia de sus responsables”.

El Decano de la prensa española optó por el pacto y los acuerdos, lo  que nunca  significó que no se llevaran a cabo serias críticas al proyecto constitucional. Por ese motivo, en más de un editorial, se puntualizan determinados artículos o se advierte que los cimientos de la democracia española, es decir su Constitución, debían ser seguros y duraderos, aunque en levantarlos se invirtiera mucho tiempo. El rotativo de Altés calificó al proyecto constitucional de “prolijo, torpe, indiferenciado y equívoco en más de un tema esencial”. Tiene bien claro que el consenso es necesario e imprescindible porque con esa Ley deben gobernar distintos partidos con diversas ideologías pero por otra parte aclara que hay determinadas leyes que no considera que deban tener ese mismo carácter flexible, refiriéndose en concreto a las relacionadas con los derechos básicos, acerca de los cuales se deberían ofrecer tipos jurídicos netos[38].

Este podría ser el caso de la cuestión de la libertad de enseñanza ante la que El Norte de Castilla  reaccionó de forma rápida señalando que si la Constitución no se hubiese planteado de forma tan ambigua se habrían evitado conflictos como este. Para el diario de Altés el proyecto de esa ley  resultaba “lo suficientemente incorrecto y ambiguo como para que en la realidad y a la hora de la praxis de un gobierno que quiera forzar el texto constitucional no sólo no garantice en absoluto la libertad de enseñanza, sino que sólo sirva como expediente de ingreso al triunfo pleno de la escuela única y estatal, que naturalmente es una de las manifestaciones de todo totalitarismo”[39].

El Norte de Castilla en la cuesta hacia la democracia apostó por un sistema de gobierno en el que no hubiera cabida para “los viejos fantasmas de divisiones radicales”. Se consideraba un medio necesario a través del cual se podrían escuchar todas las opiniones sobre el texto constitucional, tanto en su vertiente política como en la filosófica o moral. Su carácter moderado se refleja constantemente porque considera que “convendría que esas voces, por encontrados pareceres que traduzcan, mostrasen su voluntad de consenso y de flexibilidad” [40].

 

EL CAMINO DEL CONSENSO

El cambio político que se vivió en España en los años 70 no estuvo exento de dificultades y para salvarlas se recurrió al archirepetido consenso. Optar por el consenso fue muy positivo en cuanto que hizo más fácil hacer frente a la crisis económica o a la elaboración de la Constitución, transmitiendo sosiego y tranquilidad a la población. Además la prensa colaboró mucho en ese consenso, lo que la convirtió en un factor de estabilización política imprescindible. Pero por otra lado esa actitud provocó una grave desmovilización social[41] y un inesperado desencanto[42].

Centrándonos en la Constitución señalaremos que el consenso entorpeció considerablemente su perfeccionamiento. Julián Marías, senador por designación real durante aquel año, contribuyó a la elaboración de la Constitución provocando una seria polémica tras presentar varias enmiendas que corregían los artículos del proyecto constitucional que el escritor y filósofo no consideraba exactos. El Norte de Castilla  actuó como foro de debate ante la polémica[43] que levantó Marías, quien también alertó desde las páginas del decano de la prensa española  del peligro que entrañaba el consenso: “el consenso es muy importante (...) pero se ha abusado de ese término, desvirtuándolo bastante, significando muchas veces con él un pacto entre dos partidos para imponer ciertas cosas sobre las cuales, precisamente, no hay consenso en el país. En la práctica, se ha usado de manera tan rígida y mecánica, que ha impedido el flexible mejoramiento de innumerables detalles. Pero a última hora se justifica hacer una Constitución que no acabe de gustar a nadie, pero en la cual pueden vivir con cierta holgura todos” [44].

La Constitución tuvo una gestación pausada, primero la Comisión de Asuntos Constitucionales del Congreso elaboró un anteproyecto que fue llevado al Congreso en pleno, quien partiendo de este, elaboró un proyecto. Una vez aprobado pasó al Senado que lo examinó, lo modificó en algunos aspectos y lo dio por válido, quedando tan solo ya dos importantes trámites: la aprobación conjunta Congreso-Senado y, por último, el referéndum popular. La cuenta atrás había comenzado, en dos meses se decidiría el futuro de la recién nacida democracia española.

 

Construir el Sí: la campaña del referéndum constitucional

 

            A comienzos del mes de noviembre se inauguró la campaña del referéndum nacional en el cual se sometería a votación popular la futura Constitución española. Valladolid se llenó de carteles en los que se animaba a los ciudadanos a responder ante las urnas de muy diversas maneras: con un voto afirmativo, negativo o mediante la abstención, aunque en realidad la campaña más ruidosa fue la del Sí. Durante esos días España se convirtió en un país empeñado en convencerse a si mismo de que aquellos más de 160 artículos eran imprescindibles si no se quería dar un paso atrás en la marcha hacia la democracia.

            “Tu derecho es votar. Vota libremente” fue el lema de esta trascendental campaña en la que desde las fuerzas que apoyaban el voto afirmativo se lanzaron mensajes como este: “”Depende de ti”, “Para 36 millones de españoles. La Constitución define quién, cómo y para qué se gobierna. Quién: quien elija el pueblo, cómo: democráticamente, para qué: para asegurar la libertad y el progreso. Y ello para 36 millones de españoles. Para todos nosotros. Por ello nuestro voto es nuestra responsabilidad”. La campaña llegó a ser agobiante y reiterativa. Estuvo encaminada a conseguir no tanto el voto afirmativo de los ciudadanos sino que estos acudieran de forma masiva a las urnas. Tal vez porque se apostaba por un triunfo seguro de la Constitución, llegó a resultar más peligroso un elevado nivel de abstención que de votos negativos.

            De forma paralela, cada uno de estos tres periódicos de Valladolid, Diario Regional, Libertad y El Norte de Castilla, van a lanzar su propia campaña, pero cada uno con su estilo propio ,porque sin que en ningún caso se pidiera de forma descarada un “No”, no todos utilizaron los mismos argumentos para pedir el “Sí”. El Decano de la prensa española abrió su campaña en la sección de humor con una viñeta de Criado en la que en un enorme cartel situado a las afueras de una ciudad se podía leer el siguiente anuncio: “¡¡Por fin!!, próximamente estreno en toda España: La Constitución. La comedia más polémica de los últimos 40 años. Protagonizada por los más prestigiosos políticos del momento y más de 36 millones de extras.

Mayores de 18 años (todavía con reparos).

Por su momento, temática y contenido pudiera herir la sensibilidad de cualquier votante” [45].

            El Norte de Castilla siempre apostó por un voto crítico y por ello animó a sus lectores a que se informaran antes de votar, porque no era tan importante obtener el “sí”, sino que durante la campaña electoral los ciudadanos comprendieran las razones por las que debían apoyar la Constitución y aprendieran a comportarse de forma democrática. La línea editorial de este rotativo siempre dejó bien claro que entre los artículos que se debatían constantemente había algunos más fundamentales que otros y por lo tanto, estos últimos podrían ser sacrificables en aras de la democracia[46].

            Que la Constitución fuera aprobada no significaría, según el diario dirigido por Altés, la culminación del proceso democrático sino el comienzo, porque el texto constitucional por si mismo carecería de valor si no trascendiera el ámbito jurídico pues “la democracia es algo muy frágil, que no se sostiene con gritos de júbilo, ni sólo con Constituciones: precisa la entera participación popular, su calor y el fair-play democrático”[47]. Pero si algo tenía preocupado a El Norte de Castilla era que la victoria constitucional se iba a proclamar en medio de un clima de despolitización y desinterés, por no decir de desilusión, escepticismo e indiferencia.

            Haciendo un balance podríamos decir que a este periódico no le gustaba del todo la Constitución pero que, no obstante, consideraba que era conveniente aunque fuera una ley de todos pero, en realidad, de ninguno. Condenó el uniformismo que había existido durante toda la campaña[48], corregido únicamente durante los últimos días para paliar las críticas, ya que consideraba que esa actitud solo era muestra de falta de libertad porque, como escribió su colaborador habitual Gabriel Elorriaga: “el eslogan Un voto vale más que mil gritos tiene todo su valor, cuando los gritos han sido escuchados, pero un solo grito amordazado puede desprestigiar a millones de votos” [49].

            Mucho más radical y variable en su posicionamiento fue el Diario Regional que, como comentamos anteriormente, hizo uso del sensacionalismo y dio bandazos de un lado a otro en busca de un público que le acogiese. Desde los comienzos de la campaña declaró que no creía en la valor del referéndum porque de nada servía la opinión de los españoles, como había quedado demostrado en los anteriores plebiscitos, en los cuales la ciudadanía “pidió y aceptó un cambio que las circunstancias exigían y al pueblo se le dio gato por liebre”. “Se le engaño porque le habían ofrecido una Ley de Reforma Política y en cambio lo que se había llevado a cabo era una ruptura”[50].

Este diario no dejó de lamentar la muerte del dictador Francisco Franco, manifestándolo en muchas líneas escritas con una gran dosis de nostalgia hacia un régimen totalitario ya desparecido. Prueba de ello son las dos primeras páginas del diario publicadas la víspera del 20 de noviembre, ya que aprovechando el homenaje que se brindaría al dictador en la Plaza de Oriente, se lanza la siguiente proclama: “en estos momentos por los que atraviesa España, Franco representa la unidad de la patria, la paz, el bien y la seguridad (...). Por eso Castilla y León quiere rendir homenaje a su figura (...). Ni la cobardía de unos, ni la traición de otros, ni el silencio de tantos, ni el egoísmo de aquellos, ni el miedo de éstos, ni siquiera el terror, podrán con España”[51].

            Aunque durante la campaña, el diario de María Aurora Viloria, atacó a los políticos en general, y más en concreto a UCD, y alertó a los vallisoletanos de que la Constitución era un gran caballo de Troya cargado de estafas y mentiras, finalmente, cuando triunfó el voto afirmativo declaró que volverse anticonstitucional sería retroceder a la España del siglo XIX y caminar al margen de la ley en un momento en el que esos 169 artículos necesitaban el apoyo general de la población[52].

            Para el periódico fundado por Onésimo Redondo la Constitución española era un texto armónico e indivisible, nacido de una larga y madura reflexión gracias a la cual se habría conseguido abarcar a todos los ciudadanos y  terminar con “las dos Españas”.  Los 169 artículos habrían construido, según el Libertad “un texto abierto, generoso, radicalmente democrático, nada dogmático, realista y especialmente minucioso a la hora de garantizar las libertades individuales y colectivas, en el respeto más escrupuloso a los derechos humanos” [53].

            Este rotativo si bien admite que no es posible encontrar algún ciudadano que estuviese de acuerdo en todos los artículos de la Constitución, asegura con total convencimiento que “sólo para quienes no se sientan demócratas será comprensible el voto negativo o la abstención” [54]. Y es que un “no” sería un voto reaccionario y peligrosamente anarquista[55].

            Durante la jornada de reflexión, este periódico que había formado parte de la desaparecida Prensa del Movimiento, puso todo su empeño en animar a los vallisoletanos a que acudieran al día siguiente a las urnas a votar sin coacciones y de manera honesta[56] porque la soberanía nacional debía manifestar su apoyo a un texto elaborado sobre la base de la libertad, como se podía leer en el editorial del 5 de diciembre: la Constitución está “presidida  por el hermoso principio de la libertad. El respeto a todas las opiniones, la libre propagación de todas las ideas, la libertad de enseñanza, la libertad de elegir entre opciones de distinta ideologías (..) los más en colaboración con las minorías” [57].

            El respaldo que ofrecieron estos tres periódicos a la Constitución española resulta incuestionable. Si antes comentamos que la apatía y el desinterés no hizo más que crecer a los largo de toda la transición, habría que destacar la paradoja que se dio porque a la vez que los ciudadanos y su prensa se desencantaban y aumentaba la despolitización, no llegó nunca a disminuir el apoyo general a la democracia.

            El “Sí” se logró a base de una agotadora campaña electoral que supo relacionar, con gran acierto, la democracia con la legalidad y la Constitución con la libertad. A la vez que ponía frente a esta nueva democracia y a su Ley fundamental  a su temido, y siempre recordado, enemigo: la dictadura. Entonces para que los ciudadanos dejaran en las urnas su voto afirmativo sólo tendrían que hacerse esta pregunta: ¿sería capaz de votar “no” si de mi papeleta dependiera que se aprobara un texto que derogara las Leyes Fundamentales del franquismo y sentara los derechos y libertades necesarios para vivir en democracia?.

 

Conclusión

            En 1978 todo parecía indicar que los españoles, y tal vez por primera vez en su historia contemporánea, sabían realmente lo que querían. Aunque en el ambiente se respiraba cansancio y desencanto, y en la prensa resonaban los ecos del “no es eso, no es eso” de Ortega, no podemos dudar de la extendida legitimidad de la que gozaba la democracia que había comenzado a caminar.

La transición política avanzó de la mano de otra, de igual o mayor importancia, la transición social. A los ciudadanos se les había entregado un poder y tenían que aprender a utilizarlo, de forma responsable, mientras se avanzaba por la cuerda floja. Y ahí es donde irrumpieron los periódicos con fuerza, volviendo a recuperar ese poder que les había sido arrebatado durante décadas. En los años 70 la prensa se convirtió no sólo en testigo de los hechos, sino en motor de muchos acontecimientos trascendentales para la historia de nuestra democracia, por lo tanto la función social que llevaron a cabo, y con enorme responsabilidad y sensatez, debe ser bien reconocida, sin caer en mitificaciones, por los historiadores. Porque, recordando una cita del dramaturgo y político británico Sheridan: “Es preferible no tener Parlamento a carecer de Prensa; es preferible suprimir la responsabilidad de los ministros, el habeas corpus, el derecho a votar, antes que suprimir la libertad de la Prensa; porque esa libertad, tarde o temprano, por sí sola, se basta para devolvernos todas las demás”.

           



[1] SOTO, Álvaro (1998). La transición a la democracia. España, 1975- 1982. Madrid: Alianza editorial.

[2] El artículo 20 de la Constitución española de 1978 ha sido objeto de numerosos estudios desde diversos campos (jurídico, periodístico, sociológico..). Entre ellos destacaremos los siguientes:

 CARRILLO, M (1987). Los límites a la libertad de prensa en la Constitución española de 1978. Barcelona: PPU.

VILLAVERDE, Ignacio (1995). Los derechos del público. Madrid: Tecnos.

ALMUIÑA, Celso (2004). “Información veraz como derecho constitucional”. Temas para el Debate, nº 114 (mayo), pp.17-20.

 

[3] En los primeros años de la transición a la democracia se fueron realizando legislaciones que en realidad eran la legalización de las situaciones que estaban sucediendo en las práctica. Como suele suceder en los procesos de transición política la actuación de las autoridades será más permisiva que la legislación vigente y por lo tanto el cambio real suele llegar antes que el cambio legislativo.

El 12 de abril de 1977 las autoridades otorgaron el decreto-ley sobre la libertad de expresión, conocido como “ley antilibelo”, y se derogaba el artículo 2 de la Ley de Prensa de 1966. Aunque la Ley de Fraga había incorporado, en los 60, como gran novedad, la abolición de la censura previa, en realidad habría puesto en manos del artículo 2 la posibilidad de que el Gobierno pudiese reprimir de forma arbitraria.(ver ALMUIÑA, Celso (2002). “Análisis comparativo entre los modelos propagandísticos salazaristas y franquistas”. Revista Populaçao e sociedade. Porto, nº  8, pp. 49-72.

[4] ALMUIÑA, Celso (1989). “La Prensa escrita como fuente histórica”. Haciendo historia.. Homenaje a Carlos Seco Serrano.  Madrid: Universidad Complutense, pp. 615-624.

[5] El Norte de Castilla (en adelante NDC), 31-10-1978, p.1.

[6] Diario Regional (en adelante DR), 31-10-1978, p.1.

[7] El Norte de Castilla  publicó el 1-11-1978, p.2, una de las viñetas de Criado en las que se reflejaba esa situación que se vivía en el periodismo. En ella aparece un señor  de rostro serio y autoritario en su despacho lanzando la siguiente amenaza mientras habla por teléfono: “de seguir en su postura, me temo que los insultos de rigor tendré que dárselos por escrito” .

[8] Libertad,, 31-10-1978,p.10.

[9] El País, 31-10-1978: “Si la prensa es hoy atacada es porque la prensa es el reflejo y el motor de un cuerpo social vivo, de un país en marcha hacia la conquista de sus libertades y de sus derechos.(...)No va a ser la libertad sesgada a tiros, porque no tenemos miedo y mantenemos la fe en el ser humano”.

[10] ALFÉREZ, A (1986). Cuarto poder en España. La Prensa desde la ley de Fraga. Barcelona: Plaza y Janés.

[11] MAINER, J.C y JULIÁ, S (2000). El aprendizaje de la libertad, 1973-1986. La cultura de la transición. Madrid: Alianza.

[12] Son muchos los estudios que analizan el significado y poder de la Opinión Pública, entre ellos debemos destacar los siguientes: PINTOR, R (1982). La opinión pública española: del franquismo a la democracia. Madrid: CIS.

PRICE, Vicent (1994). La opinión pública. Esfera pública y comunicación. Barcelona: Piados.

SAUVY, A (1970). La opinión pública. Barcelona: Oikos-tau.

[13] De esta manera titula, y con gran acierto, Martín de la Guardia el capítulo que dedica en su tesis doctoral a los años que vivió el diario Libertad durante la transición española.

MARTÍN DE LA GUARDIA, Ricardo (1994). Información y Propaganda en la prensa del Movimiento. Libertad de Valladolid, 1931-1979. Valladolid: Universidad.

[14] El último número de Libertad salió a la calle el 16 de junio de 1979.

[15] Durante el franquismo su difusión fue mucho mayor, entre otros motivos, porque todas las instituciones oficiales de la provincia estaban suscritas a este periódico de la Cadena del Movimiento.

[16] Fueron muchas las páginas del Libertad  que se dedicaron a denunciar la situación que vivían la prensa de la desaparecida Cadena del Movimiento: “Gerentes de la democracia”, Libertad, 21-4-1978, p.12, col. 3-8.

[17] MONTABES PEREIRA, J (1989). La prensa de Estado durante la transición política española. Madrid: Siglo XXI.

[18] El decreto-ley del 1 de abril de 1977 liquidó el Movimiento Nacional. Desde ese momento la Cadena de Prensa y Radio del Movimiento quedó adscrita al Ministerio de Información y Turismo. Posteriormente pasó a formar parte del Ministerio de Cultura con el nombre de Organismo Autónomo de Medios de Comunicación del Estado.

La crisis de la Cadena del Movimiento no comenzó con la muerte de Franco. Desde 1970 había estado sometida a todo un proceso de reestructuración por el que se pretendía acabar con todas las deudas que arrastraban sus periódicos, nacidas muchas de ellas a raíz de la liberalización informativa que se había producido en España durante los años sesenta.

[19]“Proyecto constitucional”,  Libertad, 12-4-1978, p.12, col. 3-8.

[20] Ver artículo de Gil Blas titulado “La Constitución”. Libertad, 5-4-1978, p.12.

[21] Libertad, 15-4-1978, p.12.

[22]“El proceso constituyente, ante la recta final”., Libertad, 20- 4- 1978, p.12, col. 3-8.

[23] PÉREZ LÓPEZ, Pablo (1994). Católicos, política e información. El Diario Regional de Valladolid, 1931-1980. Valladolid: Universidad.

[24] Tanto durante la dirección de Muñoz García como, posteriormente con Aurora Viloria Nieto, se transformó el diseño del periódico, y se transformaron las manchetas en varias ocasiones. El segundo de estos cambios modificó el nombre del rotativo que a partir de noviembre de 1978 pasó a llamarse El Diario, llevando como subtítulo el de “Regional, libre e independiente”.

[25] La manera con que se explica como se vivía en España durante la transición democrática recuerda bastante a los análisis de los acontecimientos que se hicieron en  la II República: “a la muerte de Franco España se encontró (...) con la anarquía, con la matanza por la espalda, con la sangre sobre el asfalto y sobre el campo, con la violación de las instituciones sagradas” (DR, 19-11-1978, p.1).

[26] “Fuera complejos”, DR, 15-11-1978, p.2.

[27] DR, 15-11-1978, p.2.

[28] NDC, 31-3-1978, p.3.

[29] NDC, 14-1-1978, p.3.

[30] NDC, 2-2-1978, p.3.

[31] NDC, 5-1-1978, p.3.

[32] NDC, 9-2-1978, p.3.

[33] “ A nuestros parlamentarios, que no son más que la representación del pueblo que los ha elegido, les han entrado de repente unas prisas enormes por legalizar el aborto. Tema que consideramos debía ser sometido a un referéndum nacional y que el pueblo eligiera libremente sobre tan delicada cuestión, pues por muy representantes del pueblo que sean los señores parlamentarios en este asunto creemos que no defienden los intereses y el sentir general de los españoles” .(NDC, 27-1-1978, p.3).

[34] “Libertad de expresión”, Libertad, 25-5-1978, p.12, col. 3-8.

[35] ALMUIÑA, Celso (1994). "Un modelo liberal de Prensa castellanista. El Norte de Castilla (1854-1994)". En: Tres modelos de Prensa en Valladolid. Valladolid, pp. 7-27.

[36] NDC, 3-1-1978, p.3.

[37] NDC, 7-1-1978, p.3.

[38] Ver el editorial titulado “Mejorar el proyecto constitucional”, NDC, 25-6-1978, p.3.

[39] NDC, 30-5-1978, p.3.

[40] Editorial, “1978 y la cuesta dela democracia”, NDC, 7-1-1978, p.3.

[41] “La decepción ciudadana”, Libertad, 19-6-1978, p.12, col. 3-8.

[42] Relacionado con esta idea de abulia y desencanto encontramos publicados en las secciones de humor una gran cantidad de grabados. Un ejemplo es el que aparece el día 15 de noviembre en El Norte de Castilla  donde se imprimió una viñeta de Criado en la que aparecen tres hombres manifestando su postura frente a la Constitución con unas pancartas. El primer hombre lleva escrito en su pancarta “yo NO”, a su lado a otro que lanza su “yo SÍ” y tras ellos aparece un tercero en cuya pancarta pone “yo simplemente harto”. (NDC, 15-11-1978, p.2).

[43] Ver el artículo de Luis Jaudenes titulado “Polémica constitucional”, NDC,  21-1-1978, p.3.

[44] NDC, 19-9-1978, p.2.

[45] NDC, 3-11-1978, p.2.

[46] “La campaña nacional para el referéndum”, NDC, 5-11-1978, p.3.

[47] ”La Constitución quedó aprobada”, NDC, 2-11-1978, p.3.

[48]El Sí a la constitución y a la democracia”, NDC, 7-12-1978, p.3.

[49] “Discrepancia y concordia”, NDC, 6-12-1978.

[50]“Hasta las narices”, DR, 15-11-1978, p.3. La idea de que el pueblo español es victima de un engaño aparece en muchos otros editoriales y artículos de opinión: “Mucho ruido....”, DR, 28-11-1978, p.3; “Está España”, DR, 16-11-1978, pp. 1-2; “Cuando un juez cae”, DR, 17-11-1978, p.3.

[51] DR, 19-11-1978, pp. 1-2.

[52] “Ahora todos demócratas”, DR, 8-12-1978, p.3.

[53] “Una Constitución para todos”, Libertad, 1-11-1978, p.10, col..3-8.

[54] “Razones para votar Sí”, Libertad, 1-12-1978, p. 10, col. 3-8.

[55] Ver el artículo de opinión de José Ramón Alonso: “Un sí sin reservas”, Libertad, 2-12-1978, p.11, col. 3-8.

[56] Libertad, 5-12-1978, p.20.

[57] “Sin miedo al mañana”, Libertad, 5-12-1978, p.11, col. 3-8.