Lunes 11 de septiembre de 2000 |
El investigador catalán Daniel Cassany estuvo en Montevideo |
El arte de aprender la lengua |
La reivindicación del papel central del lenguaje cotidiano en la invención científica, la diversidad de usos a que habilita y la posición extrema en que se encuentra el periodismo ante las demandas de divulgación del conocimiento son algunos de los campos que analiza el lingüista Daniel Cassany. Defiende el papel del diálogo en el aprendizaje de la lectoescritura, opina que la tecnología pone prótesis para facilitar el uso de la lengua, y advierte sobre laexistencia de un analfabetismo digital. El investigador en lingüística catalán, Daniel Cassany, que visitó nuestro país invitado por el grupo editorial Trecho, Editorial Sudamericana y la Universidad Católica (Ucudal), realizó actividades que abarcaron desde un seminario de análisis de los discursos de la ciencia a una conferencia sobre la didáctica de la lengua escrita para la Sociedad de Dislexia. Sobre las cada vez más frecuentes y variadas formas de transmisión de los resultados científicos, la diversidad de usos en que se despliega hoy la enseñanza de la lengua y otras ideas, Cassany dialogó con LA REPUBLICA a su paso por Montevideo. La continuidad del discurso Cassany explica que nuestra cultura lingüística está escindida entre las letras y las ciencias: “La gente cree que el lenguaje verbal es para las letras y que para las ciencias tenemos la matemática, la formulación química o la informática y que, en consecuencia, el lenguaje cotidiano no pertenece a la ciencia”. Se trata de romper esa dicotomía y “comprender que aunque la ciencia se represente en estos lenguajes más formales, al fin y al cabo el lenguaje oral o escrito “sigue siendo el instrumento fundamental de la elaboración del conocimiento científico”. La ciencia elabora un código especializado para cada una de sus disciplinas. “Las personas que trabajan en genética dominan el lenguaje de la genética. Usan un tecnolecto que sirve para investigar y que no es comprendido por las personas que no han estudiado genética. Pero para crear conocimiento nuevo los investigadores no sólo utilizan este lenguaje preciso, lleno de terminología, sino que también usan el lenguaje más interpretativo, cotidiano, y lo utilizan para inventar”. “Hay un juego permanente entre lenguaje coloquial y científico”, explica. Hoy en día la investigación es un camino en el que cada investigador da un paso; funciona en equipos, lo que unos descubren los otros lo utilizan. En este contexto se usa el lenguaje técnico de la disciplina. Pero cuando el resultado de la investigación pasa a ser público, pasa a la prensa y se divulga, la expresión del mismo varía. Cassany sostiene que “el periodismo está en las trincheras de la comunicación. Le toca solucionar con urgencia, con inmediatez muchos problemas que se le plantean. Cómo explicar algo nuevo que aparece. El problema, cuando surge una noticia nueva, es cómo hago para explicarlo”. Si se toma en cuenta que hoy día tenemos una mentalidad y que cada día se transmite más información de este tipo, los problemas de comunicación se multiplican. Para que el producto de la investigación no se desvirtúe hay una necesidad de recontextualizar la información: “en primer lugar hay una selección del contenido, porque los investigadores investigan para hacer avanzar en el conocimiento, pero la gente de a pie quiere saber cómo un descubrimiento va a cambiar sus vidas”. En este proceso de cambio del punto de vista, el periodista toma un conocimiento que ha sido elaborado con un propósito y lo reelabora para otro fin. La estrategia puede ser la prensa y se divulga, introducción de aclaraciones, perífrasis, o secuencias narrativas. Ahora bien, el producto de esta recontextualización crea un nuevo mensaje: “evidentemente no es el mismo conocimiento, porque responden a otras necesidades. Lo que sale publicado en el periódico tiene que ser comprensible, sin necesidad de ser preciso. El lenguaje sirve para cada momento y para cada objetivo”. Alfabetización, analfabetismo y tecnología En la actualidad, aunque cada vez hay más personas que completan la enseñanza media, siguen existiendo problemas de alfabetización, personas que no comprenden ciertos tipos de textos o que no pueden escribir una secuencia de oraciones inteligible. Cuando se le pregunta a Cassany sobre este tipo de problemas, advierte: “Leer y escribir no son cosas tan sencillas, son cosas muy complejas. No siempre la escuela enseña a leer y escribir o lo hace de una forma muy mecánica. El concepto de analfabetismo funcional surge de comprobar que personas supuestamente alfabetizadas que habían superado la enseñanza reglamentaria no podían hacer otra cosa que decodificar un cartel, o que no pueden entender el periódico. Estas personas han aprendido a leer y no han practicado, pueden tener períodos de desuso en que se fosiliza su aprendizaje”. “En la medida en que el lenguaje se desarrolla, surgen formas cada vez más sofisticadas de comunicación. Yo diría que hoy podemos utilizar la denominación de analfabetismo digital, que es la persona que no es capaz de moverse en el entorno y el manejo de los ordenadores. Entonces tenemos la alfabetización, la alfabetización funcional, y la alfabetización digital. Respecto a los cambios que introducen las nuevas tecnologías de la información en los procesos comunicacionales, Cassany sostiene: “yo diría que la tecnología pone prótesis para facilitar las cosas. Nos pone o un microscopio o un largavistas, para el ámbito de la escritura. Se puede hablar a la máquina y ella escribe, se puede utilizar un corrector ortográfico o una ayuda sintáctica o un corrector estilístico. Todo esto son ayudas. La tecnología pondrá prótesis a los aspectos más sistematizables y automatizados, pero lo que nunca va a poder hacer es pensar por ti. La tecnología no es obligatoria, es facultativa”. Ahora bien, esta introducción de los medios informáticos en la comunicación trae nuevas formas de relacionarse con la lengua. “Tiene muchas consecuencias. La persona que tiene dificultades para escribir y utiliza estos medios puede concentrarse en los aspectos más estratégicos. Quien no utiliza estos sistemas tiene que resolver esos temas solo. La persona que ha automatizado los problemas de ortografía o de estilo no necesita estas prótesis”. Diversidad necesaria Cassany, que ha dedicado parte de sus estudios a estudiar la enseñanza de la lengua, sostiene que hay que enfrentar al alumno con distintos modelos lingüísticos. El profesor no puede seguir siendo el único parámetro de cómo se habla, debe introducir y exponer distintas formas de usos de su lengua. Indica que “los modelos lingüísticos significan una referencia para el alumno que está aprendiendo el lenguaje. Tradicionalmente esta función la cumplía el docente, que sabía hablar de acuerdo a una estructura determinada. No es que él no pueda ser un modelo sino que tiene que buscar otros, el alumno tiene que poder escuchar a otras personas que hablan de forma distinta, con dialectos, o tiene que saber que en el interior hablan diferente que en Montevideo, o que en Buenos Aires hablan distinto”. Explica que hay distintas formas de utilizar el lenguaje según las distintas situaciones. Cassany explica que “cuando el alumno llega a la escuela, de algún modo ya habla, pero de una forma muy coloquial. Entonces tiene que aprender la escritura y la lectura y el lenguaje oral-formal tiene que aprender a hacer cosas como hablar en público. “Hablar con un estilo más formal, expositivo, no conversacional”. Estas formas de aprendizaje se habíanabandonado porque se pensaba que la escuela tenía que enseñar letras. La crisis de este sistema marca una vuelta a la retórica, a la importancia de los discursos orales y públicos en nuestra sociedad. También el aprendizaje de la lengua ha cambiado: “antes se enseñaba a leer y a escribir en silencio y sin hablar con nadie. En cambio hoy sabemos que la mejor forma de aprender a leer y a escribir es el diálogo, que es el camino de transmisión de las formas de pensamiento”.
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