Sábado, 5 de junio, 1999 La Opinión

“La escuela enseña hoy a leer y a escribir igual que hace un siglo”

Ginés Martínez Cerón, uno de los organizadores del congreso de Lengua Escrita, critica la falta de adaptación del sistema educativoa nuestro tiempo.

El profesor Cassany sostiene que redactar con coherencia es tan difícil como hacer los planos de una casa

M.G.

El Congreso Nacional de Lengua Escrita, que se cele­bra en el Auditorio bajo el lema “Enseñar a leer y escribir hoy” ha reunido a cerca de 900 profesores de toda España preocupados por lo que parece un problema cre­ciente, esto es, que muchos estu­diantes que han concluido la enseñanza obligatoria o incluso el bachillerato se muestran incapa­ces de interpretar un texto o de re­dactar de forma competente.

Este encuentro, organizado por el Centro de Profesores y Recur­sos Murcia, quiere hacer un diagnóstico certero de esta situación y plantear terapias a la mis­ma. Ginés Martínez Cerón, miembro del comité organizador, sostiene que una de las causas de lo que podríamos llamar analfabe­tismo funcional radica en que “la escuela sigue enseñando a escri­bir y a leer, como se hacía hace un siglo, de forma que lo que se en­seña no corresponde con los avan­ces que ha experimentado y expe­rimenta la sociedad”. Así, en su opinión se olvida que “antes sólo una élite estudiaba, pero ahora lo hace todo el mundo por lo que hay que dar instrumentos a toda la población para que sea capaz de interpretar los textos que se le pre­sentan diariamente”. Lo contrario, asegura, nos situaría en un siste­ma educativo “que produce anal­fabetos funcionales, no sólo tras la enseñanza obligatoria sino inclu­so después del bachillerato y ya se empieza a decir que incluso des­pués de la Universidad”.

Martínez Cerón apuesta por una mayor presencia en las aulas de todos los textos que están en la calle y en la sociedad: revistas, pe­riódicos, carteles, anuncios... “No podemos perdernos en asuntos periféricos como la caligrafía o la ortografía, debemos enseñar a en­tender ya construir textos”, concluye.

Daniel Cassany, profesor titular de Análisis del Discurso de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, que intervino ayer en el congreso, hace un esfuerzo por ser optimista ante esta situación. “Es cierto que muchos estudian­tes llegan a los 14 o a los 16 años sin poder entender lo que leen pe­ro no hay que perder de vista que ahora a los ciudadanos se les exige mucho más que hace cincuenta años, en aquel entonces la mayo­ría de las personas podían desen­volverse con sólo dominar el dia­lecto de su localidad”.

El aspecto positivo radica en que “ahora la sociedad pide más a todos, pero además le preocupa que haya gente que no sabe leer y escribir correctamente”. Según Cassany, “está demostrado que es­cribir, por ejemplo, una opinión personal de dos folios sobre los pollos belgas o el asunto Pinochet es psicológicamente tan complica­do como llevar la contabilidad de una empresa o hacer los planos de una casa. No es ni mucho me­nos sencillo y lograrlo requiere no sólo el esfuerzo de la escuela, sino de la familia, la televisión, los otros medios de comunicación..., de todos”.

En su opinión, la escuela debe beber del mundo que le rodea y para ello, además del deseo y la formación de los docentes, hace falta disponer de los medios ade­cuados. El profesor catalán utiliza una metáfora para explicar lo que está sucediendo hoy en el sistema educativo: “Actualmente nadie aguantaría que le trataran un cán­cer con técnicas de hace cincuenta años, pero aunque un médico esté muy al día de los avances en oncología si no dispone de los aparatos necesarios no podrá hacer nada”.

CUESTIONES

¿Por qué no se entienden algunos textos?

Daniel Cassany, profesor titular de Análisis del Discurso de la Uni­versidad Pompeu Fabra de Barcelona, es muy cuidadoso a la hora de hablar de analfabetismo funcio­nal. Cree, por ejemplo, que las sec­ciones de Nacional o Internacional de la mayoría de los periódicos de nuestro país tienen un lenguaje que permite ser comprendido por una amplia mayoría. Sin embargo, explica, no ocurre lo mismo con las críticas de arte, las litera­rias, la sección de economía o el texto de un crédito hipotecario o incluso de una sentencia judicial. Frente a estos textos son muchos los licenciados que reconocen su incompetencia. ¿Por qué?

Cassany considera “una secuela de la dictadura” el hecho de que “lo incomprensible parezca de un nivel cultural más elevado que aquello que se entiende”. En su opinión, las “dictaduras se basan en la opacidad, en la creación de dos mundos segregados, en que no se comprenda lo que los diri­gentes hacen y dicen”. Y explica que en “otros países con mayor tradición democrática están atrave­sando un proceso de reescritura y reelaboración de los textos para que puedan ser entendidos”.

Para este profesor, “un buen sistema educativo ha de formar ciu­dadanos capaces de entender los textos que rigen y deciden su vida: la Constitución, el Código Penal, el Código Civil y, después, ofrecer, una educación literaria que ten­dría que comenzar con la lectura de obras infantiles y juveniles y, después, contemporáneas. Una vez aquí, pero no antes, habría que despertar el interés por las raíces de la literatura, los clásicos”.

 

Web de Daniel Cassany Entrevistas