LA GRAMÁTICA NO TIENE QUE SER UNA TORTURA

POR JORGE LUIS 'ESPINOSA

Así como un pato a la naranja lleva sus buenos ingredientes y requiere de la experiencia de un buen coci­nero para que quede a punto, así la escritura correcta de un texto preci­sa no sólo de una avanzada computadora con corrector ortográfico, sino del conocimiento de los elementos de la escritura y su claro or­denamiento para una buena comunicación.

Pero sucede que pese a los años de primaria, secundaria, preparatoria y universidad, muchos de los ciudadanos hispanohablantes no saben cómo expresarse de forma clara por escrito, pese a que la comunicación con los otros es una prioridad so­cial y está en el centro de toda actividad humana, incluso en la creación del universo, si se recuerda que en el principio fue el verbo..

Sólo que algo ocurre, porque a pesar de tener a disponibilidad todo los elementos necesarios, la comunicación muchas veces parece un asunto de extraños que recuerdan la antigua Babel, por eso los comunicados de los bancos resultan in­comprensibles, las sentencias judiciales ilegibles y las constituciones asunto de otros habitantes, no de los ciudadanos que dicen salvaguardar.

“Los ciudadanos, que yo sepa, no son unos tontos, la mayoría sabe leer y escribir, no ya digamos los que tienen alguna licenciatura; pe­ro resulta que pese a toda la instrucción recibi­da, mucho de lo que leemos y escribimos no se entiende. Resulta difícil pensar que la constitu­ción nos resulte ilegible o que no entendamos una sentencia, pero así sucede”, explica Daniel Cassany, autor de La cocina de la escritura.

Publicado por primera vez en 1995 por la edi­torial Anagrama, La cocina de la escritura ha llega­do a su décima edición en este año, lo cual para un libro que “enseña” a escribir resulta algo in­usual, pero quizá, como explica su autor, este es una obra escrita con agilidad y lo más atractivo posible para que no resulte una carga y sí un estí­mulo para formar lo que Cassany llama “ciudada­nos redactores” sin miedo a la escritura.

Porque según explica el filólogo, la sociedad en que vivimos ha asociado la escritura con el trago amargo de la gramática y la ortografía. “Si salimos a la calle y preguntamos a cualquier ciudadano qué piensa de la escritura, inmediatamente le vendrán a la cabeza las reglas ortográficas, cuando la lengua es algo cotidiano, algo que hacemos todos los días, y en La cocina de la escritura busco ofrecer esta otra visión: divertida, práctica y comunicativa de lo que es escribir", añade el catedrático catalán.

Invitado como uno de los expositores principales del Congreso latinoamericano de lectura y Escritura que la semana pasada se desarrolló en la ciudad de Puebla, Cassany explica que en este volumen el lector encontrará una serie de reflexiones, recomendaciones y orientaciones sobre cómo el ciudadano común y co­rriente puede escribir mejor sus textos.

“No sólo el escritor o el periodista hacen uso del lenguaje escrito, como podría parecer al principio, sino que los médicos, químicos, auditores, contadores y todo ciudadano tiene que presentar cartas y otros textos a lo largo de su vida. Y para ellos es este libro, aunque también para personas que se dedican a la escritura de forma profesional”.

“En la cultura española no tenemos mucha tradición en este tipo de libros, que sí son habituales en otras culturas como la inglesa, francesa o norteamericana”, añade el filólogo, quien dice que para hacer este volumen tuvo que escribir otros muchos otros libros dedicados a maestros, educadores y otros especialistas, para finalmente arribar a una forma más accesible que halla su mejor metáfora en este libro.

Para saber cuál es el nivel de escritura que existe en Hispanoamérica, el catedrático invita a recordar que la lengua es algo cotidiano heredado por nues­tros abuelos y padres. “El lenguaje es un producto humano, y como la tradición que nos precede es autoritaria, las ideas que tiene la ciudadanía hispana respecto al lenguaje están llenas de prejuicios y valo­res que no tienen ningún fundamento científico. Se suele pensar que los mejores textos son los difíciles y que cuando escribes algo es importante usar palabras rimbombantes, que si corriges eres mal escritor, que tener un libro de gramática en casa es de eruditos. Pero todo no son más que prejuicios.

 

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