SANTA FE, miércoles 28 de agosto de 1996 - Primera Sección - 9

EL LITORAL / LOCALES

Daniel Cassany en Santa Fe

La nueva enseñanza dela escritura en la óptica de un especialista

Daniel Cassany es licenciado en Filología, doctor en Pedagogía y profesor de Análisis del Discurso en la Uni­versidad Pompeu Fabra (Barcelona). Es autor de los li­bros “Describir el escribir”, “Reparar la escritura”, “La co­cina de la escritura”, “Enseñar lengua”, entre otras publi­caciones. Llegó a nuestra ciudad para dictar un seminario para docentes de todos los niveles en la línea formación de formadores, incluida en los programas de capacitación continua de la ley federal de educación. En un extenso diálogo con El Litoral, habló de su actividad, de los nue­vos métodos de enseñanza de la escritura, de la actualiza­ción permanente que exige la docencia y de las diferen­cias y similitudes entre el sistema educativo argentino y el español.

-¿Qué enseña en sus seminarios?

-Se trata de un dictado de actividades extensas, que apuntan a entender la enseñanza de la lengua desde su función comunicativa, funcional donde se aprende a hacer cosas con la lengua, saber utilizarla para todo en este mundo complejo. A partir de allí se desgajan otros temas como las actitudes que adoptamos cuando escribimos o leemos.

-¿Cuáles son los puntos centrales que se abor­dan?

-Fundamentalmente el proceso de escritura. Las per­sonas desarrollamos desde el nacimiento un conjunto de actitudes asociadas a la práctica de la escritura que no ne­cesariamente son muy positivas o constructivas para esa práctica. Si vemos cómo trabaja un escultor, un pintor, un arquitecto, podemos damos cuenta de que es muy habi­tual en su trabajo, para alcanzar una buena obra, que ge­nere todo un conjunto de operaciones intermedias como maquetas, planos y que son muy importantes para conse­guir la calidad del producto final. Esos trabajos y produc­ciones intermedios, socialmente son muy valorados y co­nocidos e incluso se puede acceder a muestras de maque­tas y planos. En cambio en el contexto de la práctica de la escritura, la literatura, las prácticas culturales y sociales son absolutamente distintas, porque las personas escriben a escondidas, y lo primero que hacen cuando termina una obra es destruir todo el proceso de trabajo sin mostrarlo en público. En consecuencia, las personas acabamos pen­sando que la forma de escribir es distinta de la forma de pintar, de crear otro tipo de producciones. De esta mane­ra, los chicos en la escuela creen que escribir es como ha­blar, lo que dicen lo escriben y ya está, y piensan que no tienen que preparar nada previamente. Así entienden que no pueden equivocarse, que tienen que hacerla bien en la primera práctica y esto es muy difícil porque nadie es ca­paz de hacerla bien en la primera vez.

-¿A qué se debe esa concepción de la escritura?

-Ocurre que vivimos en un mundo en el que se valora mucho la ortografía; eso está bien pero eso saca crédito e importancia a otros aspectos de la comunicación que son muy importantes. Ocurre que un adolescente con 10 años de experiencia escolar a sus espaldas ha sido corregido por muchos docentes y generalmente lo corrigieron en sus aspectos más epidérmicos como la ortografía; en cam­bio pocas veces se le ha dicho “esta idea no está clara, es­ta otra es interesante, desarróllala; esta estructura es com­plicada, busca otra forma de decir lo mismo para que sea mejor entendido”. Todo esto transmite la idea de que lo importante es la ortografía y así los niños terminan escri­biendo cosas que son ortográficamente correctas, pero con poco contenido.

-¿Estima que el nuevo sistema educativo argen­tino avanza sobre esta idea?

-Lo poco que conozco del nuevo sistema educativo me gusta y sé que hay mucha incidencia del sistema espa­ñol; por eso creo que va en esa línea que es interesante y que debe extenderse. De por sí, es interesante que se ex­tienda la escolaridad obligatoria, que los objetivos pasen de aspectos más memorísticos a aspectos más procedi­mentales, a saber a hacer cosas antes que acumular datos.

-No obstante, la ley sola no produce el cambio.

-Por supuesto que no. La necesidad y la obligación que tenemos los docentes de estar avanzando perma­nentemente no dependen de las reformas que los gobier­nos generan. Algo que me molesta mucho, que está pa­sando en España, es que los docentes se preocupen de actualizarse sólo en el momento en que hay una reforma educativa y esto es absurdo porque la ciencia avanza siempre, de manera continua, y la obligación y necesi­dad que tienen los docentes es de estar al día y el go­bierno debe servir de oportunidades para que los docen­tes se capaciten.

-Nuestro sistema educativo está estrechamen­te vinculado con el español. ¿Qué resultados se ob­servan en su país?

-El sistema español cuando se materializó, fue bue­no. Ocurre que toda reforma implica muchos ámbitos, y muchas veces requiere cambios organizativos, incre­mento de presupuesto y la parte estrictamente didáctica es sólo un apartado y necesita de un largo proceso. To­da reforma es importante; lo que pasa es que una refor­ma nacional significa cambiar el punto de vista y la for­ma de trabajar de todos los docentes y alumnos, cam­biar la forma de entender la educación de todo el país y esto es algo que no puede realizarse ni en un año ni en diez, es un proceso lento y continuado. Incluso cuando haya terminado de implantarse la reforma educativa tendrá necesariamente que actualizarse.

-En ese marco, ¿cuáles son los instrumentos para mejorar la enseñanza?

-Los instrumentos para mejorar la enseñanza son las medidas del gobierno y los recursos económicos, pe­ro también los libros de textos, que no controla de ma­nera directa el gobierno y que dependen de las editoria­les que necesitan vender libros para sobrevivir. Los que deciden qué libros se compran son los docentes y hay muchos docentes que quieren seguir con los libros de siempre yeso hace que se manejen textos conservado­res. También el cambio pasa por los padres y alumnos que tienen ideas concretas sobre la educación que quie­ren.

-La capacitación del docente es un pilar funda­mental para el cambio, pero el docente argentino no tiene mucho tiempo para actualizarse. ¿Cómo se soluciona?

-Es cierto que la situación del docente argentino no es equiparable al docente español. Creo que el gobierno de aquí debería mejorar su situación, no sólo en sus sueldos sino en la posibilidad de formación permanente, en brindarle mejores estímulos, porque en definitiva por muchos papeles y tecnología que se propongan, los re­cursos humanos son lo más importante. La calidad de la enseñanza está relacionada con el prestigio y la motiva­ción que tienen las personas que la ejercen.

-¿Cómo se capacita a los docentes en España?

-Allá existen unos organismos autónomos, que son centros de educación y asesoramiento conformados por docentes de primaria y media liberados de su trabajo frente al aula, que se dedican a organizar actividades di­rigidas a la mejora de la educación. Estos centros mane­jan recursos económicos para investigar y organizar charlas y cursos de perfeccionamiento para que los do­centes puedan mejorar su labor.

 

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