El Financiero

Distrito Feredal, México, Viernes 29 de agosto de 2003

Obstáculos y posibilidades de la escritura

Escribir ha dejado de ser algo mágico y misterioso: Cassany

Óscar Enrique Ornelas

¿Quién puede sobrevivir en este mundo tecnificado, burocrático,competitivo, alfabetizado y altamente instruido, si no sabe redactarcartas, informes o denuncias? Apoyado en la investigación de los últimos 20 años, Daniel Cassany i Comas sostiene que la escritura es básica para la comunicación y el conocimiento. Lejos de ser algo mágico, puede ser aprendida.

Escribir ha dejado de ser un mis­terio, asegura Daniel Cassany, es­pecialista en comunicación escrita de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, mientras conversamos aunos cuantos metros de donde es­tuvo la Librería del Prado, famosa entre los escritores de cierta edad y destruida por el terremoto que asoló a la ciudad de México en 1985.

"Escribir era un misterio porque se le asociaba con la literatura de eli­te, considerada mágica, profunda y de mayor calidad –puntualiza el in­vestigador catalán–. De acuerdo con esta mitología, la literatura es algo que hacen unos tipos raros. Equivale a decir que todo lo relacio­nado con conducir un auto tiene que ver con el Premio Fórmula Uno. Parte de mi trabajo consiste, preci­samente, en divulgar investigacio­nes empíricas que deshacen muchos de los prejuicios ampliamente di­fundidos acerca de la escritura. Mi planteamiento es claro: se puede aprender a escribir." Una de las es­trategias es leer mucho, "aunque un buen lector no será necesariamente un buen escritor", aclara Cassany.

–Habitualmente se enseña a leer pero no a escribir.

–Se enseña gramática, se enseña ortografía, se enseña el significado de las palabras, pero menos a leer entre lí­neas. En cuanto al trabajo de escribir, se enseña a construir oraciones, pero no a tener conciencia del lector o un propó­sito definido sobre lo que se desea transmitir. No se enseña a elaborar sig­nificados. Se transmite la idea de que es­cribir consiste básicamente en traducir lo que ya tienes en la mente, pero luego resulta que ahí no hay nada...

Según la investigación reciente, ex­plica Cassany, la escritura no es sólo un producto sino un proceso que se va: de­sarrollando en la mente del escritor. Se requiere reflexión, memoria y creatividad; no basta con dominar las formas gramaticales.

–¿Cree que las computadoras favo­rezcan la escritura?

–Se ha descubierto que tendemos a escribir mejor con los ordenadores. Las tareas más mecánicas se facilitan mucho. Muy probablemente acabe­mos escribiendo con poco papel y más pantalla.

–Para aprovechar la pregunta de uno de sus libros: ¿Qué tiene que sa­ber y qué tiene que saber hacer un in­dividuo cualquiera para ser un buen escritor?

–Varias cosas: tener conciencia de a quién escribes, buscar ideas, organizar­las y utilizar las palabras adecuadas en función del contexto en que te estás moviendo. Escribir es una actividad tan compleja como diseñar una coreogra­fía, llevar las cuentas de una empresa o dibujar los planos de una casa. Me refie­ro a escribir textos de 500 palabras ex­plicando, por ejemplo, si estás a favor o en contra de que la policía del Distrito Federal vaya vestida de civil. Si eres ca­paz de hacer eso de un modo coherente, quiere decir que sabes escribir.

–Es lo que distingue a un escritor competente de uno incompetente...

–Para ser "políticamente correc­tos", hoy hablaríamos más bien de un experto y un aprendiz.

–¿Qué debería tener en la mente un maestro a la hora de enseñar a escribir?

–Cuatro elementos: que leer y escribir es uno de los aprendizajes básicos, que esa acción significa comprender y construir significa­dos, que la ortografía no es esencial en este asunto y que leer y escribir debe realizarse en el aula. Un obs­táculo es que los maestros no saben leer y escribir. O saben poco. La so­lución sería organizar cursos de lec­tura y escritura para los docentes. El problema es que cada vez exigimos más de leer y escribir. Yo puedo to­mar una carta que ha salido en un periódico de Barcelona, llevarla a mis estudiantes de cuarto año en la facultad de traducción e interpreta­ción, es decir, a tipos que manejan cuatro lenguas, y pedirles que me digan lo que encuentran en ese tex­to. Ellos entienden las palabras, pero si les pregunto qué estereoti­pos maneja el autor de la carta o cuál es su ideología, va a resultar que no han entendido nada. Ahí está el problema. Lo que queremos es un ciudadano crítico que pueda detectar todas estas cosas. De no ser así, le van a meter una cantidad de palizas brutales. Hace 100 años no pedían tanto: sólo que fuera capaz de firmar. Ahora le exigimos mucho a la educación y los docentes que te­nemos se formaron 20 años atrás, cuando no se tenían varios de estos co­nocimientos. De ahí la importancia de que los maestros reciban cursos de ac­tualización. Cada vez somos más cons­cientes de las implicaciones sociológicas y psicológicas del lenguaje, que no es sino la herencia de nuestra sociedad.

Existe la tendencia, subraya Cassany, a complicar el lenguaje porque se piensa que el escrito tendrá más valor. "Pero es mentira. Lo que nos interesa es cons­truir un lenguaje llano, más simple. Los documentos jurídicos, administrativos y culturales en general, deben ser com­prensibles. Esta tendencia se ha desarro­llado mucho en el mundo anglosajón. Me parece básico: en la medida en que las personas entienden las cosas, se sien­ten más implicadas en la comunidad y se limita la marginalidad."

LA ORTOGRAFíA

Y las flores en el campo

Escribir es como cocinar. Se aprende de un chef o de la abuelita. Requiere traba­jo, no basta con leer. A Daniel Cassany le gustó la metáfora y redactó La cocina de la escritura, donde ofrece toda clase de consejos. Sin embargo, piensa que la ortografía es sólo la piel de la escritura. ¿Por qué?

"Yo no digo que la ortografía sea prescindible –advierte Cassany a pre­gunta expresa–. La ortografía es la piel del lenguaje estándar. Es lo que nos per­mite tener un punto de referencia para poder entendernos correctamente. En ese sentido es fundamental. Pero sólo es la epidermis, lo que se ve. Y, claro, si no hay un buen corazón y un buen sistema digestivo, no funciona. Mi plantea­miento es que debemos ponerle aten­ción a otras cosas. Pongo un ejemplo: en Cataluña hay un cantante de boleros muy famoso que se llama Jaume Sisa. Se trata de un tipo muy interesante que cantó en catalán durante la primera época de Joan Manuel Serrat, pero lue­go vio que no le iba y que tenía que can­tar en castellano, lo cual es difícil allá en Barcelona. Así que decidió morirse para renacer como Ricardo Solfa, excelente cantante de amor en los trasatlánticos. Él dijo en una ocasión que vivimos en el país de las faltas de ortografía, puesto que la gente sólo se fija en tales errores. El público presta mucha atención si la pa­labra lleva hache, pero no se fija si la idea es brillante o tiene coherencia. Todo mundo se muere si comete una falta de ortografía, pero nadie se aflige si la idea es pobre. Ahí está el problema. La ortografía es muy importante, pero a 'Veces no deja ver las cosas que están detrás."

Para Cassany, "es más importante que un ciudadano pueda entender las ideas brillantes y discriminar las que son bazofia, entendiendo los implícitos de un discurso, que el que sepa poner las haches. Eso ya lo hará el corrector ortográfico. "

–Pero es justamente lo que temen los maestros de ortografía. El alumno confiará en el artefacto electrónico y se olvidará .de la escritura correcta de las palabras. "

–Enseñar ortografía hoy significa instruir en el uso del corrector ortográ­fico: saber usar el idioma adecuado, ele­gir el registro y estar conciente de que el programa no te va a solucionar todos los problemas. La diferencia entre un experto y un aprendiz de ortografía es que el primero sabe gestionar las fallas. Todos cometemos errores. Siempre consultamos cosas que nos han explicado miles de veces. Las faltas de ortografía son como las flores en el campo: están por todas partes. (OEO)

Web de Daniel Cassany Entrevistas