GERNET, J. (1991). El Mundo chino. Barcelona: Crítica. pp. 112-127
 

LA GRAN EXPANSIÓN DE LOS HAN EN ASIA

Podemos considerar que toda la política de los primeros Han estuvo dominada y orientada por los problemas de la estepa. Las incursiones de jinetes con arco procedentes de la estepa no eran sin duda nada nuevo, puesto que ya en el siglo IV habían amenazado los reinos de Qin, Zhao y Yan, desde el Gansu hasta Manchuria, y habían provocado la construcción de las primeras murallas de defensa. Pero el peligro aumentó a finales del siglo II. De hecho fue durante las insurrecciones de finales de los Qin y en el transcurso de la guerra civil que enfrentó entre ellos a los pretendientes al poder supremo cuando se constituyó en la zona de las estepas una gran confederación de tribus nómadas dirigida por los xiongnu.

Se ha debatido mucho sobre si los xiongnu y los hunos tenían un origen común: la analogía de los nombres podría ser engañosa. Pero la cuestión carece de interés para el historiador debido al lapso de tiempo que separa ambas épocas. Al igual que los restantes imperios de la estepa, el de los xiongnu se extendía desde el Baikal al Baljash y, hacia el sur, hasta cerca del paralelo 40, y reagrupaba tribus de diversos orígenes con lenguas pertenecientes al grupo «altaico» de las lenguas mongolas turcas y tungús que conocemos de fechas muy posteriores. El nombre de las tribus más poderosas, las que se habían impuesto a la cabeza de la confederación, se extendió al conjunto de estas poblaciones como pasará en épocas posteriores con los ruanruan, los turcos y los mongoles. Fundado por un tal Maodun o, mejor dicho, Modu (209-174), el imperio de los xiongnu iba a durar del -204 al -43, fecha de la división de las tribus de la estepa entre xiongnu del sur, aliados con China, en Mongolia Interior, y xiongnu del norte en los territorios que corresponden hoy a Mongolia Exterior. Ya en época de Modu el poder de los xiongnu se extendió hasta la cuenca del río Tarim. Durante el reinado de su hijo Laoshang (174-160), los xiongnu presionaron sobre los grandes yuezhi, que hablaban un dialecto iranio y se habían extendido por la región de los oasis y del Gansu. Repelidos paulatinamente hacia el oeste, estos pueblos de lengua indoeuropea terminarán fijándose en los confines noroeste del mundo indio. Estas circunstancias permiten entender por qué la expansión china bajo los Han no se limitará sólo a Mongolia sino que se extenderá por toda Asia Central.

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CUADRO. La expansión Han hacia el -100
136. Inicios de la exploración de las rutas del Síchuan a Birmania a través del Yunnan, y del Sichuan al Guangdong a través del Guizhou.

135. Primeros ataques contra el reino de los yue del Fujian.

133. Expedición contra los xiongnu en Mongolia de un cuerpo del ejército de 300.000 hombres con carros y caballería.

130. Nuevos esfuerzos de penetración en las rutas que van del Sichuan a Birmania y del Sichuan al Guangdong.

128. Ofensiva contra los xiongnu. Primeras campañas en Manchuria y en el norte de Corea.

124. Primera gran ofensiva contra los xiongnu.

123. Nueva ofensiva en Mongolia.

121. Segunda gran ofensiva contra los xiongnu.

120. Expedición contra las tribus kunming en el Yunnan occidental.

119. Tercera gran ofensiva en Mongolia y gran victoria sobre los xiongnu.

117. Creación de los distritos militares de Dunhuang y de Zhangye en el Gansu occidental y central.

115. Creación de los distritos militares de Jiuquan y de Wuwei en las mismas regiones.

112-111. Expedición contra el reino de los yue del sur (Guangdong y norte del Vietnam) y división de sus territorios en nueve distritos militares.

110. Expedición contra el reino de los yue en el Fujian y supresión de este reino.

109. Expedición en Corea del norte y del centro. Supresión del reino de fian en el Yunnan occidental.

108. Creación de cuatro distritos militares en el norte y centro de Corea. Primeras expediciones a Asia Central.

105. Embajada de los Han en Seleucia, sobre el Tigris.

104-101. Campañas en Asia Central y en el Pamir.

102. Prolongación de las Grandes Murallas hasta Yumenguan, en el Gansu occidental.

101. Supresión del reino de Dayuan, el Fergana, en la cuenca superior del Sir Daria.

97. Nueva campaña contra los xiongnu.

90. Campañas en Mongolia y en la región de lbrfan en Asia Central.

86 y 82. Expedición contra las tribus kunming en el Yunnan occidental.

78. Expedición a Manchuria.

77. Nueva expedición a Asia Central.

72-71. Campañas contra los xiongnu.

71. Intervención en Dzungaria, entre el Altai y el Tianshan.

67. Expedición a Turfan

56. Creación del Protectorado general de las regiones occidentales (xiyuduhu).
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Mongolia y Asia Central

Las sublevaciones y la guerra civil habían puesto término a la política ofensiva inaugurada por el primer emperador Qin: las Grandes Murallas se dejarán sin defensa entre finales del siglo III y principios del II. Los nómadas instalados en Mongolia y en el Ordos tienen plena libertad para hacer incursiones en China del norte. Penetran por dos vías principales: una da acceso, por la región de la actual Datong en el extremo norte del Shanxi, al valle del río Fen; otra conduce a la región de Chang’an por la ruta del Ordos y los valles del Shenxi. Una derrota de los ejércitos chinos en 201-200 determina una retirada general al sur de las Grandes Murallas que durará hasta cerca de 135. Los Han se ven obligados a una política de pacificación que se conoce con el nombre de heqin: «paz y amistad». Una princesa china es entregada en matrimonio en 198 al jefe de los xiongnu, el shanyu, al que los Han envían cada año importantes regalos en sedas, alcohol, arroz y moneda de cobre. Pero, ya en la época de Wendi (179-157), dos de los principales consejeros del emperador, Jia Yi (200-168) y Chao Cuo (?-154) critican esta política de pacificación. Las incursiones incesantes, el número de tránsfugas chinos y las exigencias crecientes de los xiongnu incitan a un cambio de actitud. Los regalos entregados a los nómadas aumentan tanto su poder como su riqueza. En cuanto el poder central se consolida parece posible controlar las vías de acceso de las incursiones más allá de las Grandes Murallas y reemprender la política de expansión del Primer Emperador. En las discusiones que tuvieron lugar en la corte en 133 ganaron los partidarios de la línea dura sobre los del compromiso. Por otra parte, la célebre misión de Zhang Qian iba a contribuir pocos años más tarde a convencer de la necesidad de una ofensiva general, mostrando que los Han podían encontrar aliados en Asia Central. Partido hacia el oeste en 139 en búsqueda de los yuezhi, antiguos enemigos de los xiongnu, retenido diez años por los nómadas como prisionero, Zhang Oian se evadió y llegó hasta el valle alto del Sir Daria, al país de Dayuan, la Fergana. De allí alcanzó la Bactriana al sur del Amu Daria donde se habían fijado los yuezhi convertidos en sedentarios y conocidos entonces por los griegos bajo el nombre de indoescitas. De regreso a Chang’an en 126, Zhang Qian parte de nuevo en 115 hacia el país de los wusun, criadores de caballos, al sureste del lago Baljash, visita de nuevo la Fergana y después la Sogdiana y los oasis de Asia Central; regresa persuadido del gran interés de todos estos países por los productos chinos y por el más cotizado de todos ellos: la seda. Con regalos, afirma, todos abrazarían la causa Han. Los viajes de Zhang Qian revelan a la China de esta época la existencia de un tráfico comercial dedicado a las sedas y a los demás productos chinos en Asia Central y en las regiones situadas más allá del Pamir

De ello se deduce que entre los elementos que determinaron la expansión Han en la época del gran emperador Wudi (141-87) no sólo están el fortalecimiento del poder central y la constitución de un ejército poderoso, sino también una riqueza y un auge económico que le permitirían a China afirmar su prestigio entre todos sus vecinos. No hay que olvidar, en efecto, que la expansión diplomática jugó un papel tan importante como la expansión militar en la penetración china en Manchuria, Mongolia, Asia Central y regiones tropicales.

Las primeras grandes ofensivas victoriosas contra los xiongnu se produjeron entre 127 y 119. Cuerpos expedicionarios con más de 100.000 hombres, jinetes e infantería, se mandaron a Mongolia en 124, 123 y 119. A partir de 115 al imperio de los Han no le queda ya prácticamente ningún motivo de inquietud en sus fronteras del norte y, en 108, después de la creación de los cuatro distritos militares del norte y el centro de Corea, se extiende desde el mar de Japón hasta la región de Kunming en el Yunnan, y de Dunhuang a la región de Turán en el centro de Vietnam.

Pero no cabe imaginar que los Han consiguieran instalar en todas partes una administración regular: en muchos sitios se trata tan sólo de una simple penetración china, asegurada por guarniciones que controlan las rutas y los puntos de paso en medio de poblaciones de alianza a menudo precaria. Fue en el Gansu y en los confines del norte donde los Han intentaron implantarse más sólidamente creando colonias militares (tuntian) con la doble función de sacar rendimiento de los territorios conquistados mediante la roturación y la irrigación y de asegurar la defensa de la retaguardia.

En el Gansu, los distritos militares de Dunhuang y de Zhangye se crearon en 117, los de Wuwei y de Jiuquan en 115. A partir de este momento se hace un gran esfuerzo para colonizar las regiones del noroeste y es posible estimar en dos millones el número de hombres que instaló allí el emperador Wudi. Bastarán algunas cifras para evocar la importancia de esos traslados de población: en 127, 100.000 campesinos son instalados en Shuofang, al noroeste de la curva del Ordos, en plena Mongolia; en 102, 180.000 soldados agricultores vienen a poblar los distritos militares de Jiuquan y de Zhangye; en 120, tras unas grandes inundaciones en el oeste del Shandong, 700.000 siniestrados son transferidos al Shenxi. Estos traslados de población fueron lo suficientemente numerosos como para modificar el reparto de población en China del norte y tuvieron sin duda efectos beneficiosos sobre la economía agraria en las regiones más pobladas de la cuenca del río Amarillo.

Manchuria y Corea

La expansión Han en Mongolia y Asia Central es contemporánea a los esfuerzos de penetración hacia el noreste (Manchuria) y Corea. Con ello se intenta tanto terminar con la dominación que los xiongnu ejercían sobre los donghu y los wuhuan, población de criadores de caballos del sureste de Mongolia y de la cuenca del río Liao (Manchuria meridional), como asegurar al imperio el control de las rutas comerciales de estas regiones. Por otra parte, la colonización china en Manchuria era antigua y se remontaba por lo menos a la época de los Reinos Combatientes (siglos V-II1): en Manchuria se han encontrado, en efecto, vestigios que se deben atribuir a los colonos del reino de Yan, cuya capital estaba situada en los alrededores del actual Pekín. Por otra parte, las relaciones marítimas entre las costas del Shandong y la península de Liaodong, separadas tan sólo por unos 120 km (es decir, la distancia entre Sicilia y Túnez), y sin duda también entre el Shandong y Corea, son anteriores a la época de los Han. Se entiende, pues, el esfuerzo sistemático que emprenden los Han a partir de finales del siglo II para incluir en el imperio las llanuras de Manchuria meridional y la península de Corea. Después de una victoria sobre los donghu en 128, los distritos militares Han se implantan en Manchuria. Entre 109 y 106 se conquista la mayor parte de Corea (distritos militares de Lelang en el noroeste, de Zhenfan en el suroeste, de Lintun en el noreste, de Xuantu en el norte, a ambas orillas del río Yalu). Las costas occidentales de Corea seguirán siendo chinas hasta principios del siglo IV de nuestra era. Este período de implantación china explica la abundancia de restos arqueológicos de la época Han en la península de Corea: hasta que no se descubrieron otros yacimientos, fueron las tumbas Han de Lelang en Corea las que proporcionaron las mejores muestras de pinturas murales de esta época.

La organización de los ejércitos del norte

Seria simplista ver en las Grandes Murallas un límite neto entre el mundo de los ganaderos nómadas y el de los ciudadanos y agricultores chinos. Los confines septentrionales del mundo chino son una zona en la que se combinan los géneros de vida opuestos del agricultor y del pastor, y en la que a lo largo de los siglos asistimos, unas veces, a un progreso de los pastos y a un retroceso de las tierras cultivadas y, otras, a la conquista y la explotación de estas tierras áridas por parte de poblaciones sedentarias. Si algunas tribus de pastores se pasan a la agricultura, también hay Han que adoptan el modo de vida de los ganaderos nómadas. Los problemas de la defensa contra las incursiones de la estepa se inscriben en un contexto que es tan cultural, político y económico como militar, debido a los fenómenos de aculturación, a las combinaciones diplomáticas y al tráfico comercial. Las Grandes Murallas constituyen sólo uno de los elementos de un conjunto mucho más amplio: tribus aliadas que colaboran en la defensa contra las incursiones, fortines y guarniciones avanzadas, colonias militares, territorios por poblaciones deportadas, domesticación de caballos...

La organización de los ejércitos y el sistema de defensa de los Han en las fronteras del norte nos es bien conocido gracias al descubrimiento de un lote importante de manuscritos sobre madera y bambú, y gracias a las excavaciones realizadas en el limes chino de los Han desde principio de siglo. Estos manuscritos proceden de la región de Etsingol (Juyan) en Mongolia occidental y de la de Dunhuang en el oeste del Gansu. Estos documentos, con un número aproximado de 10.000, son informes, comunicados, inventarios, cartas de soldados, fragmentos de textos legales... Adoptan la forma, corriente en esta época, de tiras con una sola columna de escritura y las fechas que se mencionan en ellas van de -100 a +100 aproximadamente.

En las fronteras se encuentran dos tipos de tropas: por una parte, soldados cultivadores, llamados soldados de los canales de irrigación (hequzu) o soldados de graneros (kuzu), por otra, guarniciones de soldados en los puestos avanzados. Vigilancia, patrullas y entrenamientos ocupan gran parte del tiempo de las tropas en las primeras líneas de defensa. Cada puesto está en contacto con los puestos vecinos y con la retaguardia gracias a un sistema de señales: banderillas rojas y azules, humaredas de día y fuegos de noche que son más visibles gracias a unos largos brazos basculantes del tipo de los chadufs egipcios. Este sistema de señales que permite transmitir muy rápidamente, gracias a un código bastante complejo, informaciones relativamente precisas sobre movimientos de tropas y ataques se menciona en los textos a partir de -466. Todos los mensajes emitidos y recibidos se registran por escrito. Una rutina administrativa muy formalista impone a cada jefe de puesto una correspondencia importante y la constitución de abundantes archivos, referentes no sólo a las cuestiones militares sino también al avituallamiento y a las armas guardadas en el almacén: arcos, flechas, ballestas, catapultas... Durante las patrullas es frecuente que se obligue a los soldados a aplanar amplias franjas de tierra o de arena para detectar las huellas de los nómadas. Encargados del mantenimiento de los edificios, de la fabricación de ladrillos hechos con molde y secados al sol, de la recogida de combustible y de la confección de flechas, los soldados ejercen también un control de aduana y de policía. Todo lo que pasa por los puestos fronterizos es objeto de una estrecha vigilancia: hombres, rebaños y mercancías. Cuando se busca a un fugitivo se les manda una ficha con sus señales precisas, y está plenamente demostrado el uso del pasaporte, cuyos antecedentes se remontan a la época de los Reinos Combatientes, bajo los Han, al igual que la utilización de perros policías. Los puestos fronterizos deben satisfacer también las demandas de las caravanas diplomáticas. Los documentos de la época revelan, pues, la diversidad de las tareas que incumbían al limes chino: las actividades propiamente militares son sólo uno de los aspectos de las relaciones entre el mundo chino y los pastores nómadas.

Los ejércitos de los Han se organizan siguiendo el sistema habitual en el reino y el imperio de los Qin, es decir, el del sistema de quintas. Se recluta a los hombres aptos para el servicio a los treinta años y permanecen sirviendo un año en los cuerpos de guardia del emperador y otro año en su destacación de origen. Este es al menos el caso en las regiones situadas cerca de la capital. Los soldados reclutados en las regiones fronterizas se establecen permanentemente. Sin embargo, encontramos también en las fronteras mercenarios. Por lo que respecta a los cuerpos expedicionarios de la época de Wudi, se componen de fuertes contingentes de auxiliares bárbaros, de mercenarios chinos y de condenados a los que se les ha permitido conmutar su pena sirviendo en el ejército. Después de la época de Wudi, la tendencia será reducir las tropas de quintos: el ejército de los segundos Han lo compondrán principalmente veteranos, mercenarios y un nutrido número de auxiliares bárbaros.

La penetración de los Han en tierra tropical

La expansión china al sur del Yangzi constituye uno de los grandes fenómenos de la historia de Asia Oriental, tanto por su duración, que abarca cerca de tres milenios, como por las transformaciones que la acompañaron: movimientos de población, mezclas étnicas, desaparición o transformación de antiguas culturas, influencias recíprocas... Lo que hoy subsiste de las antiguas etnias no es más que una especie de reliquia que no puede dar una idea exacta ni de las antiguas culturas, a pesar de la notable permanencia de algunos rasgos, ni del reparto de las diferentes etnias en la época antigua. Algunas poblaciones parecen haber desaparecido por completo. Grandes jefaturas e importantes reinos de civilizaciones originales fueron destruidos o reducidos poco a poco por las expediciones chinas y por una asimilación progresiva. La arqueología ha sido la única capaz de iluminar profusamente algunas de estas culturas originales. Fueron descubrimientos arqueológicos sorprendentes los que revelaron bruscamente a partir de 1956 la realidad del reino de Dian, mencionado brevemente en las fuentes de la época Han y cuyo centro político se encontraba situado en la llanura de la actual Kunming en el Yunnan. Este reino, cuya economía a final de los Reinos Combatientes y en el siglo II antes de nuestra era se basaba en la gran ganadería y en la agricultura, mantenía relación en el este con las tribus guerreras de los yelang que controlaban las rutas entre el Sichuan y el Guangdong, con las tribus kunming del Yunnan occidental y con los chinos de la llanura de Chengdu. Ocupaba los puntos de paso entre el alto valle del Yangzi y Birmania. Su riqueza comercial explica que desarrollara un arte del bronce original, de influencias múltiples y entremezcladas, las más netas y quizás menos esperadas de las cuales son las del Ordos y de la estepa. Las excavaciones de Shizhaishan, al sureste del lago de Kunming, han desenterrado notables recipientes de bronce adornados con caurís, distintivo de las familias principescas, cuyas tapas están decoradas con escenas en relieve que constituyen testimonios preciosos sobre la economía, los cultos y la vida cotidiana de los habitantes. El reino de Dian fue aplastado por los ejércitos Han en -109. Su príncipe conservó su título hasta el reinado de Zhaodi (87-74) en que fue suprimido a consecuencia de una rebelión. La colonización china eliminó hasta el último vestigio de esta civilización original.

En -86 y -82, las expediciones contra las tribus kunming del Yunnan occidental extienden la implantación china hasta los bordes de Birmania. El reino de Shan en Birmania enviará tributos a Luoyang alrededor del +100 (embajadas de 94, 97 y 120).

Otro yacimiento, descubierto en 1924 en Dong-son, en Thanh-hoa, a 150 km aproximadamente al sur de Hanoi, ha revelado otra civilización del bronce que parece más o menos contemporánea de la de Dian. Esta civilización de pescadores-cazadores-agricultores, que vivían en casas construidas sobre pilares, se caracteriza por la utilización de tambores de bronce cuya decoración muestra escenas religiosas en las que figuran bailarines adornados con plumas. Entre los instrumentos de música hay que destacar la presencia del khene, órgano de boca cuya área de extensión es muy amplia en la zona tropical y de donde surgiría el shang chino. En la civilización de Dong-son son evidentes tanto las influencias chinas como las de la estepa. Entre los objetos importados se encuentran una vasija y una espada de la época de los Reinos Combatientes y monedas de la época de Wang Mang (9-25).

Lo que es cierto de Dian y de Dong-son lo es sin duda también de otros antiguos reinos de los que no nos queda ningún vestigio arqueológico. Fujian, orientado hacia el mar y aislado por sus montañas, y el sur de Zhejiang formaban en los siglos III y II antes de nuestra era uno de estos reinos independientes: los yue de Min (antiguo nombre del Fujian y del río de Fuzhou) eran una de las numerosas poblaciones de pescadores que ocupaban desde la Antigüedad todas las costas situadas entre el estuario del Zhejiang y la región de Hue en Vietnam. Las expediciones del Primer Emperador de los Qin habían sido acciones aisladas y sin continuidad, pero los Han penetraron con fuerza a finales del siglo II y destruyeron el reino de los yue de Min en -110.

El conjunto de territorios marítimos con grandes llanuras fértiles (cuenca del Xijiang en la región de Cantón y delta del río Rojo) formados por el Guangdong y Vietnam hasta los alrededores del actual Da-nang (Turán) había sido penetrado por el comercio chino ya en época de los Reinos Combatientes (siglos V-III). A raíz de sus expediciones de los años 221-214 hacia el sur, el Primer Emperador había establecido guarniciones en las regiones actuales de Guilin (noreste del Guangxi), Cantón y Hanoi. Pero cuando el imperio de los Oin se derrumbó se constituyó allí un reino independiente cuya familia reinante, apellidada Zhao, era quizás mestiza de chinos: el «reino de los yue del sur» (Nanyueguo), término que según la sintaxis china corresponde al nombre de Vietnam (Nam-Viet). Este reino, cuyas poblaciones debían estar formadas por antepasados de los thai y de los mon-khmer, parece haber tenido como actividades principales el comercio y la pesca. Sus puertos más importantes eran los de Cantón, Hepu (región de las pesquerías de perlas, al oeste de la península de Leizhou en el Guangdong) y un puerto situado en el golfo de Tonkín. Traficaban con marfil, perlas, caparazones de tortuga, cuernos de rinoceronte, textiles de fibras vegetales y esclavos de las islas. Después de varias intervenciones, las primeras de las cuales se remontan al 181, cuerpos expedicionarios de los Han penetraron en la región de Cantón y en el delta del río Rojo en 113 y los territorios del reino de Nanyue fueron trasformados en distritos militares chinos dos años más tarde.

Sin embargo, un clima de inseguridad permanente reina en las regiones tropicales y malsanas que controla el poder de los Han en China del sur y en Vietnam: la vegetación y el relieve a menudo montañoso se prestan admirablemente bien a la guerrilla; los golpes por sorpresa y las escaramuzas son incesantes. Durante el periodo de agitación del reinado de Wang Mang (9-23) y de los primeros años de la restauración de los Han, aumentó la emigración china al Yunnan, Guangdong y Vietnam del norte y del centro. Pero a partir del 40 las sublevaciones se generalizan en el delta del río Rojo arrastrando consigo la insurrección de las poblaciones del norte y centro del actual Vietnam y de la región de Hepu en el oeste del Guangdong. Las jefas de esta rebelión son dos hermanas, Tru’ng Thac y Tru’ng Nhi, la mayor de las cuales no tardará en tomar el titulo de reina. La época contemporánea las venerará como las heroínas de la independencia nacional en Vietnam. Sin embargo, Ma Yuan (de -14 a +49), nombrado «general domador de las aguas», acabó con esta revuelta en el año 43 de nuestra era.

Primera apertura hacia Asia del sureste y el océano Indico

La instalación de los Han en el Guangdong y en Vietnam extiende la influencia china hacia Asia del sureste: las hachas de bronce encontradas en Camboya reproducen el modelo de las hachas chinas; se han hallado restos de cerámica Han fechados en el siglo I de nuestra era en el este de Borneo, el oeste de Java y el sur de Sumatra. Al mismo tiempo, esta expansión de los distritos militares Han hacia el sur permite a los países de Asia del sureste y del océano Índico entrar por primera vez en relación directa con el mundo chino. Un párrafo de la Historia de los Han (capitulo 28 B) proporciona el primer itinerario de las rutas marítimas hacia los mares del Sur y el océano Índico en el siglo I antes de nuestra era. Pero estas relaciones no se desarrollan verdaderamente hasta los primeros siglos de la era cristiana, tras la expansión marítima de los indo-iranios y el subsiguiente desarrollo marítimo, a partir del siglo III, de China del sur. La arqueología (tumbas de la región de Cantón, de Guixian en el Guangxi, de Changsha en el Hunan) revela la importación de productos de ultramar bajo los Han: vidrio, ámbar, ágata, cornalina. Algunas estatuas funerarias evidencian el tráfico de esclavos procedentes de Asia del sureste. El jazmín (moli), planta exótica en China, empezará a plantarse en la región de Cantón en el siglo III. Embajadas indias llegan a la corte de los Han entre 89 y 105. La primera mención de relaciones oficiales entre China y la isla de Java es de 132.

El desarrollo del comercio marítimo indo-iranio, que se explica sin duda por un progreso de las técnicas de navegación, el desarrollo de los intercambios entre India, Oriente Medio y Mediterráneo, la difusión del budismo, religión de mercaderes que libera del temor a mancillarse, el descubrimiento de nuevos países productores de oro en un momento en que las rutas del norte de Eurasia están cortadas: he aquí algunos de los grandes hechos de la historia de Asia en los primeros siglos de nuestra era. De aquí surgirá la hinduización de las llanuras costeras de los países de Asia del sureste. Y en ese contexto se inscriben los contactos episódicos que tuvo la China de los Han con las regiones orientales del Imperio romano. Una de las grandes escalas de este comercio indo-iranio parece haber sido un puerto del antiguo reino de Camboya, Funan (Phnam), en el delta del Mekong. En el emplazamiento de esta antigua ciudad se han encontrado, entre vestigios que datan de los siglos II-VI, una moneda romana acuñada en 152 con la efigie de Antonino Pío (138-161) y una pieza con la efigie de Marco Aurelio (161-180). La Historia de los Liang (502-557) (capítulo 54) recuerda que en época de los Han los mercaderes de Da Qin (el término «Grandes Qin» designa las regiones orientales del Imperio romano) visitaban frecuentemente Funan. En 120, un reino de Birmania envía a la corte de Luoyang un regalo de bailarines y juglares del país de los Da Qin, llegados por mar a Asia Oriental. En 166, las fuentes chinas mencionan una «embajada» de mercaderes romanos, quizás sirios de Palmira, que habían hecho escala en las costas del centro de Vietnam. Otras dos embajadas análogas se mencionan en 226 en Nankín y en 284 en Luoyang.

El interés de estas lejanas relaciones entre el Mediterráneo oriental y China del sur no reside sólo en su curiosidad: revelan la existencia de tráficos comerciales que tuvieron alguna importancia económica y que fueron estimulados por la atracción de las sedas chinas.
 
 

CAUSAS Y CONSECUENCIAS DE LA EXPANSIÓN

Así como la potencia del gran imperio nómada de los xiongnu en la zona de las estepas estuvo seguramente suscitada y reforzada por las importaciones chinas de hierro y sedas, la causa fundamental de la expansión de los Han en Asia fue sin duda el desarrollo económico del mundo chino. No se trata sólo de que la China de los Han sacara de este desarrollo el principio de su prestigio y de su fuerza en el exterior, sino también de que el tráfico en dirección a Mongolia, Corea, Asia Central, China del sur e India del norte llamó la atención de los dirigentes chinos y estimuló con ello la expansión militar y diplomática. El excedente de riquezas del mundo chino y la política de regalos adoptada por los Han respecto a sus vecinos modificaron poco a poco las bases de partida y provocaron la integración de los bárbaros en el Imperio, hasta el punto de que a partir de finales del siglo I antes de nuestra era ya no fue necesario mantener el mismo esfuerzo de expansión y se produjo un reflujo de la colonización china en el norte y el noroeste.

Estos cambios en las relaciones del imperio de los Han con sus vecinos inmediatos y el desarrollo económico acarrearon por otra parte la disgregación progresiva de la clase que había promovido la potencia china en época del emperador Wu (141-87): la de los soldados-campesinos y pequeños agricultores. Los artífices de la restauración de los Han en +25, tras el breve interregno del usurpador Wang Mang, fueron las familias de notables cuya riqueza y poder no habían parado de crecer.

Comercio y expansión

Ya en los siglos IV y III parecen haberse desarrollado intercambios comerciales de los reinos de Zhao y de Qin hacia Mongolia y Asia Central, de los de Yan y de Qi hacia Manchuria y Corea, y del de Chu hacia el Sichuan y el Yunnan. En las excavaciones en Manchuria y en Corea del Norte se han encontrado numerosas monedas en forma de cuchillo (mingdao), que demuestran la existencia de tráfico entre el reino de Yan, situado en la región de la actual Pekín, y los territorios del noreste. Todo parece indicar, por otra parte, que las sedas del reino de Qin se exportaban hacia el oeste y es muy probable que el país de la seda se conociera en la India como consecuencia de estas exportaciones. El nombre de China parece remontarse a los siglos IV-III antes de nuestra era.

Este tráfico entre el territorio chino y las diferentes regiones del continente asiático se acrecentaría bajo los Han. Ahora bien, son muchos los indicios que invitan a relacionar la expansión Han a partir de finales del siglo II antes de nuestra era con el descubrimiento o conocimiento de las grandes vías comerciales que unían el mundo chino de entonces con la China del sur y el Asia del sureste, con el Asia Central y los confines de la India y del Irán. Lo que decidió la gran política de expansión hacia la cuenca del Tarim y el Pamir fue el informe de Zhang Qian destacando el interés despertado por las sedas chinas entre las poblaciones de Asia Central y de las regiones situadas al norte y al sur del Amu Daria. Lo que incitó al emperador Wudi a lanzar expediciones al Yunnan para controlar las rutas de esta región fue el sorprendente descubrimiento hecho por el mismo Zhang Qian, durante su estancia en Bactriana, de bambús y tejidos venidos del Sichuan a través de Birmania e India del norte. Lo que originó las expediciones de los Han al Guizhou fueron las deducciones de Tang Meng sobre la existencia de una ruta comercial entre el Sichuan y la región de Cantón (Panyu) —durante su misión en el Guangdong en -135 Tang Meng había encontrado una salsa hecha con un fruto importado del Sichuan.

Tanto como el desarrollo económico de China en el siglo II antes de nuestra era, su expansión política iba a aumentar de forma natural la importancia del tráfico y a estrechar todavía más los vínculos que unían comercio, guerra y diplomacia. La instalación de guarniciones chinas desde Corea hasta el corazón de Asia, el establecimiento de relaciones diplomáticas y el control de las grandes rutas comerciales crearon una situación particularmente favorable a los mercaderes. Las caravanas de la estepa de la época Han son auténticas ciudades en movimiento. En el +84 una embajada de los xiongnu del norte que se dirige hacia Chang’an, en la que participan el mismo shanyu y príncipes de su familia, viene acompañada por un rebaño de 100.000 cabezas de ganado. Durante el invierno del año +135, los wuhuan consiguieron en una razzia hacerse con un convoy de más de mil carretas conducidas por mercaderes chinos del Hebei. En las ciudades fronterizas se establecieron grandes mercados y los soldados de las guarniciones participaban en el tráfico. La ciudad situada en el emplazamiento de la actual Zhangjiakou (Kalgan), al noroeste de Pekín, donde vienen a comerciar los wuhuan y los xianbei a finales de los segundos Han, es un ejemplo de estos grandes centros comerciales establecidos en las fronteras. Se aprovecharía, a finales del siglo II, de la afluencia de refugiados provocada por las sublevaciones de los Turbantes Amarillos en 184.

Es difícil distinguir netamente, en este «tráfico internacional», entre lo que en rigor podríamos considerar un comercio privado y esa forma de comercio oficial que es el tributo, intercambio de bienes destinado a estrechar los vínculos políticos y a veces familiares que mantienen los Han con sus vecinos. Los mercaderes se deslizan en las caravanas oficiales, se aprovechan al igual que ellas de la protección de las guarniciones chinas; los hay incluso que, venidos de países lejanos, llegan a proclamarse representantes titulares de su país. La apertura de Asia Central por los ejércitos de los Han en época del emperador Wu fue seguida por una avalancha de mercaderes chinos en la zona de los oasis. Pero en todo caso los Han parecen haber fundado toda su política exterior en los intercambios de regalos y más especialmente de bienes preciosos. Al eliminar los intermediarios que, en los confines del imperio, se enriquecían y consolidaban su prestigio gracias al comercio de los productos chinos - y en primer lugar de las sedas -, la intención de los Han no era tanto extender su dominación directa como aumentar sus relaciones diplomáticas. Por eso mismo se limitaron al principio y con mucha frecuencia a controlar las rutas comerciales instalando guarniciones en los puntos de paso de las caravanas de los mercaderes. Y eso lo hicieron no sólo en los oasis de Asia Central, amenazados siempre por las incursiones de las gentes de la estepa, sino también en las regiones montañosas de la China del suroeste, pobladas por tribus aborígenes de lealtad siempre incierta.

Política de regalos y tráfico de la seda

A fin de extender su influencia sobre sus vecinos, de ganarlos para su causa y de provocar disensiones entre sus enemigos, los Han practicaron una política de fasto y generosidad que sorprende por su coste extraordinariamente elevado y por su carácter sistemático. Sin lugar a dudas ningún otro país del mundo ha hecho un esfuerzo parecido por colmar de regalos a sus vecinos ni ha erigido de forma igual los obsequios en procedimiento político. Durante los cuatro siglos de la época de los Han las poblaciones de la estepa y de los oasis - y en menor medida las de las regiones montañosas de la China del suroeste - recibieron una masa incalculable de sedas, la principal riqueza comercial de China, y de otros productos chinos. Muy importantes ya a principios del siglo II, estos regalos aumentan rápidamente en la segunda mitad del siglo I antes de nuestra era y alcanzan su cota máxima bajo los segundos Han. Algunas cifras demuestran este aumento:
 
 
Años  maraña de seda en libras (jin rollos de seda
-51  6.000  8.000
-49  8.000 8.000
-33 16.000 18.000
-25 20.000  20.000
-1  30.000  30.000

En +91 el total de los regalos en sedas hechos a los xiongnu del sur alcanzan el valor de 100.900.000 piezas de monedas (qian) y, el mismo año, los que reciben los reinos de los oasis representan 74.800.000 piezas de moneda. Pero en la segunda misión de Zhang Qian hacia la Dzungaria y el Pamir, a finales del siglo II antes de nuestra era, los productos chinos y las sedas son ya tan abundantes en Asia Central que han perdido gran parte de su atractivo y valor.

Se ha estimado que las rentas anuales del imperio entre el siglo I antes de nuestra era y los alrededores de 150 alcanzaban más o menos el valor de 10.000 millones de piezas de moneda, sin contar las rentas privadas del emperador que subían a 8.000 millones. Pues bien, tres o cuatro mil millones de esos 10.000 eran absorbidos cada año por los regalos hechos a las poblaciones extranjeras. Cabe imaginar las consecuencias de esta importante deducción sobre las riquezas de China - que debió estimular la producción artesanal a la vez que debilitaba la economía general del imperio -, y sus efectos de incitación sobre el comercio entre Asia Oriental, India del norte, Irán y la cuenca mediterránea.

Aunque está demostrado que el tráfico de productos chinos es anterior a la unificación de los países chinos por parte del Primer Emperador de los Qin, los regalos a los xiongnu y a los reinos de Asia Central dieron sin duda a este fenómeno una amplitud sin precedentes y el gran comercio de la seda a través del continente euroasiático aumentó aún más bajo los segundos Han, en los siglos I y II de nuestra era. Afectaba simultáneamente a China, Asia Central, India del norte, imperio parto e imperio romano. La célebre «ruta de la seda» que unía el valle del río Amarillo con el Mediterráneo pasaba por las ciudades del Gansu, los oasis del actual Territorio Autónomo del Xinjiang, el Pamir, la Transoxiana, Irán, Irak y Siria. El oasis de Khotan, rico en jade, sobre la ruta que bordea por el sur el desierto de Takla Makan, parece haber sido uno de los grandes centros de tránsito de las sedas. Se han encontrado fragmentos de tejidos de seda que datan de los Han Posteriores en Niya, un oasis situado al oeste de Khotan, y estas sedas presentan grandes analogías con las que se han descubierto en las tumbas de Palmira, fechadas en 83-273. No obstante, la India parece haber sido a menudo una escala en el comercio de la seda entre China y el Mediterráneo. La seda china, fabricada sin duda en el Sichuan o procedente de esta región, era conocida en las llanuras del Ganges y del Indo desde los siglos IV-III antes de nuestra era como un producto de China, es decir del reino de Qin. Pero hay indicios arqueológicos que sugieren que la expansión Han en Asia Central durante la época de Wudi desarrolló las relaciones entre China y el noreste de la India. Ahora bien, una parte de las sedas llegadas al imperio romano debían importarse directamente del valle del Indo: dado que los partos y, más concretamente, los nabateos, que cobraban una tasa del 25 por 100 sobre las mercancías, controlaban el comercio entre Transoxiana, Irán y el Mediterráneo, Roma favoreció en los siglos I y II el tráfico marítimo por el sur, evitando el imperio parto. Por otra parte sabemos que Gan Ying, enviado en el 97 de nuestra era por los Han a Da Qin, término que designaba al Imperio Romano de Oriente, fue disuadido por los partos de continuar su viaje.

Si bien una gran parte de las sedas chinas tomó el camino del Próximo Oriente y de la cuenca del Mediterráneo, no se debe olvidar que su comercio se extendió de hecho por toda Asia como lo demuestran los descubrimientos arqueológicos: se han encontrado tejidos de seda, fuera de la «ruta de la seda», en Etsingol, en Mongolia Interior, en Noin-Ula a 130 km al norte de Ulan Bator, en Siberia buriata en Ilmova-Pad y hasta en Crimea, en Kerch.

La sinización de los bárbaros y su integración en el Imperio

Los regalos a los bárbaros respondían a una política consciente y de largo alcance: a corto plazo, se trataba de seducirlos, de apartarlos de la potente confederación de los xiongnu que dominaba toda la zona de las estepas y los oasis de Asia Central; a largo plazo, de corromperlos acostumbrándolos al lujo.

Las recepciones suntuosas acompañadas de regalos excepcionales se reservaban a los jefes de los xiongnu, los shanyu, o a los príncipes de los reinos de Asia Central que rendían visita a la corte de los Han. Las primeras visitas de los shanyu aliados a Chang’an fueron grandes acontecimientos políticos. Pero después los chinos empezaron atemer estas manifestaciones de lealtad demasiado frecuentes debido al elevado costo que comportaban. En el -3 los Han se negaron a recibir al shanyu de los xiongnu del sur En el +45 renunciaron a extender el sistema de los tributos - más perjudicial para el imperio que para sus vecinos - a dieciocho reinos de Asia Central que estaban a punto de enviar regalos y rehenes a Luoyang.

La distinción de títulos oficiales, la entrega de sellos por parte del emperador, el reconocimiento de un rango en la jerarquía protocolaria que engloba al conjunto de los países aliados al imperio no son tampoco ventajas menores para los príncipes extranjeros. Pero lo que es una distinción excepcional es quedar unido con vínculos de sangre con la familia de los Liu. La práctica de reforzar las alianzas políticas mediante uniones matrimoniales será seguida por numerosos imperios chinos o sinizados hasta la época manchú. Las princesas chinas introdujeron en los países extranjeros los modales, las costumbres, la cultura y el lujo de China. Su presencia en estos países justifica las idas y venidas de embajadas. Pero una de las prácticas más frecuentes de la época Han era la de enviar rehenes (zhi) a la corte imperial: los príncipes de los jefes de Asia Central y los jefes de las confederaciones de tribus entregaban como prenda de su alianza a sus propios hijos, que son lujosamente mantenidos en la capital a expensas del emperador, recibían allí una educación a la china y eran designados a menudo para formar parte de la guardia imperial o de la administración interior de palacio. Convertidos al género de vida y a la cultura de los chinos, eran, de regreso a su país, agentes de difusión de las influencias Han. El sistema de los rehenes, que era una garantía contra la ruptura de las alianzas, proporcionaba así además una forma de intervenir más fácilmente en los asuntos sucesorios de los países aliados.

Combinados a las ofensivas militares, la acción diplomática de los Han, los regalos de sedas y otros productos chinos - de las tumbas de los jefes xiongnu han salido un gran número de lacas, jades, cerámicas, espejos de bronce, monedas y piezas de seda -, las concesiones de títulos, las alianzas matrimoniales y el sistema de los rehenes terminaron por dar sus frutos. Se instituyeron relaciones regulares entre los Han y los «reinos dependientes» (shuguo) que habían formado las poblaciones aliadas a China, desde Manchuria hasta Asia Central. La confederación de tribus de distintos origenes que los xiongnu habían creado a finales del siglo III empieza a desintegrarse a mediados del siglo 1: en el -60, los xiongnu se escinden en cinco grupos hostiles, y la alianza con los Han de uno de los principales jefes, el shanyu Huhanye, en el -51, acelera la evolución en curso. En el -43, la división de las poblaciones de la estepa entre xiongnu del sur aliados a los Han y xiongnu del norte enemigos del imperio, viene a coronar los esfuerzos de casi un siglo: las tribus cercanas, las de las regiones que corresponden más o menos a la actual Mongolia Interior, hacen de tapón entre el mundo de los sedentarios y el de las tribus más belicosas que nomadean más al norte hasta cerca del lago Baikal. En el -36 los Han han terminado prácticamente después de un siglo con la amenaza de la gente de la estepa.

La evolución de las poblaciones de los confines del mundo chino es desigual. Muy rápida en el noroeste, donde los qiang, que pagan tributo a los Han desde el -98, se han convenido en medio sedentarios y complementan los recursos de la ganadería y de las razzias con los de la agricultura y el comercio, no se notará apenas en la actual Mongolia Exterior antes de los siglos I y II de nuestra era. Los wuhuan, pueblo de Mongolia del noreste, al entrar en contacto con los sedentarios se dejaron penetrar enseguida por las influencias chinas y se incorporaron en masa a los ejércitos Han donde formaron cuerpos de caballería. Por el contrario, sus vecinos del norte, los xiabei, permanecieron fieles a su género de vida nómada y se mostraron más agresivos. Hicieron una incursión en +140, obligando a los Han a cederles un importante territorio, y volvieron a mostrarse activos en 156-178.

Tras haber obtenido la alianza de importantes grupos de tribus que se habían colocado bajo su protección, los Han se esforzaron en aumentar su control sobre estos «reinos dependientes» (shuguo) que al principio no pasaban de ser simples aliados, libres de seguir con sus propias costumbres y exentos de impuestos. La trasformación de los shuguo en territorios militares (bu), y, después, en circunscripciones administrativas ordinarias (juntan), prosiguió en todos los confines del imperio entre la época del emperador Wudi y el siglo II de nuestra era. Desde finales del siglo II antes de nuestra era se habían creado circunscripciones ordinarias constituidas por poblaciones aliadas o sometidas a los Han en el sur de Mongolia, el Gansu, Corea, el Yunnan, el Guangdong y el norte del Vietnam. Pero la tendencia a integrar en el imperio de forma cada vez más completa a los antiguos pastores nómadas se afianza durante las dos dinastías Han. Viene favorecida por las transformaciones internas de las tribus: su enriquecimiento, el aumento de su población, su propensión a adoptar un género de vida sedentario o semisedentario. Parece ser que hacia el -50 la población total de los xiongnu aliados era de 50 a 60.000 individuos. En el +90 alcanzó la cifra de 237.000 personas. Los funcionarios chinos se esforzaron por convertir a los antiguos nómadas a las actividades agrícolas que constituían una fuente de actividades suplementarias para el imperio, mientras aumentaba rápidamente la incorporación de antiguos nómadas al ejército. Las mujeres e hijos de los hombres movilizados se guardaban como rehenes detrás de las líneas y se les ejecutaba en caso de traición.

Las tribus del interior, explotadas por la administración china y por los simples particulares que exigen de ellas servicios, trabajos forzados e impuestos - así fue como los xiongnu del Shanxi fueron empleados como obreros agrícolas por las ricas familias de la región de Taiyuan, y como los qiang del Gansu fueron sometidos a fuertes requisas para el transporte -, intentaron sacudirse el yugo demasiado pesado que se les imponía a partir del siglo I antes de nuestra era, y toda la dinastía de los segundos Han se agitará bajo sus revueltas. La injusticia sufrida por estas tribus es tanto más escandalosa si se tiene en cuenta que los nómadas de Mongolia Exterior, cuyas incursiones temen todavía los Han, continuarán recibiendo de China ricos regalos.