El maniqueísmo y su difusión por la ruta de la seda
Dolors Folch
Novembre 2000Mani, el fundador del maniqueismo, nació en el 216 en Seleucia-Ctesifonte en una familia de judíos cristianos Elkesiates, una comunidad de marcado carácter ascético en la que el joven permanecería hasta los 25 años: de estos años de juventud el maniqueismo conservaría una relación con las herejías gnósticas y dualistas. Después de predicar varios años por la India regresó a Persia en el 242 y allí formuló una nueva religión que conjugaba elementos del zoroastrismo, el cristianismo y el budismo.
El sincretismo de Mani evidencia la ebullición religiosa de Persia y del Próximo Oriente en el siglo III. La simpatía de Shapur I (241-272) – fascinado sin duda por el intenso magnetismo religioso y artístico que irradiaba la nueva religión de la luz – dio un gran impulso a la nueva doctrina. Pero el nuevo imperio sasánida, al igual que el romano poco después, no tardó en atrincherarse en una ortodoxia estricta: a la muerte de Sapur I, Mani fue ejecutado en el 276 , los maniqueos perseguidos y el zoroastrismo declarado religión de estado.
El maniqueismo surgió como reacción al aristocratismo mazdeísta y conserva el dualismo básico de la religión de Zoroastro. Mani formuló un dualismo entre el cuerpo y la materia, afirmó que el cuerpo humano, intrínsecamente perverso, no podía ser creación de Dios, y propuso un camino para liberar la luz divina que está prisionera dentro de la materia. Pero su parentesco con todas las grandes religiones de euroasia jugó en contra suya, ya que para todas éstas sus doctrinas resultaron más aberrantes que extrañas.
Las persecuciones de los Sasánidas lanzaron a los maniqueos primero hacia Bizancio: cuando Justiniano se ensañó con ellos se extendieron por el N de Africa, donde uno de sus conversos sería San Agustín, Hispania y Galia: su presencia allí fue visible hasta el siglo VI, para desparaecer después, aunque durante toda la Edad Media su mensaje simple y sincrético tiñó las rebeliones heréticas de los más pobres, para estallar finalmente en la rebelión de los cátaros. El grueso de la diáspora maniquea, sin embargo, no se dirigió hacia Occidente sino hacia el Extremo Oriente persa, la Sogdiana. Desde allí se extendieron por el borde norte del desierto de Taklamakan, mientras los monasterios budistas jalonaban la ruta del sur.
Desde los oasis de Asia Central, el maniqueísmo llegó a China en el 694, donde, al igual que las restantes religiones, fue tolerado y no tardó en tener templos en la cosmopolita Chang'an de los Tang. Pero el hecho decisivo para el maniqueismo fue su difusión entre los pueblos turcófonos de la Sogdiana. En el 762 el khagan de los uyghures se convirtió al maniqueísmo sirviéndose de la nueva religión para consolidar el incipiente estado. Eran horas de gloria para los uyghures ya que fue su intervención la que permitió al emperador chino recuperar el poder tras la rebelión de 755. A partir de este momento, la suerte del maniqueismo irá ligada a la de los uyghures. Aliados incómodos para los chinos, los uyghures consiguieron que los templos maniqueos de la Luz Brillante de la Gran Nube se multiplicaran por doquier. Pero el dualismo maniqueo nunca arraigó profundamente en China: por una parte, la arrogancia de los uyghures mancillaba el prestigio de los maniqueos, por otra, el dualismo maniqueo era antitértico con el dualismo chino del yin y el yang, en el que las fuerzas, más que contrarias, se complementan. El maniqueismo decayó en China a partir demediados del siglo IX, con, por una parte, la proscripción de todas las religiones extranjeras del 845 y, por otra, la conquista del imperio uyghur oriental por los kirguises. Destruido su imperio, los uyghures se sedentarizaron en la zona del Xinjiang: con la sedentarización, el maniqueismo fue recubierto por el budismo. Privado de la patronato Uyghur, los maniqueos chinos se fundieron gradualmente con budistas y taoistas. Los maniqueos conservaron una cierta presencia en China hasta el siglo XIV: el nombre de la dinastía Ming, Brillante, podría estar relacionado con la Religión de la Luz
A diferencia de la mayoría de fundadores de religiones, Mani fue un escritor prolífico, pero de sus siete tratados no se ha conservado ninguno: los conocemos sobre todo a través de los ataques que les dedicó San Agustín, ansioso por renegar de su juventud maniquea. Sin embargo sabemos que uno de ellos era sobre pintura y nos queda como prueba de su exquisita sensibilidad hacia luces y sombras las espléndidas pinturas y miniaturas rescatadas de las laderas del Tianshan, en los oasis perdidos del Taklamakan. De esta misma zona se han desenterrado también, en el siglo XX, miles de textos maniqueos procedentes de Bezeklik y Dunhuang.