GONZÁLEZ DE MENDOZA, Juan (1585).Historia del Gran Reino de la China. Roma. (Madrid, Miraguano, 1990).CAPITULO XIV Del examen que hacen a los que quieren dar el grado de loytias que es como entre nosotros de doctor.
Los visitadores, que dijimos enviaba el Rey y su Consejo a visitar las provincias, entre las demás cosas que traen encomendadas, es visitar los estudios que el Rey tiene en todas las ciudades principal es, como queda dicho; el cual Visitador trae particular potestad para graduar los estudiantes que hallare han cumplido sus cursos y son hábiles y suficientes para ello; que es como hacerlos caballeros y capaces para poder tener cualquier Judicatura y Gobierno.
Y porque el modo y ceremonia con que se hace es digna de ser sabida, la diré aqut, de la misma manera que los Padres Fray Martín de Rada y sus compañeros, que se hallaron haber dado el grado en la ciudad de Aucheo, lo refirieron. En acabando el Visitador la visita de la provin cia, y castigado a los culpados y premiado los beneméritos, que lo hace en la ciudad metropolitana de la provincia que visita, manda l uego por público mandamiento vengan a la propia ciudad todos los estudiantes y pasantes que se hallaron suficientes y con ánimo para ser examinados, y para recibir el grado de Loytia, que aunque entre el los quiere decir caballero, es como decir Doctor. Juntos todos, los días que se le señala, y presentados ante el Visitador, los pone en un a lista, y señala el día en que se ha de hacer dicho examen. Este día, por honra de la fiesta, convida el Visitador a todos los Loytias doctos que hay en la ciudad, y él, juntamente con ellos, hace el examen con mucho rigor, poniéndoles sobre todo y reparando más en que sepan bien las leyes del Reino, por donde han de gobernar, que las demás facultades que se requieren, y en que sean hombres virtuosos. A los que hallan con estas partes, pónelos por lista, y señala el día en que les dará el grado; en el cual se lo dan con grandes ceremonias y aplauso de gente, delante de los cuales el Visitador, en nombre del Rey, les da las insignias del grado y dignidad, que, como he dicho, ellos llaman Loytias, que son un cinto o pretina tachonada de oro o de plata, y un sombrero con ciertos jirones o guías, a la manera que en el siguiente capítulo se dirá, que es la señal por donde se diferencian de la gente vulgar, sin l a cual ninguno puede salir en público. Y aunque es verdad que todos tienen nombre de Loytias, así los que se hacen por letras como los que por la guerra o por merced del Rey, son de diferente estimación unos de los otros; porque todos los del Consejo Real y los gobern adores, virreyes y visitadores son Loytias hechos por examen. Los capitanes generales, alcaldes, corregidores y tesoreros son hechos por merced del Rey, en pago de algunos servicios que le han hecho. Estos no tienen más que gozar de la libertad o hidalguía, sin otra particular honra de las que se hacen a otros Loytias, de los cuales hay en cada ciudad muchos. Otros hay también de mucha estima, que son puestos en el segundo grado: éstos son los que son hechos por la milicia y a éstos eligen los Generales por autoridad del Rey.
Después de haber probado sus hechos en armas con testigos muy fidedignos, a los cuales, además de darles este título, les dan en tretenimientos honrados y provechosos, porque ningún hecho val eroso o animoso dejan de estimar en mucho y galzrdonar con gran l iberalidad, lo cual es causa que los menores soldados se animen a seguir y a imitar a los más principales y valientes.
La manera con que pasean al graduado (por ser muy de oír y por cumpl ir lo prometido), diré lo más breve que sea posible. El día señalado para dar el grado, se tornan a juntar todos los Loytias con el Visitador, en la Casa y Sala Real donde hicieron el examen; van todos juntos, vestidos de fiesta; luego, estando juntos entran los que han de recibir el tal grado en cuerpo muy galanos, y delante de cada uno un padrino con las insignias que se le han de dar al apadrinado, que l as pide al Visitador, cada uno por sí, con grandísima humildad y estando de rodillas. E1 Visitador, oída la petición, les toma juramen to de que en los oficios que se le encomendaren pondrán suma diligen cia, haciendo a todos justicia igualmente, y que de ninguno recibirán cohecho, ni presente de niguna suerte que sea, y que serán leales al Rey y no consentirán contra él ningún género de traición, y otras muchas cosas en que se tarda un buen rato. Acabado el juramento, el propio Visitador, hablando en persona del Rey, les pone las insignias ya dichas y da las facultades a él anexas, abrazándolos l uego él y los demás Loytias que se hallan presentes. Salen fuera de l a sala con mucha orden, y a este punto comienzan a tañer las campan as de la ciudad, que hay muchas y muy buenas en todo el Reino, y a disparar la artillería, todo lo cual dura gran espacio de tiempo; y así llevan por toda la ciudad con muy acompasado paseo a los nuevamen te graduados, en la forma siguiente: Van delante muchos soldados en ordenanza con tambores y trompetas, y otros muchos instrumentos músicos; luego muchos maceros, a quien siguen todos los Loytias, a caballo o en sillas, con gran orden y concierto; tras éstos van los padrinos, y luego los graduados en cuerpo, como ya hemos dicho, y en caballos blancos con cubiertas riquísimas de seda o brocado. Lleva cada uno una banda de tafetán por el hombro, y en la cabeza un sombrero con dos guías pequeñas que caen atrás, a manera de las que se ponen en las mitras de los obispos, señal que a ninguno que no sea de una de las tres maneras de Loytias que hemos dicho se permite. Sobre el sombrero llevan dos ramilletes de oro o plata sobredorada, hechos a manera de palma. Delante de cada uno de ellos van seis bastidores de raso, que cada uno de ellos es llevado de cuatro hombres, y en ellos con letras8 de oro escrito el examen que ha hecho, y en qué facultades, y el título que por él se le da, las armas del graduado, con otras muchas cosas que dejo de poner por no ser tan largo como lo es el paseo, que dura ocho horas.
Guardan fiesta este día todos los de la ciudad y hacen muchas dan zas, y los principales, los tres o cuatro dtas siguientes, en los cual es banquetean al nuevo Loytia y le van a dar el parabién, procurando cada uno ganarle la voluntad y tener su favor. Desde este dta queda habilitado para tener cualquier oficio o gobierno, y así luego se va a la Corte a pretenderlo, llevando las insignias del grado recibido puestas y vestidas para ser conocido; por las cuales le hacen mucha honra en el camino, aposentándole en las casas que tiene el Rey en cada pueblo para los tales. Llegado a la Corte del Rey va a dar la obediencia al Presidente y a los oidores del Consejo Real, los cuales cada uno por sí le da el parabién de la dignidad nuevamente recibida, con muchas palabras de comedimiento y alabanza, prometiéndole de proveerlo, ofreciéndole ocasión en la plaza, que según su capacidad y examen entienden podrá servir; y que, mereciéndolo su buen modo y discreció n en las cosas en que le pusieren, será siempre mejorado y honrado.
Con esto el día siguiente le ponen en la lista del libro que tiene en su Consejo, y anda cotejando y sirviendo los oidores de él, hasta el día que le proveen en algún gobierno, que no se tarda mucho, por ser el Reino tan grande y haber en él tantas provincias y ciudades como por esta historia se ha podido entender.