ARMIÑO, M. (1987). Marco Polo. Libro de las Maravillas. Madrid: Anaya.CLVIII. DONDE SE HABLA DE LA CIUDAD DE ÇAITON
Sabed que, cuando se parte de Fugiú, se pasa el río y se hacen cinco jornadas hacia Siroco, encontrando siempre bastantes ciudades, aldeas y caseríos que son nobles y buenos, donde hay grandes riquezas de todo. Hay montes, valles y llanuras. Tienen grandisimos boscajes donde hay muchos árboles que producen alcanfor. Hay bastante caza mayor y menor de animales y pajaros; la comarca abunda mucho en animales salvajes. Viven de comercio y de telares. Pertenecen al Gran Can, tienen moneda de papel y son idólatras, y están bajo el señorio de Fugiú, es decir, de su reino. Y cuando se han hecho esas cinco jornadas, se encuentra una ciudad que se llama Çaiton, que es muy grande y noble. Es el puerto al que van todas las naves de la India con muchas mercaderias costosas y con muchas piedras preciosas de gran valor y muchas perlas grandes y buenas. Y es también el puerto de donde los mercaderes del Mangi, o al menos los de la region circundante, se hacen a la mar. De forma que por este puerto va y viene tan gran abundancia de mercaderías y de piedras, que es maravilla. De este puerto van por toda la provincia del Mangi Y os aseguro que por cada nave cargada de pimienta que va a Alejandria o a otro lugar para dirigirse a tierra de cristianos, vienen más de den a este puerto de Çaiton. Es casi imposible creer la inmensa reunión de mercaderes y mercaderias en esta ciudad, porque sabed que es une de los dos puertos del mundo a donde llegan más mercaderias.
Y yo os digo que, de este puerto y de esta ciudad, el Gran Can percibe grandisimos derechos, porque os hago saber que todas las naves que vienen de la India dan de todas las mercaderias, y las perlas y las piedras, el diez por ciento, es decir, la décima parte de las cosas. Las naves cobran por su alquiler, que es el flete, el treinta por ciento por los géneros pequeños; y por la pimienta cobran el cuarenta y cuatro per ciento, y por la madera de aloe y la madera de sándalo, y per las demás especias y grandes mercaderias, el cuarenta por ciento. Tan bien que, entre el flete y los derechos del Gran Can, los mercaderes dan la mitad de todo lo que traen. Sin embargo, de la mitad que les queda sacan tan grandes beneficios, que no piensan en todo momento más que en volver con más mercaderías. Per eso debe creerse que el Gran Can tiene grandisimas cantidades de tesoros en esta ciudad.
Son idólatras y pertenecen al Gran Can. Es una tierra de grandes delicias y de gran abundancia en todas las cosas necesarias para el cuerpo del hombre, y las gentes son alli muy pacificas, dadas al repose e incluso a no hacer nada. A esta ciudad vienen todos los de la India superior para hacerse pintar, a saber, con agujas, come hemos dicho más arriba, porque alli hay muchos maestros diestros en este arte.
El rio que entra en el puerto de Çaiton es muy grande y ancho y corre con mucha rapidez, de suerte que, a causa de su rapidez, se reparte en muchos canales, es decir que se divide en muchos lugares en muchas ramas. Están construidos de la siguiente manera: el mayor de sus pilares tiene tres millas de ancho a causa del lugar en que el río se separa en numerosos ramales. Están construidos de la siguiente manera: sus pilares están hechos de gruesas piedras puestas una sobre otra y talladas de la siguiente forma: en el medio son anchas, y van en punta hacia el extremo, de suerte que esos extremes estén apuntados igualmente hacia eI mar, a causa del gran reflujo del mar que éste hace al refluir contra el cauce del río.
Tambiën os diré que en esta provincia, en una ciudad llamada Tingiú, se hacen escudillas y platos de porcelana, grandes y pequeños, los más hermosos que se pueda imaginar. Son muy apreciados en todas partes, porque en ninguna parte se hacen salvo en esta ciudad, y de ahi es de donde se llevan a muchos lugares por el mundo. Aquí hay muchas, y baratas, porque per un gros de Venecia obtendríais tres escudillas tan hermosas que nadie podria imaginarlas mejores. Están hechas de una especie de tierra que los de la ciudad recogen bajo la forma de limo o de tierra podrida de la que hacen grandes montones, luego la dejan al viento, al sol, a la lluvia, treinta o cuarenta años sin tocarla. Entonces la tierra que ha permanecido asi, tanto tiempo, en montones, ha trabajado de tal manera que las escudillas tienen el color del azur, y son muy resplandecientes y bellas hasta el exceso. Y debéis saber que, cuando un hombre recoge esta tierra, lo hace para sus hijos y sus nietos. Está claro que, debido al largo periodo que ha de permanecer en repose para trabajar, no puede esperar sacar provecho ni hacer uso de ella; pero el hijo que le sobrevivirá recogerá el fruto.
Y también os digo que los de esta ciudad tienen lengua propia. Debéis saber sin embargo que en toda la provincia del Mangi tienen una lengua y una especie de letras; pero, no obstante, en los dialectos hay diferencias por distritos, como en los latinos entre los lembardos, les provenzales, los franceses, etc. No obstante, en la provincia del Mangi, las gentes de cada distrito pueden entender el idioma de las gentes del distrito vecino.
Ya os he hablado de este reino de Fugiü, que es una de las nueve partes del Mangi, y os digo que el Gran Can saca de él grandes beneficios y gran renta, e incluso mayer que de todos los demás, excepto del reino de Quinsai.
No hemos habl4o de los nueve reinos del Mangi, sine solo de tres: Yangiü, Quinsai y Fugiü, y nos habeis oído bien. Hemos hablado de estos tres en buen orden porque micer Marco pasó per ellos, porque su ruta se dirigia hacia ese lado. También sobre los otros seis oyó y supo muchas cosas, que sabriamos contaros muy bien. Pero como seria asunto muy largo, callaremos al respecto. Hemos hablado bien del Mangi y del Catai, y de muchas otras provincias, de gentes, de animales, de pájaros, del oro y de la plata, y de las piedras preciosas, de las mercaderias y de muchas otras cosas, justo come habéis oido según lo que habéis sido capaces de comprender.
Y sin embargo, nuestro libro no estaba aún lleno de todo lo que quisimos escribir en él: faltaban aún todos los hechos de los indios, que son cosas dignas de hacer saber a los que los ignoran y no los conocen; porque hay muchas cosas extrañas y maravillosas que no deben ser pasadas en silencio, porque no se las ve en ninguna parte en todo el reste del mundo. Por eso conviene decirlas y es muy bueno y provechoso ponerlas por escrito en nuestro libro, para que sea más hermoso y sorprendente. Pero son cesas verdaderas, sin la menor fábula. Y el maestro las pondrá con toda claridad, igual que micer Marco Polo las vio, y las describe en orden, porque las conoce bien. Y os digo en verdad que micer Marco Polo permaneció en la India tanto tiempo, e hizo tantas idas y venidas, y tantas búsquedas, e investigaciones que, per oidas y de vista, pudo saber todo y verlo; y sabe tanto sobre sus asuntos, sus costumbres y sus comercios, que apenas hay hombre que mejor sepa deciros la verdad. Y es bien cierto que hay cesas tan maravillosas que quedarán muy maravilladas las gentes que las oigan. Sin embargo, las pondremos per escrito unas tras otras, come micer Marco Polo las ha dicho per verdad. Empezaremos ahora mismo come podréis oír en el libro siguiente.