ARMIÑO, M. (1987). Marco Polo. Libro de las Maravillas. Madrid: Anaya.CLXXIV—DONDE SE HABLA DE LA ISLA DE SEILÁN
Cuando se parte de la isla de Angamán y se han hecho aproximadamente mil millas hacia Poniente, y un poco menos hacia Garbino, se encuentra la isla de Seilán, que es realmente la mejor que hay en el mundo por su grandeza, y os diré cómo. Tiene aproximadamente dos mil cuatrocientas millas de contorno, y os digo que antiguamente era mucho mayor, porque tenía unas tres mil seiscientas millas de contorno, según se encuentra en el mapamundi de los marineros de este mar. Pero el viento de Tramontana vino y sopló tan fuerte en repetidas ocasiones que una gran parte de esta isla desapareció bajo las aguas; por esa razón ya no es tan grande como antaño. Pero sabed que, del lado de donde sopla el viento de Tramontana, la isla es muy baja y completamente llana, y cuando se va en una nave desde alta mar, no se puede ver la tierra hasta estar encima de ella.
Y os contaremos todo el asunto de esta isla. Las gentes de esta isla tienen un lenguaje propio, y tienen rey particular que se llama Sendermán. Son idólatras y no pagan tributo a nadie. Van todos desnudos, hombres y mujeres, salvo que se cubren sus partes naturales con una pieza de tejido. No tienen granos, salvo arroz, y tienen la grana de sésamo con la que hacen el aceite. Viven de leche, de carne y de arroz. Tienen vino de los árboles de que os he hablado antes. Tienen bresil en gran abundancia, y el mejor del mundo. Pero dejaremos estas cosas y os hablaremos de la cosa más preciosa que hay en el mundo.
Porque os digo que en esta isla nacen los nobles y buenos rubíes, y en ninguna otra parte del mundo nacen tan buenos. Y también nacen ahí los zafiros, y los topacios, y las amatistas, y los granates, e incluso muchas otras buenas piedras. Y os digo también que el rey de esta provincia tiene el rubí más hermoso y grueso que hay en el mundo, o que nunca se haya visto o que jamás se deba ver; y os hablaré de cómo está hecho. Y sabed que tiene aproximadamente un palmo de largo, y es tan grueso como el brazo de un hombre; es la cosa más espléndida del mundo de ver. No tiene en sí ninguna tierra, y es bermejo como el fuego. Es de tan gran valor que apenas se podría comprar con dinero. Y os digo como verdad que, cuando conoció la existencia de este notabilísimo rubí, Cublai, el Gran Can, mandó sus mensajeros a este rey, y le manda decir que quería comprarle su rubí, y que, si quería dárselo, le haría dar por él el valor de una ciudad. Pero el rey de Seilán dijo que no se lo daría por nada del mundo, porque había pertenecido a su padre y a sus antepasados, y que por derecho él debía dejárselo a sus hijos y a sus descendientes para siempre, porque consideraba aquella joya como un grandísimo lustre para su señorío. Con esta respuesta y sin el rubí, los embajadores volvieron hacia su amo, y yo, Marco Polo, era uno de los embajadores; yo vi el citado rubí con mis propios ojos; cuando el señor lo tenía en su mano cerrada, sobresalía de su puño por arriba y por abajo, y el señor se lo pasaba por los ojos y por encima de la boca.
Las gentes de esta isla no son guerreros, sino enclenques y viles. Si ocurre que necesitan guerreros, los hacen venir de otra comarca, y sobre todo sarracenos, por soldada.
No hay nada más que mencionar, por lo que partiremos y seguiremos hacia adelante, y os hablaremos de una provincia llamada Maabar.