ARMIÑO, M. (1987). Marco Polo. Libro de las Maravillas. Madrid: Anaya. (pp. 91-98)DONDE SE HABLA DE LA CIUDAD DE SAPURGAN
Quien parte desde ese Castillo cabalga por hermosas llanuras, bellos valles y bellas colinas donde hay muchos herbazales hermosos, buenos pastizales para los rebaños, frutos suficientes y todos las cosas de comer en gran abundancia. Los ejércitos del señor Ulau habitan allí gustosamente a causa de la riqueza del país. Esta comarca dura seis jornadas, y hay ciudades y aldeas, y los hombres adoran a Mahoma. A veces se encuentra un desierto de cincuenta o sesenta millas donde no hay agua para beber; por eso conviene que los hombres la lleven consigo. Los animales no beben hasta no haber salido del desierto y llegado a los lugares donde encuentran agua; por tanto, deben pasar muy rápidamente, porque sólo luego encuentran el agua.
Y cuando se ha cabalgado seis jornadas tal como os he contado, se encuentra una ciudad llamada Sapurgán (Shebergan, en Afganistan). Es una ciudad hermosa, grande y fértil, con plantaciones de todo. En este país crecen muchos árboles. Y yo os digo que en él se dan en grandisima cantidad los mejores melones del mundo, que ponen a secar y luego guardan durante todo el año de la siguiente manera: los cortan en tiras como correas, o bien al modo de las calabazas, luego los ponen al sol y los dejan a secar, por lo que se vuelven más dulces que miel. Y os digo que comercian con ellos y los van vendiendo secos por toda la comarca vecina, en gran cantidad, y el pueblo los toma muy gustosamente por alimento, porque tienen la dulzura de la miel. Hay en este país caza de animales y de pájaros hasta más no poder. Ahora, dejemos esta ciudad para hablaros de otra, que tiene por nombre Balc (Balkh, en Afganistan).
DONDE SE HABLA DE LA GRANDE Y NOBLE CIUDAD DE BALC
Balc (Balkh) es una noble ciudad, y muy grande. Antiguamente era más noble y mayor, era la más vasta y más hermosa que se podía encontrar en esas regiones, pero los tártaros y otras gentes la asolaron con frecuencia y la estropearon vilmente. Porque yo os digo que antaño hubo buen número de hermosos palacios y muchas hermosas casas de mármol; y aún hoy existen, pero destruidas y arruinadas. Y yo os digo que en esta ciudad el rey Alejandro Magno tomó por mujer a la hija de Darío, rey de los persas, según lo que decían las gentes de esta ciudad. Todas las gentes de esta ciudad adoran al abominable Mahoma. Y sabed que la tierra del Señor de los tártaros del Levante llega hasta esta ciudad, y que es en esta ciudad donde están los confines de Persia, entre viento Griego y Levante.
Ahora dejemos esta ciudad y empecemos a hablar de otro país que se llama Dagova (Khanabad, en Afganistan, cerca de Kondoz). Quien parte de esa ciudad de que os he hablado antes cabalga doce jornadas entre Levante y Griego, y no encuentra ninguna casa porque las gentes han abandonado toda la llanura y todos han huido a las montañas donde viven en fuertes, por miedo a las malas gentes, ladrones y bandidos, y a los ejércitos, que causan grandes daños y pérdidas muchas veces al viajar constantemente por el país. Estas regiones están devastadas y realmente no se puede viajar por ellas sin gran acompañamiento. Y os digo que hay muchas casas en las montañas. Se encuentra agua suficiente en esta ruta, y bastante buena caza; hay incluso leones. Pero no se encuentran víveres durante esas doce jornadas: conviene que los que sigan este camino lleven consigo el alimento tanto para ellos como para sus caballos.
DONDE SE HABLA DE LA MONTAÑA DE SAL
Y cuando uno ha caminado esas tres jornadas, encuentra una aldea llamada Taicán (Taloqan, en Afganistan, cerca de Khanabad), donde hay gran mercado de trigo y de otros granos. Está en una comarca muy bella y graciosa; las montañas están hacia Mediodía, son muy grandes y elevadas y algunas son completamente de sal blanca y sabrosa, dura como piedra. Toda la comarca de alrededor, a más de treinta jornadas, va en busca de esa sal, que es la mejor del mundo; y no consumen ninguna otra. Es tan dura, que sólo puede arrancarse con un gran pico de hierro; y yo os digo que hay tanta abundancia que el mundo entero tendría suficiente hasta el fin de los siglos. Algunas montañas son también ricas en almendras y en pistachos, con lo que hacen gran mercado.
Y cuando se parte de esta ciudad, se va cabalgando durante tres jornadas, siempre entre viento Griego y Levante, y siempre encontrando una bella comarca (La región de Faizabad) en la que hay casas suficientes, y abundancia de frutos, de trigo, de vino y de toda clase de cosas. Las gentes adoran a Mahoma. Son malísimas gentes, cortabolsas, ladrones, asesinos y traidores. Pasan su tiempo en borracheras, porque todo el día beben gustosamente un bonísimo vino cocido. Son doctos en la ley de Mahoma, y por eso no se cubren la cabeza ni los pies, a no ser la cabeza con una cuerda de unos diez palmos de longitud, que se enrollan. Son muy buenos cazadores y cogen bastante caza, y no se visten de otro modo que con las pieles de los animales que atrapan, que trabajan a su manera y con las que se hacen botas y ropas, y todos ellos saben cómo tratar esas pieles; y cada cual sabe tratarlas pieles para sus propias botas y vestidos.
Y cuando se han caminado esas doce jornadas, se encuentra una una ciudad llamada Scassem (Ashkasham, en Afganistan), que pertenece a un conde. Está en una llanura, pero sus otras ciudades y aldeas están en la montaña. Por medio de aquélla pasa un río bastante grande. En la provincia viven muchos puerco espines; y cuando los cazadores quieren cogerlos, lanzan sobre ellos grandes perros fogosos; los puerco espines se recogen en una bola y sueltan las espinas que tienen sobre la espalda y sobre los flancos, hiriendo así muy vilmente a veces a los perros e incluso a los hombres en varios lugares. Pero, sin embargo, los cazadores caen sobre ellos y los cogen.
Alrededor de esta ciudad de Scassem hay una gran provincia que se llama Scassem y que tiene una lengua propia. Los aldeanos hacen pastar sus rebaños en las montañas, porque bajo
tierra hacen hermosas y espaciosas casas. Hacen amplias bodegas, y pueden hacerlo fácilmente porque los montes no son de roca, sino casi totalmente de tierra.
Y cuando se parte de esta ciudad de Scassem, de la que antes os he hablado, se camina durante tres jornadas sin encontrar casa alguna, ni de comer ni de beber; pero hay suficiente hierba para los caballos. Los viajeros deben llevar consigo todo lo necesario para el viaje. Al cabo de estas tres jornadas se encuentra la provincia de Badascián, y ahora os contaré como es.
DONDE SE HABLA DE LA GRAN PROVINCIA DE BADASCIAN
Badascián (Badajstan) es una gran provincia, donde las gentes adoran a Mahoma y tienen lenguaje propio. En longitud, este vasto reino tiene doce jornadas; en él la soberanía es por herencia, porque todos los reyes son de una misma estirpe, descendida desde el rey Alejandro y de su esposa nacida del rey Darío el Grande, el gran señor de Persia. Y todos los reyes de esta provincia todavía son llamados Culcarnein en su lengua sarracena, que quiere decir rey Alejandro, por amor del gran Alejandro.
En esta provincia se producen las piedras preciosas llamadas balasci, que son hermosísimas y de gran valor. Se las llama balasci por Badascián, la provincia o reino donde las encuentran. Nacen en las rocas de las montañas, y yo os digo que cuando las quieren deben trabajar mucho, porque hacen vastas cavernas en las montañas y avanzan mucho bajo tierra, como los que ahondan las vetas de oro y de plata. Sólo se trabaja de este modo en una montaña llamada Sighinán. Y sabed también que el rey de esta provincia las hace excavar para él; ningún otro hombre, natural o extranjero, distinto del rey, podría ir a esa montaña en busca de esos balasci para si mismo sin ser ejecutado al punto. Y también os digo que cuesta la cabeza y la hacienda sacar alguna fuera del reino, porque el rey las recoge todas y guarda para él las más preciosas; las envía acá y allá por medio de sus hombres a los demás reyes y príncipes y grandes señores, bien por tributo, bien por amistad; si le place, a los mercaderes por oro y plata y entonces se pueden sacar a país extranjero. Y esto lo hace Él rey para que sus balasci sigan siendo escasos y de gran valor por todas partes. Porque, si dejase excavar a otros hombres y llevarlos por el mundo, se diseminarían tanto que no valdrían gran cosa, de suerte que el rey sólo sacaría pequeños beneficios, o ninguno. Por este motivo el rey ha decretado penas tan grandes, para que ninguno pueda llevárselas sin su consentimiento. En otra montaña de esta provincia nacen los zafiros, que se recogen igual que los balasci. Y tened también por verdad que en otra montaña de la misma comarca se encuentran las piedras con que se hace el azur, y es el más fino y mejor que hay en el mundo. Las piedras de que os he hablado y de que se hace el azur forman vetas que nacen en las montañas, como las otras. Y esta veta se llama lapis lazuli. También os diré que en esta provincia hay otras montañas de donde se extrae plata, cobre y plomo en gran cantidad.
Esta comarca y provincia son muy frías. Y sabed también que nacen en ella muy buenos caballos, grandes y famosos corredores; no llevan ningún hierro en sus pies, aunque haya muchísimas piedras en el país, y es por los buenos pies que tienen, y las buenas pezuñas. Van a las montañas y siempre por malos caminos sin tropezar, y los hombres galopan encima por pendientes de montaña donde otros animales no podrían ni galopar ni intentarlo. Y le dijeron al autor que antiguamente podían encontrarse en esta provincia caballos descendientes de la semilla del caballo del rey Alejandro llamado Bucéfalo; todos los cuales nacían con un cuerno y una estrella sobre la frente como Bucéfalo, porque las yeguas habían sido cubiertas por este animal en persona. Pero luego toda la raza de éstos fue destruida. Los últimos se encontraban en poder de un tío del rey, y cuando éste se negó a permitir al rey tomar uno de ellos, éste le hizo ejecutar; pero, por rabia ante la muerte de su esposo, la viuda aniquiló la citada raza y así se perdió.
En estas montañas nacen halcones sacres, que son muy buenos y vuelan muy bien. También nacen en ellas halcones laneros, perfectos azores y gavilanes. Hay mucha caza de animales y de pájaros. Tienen buen trigo candeal y cebada, sin corteza, es decir, que es todo grano y que no se saca de ella salvado. Tienen igual abundancia de mijo y de panizo. No tienen aceite de oliva, pero lo hacen de sésamo, que es un grano semejante al lino; el aceite de sésamo es blanco y es mejor y más sabroso que cualquier otro; los tártaros y demás habitantes de estas regiones lo usan, así como el aceite de nuez.
Las entradas de este reino son pasos muy estrechos, penosos, abruptos y muchas plazas fuertes; por eso no temen que nadie pueda entrar para hacerles daño. Sus ciudades y aldeas están en las montañas, en lugares muy fuertes. Las particulares cualidades de estas montañas son las siguientes: son tan altas que un hombre, escalándolas desde el pie hasta la cima desde el amanecer, a la noche no habría llegado arriba todavía. En lo más alto hay grandes llanuras con árboles y hierba, potentes manantiales, y muy claros, que corren hacia el pie de los montes sobre rocas, como ríos. En estos manantiales se encuentran truchas y muchos otros peces de carne delicada. En lo alto de estas montañas el aire es tan puro y la estancia tan vivificante, que, si un hombre que vive en las ciudades y casas construidas en la llanura y en los valles próximos de los montes coge una fiebre cualquiera, a saber, terciana, cuartana o continua, o cualquier otra enfermedad fortuita, trepa inmediatamente a los montes donde, descansado, ve su enfermedad expulsada y su salud recuperada. Micer Marco dice que él hizo la prueba. Porque cuando estaba en estas regiones, enfermó durante casi un año, y cuando le recomendaron subir a aquellas montañas, se encontró bien de nuevo. Dos o tres montañas son como si fueran sulfurosas, y las aguas siempre bajan por eso sulfurosas. Hay gran cantidad de ovejas salvajes que forman a veces rebaños de cuatrocientos, quinientos y seiscientos animales. Roban muchas, pero siempre hay.
Los habitantes son buenos arqueros y buenos cazadores y la mayoría van vestidos de pieles de animales, porque tienen gran escasez de otras ropas; sí: aquí es imposible obtener telas de lana, o resultan excesivamente caras. Las grandes damas y nobles del país llevan calzones hasta los pies, como hombres, de la forma en que voy a deciros, y los hacen de algodón y de seda finísima, con almizcle dentro. Y atiborran de muchos efectos el interior de sus calzones. Hay damas que, en sus calzones, es decir, en el vestido de las piernas, meten más de cien brazas de finísimos tejidos de lino y de algodón enrolladas alrededor del cuerpo como mantillas, y algunas meten ochenta, otras sesenta, según sus medios, que las hacen hincharse todo alrededor. Actúan así para mostrar que tienen muslos gruesos y para parecer bellas, porque sus hombres se deleitan con las mujeres rollizas, y la que parece más hinchada por debajo de la cintura les parece más bella que las demás. Ya he contado todas las historias de este reino: vamos a dejarlo y a hablaros de otro pueblo que habita hacia el Mediodía, a diez jornadas de viaje de esta provincia.
DONDE SE HABLA DE LA GRAN PROVINCIA DE PASCIAI
Tened por cierto que a diez buenas jornadas de Badascián, hacia el Mediodía, está una provincia llamada Pasciai (Nuristan), donde hay lengua propia. Las gentes son idólatras que adoran a los ídolos, y son gentes morenas. Saben mucho de encantamientos y de artes diabólicas, y pasan el tiempo invocando a los demonios. Los hombres llevan en sus orejas anillos y hebillas de oro, de plata, de perlas y de pedrerías, según sus medios, que están trabajados muy hábilmente. Son muy malévolos y arteros, cruelmente refinados en sus costumbres. Esta provincia es muy calurosa. Su alimentación se compone solamente de arroz y de carne con especias; entre ellos reina el vicio de sensualidad de tal manera, que no quiero decir nada. Sí, dejemos todo esto y hablemos de otra provincia que está hacia el Siroco, a siete jornadas y que tiene por nombre Chescemir.
DONDE SE HABLA DE LA PROVINCIA DE CHESCEMIR
Chescemir (Cachemira) es una provincia donde también son idólatras y tienen una lengua propia. Saben mucho más que el resto de encantamientos del diablo, tanto que es maravilla. Porque hacen hablar a los ídolos sordos y mudos y reciben respuestas de ellos cuando les consultan. Por encantamiento hacen cambiar el tiempo a su gusto, que la gran oscuridad se haga sobre la luz del día, y luego la cambian en resplandor del sol. Por encantamiento y saber hacen tantas otras cosas maravillosas, que nadie podría creerlas sin haberlas visto. Además, yo os digo que son los jefes de los demás idólatras, y de ellos precisamente descienden los ídolos. De este lugar se puede ir hasta el mar de la India. Los hombres de Chescemir son por lo general morenos y delgados. Las mujeres son realmente hermosas para mujeres de piel oscura... Se alimentan de carne y de arroz. Es una tierra muy templada, que no es ni demasiado cálida ni demasiado fría. Hay ciudades y aldeas en abundancia, numerosos bosques y algunos desiertos, y pasos tan estrechos y tan fuertes que no temen a nadie, y sólo con gran esfuerzo se puede llegar hasta ellos. Se gobiernan por sí mismos, porque tienen reyes que mantienen la justicia, y por esa justicia son muy amados por todo su pueblo; y no son tributarios de nadie.
Tienen numerosos ermitaños, según su costumbre, que habitan en su ermita, hacen gran abstinencia de comida y bebida, se guardan de toda lujuria y se contienen de cometer ningún pecado contra su ley por encima de todo. De suerte que podrían llamarse santos si conocieran al verdadero Dios y obedeciesen sus mandamientos como hacen con sus falsos ídolos y dioses. Son tenidos por muy santos, y su pueblo siente por ellos gran reverencia. Y yo os digo que viven hasta altísima edad a causa del aire muy templado y de esa gran abstinencia de pecado, que hacen en honor y por amor de sus ídolos. También hay abadías y monasterios de su fe en buen número. Los frailes de las diversas órdenes llevan en ellos una vida estricta y tienen tonsura como nuestros hermanos Predicadores y Menores. Es más, los hombres de esta provincia no matan ningún animal ni derraman sangre; y si quieren comer carne, hacen que ciertos sarracenos que viven entre ellos abatan los animales que pueden conseguir para comer. Por último, el coral que procede de nuestras tierras se vende en esta comarca más caro que en cualquier otra.Ahora dejemos esta provincia y región. Pero no seguiremos hacia adelante, porque si avanzáramos doce jornadas, entraríamos en la India, en los países donde crece la pimienta, que están próximos al reino de no Braaman, y no quiero entrar en ellos ahora, porque en el camino de vuelta os contaré todas las cosas de la India en buen orden en el tercer libro. Por eso volveremos a nuestra provincia en dirección a Badascián, porque en otro sentido no podríamos seguir. Tomaremos, pues, otra vía, desde la otra frontera de la provincia de Badascián por donde pasa la ruta de Catai, entre Levante y Griego, describiendo, como he empezado a hacer, las provincias y comarcas que se encuentran en el camino, y las otras que hay junto a sus limites a mano derecha y a mano izquierda.
DONDE SE HABLA DEL GRAN RIO DE BADASCIAN
Quien parte de Badascián hace doce jornadas entre el Levante y el viento Griego, remontando un río que pertenece al hermano del señor de Badascián, encontrando numerosos ríos grandes y pequeños, y aldeas y casas en abundancia. Las gentes de este país son guerreros valientes y adoran a Mahoma. Al final de estas doce jornadas se encuentra una provincia no demasiado grande, porque mide tres jornadas en cualquier sentido y se llama Vocán. Las gentes de ese país adoran a Mahoma, tienen un lenguaje propio y son hombres de armas valerosos y experimentados. No tienene más que un solo señor, al que llaman None, que quiere decir en nuestra lengua como Conde, y están sometidos al señor de Badascián. Tienen bastantes animales salvajes y otros animales y abundante caza de toda clase.
Cuando se parte de esta pequeña comarca, se va durante tres jornadas hacia el viento Griego, casi siempre a través de montes, y se eleva uno de tal forma, que dicen que en la cima de estos montes está el lugar más alto del mundo. Y cuando uno está en ese alto lugar, encuentra una vasta llanura entre dos montañas, donde hay muy buenos pastos, y un gran lago en el que desemboca un bonito río. Es el mejor y el más feraz pastizal del mundo; porque un animal delgado, todo lo delgado que queráis, se vuelve gordo en diez días. Hay gran abundancia de toda clase de animales salvajes. En particular hay gran multitud de carneros salvajes, que son muy grandes, porque tienen los cuernos larguísimos, algunos de seis buenos palmos de largo, y por lo menos de tres o cuatro, y muy gruesos. De estos cuernos los pastores hacen grandes escudillas, en las que comen, y venden grandes cantidades de ellas, que se llevan a otros países. También las amontonan y hacen con ellas chozas donde se refugian. También con estos cuernos los pastores cercan los lugares donde meten a sus animales por la noche. Le dijeron al autor que hay infinidad de lobos que matan y comen buen número de esos carneros; se encuentra tal multitud de cuernos y de huesos, que quienes viajan por esos caminos hacen con ellos grandes cerros para mostrar la ruta a los viajeros que pasan en tiempos de nieve.
Por esta llanura se va cabalgando doce jornadas, y se llama Pamir. Durante estas doce jornadas no se encuentra casa ni albergue, porque hay un desierto a lo largo de toda la ruta, y no se encuentra nada que comer: los viajeros que han de pasar por allí deben llevar consigo sus provisiones. Allí no hay ningún pájaro debido a la altura y al intenso frío, y porque no podrían encontrar nada que comer. Además, yo os digo que, a causa del gran frío, el fuego no es tan claro ni ardiente, ni del mismo color que en los demás lugares, y los alimentos no cuecen bien.
Pero dejemos este tema para hablaros de otras cosas más alejadas, hacia el viento Griego y Levante. Cuando se han caminado las doce jornadas de que os he hablado, se encuentran casas. Pero, cuando se vuelve a partir, entonces hay que cabalgar cuarenta jornadas entre Griego y Levante, siempre a través de montes, y costas, y valles, pasar muchos torrentes y lugares desiertos. En todas estas cuarenta jornadas, no hay morada ni albergue, y los viajeros están obligados a llevar consigo el pienso que necesitan. Esta comarca se llama Belor. Las gentes viven dispersas en las altísimas montañas; son idólatras y muy salvajes y no viven más que de la caza. Sus vestidos están hechos del cuero de los animales que atrapan, y son gentes muy crueles y malvadas. Dejemos esta comarca para hablaros de la provincia de Cascar.
DONDE SE HABLA DEL GRAN REINO DE CASCAR
Según dicen, Cascar (Kashgar) era antiguamente un reino libre, pero en la actualidad está sometido al Gran Can. Sus gentes adoran a Mahoma. Hay bastantes ciudades y aldeas; la ciudad más importante y noble es Cascar; también están entre Griego y Levante. Allí llegan numerosas telas y mercancías. Las gentes viven de talleres y comercios, y sobre todo de trabajar el algodón. Tienen jardines muy hermosos y viñedos y bellos vergeles de árboles frutales. La tierra es fértil, y produce todo cuanto se necesita para la vida, porque el país es templado. El algodón crece en él junto con el lino, el cáñamo y muchas otras cosas. De esta comarca parten muchos mercaderes, que van a comerciar por todo el mundo. Son en verdad gentes muy mezquinas y miserables, porque beben y comen muy mal. En esta comarca, además de los mahometanos, viven algunos turcos que son cristianos nestorianos y tienen sus iglesias y su religión; observan la ley griega. Viven mezclados a los demás habitantes, como los judíos de nuestros países entre los cristianos. Las gentes de esta provincia tienen una lengua propia. La provincia dura cinco jornadas. Pero dejemos esta comarca y hablemos de Samarcanda.