Ibn Battuta

Fuzhou

Así arribamos a Qanyanfu (Fuzhou) que es grande y hermosa. Se halla en una vasta llanura, dodeada de huertos, de manera que diríase ser la vega de Damasco.

A nuestra llegada salieron a recibirnos el cadí, el jeque del Islam y los comerciantes, llevando banderas, atabales, albogues y añafiles, así como músicos. Nos trajeron caballos, en los cuales cabalgamos. Ellos caminaban delante de nosotros, a pie, excepto el cadí y el jeque que también iban montados. El gobernador de la ciudad y su séquitp salieron a recibirnos porque entyre ellos los huéspedes del emperador son muy considerados.

Entramos en la ciudad, que cuenta con cuatro murallas: entre la primera y la segunda habitan los siervos del rey encargados de guardar la ciudad por el día o por la noche, a estos últimos llaman paswanan. Entre el segundo y tercer recintos residen las tropas montadas y el virrey gobernador de la plaza. Intramuros de la tercera cerca habitan los musulmanes y fue allí donde nos alojamos en casa del jeque Zahir ad-Din al-Qurlani. Los chinos ocupan el interior del cuarto muro, que es la ñparte mayor de las cuatro ciudades. Unas puertas estan separadas de otras por distancias como de tres o cuatro millas, porque cada persona dispone, como ya indicábamos, de su propio huerto, casa y tierra.

Cierto día en que yo estaba en la residencia de Zahir ad-Din al-Qurlani he aquí que arribó un gran barco de cierto alfaquí muy apreciado allà. Se me pidió permiso para presentármelo y anunciaron: "Nuestro señor Qiwam ad-Din as-Sabti (el ceutí)" Tal nombre me sorprendió y cuando compareció y empezamos a habalar tras los saludos creí conocerle. Lo escudriñé tan detenidamente que me dijo: "Me observas como si me conocieras". Respondí: "De qué país eres?" y él "De Ceuta". Yo agregué "Y yo de Tánger". Entonces volvió a saludarme y soltó el llanto hasta hacer que yo también llorase. Le inquirí: "Estuviste en la India?" Y contestó: "Si, entré en Delhi, la capital. " Y al decirme eso le recordé y seguí: "No eres tu al-Busri?" Y replicó: "Sí". había llegado a Delhi con su tío materno Abu al-Q al-Mursi (el murciano) siendo a la sazón joven, sin bozo alguno en las mejillas, pero estudiante aplicado que se sabía de memoria la obra al-Muwatta (la primera obra jurídica del Islam, atribuida al fundador de la escuela malikí). Yo había informado al sultan de la India de estas circunstancias y y el rey le regaló tres mil dinares y le pidió que allí quedara con él, pero se negó porque pretendía llegar a China, donde se hizo famoso y medró enormemente. Me contó que tenía cincuienta jóvenes esclavos y otras tantas mozas y me regaló dos esclavas y dos muchachos, así como presentes sin cuento. Más adelante encontré a un hermano suyo en las tierras del Sudan.