Tendències contemporànies: neorrealisme, postmodernitat i transgressió (Manel Ollé)
A mediados de la década de 1980 los críticos literarios empezaron a reunir la diversidad de tendencias narrativas innovadoras con la idea del surgimiento de una “novela de la nueva ola” ( xinchao xiaoshuo ). En realidad, todo tipo de etiquetas se han encuñado en la China contemporánea para describir el efervescente dinamismo creativo en diferentes opciones literarias. Bajo el epígrafe de “generación perdida” ( shiluodai xiaoshuo) se ha agrupado a una serie de autores, entre los que destaca Liu Suola, que intentaban en sus obras reflejar la desorientación y falta de valores que detectan en la sociedad. Otros autores han sido agrupados por su tendencia a la experimentación formal ( shiyan ). El concepto de novela de vanguardia ( xiangfeng xiaoshuo ) ha sido también recurrente y emblemático en las últimas décadas en China.
En las tendencias narrativas más experimentales y formalmente arriesgadas de la China actual destaca Can Xue (1953), una escritora que huye de la representación de base realista dominante en la literatura china para explorar caminos surreales, oníricos, simbólicos. Para describir de su literatura se ha “escuela de la pesadilla” ( emeng liu ). O de literatura de la sordidez ( Wocho de wen xue ). Es habitual que se la adscriba al ascendente de Kafka, aunque solo en algunos aspectos temáticos y de actitud literaria presenten conexiones. La locura y la amnesia son temas recurrentes en su obra. Can Xue practica una literatura ambigua y polisémica: en sus novelas se puede leer al mismo tiempo una alegoría política, un relato fantástico, un tapiz de alusiones literarias chinas y occidentales. Su novela más importante es Huangni jie, (La calle del barro amarillo , 1987). Las escenas y las imagenes se suceden en un callejón obsesivo de casas bajas y gente hacinada, alrededor de la fábrica S. En el callejón se amontonan los excrementos, sus habitantes están plagados de úlceras, los perros y los gatos enloquecen y atacan a las personas, las ratas atacan a los gatos, la gente se cuenta pesadillas sin cesar, las frutas y los niños de pudren de golpe, las orejas se desprenden y caen al suelo....
En 1993 Jia Pingwa, que hasta aquel momento era un respetado representante de la corriente literaria de la “novela de las raices” con historias ambientadas en el norte de Shaanxi, se descolgó con un largo e impresionante novelón libertino de alta intensidad erótica, Feidu (La ciudad abandonada) Se trata de una novela en clave, ambientada en una trasunto literario de la ciudad de Xi'an, protagonizada por un escritor que sobrevive en una sociedad corrupta, donde el dinero es el que mueve todos los movimientos de los intelectuales y funcionarios que le rodean. La novela está puntuada con innumerables aventuras eróticas. En diversas ocasiones, en los momentos más álgidos de los encuentros sexuales, el autor interrumpe irónicamente el relato para insertar la siguiente frase: “aquí el autor ha expurgado 333 caracteres.”, o “aquí el autor a autocensurado 39 caracteres”. Al margen de su dimensión libertina y disolvente, se trata de una de las novelas más ambiciosas de la China de finales del siglo XX, por su capacidad de recrear ambientes y de reflejar las convulsas contradicciones de su sociedad en un fresco vívido y fascinante. La novela generó una gran controversia y finalmente, al cabo de unos meses de su publicación, fue retirada de circulación por la censura, alegando que se trataba de una “publicación vulgar y obscena que empozoña a la juventud”.
Si se busca la palabra “amor” en el Diccionario de Chino Moderno (Xiandai hanyu cidian) en una edición previa a 1990 se encontra uno con la siguiente definición: “sentimiento muy profundo por alguien o alguna cosa: amar a la patria, amar al pueblo, amar el trabajo.” En posteriores ediciones se hizo la concesión romántica de añadir un nuevo ejemplo: “se enamoró de una chica”. Tambien en literatura había necesidad imperiosa de poner nuevos ejemplos alejados del amor a la patria al pueblo o al trabajo. Después de medio siglo de secuestro ideológico del amor, de puritanismo revolucionario que se venía a añadir al tradicional puritanismo confuciano, no era extraño que la compulsión erótica empezase a invadir la literatura china.
En los años noventa se visualiza la tendencia de la llamada “novela de la postnueva ola” ( hou xinxhao xiaoshuo ), entre cuyos autores destacan nombres como la propia Can Xue, Su Tong, Fang Fang, Ge Fei o Yu Hua. El clima de desengaño profundo y de materialismo feroz que ha sustituido al romántico idealismo revolucionario se plasma en unas ficciones de morbosa violencia moral y física. Son frecuentes los argumentos con torturas, canibalismo, sadismo y perversiones de todo pelaje. Ya no queda ni rastro de los flirteos pastorales idealistas que había en alguno de los relatos de la corriente de la literatura de las Raices. Se prescinde de la idea del escritor como guía social que refleja valores de justicia social, dignidad humana o avance nacional. En palabras de Su Tong: “Hacer comparaciones entre la ficción y la sociedad es trabajo del crítico, no del escritor.”
De entre los autores contemporáneos chinos, probablemente Yu Hua (1960) es uno de los más interesantes y respetados del panorama chino actual. Y con una creciente proyección internacional. Como crítico ha escrito sobre Faulkner, Borges, Mishima, Bulgakov, Kafka, Schwartz. A diferencia del empacho de extranjería que conducía en ocasiones a cándidos mimetismos en la década de 1980, hay en Yu Hua una sabia y personal manera de inserirse en el diálogo estético que le ofrece la lectura de los clásicos contemporáneos. Yu Hua practica un humor negro y nihilista, retrata mundos de extrema dureza moral con una lividez mágica e iluminadora. Su objetivo no es retratar la realidad sino desnudarla, buscar una verdad que es simple aceptación de lo brutal que puede llegar a ser el mundo. Se mantiene en la equidistancia entre la tonalidad necesariamente oscura y crítica con su tiempo y una actitud de compasión hacia los individuos concretos que pueblan sus ficciones. En su obra reune y pone en conflicto creativo lo que Isaiah Berlin calificaba como una “actitud francesa” (producir una obra bien hecha, poner en duda el mundo y el lenguaje) frente a una “actitud rusa” (búsqueda de la verdad, intensa compasión humana, sentido de responsabilidad moral)
Entre sus narraciones destaca Xianshi yizhong, 1987 ( Un tipo de realidad ) en el que recrea el microcosmos enrarecido de venganzas familiares que se genera cuando un niño mata por descuido a su primo. Entre sus novelas destaca Xu Sanguan mai xue ji , 1996 ( El vendedor de sangre Xu Sanguan ), en el que narra la epopeya humilde y personal de un hombre que sobrevive a todas las vicisitudes y catástrofes históricas de la China maoísta a base de vender su propia sangre. Su novela más famosa es Huozhe ( Vivir ), que centra en una mujer china la epopeya de supervivencia también a contracorriente de las mareas de las campañas y os movimientos de masas. La fama le llegó a la novela gracias a la elegante y multipremiada adaptación cinematográfica que realizó Zhang Yimou.
Al margen de vanguardias, truculencias y formalismos, se produce a lo largo de los años noventa el surgimiento de una novela que se mueve en un “mainstream” aceptable tanto por el gran público como por los valores literarios establecidos. Se trata de la “nueva escritura de la realidad” o novela neorrealista ( xin xieshi pai ), en el que la historia en mayúscula se rescribe en miniaturas cotidianas en el lenguaje de las pasiones humanas. No queda en este neorrealismo finisecular ni rastro del esquematismo ideológico y didáctico del realismo oficial del periodo maoísta. Persiste la actitud de revelar los intersticios oscuros de la sociedad, los rigores de la vida cotidiana en la China contemporánea. La principal representante de este movimiento es Chi Li (1957). Entre las obras de Ch Li destacan Fannao rensheng (Vida triste) que describe una jornada ordinaria en la vida ordinaria de un hombre casado, que duerme apenas cuatro o cinco horas, hace colas para todo, aguanta al jefe... No estamos ante el retrato épico del obrero sacrificado de exalzaba el maoísmo, sino ante la constatación de una vida insignificante, a la que no se quiere dar más significado del que tiene.
Tambien destacan en el campo del neorrealismo Liu Heng (1954) y Fang Fang (1955). Una de las novelas más destacadas de esta última autora es Zai wode kaishi shi wode jieshu ( Mi final esta en mi principio ), publicada el año 2000. La novela narra la historia de una mujer desde su nacimiento en una familia intelectual de honestos y obedientes ciudadanos de la China de Mao hasta su triunfo social como pequeña empresaria en el mundo de la moda en la China sofisticada de las ciudades costeras del fin del siglo. Bajo una apariencia tranquila y socialmente exitosa, la protagonista ha ido acumulando un volcán explosivo de odio reconcentrado, como respuestra a las humilaciones infantiles y a una violación brutal a manos de la persona que amaba. Empezará una doble vida como brillante, eficaz y sofisticada profesional de la alta costura de día y prostituta barata y callejera de noche. La novela retrata con acierto los cambios y las contradicciones acusadas de la China actual.
El más popular e influyente de los escritores chinos contemporáneos es sin duda Wang Shuo (1958). Con él se ha roto definitivamente la frontera nítida entre una literatura seria y pura ( chun wenxue ) y una literatura popular y comercial ( shangye wenxue ) . Wang Shuo es un autor irónico, de un humor sardónico, directo y accesible pero al mismo tiempo con una gran ambición, capacidad crítica y corrosiva. Hace gala de un antiintelectualismo militante y agresivo que le ha ganado el recíproco desprecio de la crítica y de sus colegas de oficio. Wang Shuo siempre ha tenido mejor entrada en el mundo de la televisión y del cine. Pero finalmente incluso los más reticentes han tenido que rendirse ante la evidencia de estar ante el más potente artefacto literario de la China actual.
Wang Shuo retrata los ambientes de la delincuencia, de las bandas juveniles, de los niños y adolescentes de la Revolución Cultural que practicaban el pillaje y la gamberrada en un mundo de caos y desgobierno, mientras su hermanos mayores se dedicaban a repetir las consignas del Gran Timonel y se ensañaban con sus profesores y sus mayores. Este es un mundo que queda también muy bien retratado en la película Yangguang can lan de rizi ( Días al calor del sol ) que dirigió en 1995 Jiang Wen con guión de Wang Shuo.
Es marca característica de Wang Shuo la parodia sangrante de la fraseología vacua del poder. Nadie como él ha llevado tan lejos la perversión del estilo adusto y autoritario del régimen. En la obra narrativa de Wang Shuo se encarna el triunfo del individualismo, del nihilismno y el hedonismo en la China de Deng Xiaoping tras el desengaño de un sueño idealista de la Revolución Cultural que se reveló una pesadilla colectiva.
Wang Shuo empezó a publicar a mediados de los ochenta, cuando en China los aires de reforma entreabrieron la puerta del redil literario, hasta entonces dominado por el didactismo acartornado. Destaca en su currículum una larga experiencia precoz como pandillero y la expulsión de ejército, concretamente de la marina. Se le considera el precursor de una tendencia literaria llamada “cultura gamberra” ( pizi wenhua ) o “literatura pandillera o picaresca” ( liumang wenxue ). Es conocido en China, tanto por sus libros como por sus guiones de cine y televisión, pero nada tiene que ver con montajes estrictamente comerciales ni tampoco es reductible a un fenómeno de subliteratura de consumo. Es un extraño cruce de Mrozek y Gombrowicz pero en barriobajero. Y es, como ellos, de una gran eficacia corrosiva.
Entre sus novelas destaca Qian wan bie ba wo dang ren (Haz el favor de no llamarme humano), publicada por entregas en una revista a los pocos meses de la matanza de Tiananmen. Aunque no hay en ella apenas referencias directas a los tanques (pero si algunos personajes que acaban curiosamente engullidos bajo sus ruedas dentadas), el libro destaca por la ferocidad con que retrata la manipulación de masas y el patrioterismo de la China actual. La sátira arranca cuando una especie de ONG autonominada “Comité de Movilización Nacional” decide fabricar de la nada un superluchador de artes marciales que restituya el orgullo nacional chino herido en los juegos olímpicos de Corea. Después de mucho buscar, descubren que un conductor de bici-taxi es el último descendiente de un linaje de luchadores de la “Secta del Sueño Revelado” de la época de la Guerra de los Boxers. Los miembros del comité le someten a un intenso proceso de reeducación aderezado con las nuevas técnicas de márketing de la China del “socialismo de mercado”. Este delirante proceso pasa al final por el cambio de sexo y la iniciación a las maneras modélicas de las nuevas universitarias chinas, tan obedientes al partido como a los dictados de la moda. El resultado es un engendro que está a medio camino entre los nuevos famosos mediáticos y los viejos héroes anónimos como los que proponían las campañas maoístas tipo “aprended del soldado Lei Feng.”
Sin sofisticación culturalista, con argumentos delirantes pero nunca gratuitos, Wang Shuo consigue desvelar la duplicidad característica de la China oficial de Deng Xioping. A pesar de su carácter crítico ha sobrevido casi todas las purgas y prohibiciones. Pero al final le llegó su turno en la enésima campaña contra la polución espiritual emprendida a finales 1996 por Jiang Zemin, que comportó la prohibición del conjunto de su obra. Wang Shuo solucionó de forma hábil el contratiempo pasajero poniendo agua por medio, aprovechando la ocasión de la primera traducción aen Norteamérica de un libro suyo. Un año más tarde sus libros volvían a figurar en los escaparates.
Coincidiendo prácticamente con el cambio de milenio, surgieron una serie de escritoras que presentan una pose literaria provocativa y escandalosa, que hablan sobre sexo, drogas y rock & roll. Se trata de las llamadas meinu zuojia (escritoras guapas), un fenómeno tan literario como de moda alimentada por la prensa, que, sin embargo, responde a un nuevo perfil sociológico emergente. Estas escritoras hablan de los que en China está de moda llamar como “nuevos humanos” ( xinxin renlei ), jóvenes materialistas, hedonistas, sin escrúpulos morales. Se trata de una literatura en parte prohibida en China, pero accesible –como todo lo prohibido- a través de internet o del mercado negro.
Estas jóvenes escritoras descaradas se situan al margen del experimentalismo y del realismo sociológico, crítico y positivo que impera en el mainstream literario chino. Escriben de la juventud marginal o sofisticada. Escriben con el cuerpo pero no siempre tienen talento literario. Tienen webs personales con fotos sorprendentes donde se pueden leer sus obras prohibidas. Montan partys y fiestas organizadas para consumo de los modernos de Shanghai o Guangzhou. En muchos casos la censura apareció cuando la fama ya había corrido. Wei Hui llegó a publicar más de 80.000 ejemplares de Shanghai baobei (Shanghai Baby ) antes de que desapareciese de las librerías.
Rompieron el fuego Zhou Weihui (1973) con Shanghai baobei (Shanghai Baby ) y Mianmian (1970) con Tang ( Candy ), Una de las más sólidas novelas que han surgido en esta tendencia es Wu yu (Chicas-dragón), publicada el año 2001 por Jiu Dan (1968), una joven de Yangzhou que acumuló información y experiencias en Singapur y se dedicó en esta novela a hablar de las jovencitas chinas que viajan a Singapur obsesionadas por el dinero que se dedican a prostituirse para mejorar su nivel de vida. Jiu Dan define sus libros como “literatura prostituta”. La moda creó escuela y se le sumó una apenas adolescente escritora de Pekín, Chun Sue, que narraba su iniciación al mundo del sexo y la marginalidad en Beijing wawa ( La muñena de Pekín ) y vendió también decenas de miles de ejmplares de su libro antes de ser prohibida y trducida a diferentes lenguas del mundo, al igual que sus colegas..
Shanghai Baby de Wei Hui es la historia de una joven aspirante a escritora que se lía en un triángulo amoroso. La peculiaridad es que uno de los vértices no es chino sino un joven y fornido alemán. Shanghai Baby es una historia situada en ambientes culturales vagamente alternativos y marginales. La novela está trufada de citas de cantantes de rock, escenas de sexo fuertes para China pero más bien ligth en Europa. La protagonista de Shanghai Baby es una licenciada universitaria, novelista de 25 años. Se hace llamar Coco en homenaje a Coco Chanel. Trabaja en un bar dónde conoce a su novio chino, un pintor denominado Tiantian (“Cada día”, literalmente). Él tiene una personalidad melancólica y, pese a que mantienen un buena relación afectiva, no la satisface sexualmente. Curiosamente, el novio tiene la madre en Cadaqués dónde regenta un restaurante chino y convive con un hombre del país. Coco pronto conocerá un alemán de nombre Mark (casado y con hijo en Alemania, ejecutivo de una empresa radicada a Shanghai) que se convierte en su amante y con quien logrará la satisfacción sexual plena. El núcleo del libro gira alrededor de esta doble relación (amor con el chino-sexo con el alemán).
En la recepción china del libro juega un papel importante el elemento de cusiosidad y escándalo que puedan llegar a representar las relaciones sexuales “interraciales” entre una joven china y un extranjero. En la recepción occidental del libro juega un papel importante el hecho de que el libro tipifique la nueva China rica y sofisticada, amoral, seducida por occidente, que gira la espalda a la propia tradición y se deja llevar por la espuma de la frivolidad. También juega un papel importante el aura de que sea una novela prohibida por el régimen. Literariamente hablando, Shanghai Baby es una novela errática, pretenciosa, que presenta un interés básicamente sociológico.
Por el contrario, Mian Mian es una escritora con mucha más fuerza que su examiga y pareja de baile mediático, Wei Hui, a quien ha acusado públicamente de haberle plagiado ideas y argumentos. La más importante las novelas de Mian Mian, Tang , (Candy), está fechada en 1999, es un relato de raiz claramente autobiográfica, que va desde los 19 años hasta los 29 años. Se centra especialmente en la historia amorosa. También son muy importantes los temas del rock, la adicción a la heroína y el SIDA. A diferencia de Wui Hui, Mian Mian, no toca de oído, no quiere aparentar sofisticación y familiaridad con la vida canalla: sabe del que habla y esto da credibilidad e interés al libro.
Tang (Candy) se centra en la relación de la protagonista, una joven cantante de un grupo de rock, con su novio, letrista de rock, hijo de inmigrantes chinos en Inglaterra. Él tiene amantes. Ella se intenta suicidar. Él se vuelve yonqui. Ella se vuelve alcohólica, Él ingresa en centros de rehabilitación. Ella corta con el novio y se engancha también a la heroína, vive entre prostitutas. Etcétera, etecétera.
Tang (Candy) se sitúa al Shanghai actual y también en una innominada ciudad de sur que tanto podría ser Guangzhou (Canton) como Shenzen. En ella aparecen yonquis, traficantes, vigilantes de garitos de juego, prostitutas y músicos. Hay escenas de sexo descritas con detalle y fuerza sugerente. Es un retrato y testimonio literario de una experiencia dura, sin moralina. Retrata el ambiente de los jóvenes marginales marcados por la música occidental. Las canciones de rock puntúan la banda sonora de las emociones y experiencias. El tema de la influencia extranjera es muy importante en la novela. Aún así, la protagonista no tiene contactos directos con extranjeros, pero apunta que la fascinación por aquello extranjero no es esnobismo sino necesidad de cosas “frescas” y nuevas que “les dan fuerza”. A diferencia de Shanghai Baby donde lo extranjero aparece con un punto de fácil fetichismo snob, aquí se centra en la música rock (Doors, Kurt Cobain, Radio Head, Pink Floyd...) y en una reproducción no mimética de problemas “universales”: heroína, alcohol, desamor...
En los extractos críticos introductorios a la edición china censurada de la novela (la versión completa ha aparecido solamente en Internet y en las traducciones extranjeras), se habla de la novela como de un retrato a una “juventud dura y cruel”. Se dice: “La novela es un regalo de amor para los jóvenes perdidos y desorientados de las ciudades. La autora desprecia la emoción pero a la vez se hunde en ella. Es una chica de ceniza apagada; pero a la vez es como fuego, encendida y magnética. Retrata de forma profunda, personal, la vida oculta de la ciudad. La novela retrata una contradicción: el sexo en una sociedad represiva que no tiene libertad, pero en la que ni siquiera los más liberados emplean el sexo como un instrumento de lucha. (...) La narradora utiliza el instinto de una mujer para describir su vida. Lejos de la tradición de las novelas chinas, describe la vivencia y la emoción sensible incluso en situaciones enfermizas.”
Tanto Jiu Dan, Wei Hui, Chun Sue como Mian Mian son un claro exponente de la nueva y contradictoria China actual. Son un testigo evidente del hedonismo y del nihilismo que han venido a sustituir desde los años ochenta al idealismo revolucionario chino de las décadas anteriores. La decepción y el regreso al individualismo emergen cuando finalmente los ideales colectivos se revelaron hijos de la manipulación de masas y de la más grosera lucha canina por el poder. El modelo de mujer que dibujan prescinde de los papeles tradicionales de hija y madre. Se define sobre todo como amante, y, en algunos casos, como artista, alguien que se inventa a si mismo y hace un uso libre del propio cuerpo, que llega a las puertas de la autodestrucción, que adora el dinero, que juega con la seducción sin rechazar la promiscuidad y un papel activo en el juego sexual, y que, por pura inercia, frivolidad y desorientación, casi sin saberlo, acaba reproduciendo pautas tradicionales y de sujeción a los machos que las subyugan
Entre los escritores chinos actuales hay más de una docena que merecerían figurar en los catálogos más exigentes de cualquier colección de literatura contemporánea sin necesidad de recurrir a ningún paternalismo étnico. Son voces personales, que han leido con fruición tanto a sus clásicos como a Kafka a Borges, o a Don de Lillo. Entre ellos podrían estar unos cuantos de los anteriormente citados, nombres como Yu Hua, Ah Cheng, Wang Shuo, Jia Pingwua, Lu Wenfu, Mo Yan, Wang Meng... En Francia, USA, Gran Bretaña o Italia se les traduce, se les conoce, se les aprecia y se les lee en determinados círculos literarios. |
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