La literatua en temps de Mao (Manel Ollé)

Tras el triunfo de la revolución de Mao Zedong, en 1949 la dinámica creativa que arrancó con el movimiento del 4 de mayo de 1919 en gran medida se paralizó. La imposición de una estética oficial –un avatar más del realismo socialista- dictada por el propio Mao Zedong, en su intervención en el foro de Yan'An de 1942 ( Discursos sobre la literatura y el arte en la conferencia de Yan'an, Zai Yan'an wenyi zuotanhui shang de jianghua ), acotó un territorio estrecho y estéril. La literatura china se impregnó durante la era maoista de didactismo e ideología esquemática, se pobló de heroes positivos, revolucionarios de piedra picada, capitalista perversos y viejas costumbres feudales a denostar. Mao Zedong añadió a la receta del realismo socialista de corte soviético la necesidad de aromatizar la literatura revolucionaria con una épica romántica y puerilmente optimista. La literatura debía estar al servicio de la Revolución y los escritores tenían que renunciar al redil pequeñoburgués, entrar en contacto directo con los soldados, los campesinos y los obreros.

Autores referenciales del periodo anterior se sumaron a la disciplina de la nueva China, se integraron en las asociaciones de escritores, disminuyeron su ritmo de publicaciones o prácticamente se sumieron en el silencio y por lo general no volvieron a ser los de antes. Ba Jin, Sheng Congwen o Mao Dun coincien en esta sequía creativa a partir del triunfo de la revolución. Tarde o temprano fueron cayendo en desgracia, pasando a integrar las filas del exilio interior.

El caso de Ba Jin es un claro exponente de las constricciones y dificultades con las que se ha encontado el escritor chino del siglo XX. Nacido el año 1904 en el seno de una familia rica de Chengdu (Sichuan), se educó en un ambiente abierto y liberal característico de determinados sectores urbanos de la China republicana. Publicó su primer libro de poesía en 1922. Viajó a Francia en 1927. Estuvo muy influenciado por los pensadores anarquistas rusos. De hecho su seudónimo, Ba Jin (su verdadero nombre es Li Yaotang ), resulta de una contracción en chino de Bakunin y Kropotkin. En 1933 regresó a China. A pesar de sus principios anarquistas apoyó a los comunistas durante la lucha contra la invasión japonesa y la guerra contra el Koumintang de Chiang Kai-shek. Durante la década de 1930 y 1940 produjo sus novelas y cuentos más importantes. Entre ellos destaca Jia ( Familia ), donde describe la decadencia de una saga familiar centrándose en el conflicto entre las viejas generaciones apegadas a la visión tradicional del mundo y las jóvenes generaciones ansiosas de aire nuevo, espíritu crítico y nuevos horizontes morales. Tras la revolución se convirtió en un alto cargo cultural del “Frente Unido” en el aparato político de la China de Mao, y dejó de escribir ficción. Fue purgado durante la revolución cultural y enviado a un campo de trabajo, acusado de ser un enemigo de clase. En 1973 fue rehabilitado y desde entonces ha mantenido el reconocimiento de las autoridades, convertido en un icono respetado, clásico e intemporal, que a sus 100 años sobrevivía todavía en la sombra como honorífico director de la Asociación de Escritores Chinos.

D urante el periodo maoísta fueron muchos los escritores que fueron perseguidos, sufrieron la cárcel y el exilio interior. El periodo más negro para los intelectuales chinos y en especial para los escritores empieza con la Campaña anti-derechista en 1957 que sucedió al breve espejismo de libertad de expresión que significó la campaña de las cien flores.

En abril de 1956 Mao Zedong había lanzado el eslogan de “Dejemos que cien flores florezcan, dejemos que cien escuelas compitan” ( baihua qifang, baihua zhengming ), en el que invitaba a los intelectuales a expresar críticas al régimen y a plantear propuestas. El 26 de mayo de 1956 el director de propaganda del Comité Central, Lu Dingyi, proclamó que el realismo socialista no era el único camino que podía seguir la literatura. Se abrían opciones en le campo literario. Pero desde el triunfo de la revolución en 1949, y ya antes, en las filas revolucionarias y en las zonas “liberadas” de Yan'an, se habían producido similares peticiones de emisión de criticas y opiniones que invariablemente acababan resolviéndose en campañas de persecución a disidentes, revisionistas e “infiltrados”. La experiencia había escarmentado a los intelectuales. Esta nueva llamada a ejercer la crítica de forma compulsiva no tuvo respuesta alguna: nadie se atrevía a hablar de forma abierta. Aparecieron, sin embargo, algunas obras literarias que reflejaban aspectos sombríos de la vida en la nueva sociedad, ligados al burocratismo y la rigidez ideológica. Surgen entonces sombres como Liu Binyan o Wang Meng, quienes, tras ser largamente silenciados durante más de dos décadas, reaparecerían de nuevo como importantes y respetadas voces críticas en la década de los ochenta.

A pesar de las reticencias generales, Mao Zedong insistió en impulsar esta campaña de apertura a la crítica y a la libre opinión el 27 de febrero de 1957 en la Conferencia Suprema del Estado, ante un auditorio de 2000 oyentes, entre los que figuraban dirigentes políticos del Partido Comunista y de los partidos “democráticos” (partidos “satélite” permitidos, controlados y condicionados por el régimen comunista), científicos, escritores, intelectuales etc. El discurso posteriormente fue difundido por el país en grabación magnetofónica en reuniones de cuadros del partido, funcionarios e intelectuales.

Mao encontró resistencias en el aparato del partido que temía las crítica, así que personalmente obligó a que las palabras de su discurso se cumpliesen. En abril del 1957, dos meses más tarde de la pronunciación del discurso, convocó al director del Renmin ribao , el Diario del pueblo , y le obligó a publicar una editorial impulsando y apoyando la campaña. La Campaña de las Cien Flores se reforzó con la proclamación el 27 de abril de 1957 de una paralela Campaña de Rectificación ( Zhengfen yundong ), que se proponía la lucha contra la burocratización y el sectarismo. Más tarde fue publicado el discuso completo, concretamente el 19 de junio de 1957, en el Renmin ribao (Diario del Pueblo), portavoz oficial del poder maoísta.

Mao se planteaba esta apertura como un experimento sin peligro y con todas la ventajas. Además, los casos anteriores en los que había actuado igual (pidiendo críticas y castigando a los que las dijeron) hacen pensar en la insinceridad del mensaje. En privado Mao se mostraba mucho más claro respecto a sus intenciones. Ante grupos reducidos de dirigentes decía cosas como estas sobre los intelectuales:

“Si quieren tirarse un pedo, ¡pues que se lo tiren! Cuando esté fuera, ya decidiremos si huele bien o mal... Si el pueblo cree que el pedo apesta, quedarán marginados”.

Lo cierto es que la falta de mano de obra cualificada (científicos e ingenieros) bloqueaba el desarrollo económico, y los deseos de Mao de reducir la dependencia de Moscú hacían que se intentase mejorar el trato a los “intelectuales” ( zhishi fenzi ), categoría que englobaba en general a todo aquel que hubiese recibido una formación técnica o humanistica superior. Se intentaba también atraer a las elites cultas que tras la revolución habían emigrado a USA. Se mejoraron los sueldos y las condiciones de vivienda de estos intelectuales y técnicos y se relajó el clima político y social: se permitió vestir con trajes coloridos, se permitieron los bailes...

En la base de la Campaña de las Cien Flores está también el intento de evitar en China el contagio de las crisis de Polonia y Hungría de 1956, las revueltas populares contra los regímenes comunistas de estos dos países del este de Europa que fueron reprimidas por los tanques soviéticos. Todo aquel proceso fue visto con mucha preocupación en Pekín. Era necesario dar salida controlada al descontento popular, para evitar una revuelta. Mao propuso una campaña de liberalización parcial como vacuna para evitar que pasase lo que pasó en Hungría.

Otro hecho histórico que influye en esta campaña de apertura de 1956 es la crítica a Stalin que realizó en febrero de 1956 su sucesor en el poder de la URSS, Nikita Khruschev, con la acusación de exceso de personalismo, de crueldad y de ser un “psicópata impulsado por una manía persecutoria de increíbles dimensiones”. Mao Zedong veía con inquietud que acusaciones de este tenor se le podiesen imputar en China.

Llegó a proponer que se publicasen las obras del dirigente chino rival, presidente de Taiwán, la China nacionalista que había sido derrotada en la guerra civil y que se refugió en la isla de Taiwán, el generalísimo Chiang Kai-shek, y que se hiciese una difusión más amplia del Cankao xiaoxi (diario que ofrecía una selección de noticias extranjeras traducidas al chino). Se trataba, según Mao, de vacunar a las masas exponiéndolas a ideas perniciosas para que la inmunidad política quedase más fuerte.

Durante el verano de 1957 se desencadenó finalmente la solicitada oleada floral de críticas y opiniones, inicialmente tímidas pero en poco tiempo de gran alcance. La dureza y la profusión de las críticas se convirtieron en inaceptables para el poder y a los pocos meses se abrió una nueva campaña de rectificación, la Campaña Antiderechista ( Fan youpai douzheng ): más de medio millón de escritores, intelectuales, artistas, universitarios, profesores, dirigentes intermedios, campesinos etc. fueron apartados de sus cargos, confinados a lugares remotos ( xiafang ), hechos prisioneros o enviados a campos de reeducación por el trabajo forzado ( laodong gaizao ). Se consolidaba en aquel momento el régimen del laogai , el equivalente chino al gulag sovietico: la siniestra red china de campos de trabajo forzado y de reeducación. Queda en el aire suspendida la duda sobre si el mensaje de Mao fue una trampa, si las promesas de ampliar la libertad de expresión eran insinceras, o si simplemente el proceso se le escapó de las manos y volvió a los habituales y expeditivos métodos coercitivos de censura explícita que siempre caracterizaron su sistema.

Es sintomático para visualizar el concepto que Mao Zedong tenía de los creadores e intelectuales el “lapsus linguae” que registran las recopilaciones documentales de la época: en un discurso pronunciado en marzo de 1957, mientras hablaba sobre la lucha contra la “ideología burguesa” utilizó el término “enemigos” para referirse a los “intelectuales” Ciertamente Mao siempre se mostró despectivo y desconfiado ante la gente de letras y formada en la universidad. Sus biógrafos hablan de un cierto complejo y una latente sed de venganza por las humillaciones que recibió el jovencísimo y provinciano Mao Zedong en la capital entre camaradas mucho más cultos y leidos que él.

Justamente en 1957, el mismo año en que se desplegaban la Campaña de las Cien Flores y la Campaña Antiderechista, Lao She (1899-1966), novelista dickensiano, crítico y cosmopolita durante el periodo republicano (su más famosa novela fue Luotuo xiangzi, Rickshaw ), reconvertido en prolífico autor de obras teatrales por lo general mediocres, esquemáticas y propagandisticas tras el triunfo de la revolución, puso en escena su obra maestra, Cha guan , ( La casa de te ). En una trama coral de 70 actores, alrededor de un popular salón de te, se ve transcurrir la primera mitad del siglo, con una clara crítica a la vieja sociedad y con una sutil crítica política también a la China contemporánea, que no pasó inadvertida y que probablemente estaba marcada por el ambiente de “las cien flores”. Las indicaciones sobre la escenografía en la obra son reveladoras: a medida que pasan las décadas van desapareciendo los signos de lujo decadente y el escenario se va desnudando. Al final solo queda un cartel que dice: “Prohibidas las discusiones sobre asuntos del Estado” La caída en desgracia de Lao She culminó cuando, durante las primeras semanas de la Revolución Cultural, una cuadrilla de Guardias Rojos saqueó su casa y le sometió a público escarnio. A los pocos días aparecía su cuerpo flotando en un canal de Pekín. Lo suicidaron.

El clima de fuerte coerción y persecución a la creación literaria y en general a la actividad intelectual se acentuó en sobremanera durante la Gran Revolución Cultural Proletaria ( Wuchanjieji wenhua dageming ) lanzada en 1966. Todo lo que oliese a tradición, privacidad, esteticismo, cultura extranjera, acento singular o personal estaba prohibido: solo se permitía la repetición lobotomizada de las consignas del libro rojo, el cántico de los himnos enaltecedores del Gran Timonel, la ejecución reiterada de los espasmódicos pasos de danza de las óperas revolucionarias y la emisión reiterada de seis o siete películas épicas y concienciadoras de masas.

Durante la Revolución Cultural buena parte de los jóvenes que gozaban del privilegio de vivir en una ciudad fueron enviados a aprender de los campesinos. Mao invirtió la ecuación tradicional que asignaba al letrado la misión de educar al pueblo. En la nueva China maoísta eran los campesinos quienes debían enseñar al pueblo. Esta prolongada estancia en las remotas zonas rurales de la China profunda puso en contacto a estos jóvenes urbanos (de entre los cuales surgirían no pocos creadores de los ochenta) con formas de vida ancestrales, pervivencias latentes de tradiciones oficialmente desterradas. El envío masivo de los jóvenes estudiantes de las ciudades al campo para que aprendiesen de los campesinos revolucionarios marcó toda una generación y se convertiría en uno de los episodios más revisitados por la ficción china de las dos últimas décadas del siglo XX.