Introducción a la Antología de la literatura tradicional China de Georges Margouliès. Circulo de Lectores, Barcelona 2001.
(by Manel Ollé)
A partir de las guerras del Opio (1839-1842) China se convirtió en un lugar progresivamente accesible para los occidentales. Diplomáticos y misioneros residentes en China se vieron en la necesidad de objetivar el transfondo político y filosófico del imperio chino y de establecer un diálogo con los representantes de la que Erik Zürcher ha designado como la “tradición central china”. Fue entonces cuando se emprendieron obras lexicográficas y traducciones de los clásicos del canon confuciano que en algunos casos todavía hoy son obras de referencia. Destacan entre estos eruditos y traductores James Legge, Séraphin Couvreur o Herbert Giles. Entretanto en Europa la sinología empezaba a constituirse en disciplina reconocida, se emprendía la traducción de obras escritas en lengua vulgar (obras teatrales, narraciones y novelas) y en el territorio de la lengua clásica se centraba la atención en la poesía de la dinastía Tang: destacan por su influencia las traducciones del tercer ocupante de la cátedra de sinología que el Collège de France había creado en 1814, el marqués de Hervey de Saint-Denis ( Poésies dde l'époque des Thang, 1862 ), y las traducciones en verso libre de la sobrina de Théophile Gautier, Judhit Gauthier ( Le livre de jade , 1867).
Durante las primeras décadas del siglo XX los estudios sinológicos experimentaron un importante avance, especialmente en el territorio filológico. Equipados con las primeras gramáticas y diccionarios de importancia, los estudiosos pudieron emprender sus traducciones con instrumentos mucho más afinados. Destacan en este panorama Eduard Chavannes, Richard Wilhelm, Marcel Granet, Homer H. Dubs o J.L Duyvendak. En el territorio de la poesia dos nombres adquirieron la máxima proyección literaria: Arthur Waley (con una feliz combinación de erudición y intuición rítmica) y el poeta norteamericano Ezra Pound (que tal como escribió T.S. Eliot fue “the inventor of chinese poetry for our time ”, con una invención quizás no muy rigurosa pero muy influyente). En este contexto encontramos al autor de la antología de la literatura china que aquí presentamos, Georges Margouliès.
Georges Margouliès es un sinólogo francés especializado en el estudio de la lengua y la literatura clásica china que desarrrolló su obra durante la primera mitad del siglo XX. Antiguo encargado de misión en China, se formó al calor de la pervivencia de la erudición de los letrados confucianos del viejo imperio que la revolución republicana de 1911 había dejado definitivamente fuera de la historia. Sus trabajos más destacables y todavía hoy puntos de referencia ineludibles son los estudio y las traducciones de los llamados guwen , textos antiguos, género de prosa clásica (también calificada de neoclásica) en el que la tradición letrada agrupaba un repertorio de textos en prosa escritos a partir de los modelos antiguos de la dinastía Han (206 ac-220 dc) como Jia Yi o Sima Qian, que codifican letrados de la dinastía Tang (618-906) como Han Yu o Liu Zongyuan, y que llega al máximo exponente durante la dinastía Song, Le Kou-wen chinois, recueil de textes avec introduction et notes , (1926) y Évolution de la prose artistique chinoise (1929), Margouliès publicó también entre otras obras un libro sobre la lengua china, La lengue et l'écriture chinoise, (1943) y una historia de la literatura china en dos volúmenes, uno para la prosa y otro para la poesia, Histoire de la litterature chinoise, (1945-1951)
No es aquí nuestro propósito trazar un ocioso y pormenorizado panorama de la historia de la sinología sino simplemente situar en su entorno intelectual la producción de esta antología, lo cual nos puede ayudar a comprender un poco mejor el horizonte literario y los criterios de selección y de ordenación de los materiales que la rigen.
La antología de Georges Margouliès –publicada inicialmente en 1948- plantea como objetivo dar una muestra temáticamente organizada y representativa de la tradición literaria en lengua clásica china tal y como ésta era entendida por los propios letrados que la formaron y codificaron: especialmente tal y como esta era entendida por los mandarines de la última dinastía imperial, la dinastía manchú de los Qing (1644-1911).
Georges Margouliès intenta con esta opción alejarse por un lado del “exotismo” que la mirada exterior acostumbraba a incorporar al procesamiento de la literatura china (llenandola de sombrillas, jardines, puentes y porcelanas) y por otro de la tendencia a destacar del hecho literario chino una serie de fenómenos que en el propio contexto de producción –durante la larga historia de la China imperial- eran percebidos como fenómenos aislados, fuera de consideración o periféricos, exteriores al territorio canónico institucional que él quiere reflejar, pero más homologables a nuestras pautas de codificación literaria, a los géneros y formatos que nos eran literariamente reconocibles: novela, lírica, cuento, teatro...
La antología de Georges Margouliès está dirigida a un público no necesariamente especializado en el conocimiento de la civilización china y por tanto alejado (geográficamente, lingüisticamente, retóricamente) de la tradición literaria presentada. Por ello el antólogo justifica con miras didácticas –pero tambien programáticas- una esencialización de la tradición literaria. Presenta el conjunto de la literatura china como un todo estático: su objetivo ideal es que el lector de la antología se haga a través de su lectura una cierta idea de conjunto, que perciba esta literatura en sus rasgos básicos y sobretodo que se familiarice con la forma de tratar sus temas recurrentes.
En este tipo de planteamiento desaparece la historicidad de la lectura. Margouliès prescinde de criterios diacrónicos o jerarquizadores, los considera poco relevantes para el lector extranjero. Postula por el contrario el criterio de representatividad, con la voluntad de cubrir en la antología diferentes modelos, temas y géneros. Esto llevará a Margouliès a incluir una nómina relativamente alta de autores, renunciando a limitarse a los más unanimemente apreciados. En la antología intenta ofrecer una foto fija omnicomprensiva y sintética de lo que él entiende como la literatura china en su totalidad de tres milenios de desarrollo, intentando no alejarse de lo que los propios chinos ilustrados opinaban al respecto.
Todo canon literario institucional tiende a construir una imagen de solidez pétrea por encima de la fluidez cambiante propia de todo proceso creativo: en el caso chino esta compulsión a la codificación se acentua extraordinariamente. Hay que tener en cuenta que el canon literario chino es uno de los primeros en formarse y probablemente el que ha pervivido más tiempo, con más homogeneidad y con más capacidad de influencia en el tiempo (y no solo en China sino tambien en Japón, Corea, Indochina...).
La acción literaria de gran parte de los letrados representada en esta antología se ejerce explícitamente desde y para el poder, desde el cargo funcionarial al que se accede justamente gracias a la adscripción fiel a una tradición literaria institucionalmente regulada. Las formas culturales de referencia del poder que los letrados vehiculan, expresan y perpetuan (concretadas en el corpus textual e ideológico del confucianismo) se han mantenido en pie con evidentes transformaciones pero sin rupturas radicales durante más de dos milenios. Por otro lado, las características propias de la escritura china permiten una gran estabilidad y continuidad en el tiempo, al sobrevivir gracias a sus componentes pictográficos, ideográficos etc a las transformaciones de la lengua natural y mantener una cierta independencia respecto a su tradución en la oralidad.
Las oposiciones que regulan el acceso al mandarinato, al centrar el saber cualificado en el conocimiento exhaustivo de un canon restringido de obras (los cinco clásicos, los cuatro libros etc) y al valorar las habilidades compositivas en prosa y en verso según unos patrones muy definidos, han tendido a ser un factor atenuante de la variación y de la diversidad, ha tendido a ser un factor que asegura la fidelidad a una concepto estático, patrimonial y hereditario de tradición literaria.
Es muy destacable la importancia en China de las antologías como forma secular de conformación y depuración de la tradición literaria. Arthur Waley apuntó al respecto: “ China is the land of countless anthologies. Probably no other country has produced so many, over so long period.” Georges Margouliès se adhiere a la concepción canónica institucional china de la antología y le añade una cierta ascendencia sobre él del espejismo occidental de una percepción de China definida como “imperio inmóvil y aislado”, lugar común que adquiere gran predicamento en el repertorio de las imágenes occidentales sobre China durante el siglo XIX y hasta bien entrado el siglo XX.
Evidentemente por más que la conformación institucional literaria china haya tendido a minimizar la variedad, la heterodoxia, la innovación y el cambio literario, y por más que la percepción exterior del estudioso europeo caiga en el espejismo de tomar por dato factible lo que no deja de ser una autopercepción de los letrados eruditos de la dinastía Qing, estudios posteriores y exámenes más distanciados del largo proceso literario chino permiten descubrir las periferias, las fracturas y discontinuidades, las aportaciones extranjeras, los autores y movimientos que quedan fuera de las antologías eruditas chinas, las evoluciones de largo aliento, las tensiones latentes o las aportaciones singulares y transformadoras. Nada de todo ello queda reflejado en esta antología que, sin embargo -y justamente por ello-, tiene un gran valor: nos ofrece una muestra restringida, compacta y consistente, realizada desde el concepto de literatura y desde los límites del campo literario propuestos por la propia tradición literaria que antologa.
Hay que considerar que el cambio literario presenta unas características en la China premoderna diferentes a las que habitualmente conocemos en Occidente, unas características que lo hacen menos visible, menos evidente: siempre subsiste una apariencia de continuidad. El cambio literario no se produce en la China imperial tanto por oposición o por supresión como por adición, por la irrupción de nuevos estilos, géneros y modelos que simplemente conviven con los anteriores desplazandolos de la centralidad, sin que aquellos que eran dominantes con anterioridad lleguen nunca a ser abandonados.
En la antología de Margouliès la operación de esencialización de una imagen de conjunto del repertorio literario canónico chino se realiza tanto en los criterios de selección –y evidentemente de exclusión- como en los criterios de ordenación de los materiales. Respecto a los criterios de selección encontramos una primera decisión relevante en el hecho de limitar el campo literario al que definen aquellos textos producidos en la lengua de los mandarines: se excluye de la antología cualquier texto no producido en wenyan , es decir en el chino clásico distintivo de la tradición letrada. Esta es una decisión totalmente coherente con la voluntad de representar aquello que en la China imperial se concebía canónicamente como literario. Esta decisión tiene consecuencias importantes al quedar completamente excluidos de la antología géneros como el teatro, la novela o el cuento en lengua vulgar, que durante el último milenio de desarrollo literario tienen una presencia e importancia crecientes. Georges Margouliès sustenta esta decisión también en el hecho de que estos géneros eran más conocidos y traducidos en Europa en el momento de aparición de la antología, viniendo ésta por lo tanto a aportar materiales y perpectivas inéditas. Margouliès subdivide cada uno de los capítulos temáticos que presenta la antología en un apartado de prosa y uno de poesia. En las prosas incluye numerosas muestras de la constelación de géneros ensayísticos, epistolares, argumentativos, alegóricos, filosóficos, didáctico-morales, historiográficos etc. con los que se expresaban literariamente en prosa los letrados, en formatos más o menos ornamentados, rimados, ritmados, paralelisticos o ascéticos y tradicionales. En poesia ofrece una amplia muestra de los distintos géneros y periodos.
Tambien la ya anteriormente comentada decisión de seleccionar una nómina relativamente extensa de autores, escogidos no por su lugar especialmente singular y destacado en la tradición china sino por su representatividad en determinado aspecto temático, estilistico o genérico, se circunscribe a la percepción tradicional china, sin poner énfasis, sin embargo, en su jerarquización de famas y valores. Georges Margouliès coincide con la vertiente más ortodoxa y conservadora de la tradición al concebirse a si misma como una suma colectiva de aportaciones disciplinadas y complementarias más que como una discontinua irrupción de genios singulares que la modifican. Sin embargo, si examinamos el número de obras -o si se quiere de páginas- que cada autor antologado obtiene en la antología sí que podemos encontrar una serie de nombres implicitamente destacados: Han Yu, Liu Zongyuan, Du Fu Li Bai, Su Shi (Su Dongpo), Ouyang Xiu.... Cabe notar que todos ellos son escritores de las dinastías Tang ( 618-906) y Song (960-1279), dinastías ambas concebidas como la cumbre del clasicismo literario, en un esquema de crecimiento biológico implícito en la antología, que se enraiza en la dinastía Han a partir de la savia de unos precedentes arcaicos reescritos y reinterpretados.
En el plano temporal la antología se detiene en la finalización de la dinastía Qing (1911) y evidentemente no recoge muestra alguna de las nuevas formas de literatura escritas en el nuevo estándar literario fijado a partir de la lengua oral del dialecto de Pequín, producidas especialmente a partir del movimiento de revolución literaria del 4 de mayo de 1919 (Hu Shi, Lu Xun, Lao She, Qian Zhongshu, Ding Ling, Mao Dun, Ba Jin...), que se alzó contra la tradición , el chino clásico y las formas culturales de los letrados al grito de: “Abajo con la barraca de Confucio.” Georges Margouliès percibe erroneamente a principios de los años cuarenta del siglo XX -sin suficiente perspectiva temporal- este movimiento de ruptura radical como un pasajero episodio de occidentalización que no logrará interrumpir la continuidad de la milenaria tradición literaria clásica.
Los criterios de ordenación de los materiales antologados son evidentemente muy relevantes en la operación de esencialización del conjunto de la literatura china que preside esta antología. Georges Margouliès opta por una ordenación temática, que por un lado diluye la percepción diacrónica y por otro diluye la audición continuada y singular de las voces seleccionadas. El factor temporal de variación y el factor de singularización personal –los acentos propios de cada autor- quedan diseminados y en un segundo plano. La ordenación temática que rige esta antología tiende a presentar la literatura china como un antiguo, lujoso y amplio palacio imperial de variadas dependencias en el que conviven simultáneamente todos los autores de una tradición de tres milenios. Las obras que aportan contribuyen a la caracterización temática de cada uno de los pavellones del mismo.
La arquitectura de la Ciudad Prohibida por la que Margouliès nos invita a transitar presenta en primer lugar pavellones monográficamente dedicados a formas literarias como el relato histórico, el apólogo y la alegoría o la sátira. Presenta despues dos ámbitos dedicados a dos de las preocupaciones centrales de la tradición confuciana: la reflexión política y la reflexión moral, es decir el arte de gobernar y el arte de gobernarse. A continuación Margouliès propone un diorama de los diferentes grupos sociales de la China imperial: la masa campesina, los comerciantes y los letrados, presentados tanto en su función de magistrados, censores o gobernantes locales como en su ociosidad ilustrada, dedica tambien un espacio a la mujer. Finalmente recoge algunos temas de carácter universal, como la guerra, la muerte, la naturaleza o el amor y alguno temas de especial raigambre en la tradición china, como el de la ebriedad lúcida o como el de la separación y el viaje: siendo como son los funcionarios siempre trasladados lejos de su entorno familiar y periodicamente desplazados a nuevos destinos, este último es un motivo recurrente.
Latente en la concepción de la literatura china que descansa tras esta antología se encuentra una idea de alternancia recurrente entre dos tendencias dominantes: una que apunta a momentos, autores y tendencias que priman la vertiente más moralizante, de reflexión política y vinculada al confucianismo, y otra caracterizada por autores, movimientos y momentos que priman el esteticismo, la armonización con la naturaleza y la errancia individual más próxima al taoismo. La vida del letrado entre su función educadora y y reflexiva y su complacencia en una vida de ocio y de una cierta bohemia dorada de misticismo atemperado. En el arquetipo que fija la tradición, todo letrado es confuciano en el yamen , en el palacio de gobierno, pero tiene algo de taoista en el retiro de sus aposentos y en el retiro de una vejez sabia, ajena a las cuitas mundanas.
Tambien en la elección de la lista de temas que organizan la antología Margouliès se muestra coherente con la plasmación de una imagen canónica y básicamente confuciana de China. Queda relativamente bien representada la “tradición central” del letrado en el poder, y queda minimizada la plasmación de las periferias y heterodoxias, las creencias legendarias y populares, los cultos locales, las tendencias místicas, las corrientes taoistas y budistas, la diáspora china, el mundo urbano, la concreción literaria de la cosmología correlativa, las obras mitológicas, los perfiles de ermitaños, magos, alquimistas, inmortales o adivinos.
Es esta en definitiva una antología que responde a una concepción de la literatura china que contrasta y se complementa con antologías generales posteriores, que tienden a incorporar al corpus central de los letrados la literatura en lengua vulgar y las formas literarias no canónicas, y que presentan una periodización diacrónica y organizada a su vez por géneros literarios (Birch, 1972, Mair, 1994, Owen, 1996, Minford & Lau, 2000).
La antología de Georges Margouliès presenta un alto interés, tanto para el lector común interesado en el hecho literario en su extensión -al que en principio se dirige- como al estudioso de la literatura china. Presenta un gran interés por su singularidad, por haber fijado con claridad una determinada percepción y delimitación del corpus literario chino con una consistencia interna -que la hace ser mucho más que una mera colección adocenada de monumentos literarios superpuestos- y por ofrecer numerosos fragmentso inéditos, muestras de obras de difícil acceso y en traducciones ajustadas y fiables. La elección de pasajes y fragmentos con escasas referencias eruditas o históricas facilita el acceso a los materiales al lector común, desconocedor de la inextricable red de referencias culturales, literarias y históricas que con frecuencia resuenan de un texto a otro y de un siglo a otro.
Una vez explicitados y enmarcados los criterios que conforman esta antología puede ser de una cierta utilidad trazar un breve repaso al desarrollo y caracterización de la literatura china clásica. Seguramente no es ya necesario recordar que en pocos sitios como en China la literatura ha sido tan importante durante tanto tiempo y para tanta gente: justamente por su larga centralidad cultural y por su vinculación estrecha a las instituciones burocráticas imperiales persistentes durante dos milenios en dinastías diversas y evoluciones relevantes. Pero tambien por la vitalidad y por el interés literario de sus corrientes subterraneas, heterodoxas y periféricas. Sería insensato, pues, pretender aquí sintetizar en unas pocas páginas los tres mil años de tradición literarias China. Nos conformamos con apuntar algunas lineas constituyentes que sugieran las pautas de evolución.
Nos encontramos ante una tradición literaria que reposa sobre una cosmovisión totalmente distinta a la nuestra, una tradición literaria que se desarrolla bajo una fuerte tutela institucional, que tiende al idilio y la armonía antes que al conflicto y la tragedia, que tiende más a aludir y a cifrar la emoción que a mostrarla de forma evidente, que tiende más a la contemplación que a la acción, más a la conformación que al heroismo, que tiende más a mostrar al individuo incorporado a una totalidad que al individuo confrontado al mundo, que tiende más al misticismo extático que al misticismo purgativo...
El concepto de literatura se va forjando en China durante los tres últimos siglos del primer milenio antes de Cristo, en un momento en el que ya ha transcurrido más de un milenio desde el origen de la escritura y tras un proceso de varios siglos de construcción de un corpus textual adivinatorio ritualistico, historiografico y filosófico, que progresivamente utilizaba formas de expresión literaria, y tras siglos también de transmisión y formación de un corpus poético basado en la tradición oral.
La escritura china surgió como un medio de comunicar con los ancestros en el contexto del ritual de la adivinación a mediados del segundo milenio antes de Cristo. Despues de que el erudito Wang Yiron (1845-1900) descubriera en una vieja farmacia tradicional que los “huesos de dragón” que allí se vendían para ser molidos en los preparados de farmacopea eran en realidad huesos y caparazones de tortuga oraculares de la dinastía Shang (S. XVII-XI ac) que contenían las primeras inscripciones de la civilización china, se ha ido constituyendo un corpus de huesos oraculares que supera de largo los 50.000 ejemplares. El adivino de la China arcaica se acabó convirtiendo en el escriba y el archivista: la ciencia prospectiva se convirtió en la ciencia de los precedentes y la adivinación en historia. No es extraño que la historiografía a fuera uno de los primeros géneros en acceder a la escritura: las decisiones de palacio consultadas al oraculo, las respuestas y los los resultados están registrados desde tiempos muy antiguos.
Uno de los rasgos distintivos de los orígenes de la literatura china es la ausencia de épica –la ausencia de sagas y gestas heroicas- y la ausencia paralela de un tejido prolijo de relatos míticos. En China se pasa del rito al logos y de la adivinación a la historia: el ritualismo chamánico de la dinastía Shang se transformó durante la dinastía Zhou (S. XI-III ac) en burocratización, codificación ritual y reflexión filosófica sobre la legitimación y la práctica del poder. Se inicia entonces la fijación escrita de las palabras y los gestos eficaces para preservar la armonía cosmológica. A mediados del primer milenio antes de Cristo, cuando el viejo orden aristocrático y ritual de los primeros siglos de la dinastía Zhou empezó a resquebrajarse y a diluirse en un periodo de desunión interna, de guerra y de emergencia de nuevas formas de poder militar y económico, se produce la conformación de un canon de clásicos que intenta vehicular el saber de los viejos tiempos y de los viejos reyes fundacionales. Esta es una obra secular atribuida legendariamente a la figura de Confucio (siglo VI ac).
Cánticos ceremoniales y de trabajo al ritmo del ciclo del año, cánticos fundacionales de ciudades y de ofrendas rituales, lamentos de guerreros hastiados de batallar por las fronteras y odas epitalámicas y de amor constituyen buena parte del material poético recogido en una de las más bellas y desconocidas colecciones de poesia arcaica que ha dado la humanidad, el Shijing , el Libro de las odas, que se situa en su fase de transmisión oral en los orígenes de la dinastía Zhou, y que la exégesis confuciana reinterpretó en términos de perfecccionamiento ético y de formación colectiva. Destaca tambien en este canon confuciano el Shujing , el Libro de los documentos, que recoge parlamentos de los reyes fundacionales y discursos ceremoniales ordenados cronológicamente, y que indica la importancia de la historiografía en la tradición literaria china, junto al Chunqiu o Primaveras y otoños, obra historiográfica del principado de Lu, del que era oriundo Confucio . Otro clásico del cánon confuciano de gran significación es el Liji, Libro de los ritos , que describe una administración ideal, y codifica y razona el mundo del ritualismo . Mención especial merece el Yijing, Libro de los cambios , libro oracular y sapiencial que cifra la cosmovisión china tradicional: el mundo como un flujo constante en transformación. El Yijing es probablemente el más influyente de los clásicos chinos y el más universal, al superar su adscripción inicial a la corriente confuciana. Escribió Jorge Luís Borges acerca del Libro de los cambios en un poema:
“El porvenir es tan irrevocable
Como el rígido ayer. No hay una cosa
Que no sea una letra silenciosa
De la eterna escritura indescifrable
Cuyo libro es el tiempo. (...)”
J.L Borges. Para una versión del I King
Paralelamente a la formación del corpus textual confuciano que se convertirá en el primer referente fundacional de la “tradición central” se produce durante los últimos siglos de la dinastía Zhou (entre el siglo VI i el III ac) la eclosión de las “cien escuelas”: toda una constelación muy diversa de corrientes de pensamiento filosófico y estratégico: Confucio (Kongzi), Mencio, Xunzi, Laozi, Zhuangzi, Liezi, Han Feizi, Shang Yang, Sunzi, Li Si, Mozi son algunos de estos filósofos que utilizaron el diálogo o el relato sapiencial, el apólogo y la poesia hermética como forma literaria de expresión filosófica. Al margen del rígido cánon confuciano se fueron así consolidando las tradiciones literarias y filosóficas heterodoxas. Pronto destacaron entre todos los maestros taoistas. Pocos escapan a la fascinación del Dao De Jing , el Libro del Tao , de Laozi , con poemas de apariencia oscura pero de resonancia diáfana. Tambien brillan con luz propia el Zhuangzi y el Liezi , con imágenes fulgurantes y cuentos reveladores, teñidos de ironía.
En la China del sur surgirá en este periodo el primer grupo de escritores declaradamente centrados en la poesía. Este es el segundo origen de la poesía en China, más tardía y en este caso situado en el sur, en el reino de Chu. Se trata de una poesía conocida como Chuci , o Cantos de Chu, marcada por el chamanismo y en la que destaca la figura del que está considerado como el primer poeta chino, Qu Yuan (340-278 ac.)
Un momento decisivo en la formación de la tradición literaria china es la fractura que marca el reinado del primer emperador Qin Shihuang, a finales del siglo III ac. Durante apenas dos décadas se produce una ruptura absoluta con la tradición letrada que al mismo tiempo inaugura el futuro: durante el periodo de la dinastía Qin (220-206 ac) no tan solo se alza la gran muralla y se construye una tumba imperial custodiada por miles de soldados de terracota. Qin Shihuang unifica el imperio y da fin a siglos de guerras entre reinos, unifica también los pesos, las medidas y la escritura. La prohibición y quema de prácticamente todos los libros que formaban las tradiciones de cada uno de los antiguos reinos, la persecución a los letrados confucianos marcará un breve pero intenso paréntesis en la formación del canon de la tradición central. A pesar de las prohibiciones y persecuciones, este legado literario se reescribirá y conformará definitivamente -y prácticamente con el aspecto con el que hoy lo conocemos- a lo largo de la más larga, influyente y decisiva dinastía de los Han (S II ac-S II de.), restauradora de la tradición y modelizadora de la literatura china como eje de la cultura del letrado-funcionario.
Durante la dinastía Han, los libros antiguos se reescriben, se reinterpretan y se convierten definitivamente en canónicos: la tradición confuciana se convierte en el saber de los gobernantes. Se empiezan a instituir los exámenes para acceder a un puesto funcionarial, que consistían en la glosa de los clásicos y en la composición de poemas y ensayos. A lo largo de más de dos mil años, el conocimiento erudito de la tradición literaria y la destreza en el manejo literario del pincel se convirtieron en requisitos indispensables de la élite en el poder.
Entre los factores que consolidan la literatura como actividad de máxima relevancia durante el periodo Han se encuentran: la extensión del uso del papel y la seda como material base de la escritura con pincel, la consolidación de la empresa unificadora de la lengua y la escritura oficial emprendida durante el periodo Qin, la regularización de las formas caligráficas, la compilación de las primeras obras lexicográficas y retóricas, la creación de las primeras academias de preparación de letrados y la creación del Yuefu , Oficina de la Música, encargado de recopilar letras y músicas de canciones populares y de nueva creación. La historiografia toma una dimensión mucho más discursiva con Sima Qian (c.145-c.85 ac) y Ban Gu. Entre los prosistas confucianos del momento destacan las figuras de Jia Yi y Sima Xiangru. Durante este periodo tiene un gran desarrrollo la prosa rítmica y la prosa rimada, posibles gracias al monosilabismo de la lengua china.
Tras el largo periodo de unificación y relativa estabilidad de los Han, China entró en un largo periodo de guerras, desuniones y rápidos cambios de dinastía, se trata de la llamada “edad media” china, entre el siglo III y el siglo VII. Este es un tiempo poco apreciado en la tradición letrada por su turbulencia histórica, pero en el plano religioso es un momento importrante porque es el periodo en el que entra y se consolida en China el budismo procedente de la India. Tambien es un momento importante para el desarrollo de las ciencias naturales, para el desarrollo de las corrientes místicas, metafísicas y del taoismo religioso. Por otro lado se trata de uno de los momentos más fecundos desde el punto de vista literario. Es un momento de eclosión de obras con una dominante puramente estética, un momento en el que los letrados no apuntan tanto a su función moralizante y política como a transmitir el placer de las bellas letras. Es justamente en este periodo cuando surgen las primeras poéticas, las primeras obras de reflexión sobre el hecho literario, destacan Lu ji (261-303) con su Wen Fu, El arte de la escritura , y Liu Xie (c.465-522) con el Wen Xin Diao Long , El corazón de la literatura y la ecultura de los dragones . Es especialmente significativa en este periodo la creación poética, predominando la emoción, la espontaneidad y el temperamento contemplativo. Entre los poetas del periodo destaca por encima de todos Tao Yuanming (365-427), en el cual se sintetizan todas la virtudes que la tradición aprecia en un poeta: serenidad, naturalidad, simplicidad y un profundo sentido de la naturaleza. En el terreno de la ficción destacan las recopilaciones de anécdotas extrañas y seres curiosos, a medio camino de la leyenda, la mitología y la invención. Destacan el Shoushen ji , En búsqueda de los dioses , de Gan Bao, y el Bowu zhi, Relación de todas las cosas , de Zhang Hua (232-300).
La dinastía Tang (617-907 ) esta considerada como uno de los periodos más brillantes de la historia de China en sus diferentes aspectos. La poesía y la prosa del periodo Tang presentan un valor modélico.En poesía destaca la cantidad y la calidad del periodo: la recopilación completa realizada con casi un milenio de posterioridad, en 1707 bajo el impulso del emperador Kangxi, llegó a inventariar 50.000 poemas de 2.500 poetas distintos. La indiscutida canonicidad de la poesía Tang en China la ha convertida en prácticamente la única forma literaria china con una difusión amplia en Occidente, al margen de algunas obras narrativas en lengua vulgar y de ciertas obras filosóficas o sapienciales, como las Analectas de Confucio, El libro del Tao de Laozi o El libro de los cambios , el Yijing .
Entre las cualidades más apreciadas de la poesía Tang se encuentran la contención y la capacidad de sugerir emociones y nociones como la de vacio. Dijo el letrado Wang Changling: “un poema es bueno cuando el último verso hace que el pensamiento se extienda sin fin”. En la poesia Tang destacan Du Fu (712-770), Li Bai (701-762) o Wang Wei (699-761). Du Fu es probablemente el que más consenso despierta en la tradición crítica china, quizás por tener una obra muy variada, que se presta a sucesivas reinterpretaciones; en general la suya es la obra más realista y historicamente referencial de esta tríada, la que mejor refleja una circunstancia personal de forma directa y llana. Wang Wei fue músico, calígrafo, poeta y precursor del paisajismo pictórico a la aguada, a pesar de que no se ha conservado ninguno de los cuadros que pintó. Li Bai era el poeta del éxtasis ebrio, de quien la leyenda cuenta que murió al intentar abrazar el reflejo de la luna en un lago. Su poesia es un prodigio de espontaneidad impecable: cabalga las nubes, se mece en la vía láctea y se olvida de si.
Un dato destacable de la dinastía Tang es el surgimiento de una narrativa en lengua clásica, el género del Chuanqi , considerado como género menor y ocioso, pero que participa de los modelos lingüísticos y literarios del refinamiento del mandarín. En el género misceláneo de la prosa artísitca, ensayística y discursiva de los letrados la dinastía Tang también constituye un periodo excepcionalmente valorado. Han Yu (768-824) y Liu Zongyuan lideran un movimiento de retorno de la prosa a los austeros modelos clásicos de la dinastía Han, dejando atrás la tendencia preciosista dominante en el periodo intermedio, con una prosa que ponía especial énfasis en el trabajo en la rima y el ritmo. Han Yu no solo propugnaba un retorno a los modelos clásicos en el plano estilístico sino tambien una reformulación de los temas morales y de implicación colectiva. En este proceso de renovación del espíritu antiguo se constituyeron corpus antológicos de obras modélicas a imitar. Especialmente a partir de este periodo el letrado contempla la composición literaria de sus prosas como una acción consciente y meditada, no como un acto de espontaneidad.
En la dinámica histórica implicita que propone esta antología de Georges Margouliès ocupa un lugar dominante y central la figura de Han Yu y en general el movimiento de restauración de modelos clásicos en la escritura, que ofrecerá sus mejores frutos no tan solo durante la dinastía Tang sino también a lo largo de la siguiente dinastía, la dinastía Song. En realidad en el plano literario entre Tang y Song son más las líneas de continuidad que las divergencias.
Desde el inicio de la dinastía Song la institución imperial impulsó la acción literaria, la recopilación de la ingente producción literaria de la dinastía anterior y los trabajos de erudición antigua. Durante esta dinastía la tecnología de reproducción de la imprenta se generalizó dando un nuevo impulso a la difusión de las letras. Destaca en este periodo la figura de Ouyang Xiu (1007-1072), letrado completo, historiador, poeta, prosista, al tiempo moralista y participante de la mística de la naturaleza y erudito coleccionista de viejas inscripciones epigráficas. Sus comentarios al Shijing , el Libro de las odas , producido en el marco de un encargo imperial de reedición del cánon confuciano, se convirtieron en un trabajo germinal del entonces apenas naciente movimiento del neoconfucianismo, el daoxue , o estudio de la vía (confuciana), que sería liderado por Zhu Xi (1130-1200) y que representaría el más influyente movimiento intelectual de renovación de la tradición china del último milenio. En el terreno de la poesía destaca el retorno de la poesía a una más estrecha vinculación con la música en el género del ci , cultivado por poetas como Li Yu (937-978) o Su Shi, más conocido con el nombre literario de Su Dongpo (1037-1101).
La invasión mongol y la instauración de una dinastía china bajo su dominio, la dinastía Yuan (1276-1367), no significó ninguna ruptura radical en el plano cultural: el pensamiento neoconfuciano de Zhu Xi se convirtió en ideología de estado y sus comentarios a Los cuatro libros ( Las analectas, atribuidas a Confucio, el Mencio y dos capítulos del Liji, Libro de los ritos ) se convirtieron en el fundamento de la formación del gobernante. La reacción de los letrados chinos ante el invasor reforzó el clasicismo y el purismo estilistico, evitando toda hibridación con las formas culturales incorporadas por los mongoles en el poder. Especialmente en la China marítima y fluvial del sur, las élites urbanas del periodo Song se mantuvieron en posiciones de influencia, manteniendo inalteradas sus nacientes formas culturales en lengua vulgar. Tomaron así un especial auge los géneros literarios menores –como el teatro y el relato breve-, inspirados en la vida cotidiana y desarrollados en ocasiones en una estilización literaria de la lengua vulgar, que había empezado a dar muestras de presencia en la dinastía Tang, especialmente en el territorio de los repertorios narrativos de la predicación budista.
El desarrollo de la literatura en lengua clásica durante las dinastías Ming (1368-1644) y Qing (1644-1911) no aportó novedades relevantes, ni poetas o prosistas que lograsen superar la consideración de los modelos clásicos de las dinastías Tang y Song. En el género -menor en su momento- del relato en lengua clásica destaca el nombre de Pu Songling, con su colección de cuentos Liaozhai Zhiyi (Cuentos extraños del pavellón del ocio ). Fue en el terreno de la erudición y de la codificación lingüística y literaria donde aparecen las obras más apreciadas del momento. Especialmente durante la dinastía Qing, dominada por la élite extranjera de los manchús, se produce una cierta paralización creativa, un neoclasicismo ortodoxo. Sin embargo, paralelamente a este agotamiento de la tradición letrada se produce en estos periodos un florecimiento de la literatura en lengua vernácula.
Especialmente significativo es el surgimiento y consolidación de los géneros narrativos. Tras siglos de transmisión oral en plazas, salones de te y pavellones la narrativa oral convergerá a partir del siglo XVI en la escritura de relatos y novelas, con un progresivo refinamiento de los modelos literarios basados en la oralidad, surgidos al margen del chino clásico. En el territoiro del huaben , o relato en lengua vulgar, destacan las colecciones de Feng Menlong y de Ling Mengchu. El género tardío de la novela, nunca oficialmente bien considerado durante el periodo imperial, ofrecerá entre los siglos XVI y XVIII algunos de los clásicos hoy más preciados de la literatura China: el San guo yan yi , La historia de los tres reinos, atribuida a Luo Guangzhong, el Xi you ji , Viaje al oeste , el Shui hu zhuan , A la orilla del agua , compuesta por Shai Nai'an y revisada por Luo Guangzhon, el Rou putuan de Li Yu o el Jing Ping Mei de autor incierto como en muchas de estas obras , el Rulin Wai Shi o Historia Externa del bosque de los letrados (Los mandarines) de Wu Jingzi, o el Hong Lou Meng, Sueño del Pavellón rojo, también conocido como Historia de la piedra de Cao Xueqin .
Con la caida del régimen imperial y el advenimiento de la República de China en 1911 se inició un rápido proceso de disolución de la institución literaria tradicional: las viejas formas de literatura fueron quedando confinadas en el territorio del estudio y la erudición, dejando paso a un nuevo modelo de lengua literaria basada en el chino moderno del dialecto de Pequín. A lo largo del siglo XX se han desarrollado nuevos géneros y formas literarias fuertemente influidas por diferentes corrientes de la literatura universal y por las tradición literaria china en lengua vulgar, pero escasamente vinculadas a las formas literarias canónicas de la escuela de los letrados aquí antologadas.
Manel Ollé
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