Tema 6 Wang Kar-wai



-Comentaris a «花样年华» Huayang nianhua (In the Mood for Love / Deseando amar)

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Wong Kar-wai, el más sofisticat, el més artista, el més universal i singular dels directors xinesos. Filma sense guió, crea a la sala de muntatge, sap que totes les històries han estat ja filmades i no fuig de l'artifici: envolta el relat en un aura d'emocions suspeses en el buit, d'instants paralitzats i ambients fascinants que acaben convertint-se en els veritables protagonistes.

Després d'una filmografia ascendent i feliçment recuperada ( Chunking express, Happy together, Fallen Angels... ), l'any 2000 Wong Kar-wai seduïa als més exigents i innovadors dels públics amb Desitjant estimar, més coneguda entre nosaltres com In the Mood for Love (Hua yang nianhua) . La pel·lícula assetja la persistència en la memòria del desig més que no pas la seva consumació. En el Hong Kong de principis dels anys seixanta, en un veïnat de passadissos estrets i habitacions rellogades circulen cossos magnetitzats pel desig però embolcallats d'elegància. La pel·lícula, protagonitzada per Maggie Cheung i Tony Leung, està construïda a base d'al·lusions, silencis que parlen, lleus contactes i mirades, gestos perduts, pluges sobtades que inunden cors desolats i llampecs llunyans.. Una parella es desitja però es resisteix a seguir les passes de la parella simètrica que els ha apropat. Algunes escenes clau del film es van filmar, però finalment no es van incloure en el muntatge, deixant en la història un marge d'ambigüitat i misteri que n'augmenten l'atractiu.

2046: Soñar Hong Kong (by Manel Ollé)

(Cultura/s, La Vanguardia, 25-11-04)

Hay películas que deparan sorpresas hasta en el último segundo de la proyección. Si permanecen ustedes sentados en la butaca del cine más allá del final, si escuchan atentamente las voces en lenguas diversas que apenas emergen de la música que acompaña el skyline azulado de un Hong Kong futurista sobre el que se suceden los créditos al final de la proyección de 2046 de Wong Kar-wai, podrán entonces distinguir claramente la salmodia al tiempo firme y ajada de Margaret Tatcher anunciando que Hong Kong gozará de cincuenta años de democracia y libertad después de la retrocesión.

Sumen entonces cincuenta años a la fecha concreta (1 de julio de 1997) en la que China asumió el compromiso de mantener intacto el estatus de Hong Kong durante cinco décadas bajo el principio de un país, dos sistemas y obtendrán el enigmático guarismo que da título al filme. Evidentemente sería absurdo interpretar el cine de Wong Kar-wai en clave política. Su juego es más bien el contrario: convertir lo público en metáfora de lo privado.

2046 es también el número de la habitación del hotel de rojos cortinajes y largos pasillos donde se encerraban a escribir novelas de espadachines los cuerpos magnetizados de deseo de los protagonistas de Deseando amar . Wong Kar-wai empezó a filmar ambas películas al mismo tiempo pero 2046 tiene en realidad más que ver con el segundo largometraje que dirigió, en 1990, Days of being wild, apenas se ha visto en España, un filme que arranca del mundo literario del Manuel Puig de Boquitas pintadas (y en el que la orquesta de Xavier Cugat versionaba, entre otras piezas, aquello de “a mare de déu quan era xiqueta anava a costura...” a ritmo de bolero).

Las tres películas forman un tríptico fascinante, lleno de referencias y resonancias internas. Un tríptico que insiste en la evocación nostálgica de los años sesenta, en la exploración de unos mismos personajes y escenarios, de unos mismos motivos y de unas mismas obsesiones, que giran básicamente alrededor del deseo y el recuerdo de deseo. A Wong Kar-wai le interesa más explorar persistencia en la memoria del deseo que mostrar su consumación.

Kar–wai es el más universal y singular de los directores chinos. Envuelve el relato en un aura de emociones suspendidas en el vacío, de ambientes e instantes paralizados que acaban convirtiendo al paso del tiempo y el sentido de la imagen en movimiento en los verdaderos protagonistas. Construye sus relatos a base de alusiones, silencios, leves e intensos contactos y miradas, gestos perdidos, lluvias repentinas que inundan corazones desolados...

Sus rodajes son siempre azarosos e imprevisibles. Un plano filmado suscita el siguiente, el guión es siempre papel mojado en una exploración en la que la música, la imagen y el gesto preceden al sentido y a la palabra. El rompecabezas de secuencias y planos toma forma en el último momento gracias a la adjunción de una voz en off introspectiva y lírica. Esto lleva a películas siempre inacabadas y prolongables, que muestran el reverso de los relatos que han quedado por el camino, de los fragmentos que quedan por explicar.

En la primera entrega de este tríptico cinematográfico – Days of being wild – el protagonista se definía a si mismo como un pájaro sin patas, en perpetua errancia, que solo podrá tomar tierra en el momento de morir. En realidad todo el filme era el recuerdo de este pájaro moribundo tras haber recibido un balazo en un sórdido tren en Filipinas. La mayoría de protagonistas de las películas de Wong Kar-wai son como este pájaro de vuelo incesante.

Wong Kar–wai proyecta en sus películas los interrogantes del Hong Kong que apareció en escena cuando en 1984 resonaron por los televisores del mundo las palabras antes aludidas de una Margaret Tatcher solemnemente sentada junto a Deng Xiaoping: un Hong Kong en el que confluyen la ciudad colonial, el enclave de la diáspora china, el ultramoderno emporio financiero internacional y el suburbio de tríadas y negocios turbios; una ciudad que no se pertenece a si misma, con un pasado fantasmal y un futuro congelado e incierto.

Hong Kong es en las películas de Wong Kar-wai un lugar de paso, del que sus personajes siempre acaban huyendo en dirección a Singapur, a Buenos Aires, a California, a Macao, o cogiendo un acelerado tren que conduce al futuro en 2046. Probablemente, uno de los motivos que explican la capacidad del cine de Wong Kar–wai para conectar con un público es justamente la plasmación de esta identidad errante, fragmentada, exiliada en la propia ciudad. De forma rara e insospechada, en las películas de Kar-wai todos somos de alguna manera ciudadanos de Hong Kong.

Hermosa, descarnada nostalgia

M. TORREIRO (EL PAÍS - 26-11-2004)

En una de sus películas no estrenadas en España, Days of being wild, Wong Kar-wai mostró por primera vez al personaje de Mr. Chow (Tony Leung), un seductor al que volvimos a ver en In the mood for love y con quien ahora, en un giro tan impensado como en el fondo apasionante, volvemos a encontrarnos en esta 2046. Personaje cambiante, pero en el fondo siempre el mismo, ya entonces se enamoraba de una misteriosa mujer, Su Li Zhen, a la que abandonaba sólo para descubrir que, a la postre, ella había sido el amor de su vida. En las tres películas, por otra parte, Chow se comporta como alguien escasamente dado al compromiso, haciendo explícita la metáfora que se proponía en Days... y que aquí reaparece: Chow se imagina a sí mismo como un pájaro sin patas, siempre volando hasta el día en que finalmente se pose en tierra, que será el momento de su muerte.

También allí había un personaje, Mimí / Lulu, que se proponía como un explícito homenaje a Puccini y La bohème -también en 2046 una referencia central-, no en vano el personaje era el de una cocotte metida en bajos fondos, con quien Chow mantenía un tormentoso romance. Todo esto vuelve a aparecer aquí, y otra vez más, aunque ahora no con los rasgos de Maggie Cheung -que es aquí, no obstante, una sombra fantasmagórica salida directamente, en tres breves momentos, de In the mood for love- , reaparece también Su Li Zhen (Gong Li)..., o dicho de otra manera, que 2046 es sólo, y tanto, una variable más sobre la eterna frustración del amor.

Pasión
Y, sin embargo, nunca terminamos de saciarnos de las historias que el director chino nos propone. Como si de una variación minimalista se tratara, volvemos una y otra vez a ese mítico territorio de todas las nostalgias de Wong, el Hong Kong de los sesenta, el brillante mundo de bellísimas mujeres, cabarets y lujo. Chow es así sólo la proyección imposible del director, el hombre mundano que esconde, tras su aparente gelidez, un alma volcánicamente atormentada, sea en los míticos sesenta como en el desconocido 2046 en que se ambienta parte de la peripecia de este filme: el fin último del amor, nos dice Kar-wai, es su consumación como pasión.

Hermosa como sólo Wong sabe hacerlo, 2046 es una experiencia extrema de captación de la belleza, un grito mudo y desesperado en pos de la felicidad perdida, la angustiosa puesta en imágenes de la impotencia del amante ante el objeto de su pasión. Y ante todo, es una inmensa, impresionante película: tal vez la más turbadora de este 2004.

Wong Kar-wai: "A los espectadores les invito a bailar con los personajes"

ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS  -  Madrid (EL PAÍS - 26-11-2004)

Wong Kar-wai (Shanghai, 1958) ha tardado cuatro años en hacer 2046, que hoy se estrena en España. Como ya ocurría en In the mood for love, el director nos lleva a ese hipnótico mundo de nostálgicas evocaciones amorosas en las que se habla poco y se mira mucho. En la habitación 2046 de un viejo hotel, un hombre escribe sobre un tren que viaja al año 2046. Confinado en su cuarto, cree que escribe sobre el futuro cuando sólo lo hace sobre el pasado. "En realidad", dice Wong Kar-wai, "es la historia de un hombre que se inventa a diferentes mujeres para no olvidar a la única que amó, y que fue a la única que traicionó".

Interpretada por Tony Leung, Gong Li, Zhang Ziyi y Maggie Cheung, entre otras bellezas del cine oriental, la acción transcurre en dos lugares estrechos y de paso: un tren y un hotel. En ambos, las paredes se mueven. Wong Kar-wai escribe: "Todos tenemos necesidad de un lugar donde esconder o guardar ciertos recuerdos, pensamientos, impulsos, sueños y esperanzas. Son aspectos de nuestras vidas que no podemos resolver o sobre los cuales no podemos decidir, y al mismo tiempo sentimos miedo de ellos. Para algunos se trata de un lugar real, para otros de un espacio mental, para unos pocos no es nada".

Sentado en un oscuro rincón de un lujoso hotel madrileño, el cineasta lleva las gafas de sol que (al menos en público) nunca se quita. Una caja de kleenex y un frenadol advierten que no se trata de su mejor día. Fuma mientras habla un inglés pausado y correcto. Kar-wai es, para muchos, el mejor cineasta del mundo, el más elegante y estilizado, el creador de un lenguaje estremecedor. Un mito. Él se ríe y luego lanza una advertencia: "No me gusta que me vean como a un Dios o como a alguien especial. No soy nada del otro mundo. No hay nada nuevo o moderno en mi cine. Me pone nervioso saber que mucha gente me percibe así. Te aman y te odian por las mismas razones. Así que prefiero no pensar en los demás y lo que esperan de mí".

Entre las influencias del cine de Kar-wai está la de la literatura del argentino Manuel Puig. "A Manuel Puig le leí cuando estaba en el instituto", explica. "Me inspiró su manera de contar las historias, no el contenido, sino la forma. Yo apenas utilizo un guión, tomo notas y luego hablo mucho con los actores, de la película y de la historia que quiero contar. En la literatura de Puig hay algo indefinible que me gustaría transmitir con mi cine". La influencia latina va más allá y en 2046, como ya ocurría en In the mood for love, suena música latina de los años sesenta. "Bueno, para mí es algo muy natural, en los años sesenta, en los bares y night clubs, las bandas que actuaban eran siempre de filipinos. Ellos introdujeron en oriente la música latina. Cuando llegué a Hong Kong tenía cinco años y lo primero que me impresionó fue la música y los sonidos de la ciudad. Cuando era niño no sabía que era un bolero, pero ya entonces me fascinaba. Yo los encontraba divertidos, y el ritmo me gustaba mucho. La música latina es muy creativa". Kar-wai dice que los espectadores de sus películas bailan con la pantalla: "La manera de utilizar la música en mis películas es muy impresionista. Cada capítulo o cada historia tiene su propia banda sonora. Yo a los espectadores les invito a bailar con los personajes, un baile en el que deben saber cuándo cambiar de pareja y moverse alrededor de unos y otros".

"Cuando escribo tengo la música en la cabeza, los boleros siempre están al principio. Con la historia de Tony Leung y Gong Li la música vino después. Gong Li me recuerda a las mujeres de Fassbinder y por eso utilicé música de sus películas. La historia de Tony Leung con la mujer del hotel me recuerda a La mujer de al lado, de Truffaut, pensé en esa música entonces. Truffaut y Fassbinder han sido una fuerte influencia en mi cine", continúa el cineasta. "Algunas veces, cuando trabajas en una película, las situaciones, los personajes, las localizaciones, todo te recuerda a algo. De repente te das cuenta de que todo lo que has elegido te lleva a Antonioni. Ese peso existe y yo no renuncio a él".

"Aunque pueda parecerlo yo no tengo una mirada pesimista sobre el hombre", añade el director. "Es verdad que mis personajes están terriblemente solos, pero quieren dejar de estarlo. Buscan desesperadamente algo, lo malo es que lo que buscan ya pasó. Ahí surge la nostalgia, la culpa y el dolor. Resultaría aburrida una película sobre un hombre guapo y una mujer guapa que se aman y se conocen en el momento preciso y son felices. ¿A quién le importa eso? Nosotros queremos saber qué les ocurre a esas personas que no se encuentran nunca, que sobreviven sabiendo que en realidad para ellos sólo existió aquel amor".

2046 se estrenó en el pasado Festival de Cannes. Llegó el último día, con la película sin terminar de montar y rodeada de la expectación y el misterio que despierta su autor. Después de cuatro años de trabajo, 2046 parecía no tener fin. "Desde el principio tuvimos muchos problemas. Técnicamente, porque la producción era muy complicada. Tony Leung rodó 10 películas mientras hacíamos 2046, así que para él era muy complejo volver una y otra vez a este personaje. El rodaje se concentró en los últimos 15 meses. Para las actrices no había problema porque cada una de ellas pertenece a un capítulo diferente de su vida, pero él pasa por cuatro relaciones muy intensas con cuatro mujeres grandiosas y encima sabiendo que le espera un final infeliz".

Wong Kar-wai suele decir que siempre hace la misma película y que habla de la misma gente: "Gente que mira por la ventana lo que hacen los demás para robarles así algo de vida". "De alguna manera, 2046 es la continuación de In the mood for love . Al principio, 2046 estaba inspiradas en tres óperas occidentales. Durante el rodaje de In the mood for love decidí que quería seguir contando la misma historia de otra manera. Capítulos diferentes de lo mismo. En esta película no hay familias ni vecinos, sólo es un hotel en el que él escribe. Él está atrapado en esa habitación como está atrapado por sus pensamientos. El está confinado por sus recuerdos".

Wong Kar-wai iba a rodar ahora un viejo proyecto sobre Bruce Lee, pero el capricho de una diva ha cambiado sus planes. "Bruce Lee era muy mal estudiante y yo quería rodar una historia sobre su maestro. Tony Leung interpretaría al profesor. Pero me llevará tiempo porque antes voy a rodar una película con Nicole Kidman". ¿Otra historia de amor? "No, no estoy seguro de que sea una historia de amor", añade el director. "En realidad, de lo único que estoy seguro es de que será la historia de una mujer".