El Gobierno chino lanza una amplia ofensiva para frenar la corrupción y el fraude fiscal
Pekín teme que pueda perder su imagen de país más fiable para la inversión extranjera

El Gobierno chino ha puesto en marcha una amplia ofensiva para atajar tres graves problemas con los que se enfrenta: la evasión de capital, el fraude fiscal y, sobre todo, la corrupción administrativa. El país, con una economía en rápido crecimiento y una enorme burocracia, se ha convertido en caldo de cultivo para la corrupción.

LA VANGUARDIA - 07/10/2002

RAFAEL POCH
Corresponsal.

PEKIN. - En el aeropuerto de Pekín, junto al control de pasaportes y antes de la inspección de aduana, un letrero electrónico advierte al recién llegado de que cualquier funcionario que le exija dinero por los trámites de ingreso incurre en delito. El letrero avisa de que todos los agentes tienen un número bien visible en su uniforme y facilita un teléfono para denuncias. Lo mismo ocurre cuando se toma un taxi: el viajero tiene bien visible, junto al conductor, un letrero con la foto y el nombre del taxista y un número para presentar quejas.

Es el primer contacto con un país en el que la corrupción es ciertamente un problema serio, pero donde ser corrupto, abusar del cargo con fines de lucro o robar al Estado supone correr enormes peligros.

Con su dinámico crecimiento, sus posibilidades de enriquecimiento rápido y su paquidérmica burocracia, China, país en desarrollo, dispone de un caldo de cultivo excelente para la corrupción.

"Es un gran peligro latente para la sociedad y la estabilidad del país a largo plazo, que no sólo infecta a funcionarios aislados, sino a enteras instituciones sociales", dice el profesor Hu Angang, de la Universidad Tsinghua de Pekín, uno de los especialistas mas reputados y conocidos en temas de corrupción.

El profesor divide la corrupción en cuatro grandes modalidades teóricas y estima su monto, en pérdidas para el Estado, entre los 123.000 y los 157.000 millones de euros anuales, entre el 13% y el 17% del producto nacional bruto. "Si a esas cuatro modalidades se sumaran otros factores, la cifra de pérdidas sería aún mayor", asegura. Al mismo tiempo, hay una clara voluntad oficial de combatir la enfermedad y, pese a todo, el país no figura, ni de lejos, entre los más corruptos del mundo, un estatuto que sería difícilmente compatible con el título de líder mundial en confianza para la inversión extranjera directa que China posee actualmente.

Según Transparency International, un grupo anticorrupción con base en Alemania, China ocupa el puesto 59 en la lista global de 102 países, muy por detrás de Estados Unidos, que está en el puesto 16.

En el Congreso Nacional Popular se está estudiando la abolición de la práctica administrativa de impartir licencias, un recurso típico de la burocracia lleno de oportunidades de corrupción, a fin de atajar "abusos", explica Yang Jingyu, director del departamento de asuntos legislativos del Consejo de Estado.

Actualmente hay 4.000 actividades en China que requieren licencia administrativa. En el 40% de los casos, el requerimiento es iniciativa de la burocracia de Estado. El proyecto de ley contempla la obligatoriedad de estandarizar los documentos necesarios para obtener una licencia y que los requisitos para obtenerla sean públicos.

El Gobierno lleva meses anunciando, y practicando, una ofensiva general contra la corrupción, la evasión de capital y el fraude fiscal, tres enfermedades con idéntica raíz.

La revista "Banyue Zazhi" ha informado de que unos 4.000 sospechosos de corrupción se fueron del país en los últimos años y se llevaron más de 600 millones de euros. El procedimiento es transferir el dinero a cuentas en el extranjero de las empresas de los corruptos, o de sus socios, o de parientes residentes fuera de China, por lo que, en julio, el banco de China creó dos departamentos para controlar las transferencias al extranjero y vigilar el blanqueo de dinero.

Un estudio de la Universidad de Pekín estima que entre 25.000 y 35.000 millones de euros fueron evadidos de China anualmente a finales de los noventa y que la tendencia creció en los dos primeros años del nuevo siglo.

En el frente de los impuestos, en agosto el viceministro de la comisión de planificación del desarrollo, Wang Chungzhen, anunció un aumento del control fiscal tras reconocer que la recaudación en los primeros siete meses del año había sido menor de la esperada.

Hace 25 años, cuando en China había una economía de planificación y los salarios eran bajos, el impuesto sobre ingresos no existía. A efectos prácticos Hacienda apareció en el país en 1994. Actualmente el sistema de impuestos está lejos de ser eficaz y, sobre todo, justo. Según un estudio, el 20% más rico de la población china acapara el 80% de los ingresos y aporta menos del 10% de la recaudación. "Los ricos chinos tienen la imposición fiscal más baja del mundo", afirma el profesor Hu Angang. Al mismo tiempo se observa un claro esfuerzo por mejorar la situación.

Según Ni Hongri, experto del centro de investigación del desarrollo del Consejo de Estado, China necesitará de tres a cinco años para hacerse con un banco de datos informatizado capaz de ejercer un control eficaz. Mientras tanto, la inspección fiscal está presionando a los sectores con manifiesto alto perfil de ingresos; estrellas de la industria del entretenimiento, futbolistas, magnates y profesiones liberales. En esta labor se sitúa, con carácter ejemplar, la detención y enjuiciamiento, el pasado junio, de Liu Xiaoqing, una conocida estrella mediática que tenía un avión privado, se codeaba con el alto escalafón de nuevos ricos y funcionarios y no pagaba sus impuestos.

El Estado mantiene firme el recurso de la coerción y la intimidación, sin el cual, según una opinión muy común aquí, incluso en medios occidentales, el país, simplemente, no se sostendría.