Viejas huellas (peus desembenats)

        Las costumbres antiguas no suelen desvanecerse sin dejar rastro y en nuestro mundo abundan las secuelas más o menos racionales de los usos y maneras de antaño. Hoy por hoy, claro está, todo es más moderno y más científico y así vemos como la aguja que hace treinta años servía para agujerear las orejas ha sido sustituida por los rayos láser. Pero los pies vendados no volverán, por lo menos no durante este siglo. Esos sí que han sido completamente borrados del mapa y hoy en día encontrar a una mujer de pies vendados que pueda y quiera hablar está muy lejos de ser fácil.
        Lo que se llevaba entonces era hacerles preparar exámenes a los hombres para que se sacaran un buen título y vendarles los pies a las mujeres para que les quedaran cuanto más pequeños mejor. En una mujer, los pies más apreciados eran los lotos dorados de diez centímetros y, en un hombre, el título necesario para poder triunfar era el de doctor. Por otra parte, ¿esta afición de hoy por los talones altos no es acaso un nuevo sistema de perjudicar a los pies?
        Lo que es a mi, mis pies no me molestan para nada. Cuando yo era pequeña a esta cuestión se le daba la máxima importancia. A mi me empezaron a vendar los pies en 1911, el año del establecimiento de la República, justo en el momento en que se promulgaron las leyes que prohibían el vendaje de los pies. El gobierno podía prohibir tanto como quisiera, pero el que la gente le hiciera caso o no era harina de otro costal. Lo que es en la provincia de Fujian donde vivíamos nosotros, cuando empezó la guerra de resistencia contra el Japón todavía se seguían vendando los pies. Cuando el movimiento del cuatro de mayo del 1919, yo, con mis pies vendados, me fui a Shanghai para hacer propaganda entre los estudiantes en pro de los pies libres! En mi opinión, vendar los pies es doloroso, pero quitarles las vendas es todavía peor.
        Mi familia eran lo que hoy llamaríamos tiranos locales, pero mi padre era un hombre ilustrado que apoyó el establecimiento de la República y la guerra de resistencia contra el Japón y que estuvo en contra de Chang Kai Chek desde la gran revolución hasta que se murió. Desde luego tenía sus recelos respecto a los comunistas, pero su actitud empezó a cambiar a raíz de la guerra contra el Japón y se estaba acercando cada vez más a ellos cuando falleció. Hace unos años no me hubiera atrevido a decir esto pero ahora ya si. Mi padre era un arrendatario ilustrado y bien poco se parecía a los latifundistas locales. Por eso mismo se quedaba siempre un poco al margen. Sus opiniones políticas quedaban muy próximas a las de Deng Yanda, es decir que estaba por la creación de un Tercer Partido. A menudo pienso que si bien por una parte fue su actitud la que le impelió a mandarnos a estudiar fuera, por otra, el hecho de que una vez allí recibiéramos el impacto de las nuevas ideas le influyó también a su vez.
        Este año he cumplido 79 anos, mi salud podría estar peor y me quedan todavía algunos dientes. Leo el periódico cada día aunque ahora tengo que usar las gafas y, si hace bueno y me sobra un rato, salgo a comprar verdura. Pero cuando hace fresco no saco los pies de casa, que la gente vieja le teme al frío y los pies se resienten de que la sangre circule mal.
    ¿Sabeis la historia del rey Wu? Su concubina Tayi, en realidad, era una zorra que con el tiempo se había ido refinando hasta convertirse en una hermosa muchacha; pero como sus pies no hablan cambiado y seguía teniendo un par de pezuñas peludas, se las envolvía cada día con un pedazo de tela. A las demás mujeres les gustaron aquellos pies tan pequeños y trataron de hacérselo también ellas: así empezaron a vendarse los pies. Claro que eso no es más que un cuento, todo mentira. Desde el punto de vista antifeudal, el vendaje de los pies sirve para oprimir a las mujeres y para fortalecer el poder de los hombres.
        Desligar los pies es dolorosísimo y si en su día han sido correctamente vendados no hay quien lo haga. Yo lo intente, lo hice con una pomada que entonces todavía se encontraba y que según me dijeron servia para reblandecer los huesos; por lo que vi era la misma que me habían dado para vendarlos. En cuanto me quite los vendajes no podía dar ni un paso, los dedos se me desparramaban en todas las direcciones y al primer movimiento se ponían a sangrar. Una vez que se han vendado no se pueden volver a desatar jamás, como mucho se pueden aflojar un poco los vendajes. ¿Sabeis lo que os digo? Que cuando a una le han vendado los pies la única forma de poder andar es llevarlos bien apretados. Los llamados "pies liberados" - y que yo llamo "pies de boniato" - son pies que no sufrieron el proceso del vendaje hasta el final, tened la seguridad de que los desligaron muy poco después de haber empezado a vendarlos. Lo que es a los que han pasado ocho o diez años vendados,  ¡a esos no hay forma humana de liberarlos! ¡Yo lo he intentado dos veces y nunca lo he conseguido!
    No me hagáis demasiado caso, la memoria me falla cada vez más y se me fían los años, los meses y los días.
        Nací en 1905, mi padre era ... vaya, si ya lo he dicho. Mi madre era un mujer común y corriente. Tengo dos hermanos mayores y otro menor; mis dos hermanas pequeñas son hijas de una concubina y como éramos de distinta madre hace ya mucho tiempo que no se nada de ellas.
        Al principio es como andar sobre brasas pero a los quince días ya no duele mucho. Primero se vendan los cuatro dedos pequeños contra la planta del pie y después se van apretando los vendajes para que el pie se vaya haciendo pequeño. ¡La verdad es que ya no me acuerdo muy bien!
        Años después me prometí con el que es ahora el padre de mis hijos. Todos mis hijos han salido adelante y yo ahora vivo con uno que es jefe de departamento. Antes dependía de mi marido y ahora dependo de mis hijos e hijas: no he trabajado en toda mi vida y ese es el daño que me hizo el feudalismo. Pero por muy octogenaria que sea, de la verdura me encargo yo.
    El feudalismo hizo mucho daño... pero por mucho daño que hiciera, yo he vivido para contarlo.

    (ZHANG,Xinxin & SANG Ye (1989), El hombre de Pekin , Sabadell, Ausa, pàg. 26-29)

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