Sobre la lengua y la escritura china
Dolors Folch
La Vanguardia, 11 de octubre del 2000
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"Ni
la escritura puede abarcar la totalidad de la lengua hablada, ni la lengua
hablada la totalidad del pensamiento" |
El chino es una lengua que hablan 1.300 millones de personas. Si la importancia de una lengua se mide por el número de gente que la habla y por el volumen de su literatura, nos encontramos sin duda ante una de las lenguas más importantes del mundo. El chino está dividido en múltiples dialectos: la variaciones de vocabulario entre ellos son similares a las que separan entre ellas las lenguas románicas, aunque la existencia de una escritura común de base no fonética haya mantenido una estructura gramatical común entre ellos. El más extendido de éstos es el de Pekín, por lo menos desde que en el siglo XIII los mongoles instalaron allí su capital. Esta lengua, que los primeros portugueses que pisaron suelo chino identificaron como el habla de los funcionarios, los mandarines, y llamaron, por tanto, mandarín, es la lengua materna con más hablantes del mundo, unos 800 millones. El mandarín, con una gran extensión, se divide a su vez en grandes dialectos: la China del norte y Manchuria; la región del bajo Yangzi; Sichuan, Yunnan y Guizhou; y la región de Shenxi y el corredor de Gansu. En el sur, donde los chinos se fueron implantando lentamente entre densas capas de poblaciones aborígenes que aún hoy subsisten - los zhuang de la provincia de Guangxi son 19 millones - los dialectos chinos se tiñeron de las lenguas locales, diferenciándose netamente del mandarín. De entre la multitud de dialectos chinos del sur, sudeste y sudoeste - solamente en la provincia de Fujian se hablan 108 - el más extendido es el cantonés: sus diferencias con el mandarín son tan notables que un cantonés y un pekinés tienen más dificultades para comunicarse que un catalán y un francés.
Aparte de la República Popular, el chino es también lengua oficial en Taiwan y es una de las 4 lenguas oficiales en Singapur. Por otro lado, sigue siendo la lengua que hablan los 40 millones de chinos que viven fuera de China, básicamente en el sudeste de Asia y en América. Pero el chino - y en general el tronco lingüístico a que pertenece, el sino-tibetano - ha permanecido siempre concentrado en una zona geográfica determinada: mientras las lenguas indoeuropeas, habladas por pastores nómadas, se difundían por todo el continente eurasiático, el chino, hablado por agricultores sedentarios, se extendió al mismo ritmo y por los mismos pagos que ellos, en una lenta marcha desde el norte hacia el trópico que avanzaba a la par con la agricultura intensiva que éstos traían consigo.
Por lo que sabemos, el chino se ha hablado desde siempre en la China del norte. En los primeros escritos, que aparecen hacia 1200 aC, aparece ya una lengua que es inequívocamente antecesora del chino actual: unos 2.000 caracteres de este chino arcaico siguen en uso hoy en día, y algunos centenares entre ellos forman el núcleo de mayor utilización entre el mar de 50.000 caracteres que aparece en los modernos diccionarios. La unidad de la lengua china, que aún con sus divisiones en dialectos, se extiende por territorios y poblaciones muy superiores a los de las lenguas maternas europeas, se explica por la unidad que le proporciona su escritura.
Por ello los imperios chinos, desde el primero de ellos - en el 221 aC - hasta Mao, se han caracterizado siempre por sus intervenciones en el terreno lingüístico: los chinos sabían mucho antes de nuestra era que siempre fue la lengua compañera del imperio. A partir de mediados del XIX, el movimiento revolucionario que, en respuesta tanto a la agresión extranjera como a la incapacidad del gobierno, conmociona al mundo chino, tiene un impacto decisivo sobre la lengua y la escritura. Basándose en el ejemplo del Japón Meiji, que a partir de 1868 había establecido una lengua standard y modernizado la escritura, los intelectuales chinos promovieron también la fijación de una lengua standard nacional, basada en el dialecto de Pekín. Hubo que esperar a la revolución de 1911, que destronó el imperio e implantó la república, y al movimiento de protesta intelectual del 4 de mayo de 1919, para que, con la introducción de esta lengua nacional en los primeros cursos de la primaria, se empezaran a valorar más las competencias en chino moderno que en chino clásico. A partir de 1949, cuando los comunistas ganaron finalmente la guerra y consiguieron una unificación efectiva del país, el gobierno jugó un papel mucho más incisivo: entre 1955 y 1959 se sucedieron grandes campañas de promoción de la lengua standard, hasta que los avatares de el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural absorbieron las energías de todo el país. El tema recuperó su vigencia cuando la muerte de Mao cerró aquel período de convulsiones: en 1986, la Conferencia Nacional de Lengua y Escritura fijó la lengua nacional standard como la lengua de todas las escuelas, la del trabajo de la administración y la de la radio y televisión. En 1984, el 90% de los chinos la entendía y el 50% la usaba de forma habitual, aunque su implantación encontraba más resistencia en las zonas con dialectos de gran prestigio como Cantón y Shanghai. El despegue económico y la movilidad social que ésta ha traído consigo han facilitado la difusión de la lengua nacional como nexo de relación entre dialectos mutuamente incomprensibles.
La escritura ha pasado por un proceso de cambios más radicales. En un país en el que la promoción iba ligada a los exámenes desde principios de la era cristiana, la lengua culta, en la que éstos se realizaban, tenía un enorme prestigio. La crisis del estado chino en el siglo XIX puso también en tela de juicio esta lengua clásica, concisa y refinada, pero totalmente apartada de la lengua hablada: "Que mis manos escriban como les dicte mi boca", reivindicaba un conocido intelectual en 1868. En 1905 la abolición de los exámenes imperiales pulverizó el prestigio y la utilidad del chino clásico: antes de 1911 ya se habían publicado 1.500 novelas en lengua corriente y en 1920 ésta era ya la lengua de 400 periódicos.
La llegada al poder de los comunistas, en el 1949, trajo consigo dos grandes reformas. La primera fue la simplificación de los caracteres en 1956, que redujo de forma significativa el número de trazos de cada carácter, para facilitar tanto su ejecución como su memorización. Ni Taiwan ni Hong Kong aceptaron la reforma y ello produjo una diferenciación importante entre lo que publicaban unos y otros. La segunda fue la promulgación en 1958 de un sistema oficial de transcripción en escritura fonética, el pinyin, que se ha ido implantando cada vez más en las publicaciones de Europa y América. Utilizado masivamente por la prensa de todo el planeta, el pinyin está actualmente completamente consolidado, aunque en el mundo académico existen sectores significativos que utilizan todavía otros sistemas de transcripción.
Los grandes diccionarios de chino actual cubren unos 50.000 caracteres, pero los del chino a otra lengua cubren unos 9.000. Hay varios diccionarios importantes del chino al español: el de los jesuitas, Diccionario español de la lengua china, editado por Espasa Calpe en 1977, recoge un vocabulario tradicional, útil para usos académicos; el Breve diccionario chino-español, editado por Pekín a partir de los 70 es útil por su reducido volumen, pero recoge un léxico muy vinculado a la terminología de la Revolución Cultural; el Nuevo diccionario chino-español, editado también por Pekín en 1999 es más amplio y más modernizado que el anterior. Los diccionarios español-chino existentes, editados uno por Pekín y otro por Shanghai dejan mucho que desear, especialmente para nosotros, ya que en gran parte se basan en un léxico sudamericano.