[CHESNAUX, J. i BASTID, M. (1972). De las guerras del opio a la guerra franco-china. Barcelona. Ed. Vicens-Vives. Pàgs.140-141]
La distribución de la tierra se efectúa según el tamaño de la familia, sin consideración de sexos y teniendo únicamente en cuenta el numero de personas; cuanto mayor sea dicho numero, más tierra recibirán, y viceversa. Las tierras a repartir se dividen en nueve categorías. En una familia de seis personas, tres recibirán tierra buena y tres recibirán tierra mala: es decir, la mitad buena y la mitad mala. Todas las tierras que se hallan bajo el Cielo serán cultivadas conjuntamente por los hombres bajo el Cielo Si la producción es insuficiente en un lugar, dirigios a otro en el que sea más abundante. Toda la tierra que se halla bajo el Cielo debe ser accesible tanto en tiempo de abundancia como en tiempo de penuria. Si hubiera miseria en una zona, llevad allí los excedentes de otra zona donde reine la abundancia, con el fin de alimentar a los hambrientos. De este modo, los hombres que se hallan bajo el Cielo gozarán todos de la gran felicidad concedida por el Padre Celeste, Señor Supremo y Dios Augusto. La tierra se repartirá entre todos, el arroz será consumido por todos, los vestidos serán llevados por todos, el dinero será gastado por todos. No habrá desigualdad, y nadie quedara sin alimentos ni protección contra el frío.
Tanto si es hombre como mujer, cada individuo de mas de dieciséis anos recibirá tierra. Y si queda tierra, las personas de quince años o menos recibirán la mitad de una parte. Por ejemplo, una persona de mas de dieciséis anos recibe un mu de tierra de la categoría superior-superior, otra de quince anos o menos recibirá la mitad de una parte, es decir, un mu y medio de tierra de la categoría inferior.
En todo el Imperio se plantaran moreras junto a los muros. Todas las mujeres criarán gusanos de seda, tejerán y confeccionarán prendas de vestir. En el Imperio, cada familia sin excepción poseerá cinco gallinas y dos cerdas. Durante la cosecha, el jefe de sección asesorará al jefe de equipo para la reserva de la cantidad de grano nuevo que sea necesaria para sus veinticinco familias y entregará el resto al granero público. La misma regla se aplicará también al trigo, a las judías, al cáñamo, a los tejidos, a la seda, a los pollos, a los perros, etc. Y también al dinero. Ya que sobre la tierra todo pertenece a la gran familia del Padre Celeste, Señor Supremo y Dios Augusto. Nadie en el Imperio podrá poseer una propiedad privada, ya que todo pertenece a Dios, de modo que solo Él puede disponer de todas las cosas. En la gran familia del Cielo, todos los lugares son iguales y cada uno vive en la abundancia. Tal es el edicto del Padre Celeste, Señor Supremo y Dios Augusto, que ha dado muy especialmente al Verdadero Señor de los Taiping la orden de salvar al mundo.
Sin embargo, el jefe de sección llevará una cuenta de las cantidades de dinero y de grano, comunicándola al tesorero, al que haya hecho el desembolso y al destinatario. Para cada grupo de veinticinco familias, se establecerá un granero publico y una capilla donde residirá el jefe de sección. Para cada grupo de veinticinco familias, las cuestiones tales como la celebración de bodas o de nacimientos se efectuarán a cargo del granero público. Pero serán debidamente controladas y se prohibirá el gasto de una sapeca más de lo necesario.
Cuando se celebre una boda en una familia, se le entregarán mil sapecas y cien libras de grano. En el Imperio, todo será uniforme. En todo se hará buen uso de los gastos, en previsión de las guerras y las calamidades. En el Imperio, las bodas no se celebrarán de acuerdo con la fortuna. En cada grupo de veinticinco familias, los jefes de sección y los particulares harán las veces de herreros, carpinteros y albañiles en sus ratos libres después del trabajo en el campo. Todos los jefes de sección serán responsables, dentro de sus grupos respectivos de veinticinco familias, de celebraciones tales como bodas, nacimientos, etc.