[CHESNAUX, J. i BASTID, M. (1972). De las guerras del opio a la guerra franco-china. Barcelona. Ed. Vicens-Vives. Pàgs.139-140.]
Creemos que el mundo pertenece a China y no a los tártaros (manchús), que las prendas de vestir y los alimentos pertenecen a China y no a los tártaros; los niños, chicos y chicas, la gente, son de China y no de los tártaros. Es lamentable que la dinastía Ming no cumpliera sus deberes como dirigente; los manchúes se aprovecharon del caos y profanaron China, robando su territorio y violando y maltratando a sus jóvenes, chicas y chicos; sin embargo, si China, que se extiende en las seis direcciones y cubre las nueve provincias, les deja molestarla tranquilamente, sin ninguna reacción, no puede decirse que posea hombres dignos de tal nombre?... China es la cabeza y Tartaria los pies, China es el Continente sagrado, Tartaria el de los malos espíritus. ¿Por qué llamamos a China el Continente Sagrado? El Padre Santo y Dios muy Augusto es el Verdadero Dios; el cielo, la tierra, las montañas y los mares fueron creados por él. Esta es la razón por la cual antiguamente, se dio a China el nombre de Continente Sagrado. ¿Por qué pensamos que los tártaros son espíritus malos? El demonio-serpiente, Yen-lo, es un espíritu malo y los demonios tártaros solo le adoran a él y a sus semejantes. Por ello consideramos que los tártaros son espíritus malos... Afortunadamente, han triunfado las doctrinas celestes y China puede tener esperanzas de recuperarse. Mientras la gente busca una solución, existen señales ciertas de la aniquilación de los tártaros...
Los pecados de los tártaros han llegado a un extremo inadmisible. El Cielo Augusto ha perdido la paciencia y ha ordenado a nuestro Rey celeste que muestre respetuosamente la grandeza del Cielo, izando la bandera de la rectitud, haciendo desaparecer a los malos espíritus, expulsándolos totalmente de China y ejecutando respetuosamente el castigo del Cielo...
Alzamos el ejército de la rectitud para saciar la venganza del Dios de las alturas sobre los que han engañado al Cielo, y para liberar a las masas de esta tierra por amor de China. Debemos borrar cualquier huella de los tártaros y disfrutar juntos de la Paz Universal. Los que obedezcan al Cielo serán ampliamente recompensados, pero los que se opongan a él morirán de muerte violenta. Por la presente esto se anuncia públicamente a todos bajo el Cielo con el fin de que todos puedan oírlo y saberlo.