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Alejandrinos
Mediaba el mes de julio. Era un hermoso
día.
Yo, solo, en la mañana, resignado subía
Al ómnibus completo de viajeros banales,
Muchedumbre aburrida de rostros casi iguales.
Había un vulgo errante municipal y espeso
Que al pasar empujaba anárquico y avieso.
Un joven petimetre de luengo y seco cuello
Y sombrero sin cinta -que bien me acuerdo de ello
Se enojó con un viejo al que gritó, nervioso,
Que cesara al momento de empujar tan ansioso;
Y al punto raudo y serio viendo un asiento huero
Se lanzó de éste en pos, raudo como un velero.
Al cabo de dos horas y en la misma jornada
Me lo vuelvo a encontrar, del azar por jugada,
Hablando y departiendo con un supuesto amigo
Acerca de un botón que faltaba en su abrigo.
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