«(...) Hoy, nuestros estudiantes, en vez de leer, en el auténtico sentido de la palabra, se distraen con frecuencia por el conocimiento fragmentado al que acceden a través de Internet y los medios de masas.
Y lo que es peor, la educación se ve amenazada por las ortodoxias nacionalistas y religiosas difundidas por esos medios que, con un espíritu ahistórico y sensacionalista, se centran en lejanas guerras electrónicas que dan a los espectadores la sensación de precisión quirúrgica y, en realidad, ocultan el horror del sufrimiento y la destrucción que produce la guerra moderna. (...)»
«(...) Aún disponemos de las facultades racionales e interpretativas que nos dejó la educación humanista, considerada no como una piedad sentimental que nos insta a regresar a los valores tradicionales o a los clásicos, sino como el ejercicio activo de un discurso real, racional y laico. El mundo secular es el mundo de la historia construido por los seres humanos. El pensamiento crítico no obedece las órdenes de unirse a las filas que avanzan contra uno u otro de los enemigos oficiales. En vez de concentrarnos en un artificial choque de civilizaciones, debemos hacerlo en la lenta colaboración de unas culturas que se superponen, toman cosas prestadas unas de otras y conviven de formas mucho más interesantes que las que permite cualquier conocimiento abreviado o falseado. Pero para adquirir esa percepción más amplia necesitamos tiempo y una curiosidad paciente y escéptica, sostenida por la fe en unas interpretaciones comunes a las que no les es fácil sobrevivir en un mundo que exige la acción y la reacción inmediatas.
El humanismo se centra en la acción de la individualidad humana y de la intuición subjetiva, y no en unas ideas preconcebidas y en una autoridad asumida. Hay que leer los textos considerando que se redactaron y viven en el ámbito de la historia y en lo que yo llamo la realidad, con todas sus facetas. (...)»