Diccionario de ensayistas

JOSÉ ORTEGA Y GASSET
(Madrid, 1883-1955)

 

Al escribir en París la necrológica de Unamuno, Ortega hacía un retrato de su propio proyecto cultural: un intelectual, dice, «es ante todo tener una doctrina taxativa, inequívoca y, a ser posible, formulada en tesis rigorosas, fácilmente inteligibles», y su misión no es «hacer juegos malabares con las ideas», sino «encontrar ideas con las cuales puedan los demás hombres vivir. No somos juglares: somos artesanos, como el carpintero, como el albañil». Esta concepción del intelectual como oficial de las ideas presidió toda la ejecutoria de José Ortega y Gasset, vertida en un ensayismo convivencial y dúctil que salía al encuentro de sus lectores ofreciéndoles todas las facilidades que una filosofía estricta les hubiera negado. Y fue así porque Ortega resolvió durante su estancia en Alemania sacrificar su vocación literaria (que la tuvo, como le confesó a Luis Araquistáin) y el ejercicio de una filosofía à la Heidegger, para filósofos, en aras de la formación de una minoría culta en España capaz de transformar la nación. Con lucidez vio que su empresa pedagógica debía pasar necesariamente por la prensa, cuyo funcionamiento conocía de primera mano por su familia tanto materna (propietaria de El Imparcial) como paterna, pero también por la intervención del intelectual en la cosa política, lo que le llevó a impulsar en 1914 una Liga de Educación Política cuyo fruto más visible fue la creación de la revista España un año después. Ésta, junto al diario El Sol (1918) y sobre todo Revista de Occidente (1923) constituyen las principales plataformas periodísticas y editoriales del proyecto educativo orteguiano, al que debe añadirse su decisiva función de asesor en la editorial Calpe y, desde 1929, Espasa-Calpe, así como los diarios Crisol y Luz.

En el «Prólogo para alemanes» reconocía que «tengo que ser, a la vez, profesor de la Universidad, periodista, literato, político, contertulio de café, torero, "hombre de mundo", algo así como párroco y no sé cuántas cosas más». Magisterio múltiple de intelectual-orquesta cuya voz y cadencia imperan como un insoslayable hilo musical en todo el primer tercio del siglo XX. Más que una doctrina filosófica (que se infiere de su obra), enseñó a pensar mejor. De él aprendieron poetas, narradores y ensayistas a ejecutar mejor su vocación, el prurito de la obra bien hecha, y en él aprendieron a aislar una idea (¡pero sin aislarla del mundo!) para recorrer su contorno, fijar sus facetas y sorprender sus conexiones. En su primer ensayo magistral, Meditaciones del Quijote (1914) queda definido el nódulo de su pensamiento, la irreductible imbricación del individuo en sus circunstancias vitales (esto es personales, sociales, culturales, políticas...), la interacción constante entre sujeto observador y objeto observado, lo que convierte el trabajo intelectual en una aventura cuyo vehículo expresivo idóneo es precisamente el ensayo. Pero debajo de su repetida sentencia «yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella, no me salvo yo» hay menos una protesta de relativismo epistemológico (mal que pese a ciertos lectores unívocos posmodernos) que una afirmación de la necesaria conciencia sociopolítica del intelectual. Ortega pretende superar el idealismo con una fuerte dosis de realidad al tiempo que supera el positivismo materialista con una dosis de fe en la razón y por tanto en la labor de la conciencia subjetiva. Mundo e inteligencia, vida y razón son los extremos entre los que bascula el pensamiento orteguiano. El raciovitalismo (o razón vital) se propone, pues, desbaratar la dicotomía entre razón pura y voluntad, entre racionalismo y vitalismo, y situar la verdad en el terreno de la vida cotidiana (la realidad radical). Dio rienda suelta a su pasión reflexiva en los ocho tomos El espectador (1916-1928), en los que asalta con idéntica meticulosidad razonante temas muy diversos. Abordó problemas acuciantes en ensayos de gran repercusión: de orden político (la consabida crisis nacional) en España invertebrada (1921), de orden epistemológico o, si se quiere, metafísico en El tema de nuestro tiempo (1923), de orden estético (la tendencia desrealizadora del arte nuevo) en La deshumanización del arte e ideas sobre la novela (1925), de orden sociopolítico (la postergación de las minorías) en La rebelión de las masas (1930). En los años treinta, tras su participación en la política republicana como diputado a Cortes, decidió replegarse a la actividad filosófica más estricta; Goethe desde dentro (1932) es ya una compilación de ensayos anteriores hecha por Fernando Vela. La guerra y el posterior exilio acentuaron este repliegue y su tendencia a la redacción de libros filosóficos todavía excelentes como La idea de principio en Leibniz (escrito en 1947 aunque no publicado), no obstante lo cual siguió escribiendo algunos ensayos memorables, como los Estudios sobre el amor (1941), el Prólogo a Veinte años de caza mayor del conde de Yebes (1942) o los Papeles sobre Velázquez y Goya (1950). Desde 1945 vivió en España pese al silencio hosco que lo rodeó oficialmente.

 

 

Bibliografía


Abordan la trayectoria orteguiana en su integridad Julián Marías en los dos tomos de Ortega (Revista de Occidente, Madrid, 1960), Ciriaco Morón Arroyo, El sistema de Ortega y Gasset (Madrid, Alcalá, 1968), Robert McClintock, Man and his Circumstance: Ortega as Educator (Nueva York: Columbia University, 1971), Victor Ouimette, José Ortega y Gasset (Nueva York, Twayne, 1982),  Pedro Cerezo Galán, La voluntad de aventura (Barcelona, Ariel, 1984), Rockwell Gray, José Ortega y Gasset: El imperativo de la modernidad (Madrid, Espasa Calpe, 1994). Tratan de aspectos que atañen directamente al Ortega educador y publicista Gonzalo Redondo, Las empresas políticas de José Ortega y Gasset (Madrid, Rialp, 1970), Antonio Elorza, La razón y la sombra (Anagrama, Barcelona, 1984), Ignacio Sánchez Cámara, La teoría de las minoría selecta en el pensamiento de Ortega y Gasset (Madrid, Tecnos, 1986), Vicente Cacho Viu y Octavio Ruiz Manjón, eds., Los intelectuales y la política: perfil público de Ortega y Gasset (Madrid, Biblioteca Nueva, 2000), Javier Martín y José Lasaga, eds., Ortega en circunstancia (Madrid: Fundación Ortega y Gasset, 2005).