La posible identidad del cine europeo se ha convertido en los últimos años en un debate político en el que se barajan cuestiones tan sonoras y divergentes como cuotas de mercado e identidades culturales. En todos los foros se parte de la existencia de un ring entre dos campos magnéticos : un cine norteamericano edificado sobre parámetros industriales, sistemas tayloristas de producción y modelos narrativos muy populares frente a un conjunto más híbrido de cinematografías europeas apoyadas en producciones medias y unificadas bajo el paraguas del cine de autor de naturaleza más minoritaria. Arte fílmico contra industria, autor versus productor, estilos nacionales frente a globalización . Una pugna histórica muy asimétrica y cuyas distinciones se han revelado durante las últimas décadas cada vez menos sostenibles.
En el proceso de integración de un proyecto comunitario a nivel político y económico se invoca también la necesidad de un “eurocine”. Un cuerpo extrañamente homogéneo cuya fuerza parece dictada por criterios de excepcionalidad cultural, pero sobre todo por intereses económicos ante un mercado potencial sumamente atractivo, aunque esté compuesto de mercados nacionales ocupados, industrias débiles y de naturaleza claramente autárquica. Para aunar ambas urgencias se propone incentivar el cine europeo con disposiciones legales y administrarlo con apoyos públicos y privados. Un objeto protegido que crea una imagen de marca a escala continental aunque difícilmente consigue consolidar las estructuras de producción, distribución y exhibición de los distintos países europeos infeudadas por el supermercado americano.
A estos criterios es recurrente añadir cuestiones de índole identitaria. El cine europeo ha construido un espacio de memoria histórica, política y cultural. Tradicionalmente se lo ha identificado con la herencia de las vanguardias artísticas y estéticas del XX y en determinados momentos históricos ha estado asociado a un proyecto de estabilización de la identidad colectiva. Las películas, los relatos, se entrecruzan en la lengua y la memoria cultural de un país y consciente o inconscientemente declinan una idiosincrasia. Pero la idea del cine nacional suscita muchos interrogantes no solo por tratarse de un fenómeno global que no tiene necesidad de unidad política ni de restricciones territoriales sino también por las características normativas y doctrinarias de esta adherencia que pretende homogeneizar las partes de un conjunto múltiple y diverso. En suma, el espíritu identitario del cine europeo presupone la heterogeneidad del cine que se realiza en los distintos países de Europa, siendo la clave nacional un valor para nombrar fronteras, geografías y lenguas.
Con todo, parece necesario articular una reflexión institucional, pragmática y textual sobre las cinematografías nacionales en la época de la globalización. Si el cine es un barómetro sensitivo de los acontecimientos culturales y políticos es necesario analizar los cambios de las últimas décadas en el continente europeo: la crisis del estado nacional , el descentramiento de Europa entre los países del Este y los del mediterráneo, la emergencia de una Europa de las regiones, la transformación demográfica de la población europea hacia comunidades multiétnicas y multiculturales... Factores que definen la idea de una Europa babélica y desterritorializada y en permanente reubicación geopolítica, económica y cultural.
Estos son algunos de los puntos de reflexión que enmarcan nuestro proyecto. Un itinerario múltiple en el que confluyen políticas de producción, normas estéticas, fronteras y periferias culturales y tipologías de consumo, cuadros de investigación que tradicionalmente han ido por separado. En esta amplia cartografía, a recorrer desde un marco teórico transversal abierto a múltiples hermenéuticas de análisis, se abren paso una serie de cuestiones de honda relevancia en la actualidad. ¿Qué cimiento posee o debería poseer el cine europeo para adquirir cuerpo propio como proyecto comunitario? ¿Qué papel juegan las fronteras lingüísticas en una “Europa sin fronteras”? ¿Hay una ética que permite enmarcar la obra de autor en una lengua, un tiempo y un país? En el Atlas del cine ¿Cabe hablar de grandes y pequeños territorios ficcionales? ¿Qué corrientes estéticas definen ese territorio imaginario llamado Europa en la actual dispersión de las artes y las prácticas culturales de masas? Situándonos en la dinámica de la globalización ¿Qué papel debe jugar el cine en el debate entre singularidad y estandarización cultural, idiosincrasia nacional y homogenización de costumbres y formas? ¿Se puede hablar de una comunidad nacional de espectadores o de un inconsciente colectivo nacional diferenciado o hay que referirse a un público doméstico formateado por la televisión? Y frente a la circulación intensa de imágenes y a su reciclado mediático ¿Es posible desligar el cine del paisaje audiovisual en su conjunto? ¿Qué relieve imponen los cambios tecnológicos en las esferas de producción y recepción?
Las comunicaciones para el Congreso deberán articularse en cinco grandes áreas o paneles de desarrollo:
- Categorías estéticas y regímenes discursivos
del cine europeo contemporáneo.
- Autor / Género / Serialidad.
- Conceptos y líneas de desarrollo de las cinematografías
nacionales (experiencias singulares o unitarias).
- Ficción / documental/ ensayo fílmico/ cine de animación
- Políticas industriales y perspectivas tecnológicas
del audiovisual a escala europea.
Dirigido a:
- Estudiantes de primer y segundo ciclo de la universidad
- Estudiantes de tercer ciclo
- Investigadores del campo de la estética y la comunicación
audiovisual
- Docentes de enseñanzas universitarias y no universitarias
- Profesionales del sector audiovisual
Propuestas de comunicación para 25-30 minutos con un abstract
de 200 palabras antes del 15de marzo 2005. Requisitos: Breve Curriculum
Vitae, dirección, e-mail y teléfono de contacto.